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17 de noviembre de 2018

¨ Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas ¨



Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
 
Del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 13: 24-32)
 
24 «Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. 26 Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; 27 entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

28 «De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 29 Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas. 30 Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.


31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32 Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.
(Aciprensa.com)


S.S Francisco 
Ángelus
15 de Noviembre 2015



Queridos hermanos y hermanas ¡Buenos días! : 

El Evangelio de este penúltimo domingo del año litúrgico propone una parte del discurso de Jesús sobre los últimos eventos de la historia humana, orientada hacia la plena realización del Reino de Dios (cf. Mc 13, 24-32). Es un discurso que Jesús pronunció en Jerusalén, antes de su última Pascua. Contiene algunos elementos apocalípticos, como guerras, carestías, catástrofes cósmicas: «El sol se oscurecerá, la luna no dará su esplendor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán» (vv. 24-25). Sin embargo, estos elementos no son la cosa esencial del mensaje. El núcleo central en torno al cual gira el discurso de Jesús es Él mismo, el misterio de su persona y de su muerte y resurrección, y su regreso al final de los tiempos.

Nuestra meta final es el encuentro con el Señor resucitado. Yo os quisiera preguntar: ¿cuántos de vosotros pensáis en esto? Habrá un día en que yo me encontraré cara a cara con el Señor. Y ésta es nuestra meta: este encuentro. Nosotros no esperamos un tiempo o un lugar, vamos al encuentro de una persona: Jesús. Por lo tanto, el problema no es «cuándo» sucederán las señales premonitorias de los últimos tiempos, sino el estar preparados para el encuentro. Y no se trata ni si quiera de saber «cómo» sucederán estas cosas, sino «cómo» debemos comportarnos, hoy, mientras las esperamos. Estamos llamados a vivir el presente, construyendo nuestro futuro con serenidad y confianza en Dios. La parábola de la higuera que germina, como símbolo del verano ya cercano, (cf. vv. 28-29), dice que la perspectiva del final no nos desvía de la vida presente, sino que nos hace mirar nuestros días con una óptica de esperanza. Es esa virtud tan difícil de vivir: la esperanza, la más pequeña de las virtudes, pero la más fuerte. Y nuestra esperanza tiene un rostro: el rostro del Señor resucitado, que viene «con gran poder y gloria» (v. 26), que manifiesta su amor crucificado, transfigurado en la resurrección. El triunfo de Jesús al final de los tiempos, será el triunfo de la Cruz; la demostración de que el sacrificio de uno mismo por amor al prójimo y a imitación de Cristo, es el único poder victorioso y el único punto fijo en medio de la confusión y tragedias del mundo.

El Señor Jesús no es sólo el punto de llegada de la peregrinación terrena, sino que es una presencia constante en nuestra vida: siempre está a nuestro lado, siempre nos acompaña; por esto cuando habla del futuro y nos impulsa hacia ese, es siempre para reconducirnos en el presente. Él se contrapone a los falsos profetas, contra los visionarios que prevén la cercanía del fin del mundo y contra el fatalismo. Él está al lado, camina con nosotros, nos quiere. Quiere sustraer a sus discípulos de cada época de la curiosidad por las fechas, las previsiones, los horóscopos, y concentra nuestra atención en el hoy de la historia. Yo tendría ganas de preguntaros —pero no respondáis, cada uno responda interiormente—: ¿cuántos de vosotros leéis el horóscopo del día? Cada uno que se responda.. Y cuando tengas de leer el horóscopo, mira a Jesús, que está contigo. Es mejor, te hará mejor. Esta presencia de Jesús nos llama a la espera y la vigilancia, que excluyen tanto la impaciencia como el adormecimiento, tanto las huidas hacia delante como el permanecer encarcelados en el momento actual y en lo mundano.

También en nuestros días no faltan las calamidades naturales y morales, y tampoco la adversidad y las desgracias de todo tipo. Todo pasa —nos recuerda el Señor—; sólo Él, su Palabra permanece como luz que guía, anima nuestros pasos y nos perdona siempre, porque está al lado nuestro. Sólo es necesario mirarlo y nos cambia el corazón. Que la Virgen María nos ayude a confiar en Jesús, el sólido fundamento de nuestra vida, y a perseverar con alegría en su amor.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:


Deseo expresar mi dolor por los ataques terroristas que en la noche del viernes ensangrentaron Francia, causando numerosas víctimas. Expreso mi más fraterno pésame al presidente de la República Francesa y todos los ciudadanos. Acompaño, de manera especial, a las familias de los que perdieron la vida y los heridos.

Tanta barbarie nos deja consternados y hace preguntarnos cómo el corazón del hombre pueda idear y realizar actos tan horribles, que han asolado no solamente a Francia sino al mundo entero. Ante estos hechos, no se puede no condenar la incalificable afrenta a la dignidad de la persona humana. Deseo volver a afirmar con vigor que el camino de la violencia y del odio no resuelve los problemas de la humanidad, y que utilizar el nombre de Dios para justificar este camino ¡es una blasfemia!

Os invito a uniros a mi oración: confiemos a la misericordia de Dios las víctimas indefensas de esta tragedia. Que la Virgen María, Madre de la misericordia, suscite en los corazones de todos pensamientos de sabiduría y propósitos de paz. A Ella le pedimos que proteja y vele sobre la querida nación francesa, la primera hija de la Iglesia, sobre Europa y sobre todo el mundo. Todos juntos recemos un momento en silencio y después recitamos el Ave María.

[Ave María...]

Ayer, en Três Pontas, en el estado de Minas Gerais en Brasil, fue proclamado beato don Francisco de Paula Victor, sacerdote brasileño de origen africano, hijo de una esclava. Párroco generoso y celoso en la catequesis y en la administración de los sacramentos, se distinguió sobre todo por su gran humildad. Que su extraordinario testimonio sea modelo para muchos sacerdotes, llamados a ser humildes servidores del pueblo de Dios.

Os saludo a todos vosotros, familias, parroquias, asociaciones y fieles, que venís de Italia y de muchas partes del mundo. De manera particular, saludo a los peregrinos provenientes de Granada, Málaga, Valencia y Murcia (España), San Salvador y Malta; a la asociación «Acompañantes santuarios marianos en el mundo» y al instituto secular «Cristo Rey».

A todos os deseo un feliz domingo. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la próxima!


Tomado de la Santa Sede,

11 de noviembre de 2018

¨ Esta ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir ¨

Domingo XXXII del Tiempo Ordinario 
Del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 12:38-44)
 
38 Decía también en su instrucción: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, 39 ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 40 y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa.

41 Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. 42 Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as.


43 Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. 44 Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.
(Aciprensa.com)





S.S Francisco 
Ángelus
11 de Noviembre 2018



Queridos hermanos y hermanas ¡Buenos días! : 

El episodio del Evangelio de hoy (cf. Mc 12, 38-44) cierra la serie de enseñanzas de Jesús en el templo de Jerusalén y enfatiza dos figuras opuestas: el escriba y la viuda . Pero ¿por qué se oponen? El escriba representa a personas importantes, ricas e influyentes; el otro, la viuda, representa lo último, lo pobre, lo débil. En realidad, el juicio resuelto de Jesús hacia los escribas no concierne a toda la categoría, sino que se refiere a aquellos entre ellos que ostentan su posición social, llevan el título de "rabino", es decir, maestro, les encanta ser venerados y ocupar los primeros lugares (ver versos 38-39). Lo que es peor es que su ostentación es sobre todo de naturaleza religiosa, porque oran, dice Jesús, "por mucho tiempo" (v.40) y usan a Dios para ser acreditados como los defensores de su ley. Y esta actitud de superioridad y vanidad los lleva a despreciar a quienes cuentan poco o se encuentran en una posición económica desventajosa, como el caso de las viudas.

Jesús desenmascara este mecanismo perverso: denuncia la opresión de los débiles hecha instrumentalmente sobre la base de motivaciones religiosas, diciendo claramente que Dios está del lado de los últimos. Y para grabar bien esta lección en la mente de los discípulos, les ofrece un ejemplo viviente: una viuda pobre cuya posición social era irrelevante porque carecía de un marido que pudiera defender sus derechos y que, por lo tanto, se convirtió en una presa fácil para un acreedor sin escrúpulos,
porque estos acreedores perseguían a los débiles para que les paguen. Esta mujer, que deposita en el tesoro del templo solo dos monedas, todo lo que le queda, hace su oferta tratando de pasar desapercibida, casi avergonzada. Pero, precisamente en esta humildad, ella realiza un acto cargado de gran significado religioso y espiritual. Ese gesto lleno de sacrificio no escapa a la mirada de Jesús, quien de hecho ve en ella brillar el don total de sí mismo al que quiere educar a sus discípulos.

La enseñanza que Jesús nos ofrece hoy nos ayuda a recuperar lo que es esencial en nuestra vida y fomenta una relación concreta y diaria con Dios. Hermanos y hermanas, las escalas del Señor son diferentes de las nuestras. Él pesa a las personas y sus gestos de manera diferente: Dios no mide la cantidad sino la calidad, busca en el corazón, mira la pureza de las intenciones.
Esto significa que nuestra "entrega" a Dios en oración y a los demás en amor siempre debe alejarse del ritualismo y el formalismo, así como de la lógica de cálculo, y debe ser una expresión de gratuidad, como lo hizo Jesús con nosotros: nos salvó gratis; no nos hizo pagar la redención. Él nos salvó de forma gratuita. Y debemos hacer las cosas como expresión de gratuidad. Es por esto que Jesús indica que la viuda pobre y generosa es un modelo de la vida cristiana para ser imitada. No sabemos el nombre de ella, pero conocemos su corazón, la encontraremos en el Cielo y la saludaremos, seguramente; y eso es lo que cuenta ante Dios. Cuando somos tentados por el deseo de aparecer y de mostrar nuestros gestos de altruismo, cuando estamos demasiado interesados ​​en la mirada de los demás y - permítanme decir - cuando hacemos de "pavos reales", pensemos en esta mujer. Nos hará bien: nos ayudará a deshacernos de lo superfluo para ir a lo que realmente importa, y seguir siendo humildes.

Que la Virgen María, una mujer pobre que se entregó totalmente a Dios, nos sostenga con el propósito de dar al Señor y a nuestros hermanos, no algo de nosotros mismos, sino a nosotros mismos, en una ofrenda humilde y generosa.


Despues del angelus

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer, en Barcelona, ​​tuvo lugar la beatificación del padre Teodoro Illera del Olmo y quince compañeros mártires. Son trece personas consagradas y tres fieles laicos. La Congregación de San Pedro en Vincoli integraba a nueve religiosos y laicos; tres religiosos eran capuchinos de la Madre del Divino Pastor y una era franciscana del Sagrado Corazón. Estos nuevos beatos fueron asesinados por su fe, en diferentes lugares y fechas, durante la guerra y la persecución religiosa del siglo pasado en España. ¡Alabamos al Señor por estos valientes testigos y aplausos para ellos!

Hoy es el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, que mi predecesor Benedicto XV llamó "masacre inútil". Por este motivo, hoy, a las 13.30, hora italiana, las campanas sonarán en todo el mundo, incluso las de la Basílica de San Pedro. La página histórica de la Primera Guerra Mundial es una advertencia severa para que todos rechacen la cultura de guerra y busquen todos los medios legítimos para poner fin a los conflictos que aún sangran en varias regiones del mundo. Parece que no aprendemos. Mientras oramos por todas las víctimas de esa terrible tragedia, digamos con fuerza: ¡invirtamos en la paz, no en la guerra! Y, como signo emblemático, tomamos el del gran San Martín de Tours, que recordamos hoy: se cortó el manto en dos para compartirlo con un hombre pobre. Este gesto de solidaridad humana indica todo el camino para construir la paz.

El próximo domingo se celebrará el Día Mundial de los Pobres, con muchas iniciativas de evangelización, oración y compartir. Aquí también, en la Plaza San Pietro, se estableció una guarnición de salud que ofrecerá tratamiento a los necesitados durante una semana. Espero que este Día fomente una creciente atención a las necesidades de los últimos, los marginados, los hambrientos.

Les agradezco a todos los que han venido de Roma, de Italia y de muchas partes del mundo. Saludo a los fieles de Mengíbar (España), a los de Barcelona, ​​al grupo del Inmaculado Corazón de María de Brasil y al de la Unión Mundial de Docentes Católicos. Saludo al centro turístico ACLI de Trento, a los fieles de San Benedetto Po ya los confirmadores de Chiuppano. También saludo a los muchos polacos que veo aquí. ¡Hay tantos!

Les deseo a todos un buen domingo. Por favor no se olviden orar por mi. ¡Buen almuerzo y adiós! 


Tomado de la Santa Sede,

3 de noviembre de 2018

«¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?»

Domingo XXXI del Tiempo Ordinario 
Del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 12:28-34)
 
28 Acercóse uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?»

29 Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, 30 y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. 31 El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.»


32 Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que El es único y que no hay otro fuera de El, 33 y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»


34 Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.
(Aciprensa.com)





S.S Benedicto XVI
Ángelus
4 de Noviembre 2012



Queridos hermanos y hermanas:
 

El Evangelio de este domingo (Mc 12, 28-34) nos vuelve a proponer la enseñanza de Jesús sobre el mandamiento más grande: el mandamiento del amor, que es doble: amar a Dios y amar al prójimo. Los santos, a quienes hace poco hemos celebrado todos juntos en una única fiesta solemne, son justamente los que, confiando en la gracia de Dios, buscan vivir según esta ley fundamental. En efecto, el mandamiento del amor lo puede poner en práctica plenamente quien vive en una relación profunda con Dios, precisamente como el niño se hace capaz de amar a partir de una buena relación con la madre y el padre. San Juan de Ávila, a quien hace poco proclamé Doctor de la Iglesia, escribe al inicio de su Tratado del amor de Dios: «La causa que más mueve al corazón con el amor de Dios es considerar el amor que nos tiene este Señor... —dice—. Más mueve al corazón el amor que los beneficios; porque el que hace a otro beneficio, dale algo de lo que tiene: más el que ama da a sí mismo con lo que tiene, sin que le quede nada por dar» (n. 1). Antes que un mandato —el amor no es un mandato— es un don, una realidad que Dios nos hace conocer y experimentar, de forma que, como una semilla, pueda germinar también dentro de nosotros y desarrollarse en nuestra vida.

Si el amor de Dios ha echado raíces profundas en una persona, ésta es capaz de amar también a quien no lo merece, como precisamente hace Dios respecto a nosotros.
El padre y la madre no aman a sus hijos sólo cuando lo merecen: les aman siempre, aunque naturalmente les señalan cuándo se equivocan. De Dios aprendemos a querer siempre y sólo el bien y jamás el mal. Aprendemos a mirar al otro no sólo con nuestros ojos, sino con la mirada de Dios, que es la mirada de Jesucristo. Una mirada que parte del corazón y no se queda en la superficie; va más allá de las apariencias y logra percibir las esperanzas más profundas del otro: esperanzas de ser escuchado, de una atención gratuita; en una palabra: de amor. Pero se da también el recorrido inverso: que abriéndome al otro tal como es, saliéndole al encuentro, haciéndome disponible, me abro también a conocer a Dios, a sentir que Él existe y es bueno. Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables y se encuentran en relación recíproca. Jesús no inventó ni el uno ni el otro, sino que reveló que, en el fondo, son un único mandamiento, y lo hizo no sólo con la palabra, sino sobre todo con su testimonio: la persona misma de Jesús y todo su misterio encarnan la unidad del amor a Dios y al prójimo, como los dos brazos de la Cruz, vertical y horizontal. En la Eucaristía Él nos dona este doble amor, donándose Él mismo, a fin de que, alimentados de este Pan, nos amemos los unos a los otros como Él nos amó.

Queridos amigos: por intercesión de la Virgen María oremos para que cada cristiano sepa mostrar su fe en el único Dios verdadero con un testimonio límpido de amor al prójimo.

Después del Ángelus

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular a los profesores y alumnos del Instituto Bioclimático, de Badajoz. Con el mandamiento del amor que se proclama hoy en el evangelio, Jesús nos indica cuál ha de ser nuestra actitud ante su Palabra: escucharla, meditarla y guardarla en el corazón, haciendo de nuestra vida un testimonio gozoso y continuo de caridad. Que la Virgen María, Madre del Amor hermoso, sea para todos modelo de constancia y fidelidad en el bien obrar. Feliz domingo.
 

Tomado de la Santa Sede,