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18 de febrero de 2018

¨A continuación, el Espíritu le empuja al desierto...¨

Marcos 1:12-15

I Domingo Cuaresma 

Ciclo B


12 A continuación, el Espíritu le empuja al desierto,
13 y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían.
14 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios:
15 «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»



11 de abril de 2014.- (Radio Vaticano / Camino Católico) El Santo Padre ha pedido esta mañana en la homilía de Santa Marta que aprendamos del Evangelio cómo luchar contra las tentaciones del demonio. El Papa ha recordado que todos somos tentados, porque el diablo no quiere nuestra santidad. Y ha reiterado que la vida cristiana es precisamente una lucha contra el mal.

Francisco ha indicado quela vida de Jesús ha sido una lucha. Él ha venido a vencer el mal, a vencer al príncipe de este mundo, a vencer al demonio”. Y la lucha contra el demonio la debe afrontar cada cristiano. Así, ha recordado que el demonio ha tentado a Jesús muchas veces y Jesús ha sentido en su vida las tentacionescomo “también las persecuciones”. De este modo, el Santo Padre ha añadido quetambién nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del Mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que nosotros seamos discípulos de Jesús. ¿Y cómo hace el espíritu del Mal para alejarnos del camino de Jesús con su tentación? La tentación del demonio tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas. ¿Cómo hace el demonio para alejarnos del camino de Jesús? La tentación comienza levemente, pero crece: siempre crece. Segundo, crece y contagia a otro, se transmite a otro, intenta ser comunitaria. Y al final, para tranquilizar el alma, se justifica. Crece, contagia y se justifica”.

Asimismo, Francisco ha observado que la primera tentación de Jesúscasi parece una seducción”: el diablo dice a Jesús de tirarse desde el Templo y así, afirma el tentador,“todos dirán: ‘eh aquí el Mesías’”. Es lo mismo que ha hecho con Adán y Eva:“Es la seducción”. El diabloha señalado el Papa-casi habla como si fuera un maestro espiritual”. Y“cuando es rechazado”, entonces “crece: crece y se vuelve más fuerte”. Francisco ha explicado que Jesúslo dice en el Evangelio de Lucas: cuando el demonio es rechazado, gira y busca algunos compañeros y con esta banda, vuelve”. Por tanto,crece también involucrando a otros”. Y así, ha proseguido el Pontífice,ha sucedido con Jesús”, “el demonio involucra” a sus enemigos. Y lo que“parecía un hilo de agua, un pequeño hilo de agua, tranquilo, se convierte en marea”. De esta forma, el Santo Padre ha observado que cuando Jesús predica en la Sinagoga, enseguida sus enemigos lo menosprecian diciendo:pero, ¡este es el hijo de José, el carpintero, el hijo de María! ¡Nunca ha ido a la universidad! ¿Pero con qué autoridad habla? ¡No ha estudiado!” La tentación“ha involucrado a todos contra Jesús”, ha indicado el Papa. Y el punto más alto, “más fuerte de la justificación” es el del sacerdote, cuando dice: “¿no sabéis que es mejor que un hombre muera para salvar al pueblo?”, ha indicado el Papa.

A continuación, lo ha precisado así:tenemos una tentación que crece: crece y contagia a otros. Pensemos en un chismorreo, por ejemplo: yo tengo un poco de envidia de esa persona, de esa otra, y primero tengo envidia dentro, solo, y es necesario compartirla y va a otra persona y dice: ‘¿Pero tú has visto a esa persona?’… y busca crecer y contagia a otro y a otro… Pero este es el mecanismo del chismorreo y ¡todos nosotros hemos sido tentados de chismorrear! Esta es una tentación cotidiana. Pero comienza así, suavemente, como el hilo del agua. Crece por contagio y al final se justifica”.

Por eso, Francisco ha pedido queestemos atentos cuando en nuestro corazón, sintamos algo que terminará por destruir a las personas”. Y ha remarcado que“estemos atentos porque si no paramos a tiempo ese hilo de agua, cuando crezca y contagie será una marea que solamente nos llevará a justificar el mal, como se han justificado estas personas”, afirmando que “es mejor que muera un hombre por el pueblo”.

Para concluir, el Obispo de Roma ha señalado quetodos somos tentados, porque la ley de la vida espiritual, nuestra vida cristiana, es una lucha: una lucha. Porque el príncipe de este mundo –el diablo- no quiere nuestra santidad, no quiere que nosotros sigamos a Cristo. Alguno de vosotros, quizá, no sé, puede decir: ‘Pero, Padre, que antiguo es usted: ¡hablar del demonio en el siglo XXI! Pero, ¡mira que el diablo está! El diablo está. ¡También en el siglo XXI! Y no debemos ser ingenuos ¿eh? Debemos aprender del Evangelio cómo se lucha contra él”.



El Subrayado es nuestro.



15 de mayo de 2016

"No os déjare huérfanos" (Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa de Pentecostés)

(Aciprensa.com)

La misión de Jesús, culminada con el don del Espíritu Santo, tenía esta finalidad esencial: restablecer nuestra relación con el Padre, destruida por el pecado; apartarnos de la condición de huérfanos y restituirnos a la de hijos.

El apóstol Pablo, escribiendo a los cristianos de Roma, dice: «Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba, Padre!» (Rm 8,14-15). He aquí la relación reestablecida: la paternidad de Dios se reaviva en nosotros a través de la obra redentora de Cristo y del don del Espíritu Santo.

El Espíritu es dado por el Padre y nos conduce al Padre. Toda la obra de la salvación es una obra que regenera, en la cual la paternidad de Dios, mediante el don del Hijo y del Espíritu, nos libra de la orfandad en la que hemos caído. También en nuestro tiempo se constatan diferentes signos de nuestra condición de huérfanos: Esa soledad interior que percibimos incluso en medio de la muchedumbre, y que a veces puede llegar a ser tristeza existencial; esa supuesta independencia de Dios, que se ve acompañada por una cierta nostalgia de su cercanía; ese difuso analfabetismo espiritual por el que nos sentimos incapaces de rezar; esa dificultad para experimentar verdadera y realmente la vida eterna, como plenitud de comunión que germina aquí y que florece después de la muerte; esa dificultad para reconocer al otro como hermano, en cuanto hijo del mismo Padre; y así otros signos semejantes.

A todo esto se opone la condición de hijos, que es nuestra vocación originaria, aquello para lo que estamos hechos, nuestro «ADN» más profundo que, sin embargo, fue destruido y se necesitó el sacrificio del Hijo Unigénito para que fuese restablecido. Del inmenso don de amor, como la muerte de Jesús en la cruz, ha brotado para toda la humanidad la efusión del Espíritu Santo, como una inmensa cascada de gracia. Quien se sumerge con fe en este misterio de regeneración renace a la plenitud de la vida filial.

«No os dejaré huérfanos». Hoy, fiesta de Pentecostés, estas palabras de Jesús nos hacen pensar también en la presencia maternal de María en el cenáculo. La Madre de Jesús está en medio de la comunidad de los discípulos, reunida en oración: es memoria viva del Hijo e invocación viva del Espíritu Santo. Es la Madre de la Iglesia. A su intercesión confiamos de manera particular a todos los cristianos, a las familias y las comunidades, que en este momento tienen más necesidad de la fuerza del Espíritu Paráclito, Defensor y Consolador, Espíritu de verdad, de libertad y de paz.

Como afirma también san Pablo, el Espíritu hace que nosotros pertenezcamos a Cristo: «El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo» (Rm 8,9). Y para consolidar nuestra relación de pertenencia al Señor Jesús, el Espíritu nos hace entrar en una nueva dinámica de fraternidad. Por medio del Hermano universal, Jesús, podemos relacionarnos con los demás de un modo nuevo, no como huérfanos, sino como hijos del mismo Padre bueno y misericordioso. Y esto hace que todo cambie.

Podemos mirarnos como hermanos, y nuestras diferencias harán que se multiplique la alegría y la admiración de pertenecer a esta única paternidad y fraternidad.

28 de febrero de 2016

"Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono,9 por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas."»

Evangelio: Lucas 13:1-9
Semana 3 del Tiempo de Cuaresma

1 En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios.2 Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas?3 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.

4 O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén?5 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.»

6 Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró.7 Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?"8 Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono,9 por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas."» (Aciprensa.com)

Comentario:


Los comentarios sobre las lecturas del Éxodo 3: 1-8a, 13-15; 1 Corintios 10: 1-6,1-12; Lucas 13: 1-9


Uno de los temas recurrente a lo largo del tiempo de Cuaresma es la compasión y la misericordia de nuestro Dios. Es algo que necesitamos constantemente que le recuerden. Nuestro Dios es siempre fiel y coherente. Su amor por nosotros nunca cambia, no importa cómo nos comportamos, independientemente de la gravedad pueden ser nuestros pecados. Tiene que ser así, porque nuestro Dios no sólo ama, es el amor. El amor es la esencia misma de su ser; no no puede amar.


Su amor es como el sol que da calor a buenos y malos; como la lluvia suave  que cae para todos. Y estamos llamados, en la medida de lo posible, a imitarlo en esto - para el amor siempre e incondicionalmente. Debido a que nos encontramos con que difícil, es difícil para nosotros pensar en Dios de amor de esa manera. Nosotros necesitamos deshacernos de la idea de una, decepcionado, vengativo Dios catástrofe que amenaza enojado en un mundo malo - una idea sigue siendo fomentado por los que afirman haber tenido revelaciones especiales.

No importa nada?


Si el amor de Dios por nosotros es tan constante y sin cambios por nuestro comportamiento, ¿eso significa que podemos hacer lo que queramos? ¿Importa si llevamos una vida buena o mala? Si pecamos o no? Es muy dudoso que estaría justificado en la elaboración de esa conclusión.


Las lecturas de hoy parecen estarnos diciendo tres cosas:


a. No podemos encontrar nuestra salvación y la plenitud como personas sin el amor y la ayuda de Dios.


b. Dios no castiga a la gente por su mal comportamiento.


c. Dios no nos salvará en contra de nuestra voluntad o sin nuestra cooperación.


Es absolutamente cierto - y nunca debe tener dudas acerca de esto - que, si pecamos, Dios sigue amándonos como siempre lo hacía y hace. Pero también es cierto que, si pecamos, no estamos amándolo. Y así llegamos a separanos de él. El Amor es esencialmente mutuo, que es un proceso de dos vías, que es una unión. El amor no es completa hasta que se mueve alternativamente en ambos lados. Así que el amor de Dios no es perfecto, no es totalmente eficaz en mí hasta que yo he abierto para recibir y dar la mía a cambio. Cuando pecamos, Dios no deja de amarnos; somos nosotros los que hemos dejado de amarlo. Somos nosotros los que siempre rompemos la relación.



¿Dios mata a la gente?

En el Evangelio de hoy, algunas personas se acercan a Jesús y le cuentan de cómo algunos galileos habían sido asesinados por los soldados romanos en el santuario del templo. ¿Querían que Jesús, como el propio Galileo que era, denuncie a las autoridades romanas? Jesús responde al tomar otra pista por completo. En su lugar, menciona otro incidente, al parecer una pura casualidad, cuando un edificio se cayó en algunas personas puramente inocentes y mató a muchos. Jesús pide a sus interlocutores: "¿Estas personas mueren a causa de su pecado? Era la manera de castigarlos de este Dios? Si no sufro de esa manera, ¿significa que no tengo pecado? "

Es muy común encontrar personas que creen que este tipo de eventos son actos de castigo de Dios. Tal vez incluso con más frecuencia uno se encuentra con personas que preguntan por qué un Dios de amor no impide que sucedan cosas así. Como si Dios era una especie de titiritero que gobierna el mundo tirando de las cuerdas.


Cuando un avión es atacado en los cielos a causa de una bomba terrorista a bordo y todo el mundo está muerto, es porque aquellos pasajeros eran más dignos de muerte?


Cuando miles mueren o quedan sin hogar como resultado de algún terrible desastre natural, un terremoto o un ciclón, vamos a leerlo como un acto de castigo para esas personas o incluso para todo el país?


Es la epidemia del SIDA en forma de castigar a la gente por infidelidad desenfrenada de África Dios? ¿Qué pasa con los que se contrae el SIDA a través de transfusiones de sangre o bebés que lo consiguen en el vientre de su madre? SIDA puede de hecho ser así el precio que la gente, incluyendo a los inocentes, pagan por sexo promiscuo, pero no hay necesidad de ver la mano directa de Dios en él. (Sin embargo, él no puede estar presente en otras formas muy diferentes.)

Ama Dios a algunas personas más?


¿Ama Dios a esas víctimas menos? Son los que escapan tales desastres más queridos por él? Tal vez es al revés. Los que murieron pueden haber sido preparados para cumplir con su Dios, mientras que los que sobreviven se les está dando la oportunidad de arreglar las cosas con sus vidas. Jesús da una clara advertencia: "A menos que se arrepientan, todos morirán como lo hicieron." Arrepentíos "(en griego, metanoia, ) implica no solo para lamentar el pasado, sino una conversión radical y una cambio completo en nuestra forma de vida,  en la respuesta que damos y el abrirnos al amor de Dios.


Lo que Jesús está diciendo es:


a. Si se me considera muy "exitoso" en mi vida (con dinero, con carrera, estado civil ...), no significa en absoluto que soy una buena persona, una persona sin pecado o que de alguna manera Dios me ama más. Jesús lo deja bien claro en el Evangelio.


b. Si sufro en mi vida, no significa en absoluto que Dios no me ama o que soy más pecador que los demás.


De hecho, cada experiencia que tengo es un signo del amor de Dios. Si me duché con bendiciones - espiritual, emocional o de material - que se les da para que pueda compartirlas con los demás, de modo que puedo ser un canal del amor de Dios a otros. Si me llama la atención hacia abajo con el desastre, la enfermedad, el dolor o el fracaso, es de nuevo un mensaje para mí para buscar y encontrar allí la presencia de un Dios de amor. Paradójicamente, a menudo es sólo a través de este tipo de experiencias que podemos crecer y acercarse más a Dios ya los demás. Las enfermedades como el SIDA y el cáncer pueden extraer de los familiares y amigos profundidades extraordinarias de compasión y cuidado. buena salud y prosperidad material a menudo puede conducir al egoísmo, el individualismo y la negligencia de otros. Donde hay amor, allí está Dios. Donde no hay Dios, uno no es probable encontrar mucho verdadero amor. 

No hay garantías incondicionales

Jesús también está diciendo que, sólo porque soy un cristiano bautizado y me llamo a mí mismo "católico", eso no garantiza que voy a experimentar la salvación y la plenitud como persona. En la segunda lectura de hoy, Pablo, hablando de los israelitas en el desierto con Moisés, dice: "[Ellos] todos estuvieron bajo la nube [de la presencia de Dios]; todos pasaron por el mar; todos fueron bautizados en Moisés en la nube y en el mar; todos comieron el mismo alimento espiritual [el maná] y todos bebieron la misma bebida espiritual [de la roca golpeada por Moisés] ... Sin embargo, Dios no estaba contento con la mayoría de nuestros ancestros y sus cadáveres cubrían el desierto ".


Tener una tarjeta de identidad o pasaporte hay ninguna garantía de que soy un buen ciudadano y responsable. Ser bautizado, incluso mi presencia en esta misa o ir a mi confesión es nuevo, por sí misma, no hay garantía de que realmente amo a Dios y amo a mis hermanos y hermanas. Porque sabemos bien que podemos ir a través de estos rituales de una manera muy mecánica y sin sentido. Después de años de asistir a misa o "ir a la confesión" nuestras vidas pueden mostrar pocas señales de progreso en el crecimiento y la responsabilidad espiritual o interpersonal. Por lo tanto, si me encuentro constantemente dando a cabo la misma lista de lavandería en la confesión o si no ir porque no tengo nada que decir, entonces puede ser hora de que me pregunto: ¿qué es exactamente lo que está sucediendo en mi vida cristiana.


Tomando una mirada cercana

Así las lecturas de hoy nos están pidiendo que tome una buena mirada a nosotros mismos. Somos como ese árbol que Jesús habla de la parábola en el Evangelio de hoy. Está vivo, pero no da fruto. Debe ser cortado. El hombre responsable de árbol le pregunta al dueño para darle un año más,. Si después de eso, no hay fruto, debe ser cortado.


Cada temporada de Cuaresma es nuestra oportunidad para fertilizar nuestro árbol y para ver cómo puede ser más fructífero. Para algunos de leer esto, es cierto que puede ser su último año, su último Cuaresma para cuidar de su árbol.


Estoy siendo llamado no sólo para sobrevivir personalmente como cristiano, a "colgar en él" (sólo quedarse fuera del pecado y de estar en el "estado de gracia"). Me están llamados a crecer continuamente en ser una persona verdaderamente cariñosa, amar a Dios ya todos los que me rodean.


Para citar algunos ejemplos:

Por ejemplo, ¿qué tipo de influencia soy yo dentro de mi círculo familiar?

En el trabajo, ¿cómo me relaciono con mis colegas y mi presencia es un elemento positivo en nuestro lugar de trabajo?


¿Cuál es mi actitud hacia los extraños, es decir, personas que no conozco y que no son "útiles" para mí?


¿Qué tipo de contribución (aparte de dar dinero y estar físicamente presente en la iglesia) hago a la vida de la comunidad cristiana en esa parte del mundo donde vivo?


En general, ¿qué tipo de contribución podría decirse que estoy haciendo a la  sociedad o de la sociedad espero satisfacer sólo mis necesidades y las de mi familia?


Amor Bidireccional

Por un lado, tengo que darme cuenta de que Dios siempre y en todas partes me ama. Pero que el amor sólo se completa totalmente en mí cuando me convierto en una persona genuinamente cariñosa y atenta, que ama a Dios y a los demás con la palabra y la acción.


No hay necesidad de que nosotros nunca tener miedo de Dios. Nunca nosotros o con el mundo que nos rodea castigará directamente. Tenemos dos opciones: La de acercarnos a él, para experimentar ese amor que está tratando de llegar a nosotros, el abrirnos al amor o, como el hijo pródigo, el seguir nuestro propio camino, separarnos de él y revolcarnos en la miseria de la vida. La elección depende de nosotros. El amor de Dios está ahí para tomarlo. ¿Qué estamos esperando?