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11 de marzo de 2018

¨Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna¨

Domingo 4 Del Tiempo de Cuaresma
Del Santo Evangelio Según San Juan (Jn 3 : 14 - 21) 
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre,
15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.
16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
18 El que creee en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.
19 Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
20 Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras.
21 Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.»




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http://w2.vatican.va/content/francesco/es/angelus/2015/documents/papa-francesco_angelus_20150301.html



PAPA FRANCISCO

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo 15 de marzo de 2015


Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!

El Evangelio de hoy nos vuelve a proponer las palabras que Jesús dirigió a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito» (Jn 3, 16). Al escuchar estas palabras, dirijamos la mirada de nuestro corazón a Jesús Crucificado y sintamos dentro de nosotros que Dios nos ama, nos ama de verdad, y nos ama en gran medida. Esta es la expresión más sencilla que resume todo el Evangelio, toda la fe, toda la teología: Dios nos ama con amor gratuito y sin medida.

Así nos ama Dios y este amor Dios lo demuestra ante todo en la creación, como proclama la liturgia, en la Plegaria eucarística IV: «A imagen tuya creaste al hombre y le encomendaste el universo entero, para que, sirviéndote sólo a ti, su Creador, dominara todo lo creado». En el origen del mundo está sólo el amor libre y gratuito del Padre. San Ireneo un santo de los primeros siglos escribe: «Dios no creó a Adán porque tenía necesidad del hombre, sino para tener a alguien a quien donar sus beneficios» (Adversus haereses, IV, 14, 1). Es así, el amor de Dios es así.

Continúa así la Plegaria eucarística IV: «Y cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte, sino que, compadecido, tendiste la mano a todos». Vino con su misericordia. Como en la creación, también en las etapas sucesivas de la historia de la salvación destaca la gratuidad del amor de Dios: el Señor elige a su pueblo no porque se lo merezca, sino porque es el más pequeño entre todos los pueblos, como dice Él. Y cuando llega «la plenitud de los tiempos», a pesar de que los hombres en más de una ocasión quebrantaron la alianza, Dios, en lugar de abandonarlos, estrechó con ellos un vínculo nuevo, en la sangre de Jesús —el vínculo de la nueva y eterna alianza—, un vínculo que jamás nada lo podrá romper.

San Pablo nos recuerda: «Dios, rico en misericordia, —nunca olvidarlo, es rico en misericordia— por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo» (Ef 2, 4-5). La Cruz de Cristo es la prueba suprema de la misericordia y del amor de Dios por nosotros: Jesús nos amó «hasta el extremo» (Jn 13, 1), es decir, no sólo hasta el último instante de su vida terrena, sino hasta el límite extremo del amor. Si en la creación el Padre nos dio la prueba de su inmenso amor dándonos la vida, en la pasión y en la muerte de su Hijo nos dio la prueba de las pruebas: vino a sufrir y morir por nosotros. Así de grande es la misericordia de Dios: Él nos ama, nos perdona; Dios perdona todo y Dios perdona siempre.

Que María, que es Madre de misericordia, nos ponga en el corazón la certeza de que somos amados por Dios; nos sea cercana en los momentos de dificultad y nos done los sentimientos de su Hijo, para que nuestro itinerario cuaresmal sea experiencia de perdón, acogida y caridad.

Después del Ángelus:

Queridos hermanos y hermanas:


Con dolor, con mucho dolor, recibí la noticia de los atentados terroristas de hoy contra dos iglesias en la ciudad de Lahore en Pakistán, que provocaron numerosos muertos y heridos. Son iglesias cristianas. Los cristianos son perseguidos. Nuestros hermanos derraman la sangre sólo porque son cristianos. Mientras aseguro mi oración por las víctimas y por sus familias, pido al Señor, imploro del Señor, fuente de todo bien, el don de la paz y la concordia para ese país. Que esta persecución contra los cristianos, que el mundo busca ocultar, termine y llegue la paz.

Dirijo un cordial saludo a vosotros fieles de Roma y a vosotros llegados de muchas partes del mundo.

Estoy cercano a la población de Vanuatu, en el Océano Pacífico, azotada por un fuerte ciclón. Rezo por los difuntos, los heridos y los sin techo. Doy las gracias a quienes se movilizaron inmediatamente para llevar socorro y ayudas.
A todos vosotros os deseo un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

© Copyright - Libreria Editrice Vaticana

El subrayado es nuestro.

4 de marzo de 2018

«Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré.»



Domingo 3 Del Tiempo de Cuaresma
Del Santo Evangelio Según San Juan (Jn 2:13-25) 

13 Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
14 Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos.
15 Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas;
16 y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado.»
17 Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará.
18 Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?»
19 Jesús les respondió: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré.»
20 Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
21 Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo.
22 Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.
23 Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre al ver las señales que realizaba.
24 Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos
25 y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre.


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http://w2.vatican.va/content/francesco/es/angelus/2015/documents/papa-francesco_angelus_20150301.html



PAPA FRANCISCO

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo 8 de marzo de 2015


Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!

El Evangelio de hoy (Jn 2, 13-25) nos presenta el episodio de la expulsión de los vendedores del templo. Jesús «hizo un látigo con cuerdas, los echó a todos del Templo, con ovejas y bueyes» (v. 15), el dinero, todo. Tal gesto suscitó una fuerte impresión en la gente y en los discípulos. Aparece claramente como un gesto profético, tanto que algunos de los presentes le preguntaron a Jesús: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» (v. 18), ¿quién eres para hacer estas cosas? Muéstranos una señal de que tienes realmente autoridad para hacerlas. Buscaban una señal divina, prodigiosa, que acreditara a Jesús como enviado de Dios. Y Él les respondió: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré» (v. 19). Le replicaron: «Cuarenta y seis años se ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» (v. 20). No habían comprendido que el Señor se refería al templo vivo de su cuerpo, que sería destruido con la muerte en la cruz, pero que resucitaría al tercer día. Por eso, «en tres días». «Cuando resucitó de entre los muertos —comenta el evangelista—, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús» (v. 22).

En efecto, este gesto de Jesús y su mensaje profético se comprenden plenamente a la luz de su Pascua. Según el evangelista Juan, este es el primer anuncio de la muerte y resurrección de Cristo: su cuerpo, destruido en la cruz por la violencia del pecado, se convertirá con la Resurrección en lugar de la cita universal entre Dios y los hombres. Cristo resucitado es precisamente el lugar de la cita universal —de todos— entre Dios y los hombres. Por eso su humanidad es el verdadero templo en el que Dios se revela, habla, se lo puede encontrar; y los verdaderos adoradores de Dios no son los custodios del templo material, los detentadores del poder o del saber religioso, sino los que adoran a Dios «en espíritu y verdad» (Jn 4, 23).

En este tiempo de Cuaresma nos estamos preparando para la celebración de la Pascua, en la que renovaremos las promesas de nuestro bautismo. Caminemos en el mundo como Jesús y hagamos de toda nuestra existencia un signo de su amor para nuestros hermanos, especialmente para los más débiles y los más pobres, construyamos para Dios un templo en nuestra vida. Y así lo hacemos «encontrable» para muchas personas que encontramos en nuestro camino. Si somos testigos de este Cristo vivo, mucha gente encontrará a Jesús en nosotros, en nuestro testimonio. Pero —nos preguntamos, y cada uno de nosotros puede preguntarse—, ¿se siente el Señor verdaderamente como en su casa en mi vida? ¿Le permitimos que haga «limpieza» en nuestro corazón y expulse a los ídolos, es decir, las actitudes de codicia, celos, mundanidad, envidia, odio, la costumbre de murmurar y «despellejar» a los demás? ¿Le permito que haga limpieza de todos los comportamientos contra Dios, contra el prójimo y contra nosotros mismos, como hemos escuchado hoy en la primera lectura? Cada uno puede responder a sí mismo, en silencio, en su corazón. «¿Permito que Jesús haga un poco de limpieza en mi corazón?». «Oh padre, tengo miedo de que me reprenda». Pero Jesús no reprende jamás. Jesús hará limpieza con ternura, con misericordia, con amor. La misericordia es su modo de hacer limpieza. Dejemos —cada uno de nosotros—, dejemos que el Señor entre con su misericordia —no con el látigo, no, sino con su misericordia— para hacer limpieza en nuestros corazones. El látigo de Jesús para nosotros es su misericordia. Abrámosle la puerta, para que haga un poco de limpieza.

Cada Eucaristía que celebramos con fe nos hace crecer como templo vivo del Señor, gracias a la comunión con su Cuerpo crucificado y resucitado. Jesús conoce lo que hay en cada uno de nosotros, y también conoce nuestro deseo más ardiente: el de ser habitados por Él, sólo por Él. Dejémoslo entrar en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestro corazón.
Que María santísima, morada privilegiada del Hijo de Dios, nos acompañe y nos sostenga en el itinerario cuaresmal, para que redescubramos la belleza del encuentro con Cristo, que nos libera y nos salva.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:


Doy una cordial bienvenida a los fieles de Roma y a todos los peregrinos provenientes de varias partes del mundo.

Durante esta Cuaresma tratemos de estar más cerca de las personas que están viviendo momentos de dificultad: cercanos con el afecto, con la oración, con la solidaridad.

Hoy, 8 de marzo, un saludo a todas las mujeres. Todas las mujeres que cada día tratan de construir una sociedad más humana y acogedora. Y también un gracias fraterno a las que de mil modos testimonian el Evangelio y trabajan en la Iglesia. Y esta es para nosotros una ocasión para reafirmar la importancia y la necesidad de su presencia en la vida. Un mundo donde las mujeres son marginadas es un mundo estéril, porque las mujeres no sólo traen la vida sino que también nos transmiten la capacidad de ver más allá —ven más allá de ellas—, nos transmiten la capacidad de comprender el mundo con ojos diversos, de sentir las cosas con corazón más creativo, más paciente, más tierno. Una oración y una bendición particular para todas las mujeres presentes aquí, en la plaza, y para todas las mujeres. Un saludo.

A todos os deseo un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!



El subrayado es nuestro.

18 de febrero de 2018

¨A continuación, el Espíritu le empuja al desierto...¨

Marcos 1:12-15

I Domingo Cuaresma 

Ciclo B


12 A continuación, el Espíritu le empuja al desierto,
13 y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían.
14 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios:
15 «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»



11 de abril de 2014.- (Radio Vaticano / Camino Católico) El Santo Padre ha pedido esta mañana en la homilía de Santa Marta que aprendamos del Evangelio cómo luchar contra las tentaciones del demonio. El Papa ha recordado que todos somos tentados, porque el diablo no quiere nuestra santidad. Y ha reiterado que la vida cristiana es precisamente una lucha contra el mal.

Francisco ha indicado quela vida de Jesús ha sido una lucha. Él ha venido a vencer el mal, a vencer al príncipe de este mundo, a vencer al demonio”. Y la lucha contra el demonio la debe afrontar cada cristiano. Así, ha recordado que el demonio ha tentado a Jesús muchas veces y Jesús ha sentido en su vida las tentacionescomo “también las persecuciones”. De este modo, el Santo Padre ha añadido quetambién nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del Mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que nosotros seamos discípulos de Jesús. ¿Y cómo hace el espíritu del Mal para alejarnos del camino de Jesús con su tentación? La tentación del demonio tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas. ¿Cómo hace el demonio para alejarnos del camino de Jesús? La tentación comienza levemente, pero crece: siempre crece. Segundo, crece y contagia a otro, se transmite a otro, intenta ser comunitaria. Y al final, para tranquilizar el alma, se justifica. Crece, contagia y se justifica”.

Asimismo, Francisco ha observado que la primera tentación de Jesúscasi parece una seducción”: el diablo dice a Jesús de tirarse desde el Templo y así, afirma el tentador,“todos dirán: ‘eh aquí el Mesías’”. Es lo mismo que ha hecho con Adán y Eva:“Es la seducción”. El diabloha señalado el Papa-casi habla como si fuera un maestro espiritual”. Y“cuando es rechazado”, entonces “crece: crece y se vuelve más fuerte”. Francisco ha explicado que Jesúslo dice en el Evangelio de Lucas: cuando el demonio es rechazado, gira y busca algunos compañeros y con esta banda, vuelve”. Por tanto,crece también involucrando a otros”. Y así, ha proseguido el Pontífice,ha sucedido con Jesús”, “el demonio involucra” a sus enemigos. Y lo que“parecía un hilo de agua, un pequeño hilo de agua, tranquilo, se convierte en marea”. De esta forma, el Santo Padre ha observado que cuando Jesús predica en la Sinagoga, enseguida sus enemigos lo menosprecian diciendo:pero, ¡este es el hijo de José, el carpintero, el hijo de María! ¡Nunca ha ido a la universidad! ¿Pero con qué autoridad habla? ¡No ha estudiado!” La tentación“ha involucrado a todos contra Jesús”, ha indicado el Papa. Y el punto más alto, “más fuerte de la justificación” es el del sacerdote, cuando dice: “¿no sabéis que es mejor que un hombre muera para salvar al pueblo?”, ha indicado el Papa.

A continuación, lo ha precisado así:tenemos una tentación que crece: crece y contagia a otros. Pensemos en un chismorreo, por ejemplo: yo tengo un poco de envidia de esa persona, de esa otra, y primero tengo envidia dentro, solo, y es necesario compartirla y va a otra persona y dice: ‘¿Pero tú has visto a esa persona?’… y busca crecer y contagia a otro y a otro… Pero este es el mecanismo del chismorreo y ¡todos nosotros hemos sido tentados de chismorrear! Esta es una tentación cotidiana. Pero comienza así, suavemente, como el hilo del agua. Crece por contagio y al final se justifica”.

Por eso, Francisco ha pedido queestemos atentos cuando en nuestro corazón, sintamos algo que terminará por destruir a las personas”. Y ha remarcado que“estemos atentos porque si no paramos a tiempo ese hilo de agua, cuando crezca y contagie será una marea que solamente nos llevará a justificar el mal, como se han justificado estas personas”, afirmando que “es mejor que muera un hombre por el pueblo”.

Para concluir, el Obispo de Roma ha señalado quetodos somos tentados, porque la ley de la vida espiritual, nuestra vida cristiana, es una lucha: una lucha. Porque el príncipe de este mundo –el diablo- no quiere nuestra santidad, no quiere que nosotros sigamos a Cristo. Alguno de vosotros, quizá, no sé, puede decir: ‘Pero, Padre, que antiguo es usted: ¡hablar del demonio en el siglo XXI! Pero, ¡mira que el diablo está! El diablo está. ¡También en el siglo XXI! Y no debemos ser ingenuos ¿eh? Debemos aprender del Evangelio cómo se lucha contra él”.



El Subrayado es nuestro.



2 de septiembre de 2012

¨Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.¨


Del santo Evangelio según San Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23
Domingo 22 del tiempo Ordinario 
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. ( Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes la manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas. ) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús "¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores"? Él contesto: / "Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: / "Este pueblo me honra con los labios, / pero su corazón está lejos de mí. / El culto que me dan está vacío, / porque la doctrina que enseñan / son preceptos humanos." / Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres." Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: "Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro".(Aciprensa.com)

El texto de este domingo es una selección y omite algunos versículos  para hacerlo menos largo y más comprensible. Aquí damos el comentario del texto completo para que se pueda entender mejor.   

Comentario:
El Evangelio de este 22º Domingo del Tiempo Ordinario describe las costumbres religiosas de la época de Jesús, habla de los fariseos que las enseñaban al pueblo y sobre las instrucciones de Jesús con respecto a estos temas. Muchos de estos usos y costumbres habían ya perdido su significado y hacían muy difícil la vida del pueblo. Pero estos usos y costumbres seguían siendo transmitidos y enseñados o por miedo o por superstición.

Marcos 7,1-2: Control de los fariseos y libertad de los discípulos 

Los fariseos y algunos escribas, observaban lo que los discípulos hacían . ¡Los escribas son de Jerusalén, de la capital! Esto significa que habían venido para observar y controlar los pasos de Jesús. ¡Los discípulos no se lavan las manos antes de comer! Significa que la convivencia con Jesús les da valor para transgredir las normas impuestas por la tradición, y que no tienen sentido para la vida.

Marcos 7,3-4: Explicación de Marcos sobre la tradición de los antiguos
En el tiempo de Jesús había muchas cosas y actividades que volvían impuras a las personas, imposibilitadas de ponerse delante de Dios: tocar un leproso, comer con publicanos, comer sin lavarse las manos, tocar la sangre o el cadáver y otras muchas. Todo esto volvía impura a las personas y el contacto con estas personas contaminaba a otros. Por esto, estas personas “impuras” debían ser evitadas. La gente vivía apartada, siempre amenazada de tantas cosas impuras que amenazaban su vida. Todos vivían bajo el miedo, temerosos de todo y de todos.

El cumplimiento de la pureza era un tema muy serio. Se pensaba que una persona impura no podría recibir la bendición prometida por Dios a Abrahán.Porque Dios es Santo. La Ley decía: “¡Sed santos, porque Dios es Santo!" (Lev 19,2). Las normas de la pureza eran enseñadas de modo que, las personas, observándolas, pudiesen tener un camino hacia Dios , fuente de paz. En realidad, en vez de ser una fuente de paz, era una prisión, una esclavitud. Para los pobres, era prácticamente imposible observarla. ¡Se trataba de centenares y centenares de normas y de leyes! Por esto, los pobres eran despreciados y considerados personas ignorantes y malditas que no conocían la ley (Jn 7,49)

Ahora, con la venida de Jesús, de improviso, todo cambia. Por la fe en Jesús, era posible obtener la pureza y sentirse cómodo delante de Dios, sin que fuese necesario observar todas aquellas leyes y normas de la “tradición de los antiguos”. ¡Fue una verdadera y propia liberación! La Buena Noticia anunciada por Jesús hace salir al pueblo de la defensiva y le restituye las ganas de vivir, la alegría de ser hijos de Dios, sin miedo a ser felices.

Marcos 7,5: Escribas y fariseos critican el comportamiento de los discípulos de Jesús 

Los escribas y fariseos preguntan a Jesús: ¿Por qué tus discípulos no viven según la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?¡ Ellos fingen estar interesados por conocer el porqué de la conducta de los discípulos!

En realidad, critican a Jesús por permitir a los discípulos transgredir las normas de la pureza. Los escribas y los doctores de la ley eran los encargados de la doctrina. Dedicaban su vida al estudio de la Ley de Dios, sobre todo las normas relativas a la pureza. Los fariseos formaban una especie de hermandad, cuya preocupación principal era la de observar todas las leyes relativas a la pureza. La palabra fariseo significa separado, ellos luchaban de modo que, a través del cumplimiento perfecto de las leyes de la pureza, la gente consiguiese ser pura, separada y santa como lo exigían la Ley y la Tradición. Gracias a los testimonios ejemplares de sus vidas que seguía las normas de la época, ellos tenían mucha autoridad en las aldeas de Galilea.

Marco 7,6-8: Dura repuesta de Jesús ante la falta de coherencia de los fariseos 

Jesús responde citando a Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombre. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres” (Is 29,13)

Los fariseos, insistiendo en las normas de la pureza, vaciaban de consistencia los mandamientos de la ley de Dios. Jesús presenta enseguida un ejemplo concreto de cómo vuelven insignificante el precepto de la ley Dios.

Marcos 7,9-13: Ejemplo concreto de cómo los fariseos convertían inconsistente el mandamiento de Dios 

La “tradición de los antiguos” enseñaba: el hijo que consagra sus bienes al Templo, no podrá ya usar estos bienes para ayudar a sus padres necesitados. Y así, en nombre de la tradición, ellos desvanecían el cuarto mandamiento que manda amar al padre y a la madre. Hoy en día encontramos personas que obran así. Parecen muy cumplidores, pero lo son sólo externamente. Internamente, el corazón lo tienen lejos de Dios. Como dice un canto que se cantaba en las eucaristías hace años: “Su nombre es el Señor y pasa hambre, y vive a la intemperie en la calle y todos los que lo ven pasan de largo, seguros de llegar temprano al templo”. En tiempos de Jesús, el pueblo, en su sabiduría, no estaba de acuerdo con todo lo que se enseñaba. Esperaba que un día el Mesías viniese a señalar otro camino para ser puros. Esta esperanza se realiza en Jesús.

Marcos 7,14-16: Aclaración de Jesús a la gente: un nuevo camino para llegar hasta Dios

Jesús dice a la gente: “No hay nada fuera del hombre, que entrando en él, pueda contaminarlo” (Mc 7,15). Jesús invierte las cosas: lo que es impuro no viene de fuera hacia dentro, como enseñan los doctores de la ley, sino de dentro hacia fuera. Y así, ninguno tienen necesidad de preguntarse si este alimento o bebida son puros o no. Jesús coloca lo que es puro o impuro en otro nivel, sobre el nivel del comportamiento ético. Abre un camino para llegar hasta Dios, y así, realiza el deseo más profundo de la gente. Y Jesús termina su aclaración con una expresión que a Él le gusta mucho usar: “¡Quien tengas oídos para oír que oiga! O sea: ¡Esto es lo hay! ¡Lo habéis oído! ¡Ahora tratad de entenderlo!” Dicho con otras palabras, usad la cabeza y el buen sentido y analizad las cosas partiendo de la experiencia que tenéis de la vida.

Marcos 7,17-23: Aclaración de Jesús a los discípulos 

Los discípulos no acaban de entender lo que Jesús quería decir con aquella afirmación. Cuando llegaron a casa pidieron una explicación. Esta petición dejó maravillado a Jesús. Pensaba que al menos ellos lo hubiesen entendido. La explicación va hasta el fondo de la cuestión de la pureza. Declara puros todos los alimentos. O sea, ningún alimento que desde fuera entra en el ser humano podrá volverlo impuro, porque no va al corazón, sino al estómago y termina en el excusado. Lo que vuelve impuro, dice Jesús, es lo que desde dentro, desde el corazón, sale para envenenar las relaciones humanas. Y las enumera: Fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinaje, envidia, calumnia, soberbia, insolencia, insensatez” Así, de muchos modos, por medio de la palabra, del gesto o de la convivencia, Jesús ayudaba a las personas a ser puras. Por medio de la palabra, purificaba a los leprosos (Mc 1,40-44), arrojaba los espíritus inmundos (Mc 1,26-39; 3,15.22 etc.) y vencía la muerte, fuente de todas las impurezas. Por medio del gesto, la mujer considerada impura vuelve a ser limpia (Mc 5,25-34). Por medio de la convivencia con Jesús, los discípulos se ven animados a imitar a Jesús que, sin miedo de contaminarse, come con las personas consideradas impuras. (Mc 2,15-17),

La edición y el subrayado son nuestros  
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas

El corazón.¨Es lo íntimo de la persona. Generalmente corresponde a lo que hoy llamamos mente, conciencia, intención. [En la Biblia las expresiones] los pensamientos del corazón = los proyectos; habló en su corazón = pensó; dame tu corazón = presta atención.(Pequeño Vocabulario Bíblico, Wolfgang Gruen, Clerus.org)

En este día miremos nuestro corazón y veamos nuestras reales intenciones para ¨hacer lo que hacemos¨ como católicos. 

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte. 

Gracias

8 de julio de 2012

“La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios”

Buen Domingo,  en el evangelio de hoy  (Mc 6,1), la Iglesia nos muestra el rechazo que sufre Jesús por parte de la gente de Nazaret. La que era su comunidad. Los que antes lo acogían, ahora lo rechazan. Como veremos después, esta experiencia de rechazo llevó a Jesús a tomar una determinación y a cambiar su modo de actuar. 

A lo largo de la páginas de su Evangelio, Marcos indica que la presencia y la acción de Jesús constituyen una fuente creciente de gozo para algunos y un motivo de rechazo para otros. Crece el conflicto, aparece el misterio de Dios que acoge a la persona de Jesús. En este capítulo 6 la gente de Nazaret se cierra ante Jesús (Mc 6,1-6). Y Jesús, ante esto se abre a gentes de otras comunidades. Se dirige a la gente de la Galilea y envía a sus discípulos en misión, enseñando cómo debe ser la verdadera relación comunitaria, que no excluya, como sucede entre la gente de Nazaret (Mc 6,7-13).  


La reacción de la gente de Nazaret ante Jesús
Después de una larga ausencia, Jesús regresa a su tierra y, como de costumbre, en el día de sábado va a una reunión de la comunidad. Jesús no era el coordinador, pero sin embargo tomó la palabra.. Signo de que las personas podían participar y expresar su opinión. Pero a la gente no le gustó las palabras expresadas por Jesús y quedó escandalizada. Jesús, por ellos conocido desde niño, la gente de Nazaret había quedado escandalizada y no lo había aceptado. el misterio de Dios presente en una persona tan común como ellos.

Las personas que hubieran debido ser las primeras en aceptar la Buena Nueva, son precisamente las primeras en rechazarla . El conflicto no es sólo, por tanto, con los de fuera, sino también con los parientes y con la gente de Nazaret. 

Reacción de Jesús ante el comportamiento de la gente de NazaretJesús sabe muy bien que el “santo de la casa no hace milagros” Y dice: “¡Un profeta no es despreciado más que en su propia patria, entre sus parientes y en su casa!” En efecto, allí donde no hay aceptación de la fe, la gente no puede hacer nada. El prejuicio lo impide. Jesús, aún queriéndolo, no pudo hacer nada y permanece atónito ante la falta de fe de aquellos paisanos.

¿Pero cómo explicar esto, si ellos fueron los primeros en tenerlo? Pues como nos dice el P. José Ramón Martínez, S.J. en la meditación de hoy: ¨La fe es un homenaje que una persona da a la calidad espiritual de otra aceptando como verdad lo que ella me comunica. Al creer se reconoce cierta superioridad a quien sabe y nos hace el favor de regalarnos una verdad¨.  En cierta forma es un ¨reconocerse menos que el otro¨ y eso no es aceptado por los de corazón cerrado y duro. Que no pueden entender y aceptar que ese ¨regalo¨ no viene del ¨otro¨, sino de Dios, fuente de todo bien.

Como nos dice el catecismo, que cita también el P. Martínez : “la fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios” (C.I.C.150). Es un acto en el que: ¨Yo acepto el señorío de Dios hasta lo más íntimo de mi mismo poniéndome totalmente en manos de Dios,. Me reconozco criatura y totalmente dependiente de Él. Es el acto más radical de obediencia a Dios. Es un acto libre que nadie puede forzar o imponer¨.

Finalmente, para realizar este acto supone la aceptacíon y acogida libre, a toda verdad que Dios nos haya revelado por medio de Jesucristo y su Iglesia, cuerpo místico de Él. 

En este día, démosle un Sí profundo al Señor, que brote de nuestro amor, agradecimiento, y necesidad de vivir con Él.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte. 

Gracias.

Más información en: El sitio web oficial de los carmelitas

1 de julio de 2012

"Jesús, el dueño absoluto de la Vida, tiene un absoluto, poder sobre la muerte."

Del Santo Evangelio Según San Marcos 5,21-43  

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: "Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva." Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. 

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido se curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de Él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: "¿Quién me ha tocado el manto?" Los discípulos le contestaron: "Ves como te apretuja la gente y preguntas "¿Quién me ha tocado?"" Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud." 

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: "Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas; basta que tengas fe." No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: "¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida." Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y dijo: "Talitha qumi" (que significa: "Contigo hablo, niña, levántate"). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.  

Meditación del P. Adolfo Franco, S.J.

En este pasaje el Evangelista San Marcos nos narra dos milagros de Jesús:

La resurrección de la hija de Jairo, y la curación de una mujer que padecía de flujos de sangre.

Ambos milagros se relacionan, tienen en común la manifestación del poder de Jesús sobre la salud física y señalan la curación espiritual que Él nos da con su poder redentor [su Amor]
. Naturalmente que el signo que nos llama más poderosamente la atención es la resurrección de la hija de Jairo, una niña muerta prematuramente a los doce años. Pero para el poder de Dios todo es igualmente posible, y es igualmente manifestación de su amor.

Con respecto al milagro de la resurrección de la hija de Jairo, podríamos tener una actitud de espectadores desinteresados, simplemente curiosos, para estar simplemente informados. Y pensar qué suerte la de este padre a quien Jesús le devolvió viva a su hija. Pero a la vez, podemos estar pensando, cuántas niños y niñas, cuántos jóvenes que han muerto prematuramente, y sobre los que no ha ocurrido ningún milagro semejante. Simplemente las personas han quedado arrolladas por el poder destructivo de la muerte.

Por otra parte, si sólo pretendemos criticar, podemos añadir alguna otra consideración: al fin la niña, ahora resucitada, murió igualmente unos años más tarde. Al fin ese milagro no terminó con el "problema de la muerte", simplemente lo aplazó por unos cuantos años.

Todo esto sería no entender nada del milagro y no permitir que el milagro fuera simplemente una llave que nos abra la puerta de la fe en Jesús.

Por eso como cristianos necesitamos ante este milagro una actitud contemplativa, verlo también con el corazón: intentar entrar en profundidad en el milagro. Y así percibimos que la lección fundamental de este milagro es el poder de Jesús sobre la muerte. Jesús, el dueño absoluto de la Vida, tiene un absoluto poder sobre la muerte.

Y el poder más fuerte que tiene Jesús sobre la muerte, es despojarla de su fuerza destructora. Hacer que la muerte no sea muerte, sino aurora de vida. Cristo con su muerte destruyó la muerte. Nos dice San Pablo: "Y cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra de la Escritura: ¨La muerte ha sido devorada en la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?" (1 Cor 15, 54-55).

El triunfo de Cristo sobre la muerte, el gran milagro, que brota del poder salvador de Jesucristo, está en penetrar en la realidad última de la vida y de la muerte y hacernos encontrar una bella flor: el sentido que tienen tanto la vida, como la muerte. El sentido que por la fe en Cristo descubrimos, nos hace ver a la muerte transformada en el despertar a la vida eterna, la que con más razón merece el nombre de VIDA. La boca del sepulcro la vemos oscura desde este lado de la vida efímera, pero en realidad es la puerta de la luz, vista desde el lado de las realidades definitivas. Jesús, al morir nos ha abierto esa luminosa puerta.

Para subrayar todo esto que venimos diciendo, nos dice el mismo Jesús, en el evangelio de San Juan: "Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para sie¬mpre" (Jn 6, 51).

Estas verdades de nuestra fe, nos desafían para que superemos la tristeza con que solemos mirar la muerte, y exclamemos en voz alta: por la fe afirmo con todas mis fuerzas que esta persona que veo muerta, está más llena de vida que nunca; esta persona que veo muerta en realidad ha entrado en la vida, en la vida de verdad, una vida que ya no tiene amenazas.
Ha entrado al reino de la Luz y de la Paz; una vida al lado de la cual ésta de ahora no es más que una imperfecta imitación.

Y más aún, esta absoluta certeza sobre el sentido de la muerte nos hace entender la vida temporal; nos hace darle su auténtico sentido. La vida en el mundo pasajero es un proceso, día a día, por el cual vamos acumulando, y construyendo nuestra futura resurrección, que se operará por la fuerza de Cristo Salvador, con esta vida estamos construyendo nuestra vida futura, con la gracia de Dios.

El sentido de la vida es algo tan importante, que sin él nos resulta muy difícil vivir esta vida; el que no encuentra sentido a su vida, la soporta, hasta que no puede más. Y la vida es tan hermosa: Dios nos permite construir, con su ayuda, nuestra verdadera vida futura. Cuando Dios nos mandó al mundo a vivir esta primera parte del tramo de nuestra vida, cuando nos hizo nacer, no nos tuvo como colaboradores para empezar a ser. No nos preguntó ¿qué ojos te gustaría tener? No nos preguntó por nuestra estatura, ni por el coeficiente de inteligencia. Pero para construir la vida definitiva, durante esta vida temporal, Dios sí nos viene a decir ¿cómo te gustaría tu otra vida? Y Dios nos dice que podemos construirla con su ayuda.

Por todo esto estamos seguros de que, como a la niña de que habla el Evangelio, también a los que hayamos muerto en Cristo, Jesús nos dirá: "contigo hablo, levántate". Y también nuestro sepulcro, como el del Resucitado, quedará para siempre vacío.


Los milagros de Jesús son también curación espiritual, P. Adolfo Franco, S.J., Blog: formación pastoral para laicos.




23 de junio de 2012

"El nacimiento de Juan Bautista: Juan es su nombre"

Del Santo Evangelio según San Lucas 1,57-66.80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: "¡No! Se va a llamar Juan." Le replicaron: "Ninguno de tus parientes se llama así."Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. El pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre." 

Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: "¿Qué va ser este niño?" Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Meditación de Juan XXIII
(...)
En las antiguas oraciones es nombrado San Miguel, príncipe de las milicias celestiales, innumerables e invisibles. Pero la primera figura de hombre, con cuerpo y alma, que avanza ante nuestra mirada, propuesta a nuestro respeto y veneración, es San Juan Bautista, flor solitaria y tardía de Zacarías e Isabel, llamados a preparar, por medio de la voz de este inesperado hijo, el mensaje celestial y la invitación a la generación universal que los profetas habían prometido, desde hacía siglos.

¡Qué exclamación la que salió de los labios de aquel anciano afortunado y emocionado que había recuperado la palabra! "Et tu, puer, propheta Altissimi vocaberis, praeibis enim ante faciem Domini parare vias eius" (Lc 1, 76). (Tú, hijo, serás llamado Profeta del Altísimo, pues irás delante de Él para prepararle el camino.)

Aquel Benedictus [cántico de Zacarías], todo en conjunto, cuyo alegre eco nos ha conservado San Lucas, como exaltación del palpitar religioso de todos los siglos, como invitación para toda alma sacerdotal, que saludando la luz de la mañana, de todas las mañanas, es llamada a encontrar en aquella luz como la aparición del rostro de Cristo, renaciendo siempre para salvar y bendecir al mundo, a lo largo de los siglos.

La primera constatación del honor de preferencia, reservado a San Juan Bautista, aparece en seguida en los relatos evangélicos, es decir, a los comienzos del Magisterio Divino de Cristo Salvador [vida pública de Cristo], tanto en las primeras páginas de San Mateo, como de San Marcos, San Lucas y San Juan.

(...)
No tratándose de un simple primer puesto como si se dedicara a un santo singular de carácter casi doméstico y local, sino a un verdadero Precursor del Señor corno él fue en su nacimiento y como permaneció en su muerte; su muerte violenta que precedió a la misma de San Esteban Protomártir [primero que murió por la Fe]. Es de San Ambrosio la idea de que el Bautista continúa siempre, aún en la acción que el ejerce desde el cielo sobre las almas que él protege, teniéndolas próximas a sí y a su espíritu, en íntima conformidad con cuanto cantó en el Benedictus su anciano padre, enfocando la luz de la fe sobre nuestras almas, enderezando los caminos tortuosos de la vida, impidiéndonos caer en los abismos del error, y ayudándonos a rellenar nuestros valles con las más bellas virtudes, mortificando todo el orgullo humano para postrarnos ante el Señor y dirigir siempre nuestros pasos por los caminos de la paz. (San Ambrosio in Lucam, 1, 38).

Sobre los monumentos de veneración de toda la Iglesia católica a San Juan Bautista, basta recordar los títulos y altísimos merecimientos de este precursor, los prodigiosos acontecimientos acaecidos en su nacimiento, su dignidad de profeta del Altísimo, cerrando el período del Antiguo Testamento y abriendo las puertas del Nuevo, el primer santo canonizado y, reconozcámoslo, canonizado por Cristo en persona cuando dijo en alta voz: "Entre los nacidos de mujer, no hay ninguno más grande que San Juan Bautista" (Mt 11, 11).

Finalmente su glorioso martirio, su cabeza en la bandeja después de la decapitación; "conticescit et adhuc timetur" (calló, y aún es temido). (Ex Libro S. Ambr. Ep. de Virginibus-Liber 3 post initium). Estaba completamente reservado a la veneración del cielo y de la tierra.


(...)


El subrayado es nuestro.

El Evangelio está tomado de Aciprensa.com

Segundas Visperas de la fiesta de San Juan, alocución de S.S Juan XXIII, Roma, Domingo 24 de junio de 1962.





18 de junio de 2012

De su palabra nos llega gracia tras gracia

Domingo XI del Tiempo Ordinario (17 de Junio)

Lecturas Ez 17, 22-24; S. 91; 2Cor 5,6-10; Mc 4,26-34

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos: 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega."

Dijo también: "¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas." Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado. 

Autor: P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.

Con la festividad del Corpus Christi el pasado domingo la liturgia concluye la contemplación de los grandes misterios de la fe. Volvemos ahora a la vida, palabras y milagros de Jesús.De esta forma el Señor nos va enseñando el significado de aquellos misterios.

En estos domingos la Iglesia elige como lectura primera un texto paralelo al del evangelio. Así pone de relieve que lo revelado por Dios al pueblo judío en el Antiguo Testamento es una primera revelación que prepara la revelación completa por Jesucristo. Por eso cuando leemos el Antiguo Testamento, aunque sean cosas importantes, lo más importante no son las historias de Moisés, David y demás personajes y acontecimientos. Lo más importante es lo que nos dice sobre Jesucristo.

Todas esas figuras y sucesos simbolizan y predicen la obra que Dios realizará cuando la historia esté madura para recibir a Jesús. Así hemos de leer el Antiguo Testamento. Hoy ese ramito cortado del alto cedro es Jesús, fruto del pueblo judío, elegido por Dios para traérnoslo. La montaña elevada es el Calvario; Babilonia es la selva de grandes cedros, ha conquistado la Judea y se ha llevado desterrado al pueblo. La Iglesia es el cedro noble que surgirá. El Señor ensalza y hace florecer a los árboles humildes y secos. Esto se cumplió en Jesús y se cumple y cumplirá en nuestra Iglesia. “A través de todas las palabras de la Sagrada Escritura Dios dice una sola palabra, su Verbo único –es decir Jesús– en quien Él se dice en plenitud. Por esta razón la Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor. No cesa de presentar a los fieles el Pan de vida –con mayúscula porque señala a Cristo– que se distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo” (CIC 102-103).      

El evangelio de hoy forma parte de un conjunto de enseñanzas de Jesús sobre esa Palabra de Dios. El pan de la palabra es tan necesario como el pan de la Eucaristía. La fe, con que se recibe la Eucaristía, es una respuesta, una acogida de la palabra; por eso para creer y salvarse es preciso que se predique la palabra. Ésta es la primera obligación de la Iglesia (Mc 16,16).

Pero, además de necesario, esa palabra, que la Iglesia proclama es eficaz y cumplirá su misión. Ésta es la enseñanza consoladora de las parábolas de las semillas del trigo y la mostaza.

El campesino de la parábola siembra la semilla. Ya no hace más, no necesita preocuparse. El no sabe cómo, pero la semilla germina, crece, produce la espiga y llega el grano. Tampoco se sabe cómo, pero el diminuto grano de mostaza, más pequeño que otros, brota y se hace una planta más alta y frondosa que las otras semillas más voluminosas.

Para entrar en el Reino de Dios, ese conjunto de verdades y medios que Jesús nos aporta para la salvación, se entra con la fe. Pero la fe es creer en la palabra de Dios; y para creer es necesario que la palabra sea predicada (Ro 10,17). Pero si llega, estas parábolas nos garantizan que esa palabra no se quedará ahí sino que dará su fruto: sacudirá tal vez la conciencia de pecado; podrá gustar y animar a reflexionar sobre ella y a sacar consecuencias prácticas; podrá iluminar para descubrir y corregir defectos de carácter; podrá estimular a la caridad con el prójimo y los más necesitados; puede manifestar sentidos de la Escritura; puede confortar en el desaliento; puede encontrar sentido en la cruz que se está sufriendo; puede abrir el alma al amor total a Dios y decidirla a entregarle la vida entera. Lo que esta enseñanza de Jesús garantiza es que no pasará desapercibida, sino que nos llevará a ser mejores discípulos de Cristo.

¿Por qué se permanece a veces años en los mismos defectos y aun pecados? ¿Por qué no alcanzamos un grado mayor de alguna virtud que vemos nos es necesaria? Porque esto nos dice el Señor por Isaías: “Como descienden la nieve y la lluvia de los cielos y no vuelven allá sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para comer, así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío sin que haya realizado lo que quise y haya cumplido aquello a que la envié” (Is 55,10-11). “Ciertamente es viva la palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada de doble filo. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas, y escruta los pensamientos y sentimientos del corazón” (Heb 4,12). La lectura constante de la palabra de Dios alimenta el deseo de progreso espiritual y de ver a Dios más de cerca, sacude la rutina, mantiene el espíritu deportivo de esfuerzo y progreso constante, superación de defectos y lucha por la virtud. No olvidemos que las palabras de Dios “son espíritu y vida” (Jn 6,63). “Se presentaban tus palabras y yo las devoraba; era tu palabra para mí gozo y alegría de corazón, porque se me llamaba por tu nombre, Señor Dios mío” (Jer 15,16). Tenemos tiempo para leer y ver otras cosas menos útiles. Demos tiempo a la lectura y escucha de la palabra. Leamos, meditemos la palabra de Dios. Nuestra fe estará así bien alimentada.

Debemos testimoniar la fe. Es en la Iglesia su primera obligación. La palabra de Dios nos da un gran medio. “Les envío como ovejas entre lobos. Pero no se preocupen de cómo o qué van a hablar. El Espíritu de su Padre hablará en ustedes” (Mt 10,16.19s). María se hizo madre de Dios y de la Iglesia cuando aceptó: “hágase en mí según tu palabra”. Es para nosotros la palabra de Jesús: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen” (Lc 8,21).

El Subrayado es nuestro.

Lecturas tomadas de: http://www.aciprensa.com/calendario/calendario.php?dia=27&mes=5&ano=2012

Meditación tomada del Blog : Formación Pastoral para Laicos (http://formacionpastoralparalaicos.blogspot.com/2012/06/homilia-del-11-domingo-del-to-b-17-de.html)