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18 de agosto de 2019

«¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división»


Domingo 20 del Tiempo Ordinario
Del Santo Evangelio según San Lucas (Lucas 12:49-53) 

49 «He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido! 50 Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! 51 «¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino división. 52 Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres; 53 estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»  (Aciprensa.com)


S.S Francisco
Ángelus
18 de agosto de 2013



En la Liturgia de hoy escuchamos estas palabras de la Carta a los Hebreos: «Corramos, con constancia, en la carrera que nos toca... fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús» (Hb 12, 1-2). Se trata de una expresión que debemos subrayar de modo particular en este Año de la fe. También nosotros, durante todo este año, mantenemos la mirada fija en Jesús, porque la fe, que es nuestro «sí» a la relación filial con Dios, viene de Él, viene de Jesús. Es Él el único mediador de esta relación entre nosotros y nuestro Padre que está en el cielo. Jesús es el Hijo, y nosotros somos hijos en Él.
Pero la Palabra de Dios de este domingo contiene también una palabra de Jesús que nos pone en crisis, y que se ha de explicar, porque de otro modo puede generar malentendidos. Jesús dice a los discípulos: «¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división» (Lc 12, 51). ¿Qué significa esto? Significa que la fe no es una cosa decorativa, ornamental; vivir la fe no es decorar la vida con un poco de religión, como si fuese un pastel que se lo decora con nata. No, la fe no es esto. La fe comporta elegir a Dios como criterio- base de la vida, y Dios no es vacío, Dios no es neutro, Dios es siempre positivo, Dio es amor, y el amor es positivo. Después de que Jesús vino al mundo no se puede actuar como si no conociéramos a Dios. Como si fuese una cosa abstracta, vacía, de referencia puramente nominal; no, Dios tiene un rostro concreto, tiene un nombre: Dios es misericordia, Dios es fidelidad, es vida que se dona a todos nosotros. Por esto Jesús dice: he venido a traer división; no es que Jesús quiera dividir a los hombres entre sí, al contrario: Jesús es nuestra paz, nuestra reconciliación. Pero esta paz no es la paz de los sepulcros, no es neutralidad, Jesús no trae neutralidad, esta paz no es una componenda a cualquier precio. Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y elegir el bien, la verdad, la justicia, incluso cuando esto requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto sí, divide; lo sabemos, divide incluso las relaciones más cercanas. Pero atención: no es Jesús quien divide. Él pone el criterio: vivir para sí mismos, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo, u obedecer a Dios. He aquí en qué sentido Jesús es «signo de contradicción» (Lc 2, 34).

Por lo tanto, esta palabra del Evangelio no autoriza, de hecho, el uso de la fuerza para difundir la fe. Es precisamente lo contrario: la verdadera fuerza del cristiano es la fuerza de la verdad y del amor, que comporta renunciar a toda violencia. ¡Fe y violencia son incompatibles! ¡Fe y violencia son incompatibles! En cambio, fe y fortaleza van juntas. El cristiano no es violento, pero es fuerte. ¿Con qué fortaleza? La de la mansedumbre, la fuerza de la mansedumbre, la fuerza del amor.


Queridos amigos, también entre los parientes de Jesús hubo algunos que a un cierto punto no compartieron su modo de vivir y de predicar, nos lo dice el Evangelio (cf. Mc 3, 20-21). Pero su Madre lo siguió siempre fielmente, manteniendo fija la mirada de su corazón en Jesús, el Hijo del Altísimo, y en su misterio. Y al final, gracias a la fe de aría, los familiares de Jesús entraron a formar parte de la primera comunidad cristiana (cf. Hch 1, 14). Pidamos a María que nos ayude también a nosotros a mantener la mirada bien fija en Jesús y a seguirle siempre, incluso cuando cuesta.


Después del Ángelus

Recordad esto: seguir a Jesús no es neutro, seguir a Jesús significa implicarse, porque la fe no es una cosa decorativa, es fuerza del alma.

Quiero pedir una oración por las víctimas del hundimiento del ferry en Filipinas, también por las familias… ¡tanto dolor!

Sigamos rezando también por la paz en Egipto. Todos juntos: María, Reina de la paz, ruega por nosotros. Todos: [repite con los fieles:] María, Reina de la paz, ruega por nosotros.

Queridos hermanos y hermanas, os saludo a todos con afecto, romanos y peregrinos: a las familias, los grupos parroquiales, los jóvenes... A todos os deseo un feliz domingo, y buen almuerzo. ¡Hasta la vista!




Tomado de la Santa Sede 

La edición y el subrayado son nuestros

30 de agosto de 2015

¨El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos."

Domingo 22 del Tiempo Ordinario
Evangelio:Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos.  Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes la manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas. Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús "¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores"? Él contesto: "Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.  El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos." Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres." Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: "Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer la hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro." (Aciprensa.com)

Comentario:
Jesús nos habla de la verdadera religión. La que nos une a Dios y a los hermanos, y no es sólo un cumplir de muchas leyes sin sentido. Jesús critica que para aquellos fariseos más importante era el cumplir estrictamente la Ley que el amor de Dios y el cuidado de los seres humanos.  
 
La Ley de Moisés, es muestra del amor de Dios por el pueblo judío. Conjunto de consejos para tener una vida santa, buena y agradable a Dios. Y  se entienden en su época y según la forma de vida de ese pueblo. Hubo, pues, un gran deseo por cumplirla como signo de compromiso y obediencia a Dios. Pero, Jesús veia que cumplir la ley no estaba en la construcción de una relación con Dios y los demás seres humanos, sino en el confirmar un comportamiento externo propio de cada uno. Para que los vean y los estimen por ello.

A los diez mandamientos se les añaden leyes que eran mera invención humana. Sólo hay que ver el libro del Deuteronomio para hallarlas. Ese fundamentalismo, tenía poco que ver con el amor a Dios, sino más bien con el ajustarse a las demandas sociales. Podían servir para el control político y la segmentación social. 


 Jesús nos dice que una persona no se convierte en "impuro" por comer carne de cerdo o por entrar en contacto con la sangre, y menos aún por no lavarse las manos antes de comer, sino por sus "malas intenciones", las que surgen en las profundidades de su corazón: la lujuria, el robo, el asesinato, el adulterio, la codicia, la maldad, el engaño, la envidia, el hablar calumnias, la arrogancia.

 ¿Qué hay que hacer? Pues, discernir, distinguir por uno mismo hasta qué punto, en determinadas circunstancias, puede hacerlo mejor por amar y servir a Cristo. Se necesita una gran cantidad de honestidad, integridad y un alto nivel de verdadera libertad, la libertad de elegir lo que es bueno, lo que es mejor, lo que es más amoroso. El Evangelio no es un código de leyes. Proporciona una visión de vida verdaderamente humana vivida para Dios entre la gente. Se centra en las relaciones, en lugar de las acciones individuales. Gracias

Para Profundizar: 

Comentario a Deuteronomio 4: 1-2,6-8; Santiago 1: 17-18,21-22,27; Marcos 7: 1-8,14-15,21-23

Después de cinco semanas de reflexión sobre el capítulo sexto del evangelio de Juan y el tema de Jesús como el Pan de Vida, volvemos hoy a continuar nuestras lecturas del evangelio de Marcos.


El tema de las lecturas de hoy es la naturaleza de la verdadera religión.


La Ley de Moisés era muy importante para el pueblo de Israel. Estaban justamente muy orgullosos del sistema legal que habían desarrollado en su deseo de ser el pueblo de Dios. "
Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos?, Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?" Moisés pide a los israelitas en la primera lectura.

A través de la Ley se esperaba que llevaran una vida mejor que sus vecinos paganos. Hubo, pues, un gran énfasis en la observancia de la ley como un signo de compromiso y obediencia a Dios. Pero, por el tiempo de Jesús, la ley se había vuelto tan irremediablemente complicada en sus aplicaciones que sólo los expertos podían interpretarla según los muchos problemas prácticos que surjían en la vida diaria.


Un fin en sí mismo
Otro problema ha surgido por el tiempo de Jesús. La ley ya no era una directriz para ayudar a la gente en su manera de amar y servir a Dios. La observación de la ley se había convertido en un fin en sí mismo. El énfasis no estaba en la construcción de una relación con Dios y los demás seres humanos, sino en el confirmar un comportamiento externo propio de cada uno.


A veces nuestras confesiones pueden ser así.
Muchos de los "pecados" que confesamos a menudo son fracasos personales (perdí mi temperamento, estaba impaciente, yo era perezoso, yo estaba falto de caridad) y hacemos muy poca referencia a cómo me relaciono con otras personas o cómo mis acciones (o, aún más, mis no-acciones) les hicieron daño.


Como Jesús indica en el Evangelio de hoy, muchas de las leyes del Antiguo Testamento eran de invención humana. Tenían poco que ver con el amor a Dios, sino más bienc on el ajustarse a las demandas sociales. Por un lado, ellos ayudaban a los que tienen autoridad para mantener el control; por el otro, la gente sabía donde ubicarse. Si se observa externamente el cumplir la Ley, se veía los que estaban "bien".


Al igual, en nuestro tiempo podríamos decir: "Él es un buen católico, por que que siempre está en la iglesia el domingo." Sin mencionar lo que hace en la iglesia, lo que piensa, o lo que siente, o cómo se relaciona con las personas a su alrededor durante y especialmente después de la misa. Lo importante, de manera que lo único que importa, es que Él está allí físicamente.


¿Por qué no se lavan las manos?
El problema se presenta en el Evangelio de hoy por un conflicto entre Jesús y los fariseos. "¿Por qué tus discípulos no se lavan las manos antes de comer?" La pregunta realmente refleja las tensiones en la primera comunidad cristiana de Marcos, donde algunos de los nuevos cristianos eran Judios y algunos eran gentiles. Los gentiles no seguian las costumbres judías y los judíos cristianos se indignaban.


El propósito del Evangelio de hoy, entonces es poner estas costumbres judías en la perspectiva correcta. Lavarse las manos antes de comer es una medida muy importante y necesaria.
¿Con qué frecuencia a los niños se les dice: "No venga a la mesa hasta que se hayan lavado las manos? Había prescripciones en la ley judía que parecían ser en un principio una medida de higiene, por ejemplo, la distinción entre los alimentos que eran "limpios" y "sucios". La experiencia ha demostrado que ciertos alimentos pueden ser peligrosos para comer, y comer con las manos sucias podría ser una fuente de enfermedades. Al conectar una sanción religiosa con el comportamiento recomendado, la observancia era más factible.


Jesús no critica tales medidas. Lo que se critica es la importancia desproporcionada de estas cosas en detrimento de lo que es mucho más importante, el amor de Dios y el cuidado de los seres humanos. Fue este sentimiento de profunda compasión que hizo Francisco de Asís lanzar la precaución al viento y besar al leproso que encontró en el camino.


Así que Jesús hoy cita al profeta Isaías: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque  las doctrinas que enseñan son meros preceptos humanos.¨ Pusieron tradiciones humanas antes de que los mandamientos de Dios.


Estas palabras parecen estar dirigidas no sólo a los fariseos como tales sino contra los miembros judíos formados rígidamente en la comunidad cristiana, y en contra de personas similares de nuestras comunidades de hoy.


Hoy en día, gran parte de la esclavitud de la cultura y de la tradición son una importante fuente de conflicto en el mundo de hoy, entre las comunidades y dentro de las familias. Tal fundamentalismo es una fuente de gran odio y violencia en muchos países y son una negación completa de la verdadera religión. Tenemos que ser muy conscientes de que en nuestra sociedad multiétnica y multicultural. (Y pocas sociedades hoy en día no tienen una mezcla étnica, cultural y religiosa.) A pesar de toda nuestra alta tecnología, la gente hoy en día ha cambiado muy poco desde los tiempos de Jesús.


La Inmundicia está por dentro
Entonces Jesús habla de donde viena la inmundicia real.
La fuente de impureza no es cualquier alimento o bebida que viene de fuera. La inmundicia real está en el corazón. Una persona que no se convierta en "impuro" por comer carne de cerdo o por entrar en contacto con la sangre, y menos aún por no lavarse las manos antes de comer, sino por sus "malas intenciones" que surgen en las profundidades de su corazón: la lujuria, el robo, el asesinato, el adulterio, la codicia, la maldad, el engaño, la envidia, el hablar calumnioso, la arrogancia.


Todo ello está en conflicto directo con una relación genuinamente amorosa con Dios y la gente. Lavarse las manos no hace nada para cambiar eso.


Hoy comenzamos la lectura de la Carta de Santiago y seguiremos haciéndolo durante los próximos domingos. El escritor habla de la verdadera fuente de la ley: "
Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros" Jesús, como la Palabra de Dios, es el portador de toda esta bondad y perfección. Así que Santiago nos exhorta ¨Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos.¨

Y, en marcado contraste con lo que los fariseos y los escribas le estaban diciendo a Jesús, Santiago continúa: "
La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo." 

En otras palabras, la religión tiene poco que ver con la observancia de las leyes,
sin embargo debe:
(a) de ser liberada de las influencias corruptoras de nuestro medio ambiente, y
(b) ser sensible a las necesidades de los más débiles y marginados entre nosotros.
 

Y esta es la verdadera religión porque: "Cuando lo hiciste / no lo hiciste, con el último de mis hermanos y hermanas lo haces / no lo haces, a mí".

Atractivo de la ley
Hay una fuerte atracción que algunos tengan una religión de leyes y reglamentos. La pregunta en los labios a menudo es: "¿Es esto un pecado?" "¿Es un pecado mortal o" sólo "un pecado venial?" La principal preocupación de estas personas es: 


- Saber como pueden salirse con la suya
- Estar libres de sentimientos de culpa.


Pero estas no son las preguntas que debemos hacer. Nuestra preocupación real debe ser: "¿Es esto un acto de amor por hacer?" Puede o no puede haber ningún mandamiento o regulación al respecto, pero si no es una palabra o un acto de amor, entonces no es cristiano, no es realmente un acto humano y no es un acto moral.


Es posible cumplir todas las leyes y reglas de la perfección (como los fariseos de todo tipo hacen) y sin embargo estar muy lejos del espíritu de Jesús y de su Evangelio. La ¨ley guardián¨ se ocupa principalmente de "salvar su alma", basta con "estar en estado de gracia" (¡sea lo que sea!). Incluso cuando se muestra la "caridad" para otros es a menudo simplemente es para obtener "méritos" para sí mismo.


Obviamente, en nuestra Iglesia y en nuestra parroquia y donde la gente tiene que trabajar juntos, tenemos que tener reglas. Pero sólo son medios para ayudar a trabajar juntos sin problemas. Una vez que las reglas comienzan a dirigirnos, entonces estamos en problemas. Hay mucho de verdad en la declaración, "las reglas están hechas para romperse."


La ley no es para restringir, sino para maximizar la libertad de los individuos y grupos sin detrimento de los demás. A menudo nos maldecimos a los semáforos cuando se vuelven de color rojo contra nosotros, pero nos maldicen aún más cuando se rompen debido al caos que sobreviene.


Es visión, no leyes
En el análisis final, cada uno tiene que discernir por sí mismos hasta qué punto, en determinadas circunstancias, puede hacerlo mejor por amar y servir a Cristo. Se requiere una gran cantidad de honestidad, integridad y un alto nivel de verdadera libertad, la libertad de elegir lo que es bueno, lo que es mejor, lo que es más amoroso. El Evangelio no es un código de leyes. Proporciona una visión de una vida verdaderamente humana vivida para Dios entre la gente. Se centra en las relaciones, en lugar de las acciones individuales.


Este mismo día tendremos muchas oportunidades para amar y servir a Jesús en varias situaciones. En lugar de estar ansiosos por lo que yo pueda hacer mal ("¿Es un pecado?"), Pediré más bien, "¿Dónde y cómo puedo ser más amoroso, cariñoso y compasivo este día?". 


  La edición y el subrayado son nuestros



Que la Misericordia y la confianza en Dios no te falte

Gracias

2 de septiembre de 2012

¨Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.¨


Del santo Evangelio según San Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23
Domingo 22 del tiempo Ordinario 
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. ( Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes la manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas. ) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús "¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores"? Él contesto: / "Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: / "Este pueblo me honra con los labios, / pero su corazón está lejos de mí. / El culto que me dan está vacío, / porque la doctrina que enseñan / son preceptos humanos." / Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres." Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: "Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro".(Aciprensa.com)

El texto de este domingo es una selección y omite algunos versículos  para hacerlo menos largo y más comprensible. Aquí damos el comentario del texto completo para que se pueda entender mejor.   

Comentario:
El Evangelio de este 22º Domingo del Tiempo Ordinario describe las costumbres religiosas de la época de Jesús, habla de los fariseos que las enseñaban al pueblo y sobre las instrucciones de Jesús con respecto a estos temas. Muchos de estos usos y costumbres habían ya perdido su significado y hacían muy difícil la vida del pueblo. Pero estos usos y costumbres seguían siendo transmitidos y enseñados o por miedo o por superstición.

Marcos 7,1-2: Control de los fariseos y libertad de los discípulos 

Los fariseos y algunos escribas, observaban lo que los discípulos hacían . ¡Los escribas son de Jerusalén, de la capital! Esto significa que habían venido para observar y controlar los pasos de Jesús. ¡Los discípulos no se lavan las manos antes de comer! Significa que la convivencia con Jesús les da valor para transgredir las normas impuestas por la tradición, y que no tienen sentido para la vida.

Marcos 7,3-4: Explicación de Marcos sobre la tradición de los antiguos
En el tiempo de Jesús había muchas cosas y actividades que volvían impuras a las personas, imposibilitadas de ponerse delante de Dios: tocar un leproso, comer con publicanos, comer sin lavarse las manos, tocar la sangre o el cadáver y otras muchas. Todo esto volvía impura a las personas y el contacto con estas personas contaminaba a otros. Por esto, estas personas “impuras” debían ser evitadas. La gente vivía apartada, siempre amenazada de tantas cosas impuras que amenazaban su vida. Todos vivían bajo el miedo, temerosos de todo y de todos.

El cumplimiento de la pureza era un tema muy serio. Se pensaba que una persona impura no podría recibir la bendición prometida por Dios a Abrahán.Porque Dios es Santo. La Ley decía: “¡Sed santos, porque Dios es Santo!" (Lev 19,2). Las normas de la pureza eran enseñadas de modo que, las personas, observándolas, pudiesen tener un camino hacia Dios , fuente de paz. En realidad, en vez de ser una fuente de paz, era una prisión, una esclavitud. Para los pobres, era prácticamente imposible observarla. ¡Se trataba de centenares y centenares de normas y de leyes! Por esto, los pobres eran despreciados y considerados personas ignorantes y malditas que no conocían la ley (Jn 7,49)

Ahora, con la venida de Jesús, de improviso, todo cambia. Por la fe en Jesús, era posible obtener la pureza y sentirse cómodo delante de Dios, sin que fuese necesario observar todas aquellas leyes y normas de la “tradición de los antiguos”. ¡Fue una verdadera y propia liberación! La Buena Noticia anunciada por Jesús hace salir al pueblo de la defensiva y le restituye las ganas de vivir, la alegría de ser hijos de Dios, sin miedo a ser felices.

Marcos 7,5: Escribas y fariseos critican el comportamiento de los discípulos de Jesús 

Los escribas y fariseos preguntan a Jesús: ¿Por qué tus discípulos no viven según la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?¡ Ellos fingen estar interesados por conocer el porqué de la conducta de los discípulos!

En realidad, critican a Jesús por permitir a los discípulos transgredir las normas de la pureza. Los escribas y los doctores de la ley eran los encargados de la doctrina. Dedicaban su vida al estudio de la Ley de Dios, sobre todo las normas relativas a la pureza. Los fariseos formaban una especie de hermandad, cuya preocupación principal era la de observar todas las leyes relativas a la pureza. La palabra fariseo significa separado, ellos luchaban de modo que, a través del cumplimiento perfecto de las leyes de la pureza, la gente consiguiese ser pura, separada y santa como lo exigían la Ley y la Tradición. Gracias a los testimonios ejemplares de sus vidas que seguía las normas de la época, ellos tenían mucha autoridad en las aldeas de Galilea.

Marco 7,6-8: Dura repuesta de Jesús ante la falta de coherencia de los fariseos 

Jesús responde citando a Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombre. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres” (Is 29,13)

Los fariseos, insistiendo en las normas de la pureza, vaciaban de consistencia los mandamientos de la ley de Dios. Jesús presenta enseguida un ejemplo concreto de cómo vuelven insignificante el precepto de la ley Dios.

Marcos 7,9-13: Ejemplo concreto de cómo los fariseos convertían inconsistente el mandamiento de Dios 

La “tradición de los antiguos” enseñaba: el hijo que consagra sus bienes al Templo, no podrá ya usar estos bienes para ayudar a sus padres necesitados. Y así, en nombre de la tradición, ellos desvanecían el cuarto mandamiento que manda amar al padre y a la madre. Hoy en día encontramos personas que obran así. Parecen muy cumplidores, pero lo son sólo externamente. Internamente, el corazón lo tienen lejos de Dios. Como dice un canto que se cantaba en las eucaristías hace años: “Su nombre es el Señor y pasa hambre, y vive a la intemperie en la calle y todos los que lo ven pasan de largo, seguros de llegar temprano al templo”. En tiempos de Jesús, el pueblo, en su sabiduría, no estaba de acuerdo con todo lo que se enseñaba. Esperaba que un día el Mesías viniese a señalar otro camino para ser puros. Esta esperanza se realiza en Jesús.

Marcos 7,14-16: Aclaración de Jesús a la gente: un nuevo camino para llegar hasta Dios

Jesús dice a la gente: “No hay nada fuera del hombre, que entrando en él, pueda contaminarlo” (Mc 7,15). Jesús invierte las cosas: lo que es impuro no viene de fuera hacia dentro, como enseñan los doctores de la ley, sino de dentro hacia fuera. Y así, ninguno tienen necesidad de preguntarse si este alimento o bebida son puros o no. Jesús coloca lo que es puro o impuro en otro nivel, sobre el nivel del comportamiento ético. Abre un camino para llegar hasta Dios, y así, realiza el deseo más profundo de la gente. Y Jesús termina su aclaración con una expresión que a Él le gusta mucho usar: “¡Quien tengas oídos para oír que oiga! O sea: ¡Esto es lo hay! ¡Lo habéis oído! ¡Ahora tratad de entenderlo!” Dicho con otras palabras, usad la cabeza y el buen sentido y analizad las cosas partiendo de la experiencia que tenéis de la vida.

Marcos 7,17-23: Aclaración de Jesús a los discípulos 

Los discípulos no acaban de entender lo que Jesús quería decir con aquella afirmación. Cuando llegaron a casa pidieron una explicación. Esta petición dejó maravillado a Jesús. Pensaba que al menos ellos lo hubiesen entendido. La explicación va hasta el fondo de la cuestión de la pureza. Declara puros todos los alimentos. O sea, ningún alimento que desde fuera entra en el ser humano podrá volverlo impuro, porque no va al corazón, sino al estómago y termina en el excusado. Lo que vuelve impuro, dice Jesús, es lo que desde dentro, desde el corazón, sale para envenenar las relaciones humanas. Y las enumera: Fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinaje, envidia, calumnia, soberbia, insolencia, insensatez” Así, de muchos modos, por medio de la palabra, del gesto o de la convivencia, Jesús ayudaba a las personas a ser puras. Por medio de la palabra, purificaba a los leprosos (Mc 1,40-44), arrojaba los espíritus inmundos (Mc 1,26-39; 3,15.22 etc.) y vencía la muerte, fuente de todas las impurezas. Por medio del gesto, la mujer considerada impura vuelve a ser limpia (Mc 5,25-34). Por medio de la convivencia con Jesús, los discípulos se ven animados a imitar a Jesús que, sin miedo de contaminarse, come con las personas consideradas impuras. (Mc 2,15-17),

La edición y el subrayado son nuestros  
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas

El corazón.¨Es lo íntimo de la persona. Generalmente corresponde a lo que hoy llamamos mente, conciencia, intención. [En la Biblia las expresiones] los pensamientos del corazón = los proyectos; habló en su corazón = pensó; dame tu corazón = presta atención.(Pequeño Vocabulario Bíblico, Wolfgang Gruen, Clerus.org)

En este día miremos nuestro corazón y veamos nuestras reales intenciones para ¨hacer lo que hacemos¨ como católicos. 

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte. 

Gracias

30 de julio de 2012

La intención es lo que importa

Autor: Oscar Schmidt | Fuente: www.reinadelcielo.org
La única verdadera es que tenemos en el corazón. ¡Y sólo Dios puede ver lo que ocurre en nuestros corazones!.

La intención es lo que importa

Es muy notable como la misma actitud, el mismo gesto, puede en dos personas distintas contener significados opuestos. Una buena acción de alguien a veces nos deja con la extraña sensación de que algo está mal allí. Y la misma situación puesta en cabeza de otra persona parece ser sin dudas un gesto de amor sincero.

Otras veces, una acción que nos parece incorrecta a la luz de nuestro pobre juicio, nos deja con la impresión de que en el fondo puede no estar tan mal. Y puesta en cabeza de otra persona, ¡definitivamente es una mala actitud! ¿Qué es lo que ocurre?.

Ocurre que hay algo que es invisible a nuestros ojos: es la intención verdadera que tiene la persona en el corazón. ¡Y sólo Dios puede ver lo que ocurre en nuestros corazones!. Es por este motivo que Jesús nunca dejaba a sus discípulos juzgar a los demás, porque muchas veces el silencio humilde de una persona la colocaba en actitud incómoda frente a los hombres, ante un supuesto mal gesto. Sin embargo, en su corazón, esta persona guardaba una intención recta y sincera para con Dios. Y otras veces, quienes se esforzaban en aparecer justos y nobles frente a los hombres eran quienes abrigaban intenciones más indignas en el corazón.

Las cosas que se hacen deben estar originadas en intenciones virtuosas, intenciones de hacer el bien. Esto es mas importante que las consecuencias mismas de nuestras acciones, ya que Dios ve en lo profundo de nuestros corazones, muy por encima de la opinión de los hombres sobre nuestros actos. Y no hay que preocuparse tanto de cómo luzcamos frente a los demás, ya que no son ellos quienes nos juzgarán cuando llegue el momento de sopesar nuestra vida: será el Justo Juez, Jesús, quien dictamine si hubo intención virtuosa en la forma en que hemos vivido.

Por otra parte, es preferible pensar que los demás tienen una intención virtuosa en sus actos, y no desconfiar al extremo de accionar permanentemente nuestras defensas en anticipación a ser engañados o perjudicados. Si el otro tuvo intención virtuosa, Dios verá con agrado como dos de sus hijos obran en el bien. Y si el otro se aprovechó de mi, pues tendré un perjuicio a nivel humano, pero seré visto con mirada agradable por Dios. Y el juicio Divino recaerá sólo sobre el otro.

Jesús llevó la intención virtuosa al extremo de jamás haber pecado. Y si bien El es Dios, también fue hombre. Y como tal estuvo sometido a la tentación: recordemos los cuarenta días en el desierto, y tantas otras veces en que los hombres lo sometieron a presiones e intentos de engaño. Sin embargo, en treinta y tres años de vida ¡jamás pecó!. Buena parte de las acusaciones que los hombres hicieron para llevarlo a la muerte, fueron acumulándose en la negativa de Cristo a aceptar las reglas de juego del mundo: El simplemente tuvo intención virtuosa en todo lo que hizo, más allá de las reacciones de los hombres. Claro que llevar la intención virtuosa a tal extremo de perfección tuvo sus consecuencias: ¡Nuestro Señor terminó crucificado en el Gólgota!.


Hagamos todo en la vida con una intención virtuosa, con ánimo de hacer el bien. Las cosas nos podrán ir bien o mal, pero sin dudas estaremos en el sendero que Dios marca para nosotros.


¡La mirada de Dios es lo único que cuenta!.


 Oscar Schmidt
El subrayado es nuestro