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6 de marzo de 2019

¨Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial¨


Miércoles de ceniza
Del Santo Evangelio según San Mateo (Mt 6:1-6, 16-18 1)

1 «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. 2 Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.

3 Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; 4 así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

5 «Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. 6 Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

16 «Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. 17 Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, 18 para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. (Aciprensa.com)


S.S Francisco
Homilía
3 de marzo 2019




Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!:

«Tocad la trompeta, proclamad un ayuno santo» ( Jl 2,15), dice el profeta en la primera lectura. La Cuaresma se abre con un sonido estridente, el de una trompeta que no acaricia los oídos, sino que anuncia un ayuno. Es un sonido fuerte, que quiere ralentizar nuestra vida que siempre va a toda prisa, pero a menudo no sabe hacia dónde. Es una llamada a detenerse –un “¡detente!”–, a ir a lo esencial, a ayunar de aquello que es superfluo y nos distrae. Es un despertador para el alma.

El sonido de este despertador está acompañado por el mensaje que el Señor transmite a través de la boca del profeta, un mensaje breve y apremiante: «Convertíos a mí» (v. 12). Convertíos. Si tenemos que regresar, significa que nos hemos ido por otra parte. La Cuaresma es el tiempo para redescubrir la ruta de la vida . Porque en el camino de la vida, como en todo viaje, lo que realmente importa es no perder de vista la meta. Sin embargo, cuando estás de viaje, si lo que te interesa es mirar el paisaje o pararte a comer, no vas muy lejos. Cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿en el camino de la vida, busco la ruta? ¿O me conformo con vivir el día, pensando solo en sentirme bien, en resolver algún problema y en divertirme un poco? ¿Cuál es la ruta? ¿Tal vez la búsqueda de la salud, que muchos dicen que es hoy lo más importante, pero que pasará tarde o temprano? ¿Quizás los bienes y el bienestar? Sin embargo no estamos en el mundo para esto. Convertíos a mí , dice el Señor. A mí . El Señor es la meta de nuestro peregrinaje en el mundo. La ruta se traza en relación a él.

Para encontrar de nuevo la ruta, hoy se nos ofrece un signo: ceniza en la cabeza. Es un signo que nos hace pensar en lo que tenemos en la mente. Nuestros pensamientos persiguen a menudo cosas transitorias, que van y vienen. La ligera capa de ceniza que recibiremos es para decirnos, con delicadeza y sinceridad: de tantas cosas que tienes en la mente, detrás de las que corres y te preocupas cada día, nada quedará. Por mucho que te afanes, no te llevarás ninguna riqueza de la vida. Las realidades terrenales se desvanecen, como el polvo en el viento. Los bienes son pasajeros, el poder pasa, el éxito termina. La cultura de la apariencia , hoy dominante, que nos lleva a vivir por las cosas que pasan, es un gran engaño. Porque es como una llamarada: una vez terminada, quedan solo las cenizas. La Cuaresma es el momento para liberarnos de la ilusión de vivir persiguiendo el polvo. La Cuaresma es volver a descubrir que estamos hechos para el fuego que siempre arde, no para las cenizas que se apagan de inmediato; por Dios, no por el mundo; por la eternidad del cielo, no por el engaño de la tierra; por la libertad de los hijos, no por la esclavitud de las cosas. Podemos preguntarnos hoy: ¿De qué parte estoy? ¿Vivo para el fuego o para la ceniza?

En este viaje de regreso a lo esencial, que es la Cuaresma, el Evangelio propone tres etapas, que el Señor nos pide de recorrer sin hipocresía, sin engaños: la limosna, la oración, el ayuno. ¿Para qué sirven? La limosna, la oración y el ayuno nos devuelven a las tres únicas realidades que no pasan. La oración nos une de nuevo con Dios; la caridad con el prójimo; el ayuno con nosotros mismos. Dios, los hermanos, mi vida: estas son las realidades que no acaban en la nada, y en las que debemos invertir. Ahí es hacia donde nos invita a mirar la Cuaresma: hacia lo Alto , con la oración, que nos libra de una vida horizontal y plana, en la que encontramos tiempo para el yo, pero olvidamos a Dios. Y después hacia el otro , con caridad, que nos libra de la vanidad del tener, del pensar que las cosas son buenas si lo son para mí. Finalmente, nos invita a mirar dentro de nosotros mismos con el ayuno, que nos libra del apego a las cosas, de la mundanidad que anestesia el corazón. Oración, caridad, ayuno: tres inversiones para un tesoro que no se acaba.

Jesús dijo: «Donde está tu tesoro, allí está tu corazón» ( Mt 6,21). Nuestro corazón siempre apunta en alguna dirección: es como una brújula en busca de orientación. Podemos incluso compararlo con un imán: necesita adherirse a algo. Pero si solo se adhiere a las cosas terrenales, se convierte antes o después en esclavo de ellas: las cosas que están a nuestro servicio acaban convirtiéndose en cosas a las que servir. La apariencia exterior, el dinero, la carrera, los pasatiempos: si vivimos para ellos, se convertirán en ídolos que nos utilizarán, sirenas que nos encantarán y luego nos enviarán a la deriva. En cambio, si el corazón se adhiere a lo que no pasa, nos encontramos a nosotros mismos y seremos libres. La Cuaresma es un tiempo de gracia para liberar el corazón de las vanidades. Es hora de recuperarnos de las adicciones que nos seducen. Es hora de fijar la mirada en lo que permanece.

¿Dónde podemos fijar nuestra mirada a lo largo del camino de la Cuaresma? Es sencillo: en el crucifijo. Jesús en la cruz es la brújula de la vida, que nos orienta al cielo. La pobreza del madero, el silencio del Señor, su desprendimiento por amor nos muestran la necesidad de una vida más sencilla, libre de tantas preocupaciones por las cosas. Jesús desde la cruz nos enseña la renuncia llena de valentía. Pues nunca avanzaremos si estamos cargados de pesos que estorban. Necesitamos liberarnos de los tentáculos del consumismo y de las trampas del egoísmo, de querer cada vez más, de no estar nunca satisfechos, del corazón cerrado a las necesidades de los pobres. Jesús, que arde con amor en el leño de la cruz, nos llama a una vida encendida en su fuego, que no se pierde en las cenizas del mundo; una vida que arde de caridad y no se apaga en la mediocridad. ¿Es difícil vivir como él nos pide? Sí, es difícil, pero lleva a la meta. La Cuaresma nos lo muestra. Comienza con la ceniza, pero al final nos lleva al fuego de la noche de Pascua; a descubrir que, en el sepulcro, la carne de Jesús no se convierte en ceniza, sino que resucita gloriosamente. También se aplica a nosotros, que somos polvo: si regresamos al Señor con nuestra fragilidad, si tomamos el camino del amor, abrazaremos la vida que no conoce ocaso. Y ciertamente viviremos en la alegría.


Tomado de la Santa Sede,

 La edición y el subrayado son nuestros

1 de noviembre de 2018

" Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos "

Solemnidad de Todos los Santos
Del Santo Evangelio según San Mateo (Mt 5:1-12)
 
1 Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. 2 Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

3 «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. 4 Bienaventurados los mansos , porque ellos posseerán en herencia la tierra. 5 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. 7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. 11 Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. 12 Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
(Aciprensa.com)





S.S Benedicto XVI
Ángelus
1 de Noviembre 2008



Queridos hermanos y hermanas:
 

Celebramos hoy con gran alegría la fiesta de Todos los Santos. Al visitar un jardín botánico, nos sorprende la variedad de plantas y flores, y resulta natural pensar en la fantasía del Creador, que ha transformado la tierra en un maravilloso jardín. Experimentamos un sentimiento análogo cuando consideramos el espectáculo de la santidad: el mundo se nos presenta como un "jardín", donde el Espíritu de Dios ha suscitado con admirable fantasía una multitud de santos y santas, de toda edad y condición social, de toda lengua, pueblo y cultura.

Cada uno es diferente del otro, con la singularidad de la propia personalidad humana y del propio carisma espiritual. Pero todos llevan grabado el "sello" de Jesús (cf. Ap 7, 3), es decir, la huella de su amor, testimoniado a través de la cruz. Todos viven felices, en una fiesta sin fin, pero, como Jesús, conquistaron esta meta pasando por fatigas y pruebas (cf. Ap 7, 14), afrontando cada uno su parte de sacrificio para participar en la gloria de la resurrección.

La solemnidad de Todos los Santos se fue consolidando durante el primer milenio cristiano como celebración colectiva de los mártires. En el año 609, en Roma, el Papa Bonifacio IV consagró el Panteón, dedicándolo a la Virgen María y a todos los mártires. Por lo demás, podemos entender este martirio en sentido amplio, es decir, como amor a Cristo sin reservas, amor que se expresa en la entrega total de sí a Dios y a los hermanos. Esta meta espiritual, a la que tienden todos los bautizados, se alcanza siguiendo el camino de las "bienaventuranzas" evangélicas, que la liturgia nos indica en la solemnidad de hoy (cf. Mt 5, 1-12). Es el mismo camino trazado por Jesús y que los santos y santas se han esforzado por recorrer, aun conscientes de sus límites humanos.

En su existencia terrena han sido pobres de espíritu, han sentido dolor por los pecados, han sido mansos, han tenido hambre y sed de justicia, han sido misericordiosos, limpios de corazón, han trabajado por la paz y han sido perseguidos por causa de la justicia. Y Dios los ha hecho partícipes de su misma felicidad: la gustaron anticipadamente en este mundo y, en el más allá, gozan de ella en plenitud. Ahora han sido consolados, han heredado la tierra, han sido saciados, perdonados, ven a Dios, de quien son hijos. En una palabra: "de ellos es el reino de los cielos" (Mt 5, 3.10).

En este día sentimos que se reaviva en nosotros la atracción hacia el cielo, que nos impulsa a apresurar el paso de nuestra peregrinación terrena. Sentimos que se enciende en nuestro corazón el deseo de unirnos para siempre a la familia de los santos, de la que ya ahora tenemos la gracia de formar parte. Como dice un célebre canto espiritual: "Cuando venga la multitud de tus santos, oh Señor, ¡cómo quisiera estar entre ellos!".

Que esta hermosa aspiración anime a todos los cristianos y les ayude a superar todas las dificultades, todos los temores, todas las tribulaciones. Queridos amigos, pongamos nuestra mano en la mano materna de María, Reina de todos los santos, y dejémonos guiar por ella hacia la patria celestial, en compañía de los espíritus bienaventurados "de toda nación, pueblo y lengua" (Ap 7, 9). Y unamos ya en la oración el recuerdo de nuestros queridos difuntos, a quienes mañana conmemoraremos.

* * *

Después del Ángelus


Dirijo mi más cordial bienvenida a los peregrinos de lengua española. La fiesta de Todos los Santos nos invita a considerar con alegría y gratitud al Señor la llamada a la santidad recibida en el sacramento del bautismo. Siguiendo el ejemplo de los santos y contando con su constante intercesión podremos avanzar con esperanza y humildad en nuestro camino de perfección cristiana. Os deseo a todos una feliz fiesta.


Tomado de la Santa Sede,

31 de mayo de 2015

¨"Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra¨


Solemnidad de La Santísima Trinidad

Deuteronomio 4,32-34.39-40, Romanos 8,14-17, Mateo 28,16-20

¨En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo." (Aciprensa.com)

La Trinidad, un misterio cercano

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap, Predicador del Vaticano / Camino Católico 

La vida cristiana se desarrolla totalmente en el signo y en presencia de la Trinidad. En la aurora de la vida, fuimos bautizados «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» y al final, junto a nuestra cabecera, se recitarán las palabras: «Marcha, oh alma Cristiana de este mundo, en el Nombre de Dios, el Padre omnipotente que te ha creado, en el nombre de Jesucristo que te ha redimido, y en el nombre del Espíritu Santo que te santifica».

Entre estos dos momentos extremos, se enmarcan otros llamados de «transición» que, para un cristiano, están marcados por la invocación de la Trinidad. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, los esposos se unen en matrimonio y los sacerdotes son consagrados por el obispo. En el pasado, en nombre de la Trinidad, comenzaban los contratos, las sentencias y todo acto importante de la vida civil y religiosa.

No es verdad, por tanto, el que la Trinidad sea un misterio remoto, irrelevante para la vida de todos los días. Por el contrario, son las tres personas más «íntimas» en la vida: no están fuera de nosotros, como sucede con la mujer o el marido, sino que están dentro de nosotros. «Hacen morada en nosotros» (Juan 14, 23), nosotros somos su «templo».

Pero, ¿por qué creen los cristianos en la Trinidad?
¿No es ya bastante difícil creer que Dios existe como para añadir también que es «uno y trino»? ¡Los cristianos creen que Dios es uno y trino porque creen que Dios es amor! La revelación de Dios como amor, hecha por Jesús, ha «obligado» a admitir la Trinidad. No es una invención humana.

Si Dios es amor, tiene que amar a alguien. No existe un amor «al vacío», sin objeto. Pero, ¿a quién ama Dios para ser definido amor? A los hombres? Pero los hombres existen tan sólo desde hace unos millones de años, nada más. ¿Al cosmos? ¿Al universo? El universo existe sólo desde hace algunos miles de millones de años. Antes, ¿a quién amaba Dios para poder definirse amor? No podemos decir que se amaba a sí mismo, porque esto no sería amor, sino egoísmo o narcisismo.

Esta es la respuesta de la revelación cristiana: Dios es amor porque desde la eternidad tiene «en su seno» un Hijo, el Verbo, al que ama con un amor infinito, es decir, con el Espíritu Santo. En todo amor siempre hay tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado, y el amor que les une. El Dios cristiano es uno y trino porque es comunión de amor. En el amor se reconcilian entre sí unidad y pluralidad; el amor crea la unidad en la diversidad: unidad de propósitos, de pensamiento, de voluntad; diversidad de sujetos, de características, y, en el ámbito humano, de sexo. En este sentido, la familia es la imagen menos imperfecta de la Trinidad. No es casualidad que al crear la primera pareja humana Dios dijera: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra» (Génesis 26-27).

Según los ateos modernos, Dios no sería más que una proyección que el hombre se hace de sí mismo, como uno que confunde con una persona diversa su propia imagen reflejada en un arroyo. Esto puede ser verdad con respecto a cualquier otra idea de Dios, pero no con respecto al Dios cristiano. ¿Qué necesidad tendría el hombre de dividirse a sí mismo en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, si verdaderamente Dios no es más que la proyección que el hombre hace de su propia imagen? La doctrina de la Trinidad es, por sí sola, el mejor antídoto al ateísmo moderno.

¿Te parece demasiado difícil todo esto? ¿No has comprendido mucho? Te diría que no te preocupes. Cuando uno está en la orilla de un lago o de un mar y se quiere saber lo que hay del otro lado, lo más importante no es agudizar la vista y tratar de otear el horizonte, sino subirse a la barca que lleva a esa orilla. Con la Trinidad, lo más importante, no es elucubrar [imaginar sin fundamento] sobre el misterio, sino permanecer en la fe de la Iglesia, que es la barca que lleva a la Trinidad.

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

23 de noviembre de 2014

"Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."

Jesuscristo Rey Del Universo
Del Santo Evangelio según San  Mateo 25,31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."

Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de deber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis." Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo." Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna." (Aciprensa.com)

Comentario:
Este pasaje es parte de un discurso que Jesús da a los discípulos privadamente sobre el final de los tiempos. Por ello usa símbolos del Antiguo Testamento. 

Jesús se presenta como el ¨Hijo del Hombre¨,  lo que resalta su humanidad, nos recuerda al profeta Daniel quien destaca que es el Mesías quien inaugura el Reino de Dios eterno y universal.  

Jesús es el Rey. Es el Hijo de Dios quien reina junto al Padre. Los elegidos son los "benditos de mi Padre" y el reino al cual son invitados a entrar, es la vida eterna, un reino preparado para ellos por Dios. El rey, especialmente en la antigüedad, ha sido siempre considerado como el juez supremo. El juicio que hace Jesús es un juicio universal y particular, un juicio para todos y a cada uno según sus obras. 

Jesús es el Pastor. En el Antiguo Testamento se  habla de Dios, rey de Israel, como pastor. Las ovejas representan a los elegidos porque son de mayor valor económico que las cabras y también por su color blanco que en la Biblia significa la salvación.

Los pequeños y humildes, son los necesitados, especialmente los pobres y los marginados. Jesús juzgará en base a la misericordia demostrada con ellos, hay que acogerlos como  al mismo Jesús en persona.

Comentario Completo:

● El contexto:
Nuestro texto forma parte de un discurso escatológico (24, 1-25, 46) pronunciado por Jesús en el monte de los Olivos a sus discípulos aparte (24, 3). El discurso parte del anuncio de la destrucción de Jerusalén para hablar del fin del mundo. Los dos sucesos se confunden como si fuesen uno solo. Esta parte del discurso termina con la venida del Hijo del hombre con gran poder y gloria. El enviará a sus ángeles a reunir a todos sus elegidos (24, 30-31). En este punto el flujo cronológico de los hechos anunciados se interrumpe con la inserción de algunas parábolas sobre la necesidad de vigilar para no ser sorprendidos a la llegada del Hijo del hombre (24, 24-31). El discurso escatológico encuentra su culmen literario y teológico en nuestro texto que, reanudándolo en 24, 30-31, vuelve a hablar de la venida del Hijo del hombre acompañado de los ángeles. La reunión de los elegidos toma aquí la forma de un juicio final.

● El Hijo del hombre:
Hijo del hombre es una expresión semítica que significa simplemente un ser humano ( ver por ejemplo el paralelismo entre "hombre" e "hijo del hombre" en Sal 8,5). Así la usa frecuentemente el libro de Ezequiel donde Dios se dirige al profeta como "hijo del hombre" (2,1.3.6.8; 1.2.4.10.16+) para resaltar la distancia entre Dios que es transcendente y el profeta que es un simple hombre. Sin embargo en Daniel 7,13-14 la expresión adquiere un significado particular. El profeta ve " aparecer sobre las nubes del cielo uno semejante a un "hijo de hombre" que recibe de Dios "poder, gloria, y reino". Se trata sin duda de un ser humano, que no obstante esto, es introducido en la esfera de Dios. El texto ha sido interpretado siempre en sentido mesiánico, sea en sentido personal como colectivo. Por tanto, se trate de una persona o se trate del Pueblo de Dios en su conjunto, el Hijo del hombre es el Mesías que inaugura el Reino de Dios, eterno y universal. 

La aplicación del título "Hijo del hombre" a Jesús teniendo de fondo a Daniel 7, 13-14 es difundidísima en los evangelios. Se encuentra también en los Hechos 7, 56 y en el Apocalipsis 1, 13 y 14,14. Los especialistas piensan que ha sido el mismo Jesús quien se ha dado a sí mismo este título. En el evangelio de Mateo se ha puesto en boca de Jesús particularmente cuando Él habla de su pasión (17, 12.22; 20, 18.28), de su resurrección como suceso escatológico ( 17, 19; 26,64) y de su venida gloriosa (24, 30; y 25, 31, inicio de nuestro texto).

● Jesús rey, juez y pastor:
Mateo da también a Jesús el título de rey (1,23; 13, 41; 16, 28; 20, 2). La realeza de Dios es un tema muy querido en la Biblia. Porque es el Hijo de Dios, Jesús reina junto al Padre. En nuestro texto el rey es Jesús, pero Él ejercita su realeza en estrecha relación con el Padre. Los elegidos son los "benditos de mi Padre" y el reino al cual son invitados a entrar, es un reino preparado para ellos por Dios, como indica la forma pasiva del verbo. Esta forma verbal, dicha pasiva divina, se encuentra a menudo en la Biblia y tiene siempre a Dios como sujeto implícito. En este texto el reino viene a indicar la vida eterna. 

Como en Daniel, 7 (ver en particular los versículos 22, 26 y 27), también en nuestro texto la realeza del Hijo del hombre está ligada al juicio. El rey, especialmente en la antigüedad, ha sido siempre considerado como el juez supremo. El juicio que hace Jesús es un juicio universal, un juicio que compromete a todas las gentes (ver v. 32). Sin embargo, no es un juicio colectivo. No son los pueblos los que serán juzgados, sino las personas particulares.

Igualmente unida a la realeza está el simbolismo pastoral. En la antigüedad el rey se presentaba a menudo como pastor de su pueblo. También el Antiguo Testamento habla de Dios, rey de Israel, como pastor (ver por ejemplo Sal 23; Is 40, 11; Ez 34) y el Nuevo Testamento aplica el título también a Jesús (Mt 9, 36; 26, 31; Jn 10). Los pastores de Tierra Santa en los tiempos de Jesús llevaban a pastar rebaños mixtos, compuestos de ovejas y cabras. Al atardecer los separaban porque las ovejas duermen al sereno, mientras las cabras prefieren ponerse bajo cobijo. En nuestro texto las ovejas representan a los elegidos porque son de mayor valor económico que las cabras y también por su color blanco que a veces en la Biblia significa la salvación.

● "Mis hermanos más pequeños":
Tradicionalmente se interpretaba este pasaje evangélico como la identificación de Jesús con los pobres y los marginados. Jesús juzgaría a todos y particularmente a aquéllos que no han tenido la oportunidad de conocer su evangelio, en base a la misericordia que han demostrado por los pobres. Todos tienen la oportunidad de aceptarlo o rechazarlo, si no personalmente, al menos, en la persona del indigente con el que se identifica. 

La exégesis contemporánea tiende a leer el texto en sentido más eclesiológico. Poniéndolo en estrecha relación con Mateo 10, 40-42, los exegetas insisten que aquí no se trataría de filantropía, sino de la respuesta al evangelio del reino que es llevado por los hermanos de Jesús, no sólo los jefes de la Iglesia sino de todo hermano, aun el más significante.

Las naciones, es decir los paganos, son por tanto invitados a acoger a los discípulos de Jesús que predican el evangelio y sufren por él, como si estuviesen acogiendo al mismo Jesús en persona. Los cristianos, por su parte, están invitados a la hospitalidad generosa con sus hermanos que se hacen predicadores itinerantes por causa del evangelio, sufriendo persecuciones (ver 2Jn 5-8). Así demostrarían la autenticidad de su propio empeño de discipulado. 

En el contexto del evangelio de Mateo esta segunda interpretación es probablemente la más precisa. Sin embargo en el contexto de la Biblia entera (ver por ejemplo Is 58, 7; Sant 2, 1-9; Jn 3, 16-19) no se puede descartar completamente la primera.


La edición y el subrayado son nuestros


Que la misericordia y la confianza en el Señor no te falte


Gracias 


16 de noviembre de 2014

"Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."

Domingo 33 del Tiempo Ordinario
Del Santo Evangelio según San Mateo 25,14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno; a cada cual según su capacidad; luego se marchó. [El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.]

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."

Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.""]
(Aciprensa.com)

Comentario:
Un talento corresponde a 34 kilos de oro, y a todos los servidores se les da el mismo valor en definitiva, lo diferente es “según su capacidad”. 

Cuando regresa el propietario para ajustar cuentas. Los dos primeros servidores responden con la misma fidelidad y el dueño corresponde con el mismo encargo y el mismo premio: “¡Bien, siervo bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, te pondré al frente de lo mucho; entra en el gozo de tu señor”.

No obstante, el tercer empleado quien cree que su patrón es severo, exigente y hasta injusto se deja llevar por el miedo, se paraliza y no responde al encargo. Algunos judíos como los fariseos, imaginaban a Dios como un juez severo que ¨sólo¨ le agradaba el estricto cumplimiento de sus mandamientos. Esto impedía que las personas se abriesen al amor que Jesús comunicaba de su Padre. 

Una persona que busca sólo cumplir con Dios, que desea sólo quedar bien con él no le interesará saber quien es. No tiene confianza en su Señor, sino más bien confía sólo en si mismo y en lo que hace ¨supuestamente¨ por él. Es una persona encerrada en sí misma, lejana de Dios y que no se preocupa de los demás. Se hace incapaz de crecer como una persona libre.  Se aísla como ser humano con los otros seres humanos, mata la comunidad, impide vivir el gozo y empobrece la vida.

Comentario Completo: 

a) Contexto en el que aparece nuestro texto en el Evangelio de Mateo:
La “Parábola de los Talentos” (Mt 25,14-30) forma parte del 5º Sermón de la Nueva Ley (Mt 24,1 a 25,46) y se coloca entre la parábola de las Diez Vírgenes (Mt 25, 1-13) y la parábola del Juicio Final (Mt 25,31-46). Estas tres parábolas aclaran el concepto relativo al tiempo de adviento del Reino. La parábola de las Diez Vírgenes insiste sobre la vigilancia: el Reino de Dios puede llegar de un momento a otro. La parábola de los talentos orienta sobre el crecimiento del reino: el Reino crece cuando usamos los bienes recibidos para servir. La parábola del Juicio Final enseña cómo tomar posesión del Reino: el Reino es acogido cuando se acoge a los pequeños. Una de las cosas que más influyen en nuestra vida es la idea que nos hacemos de Dios. Entre los judíos de la línea de los fariseos, algunos imaginaban a Dios como un Juez severo que trataba a las personas según el mérito conquistado siguiendo las observancias. Esto causaba miedo e impedía a las personas crecer. Impedía que se abriese un espacio dentro de ellos para acoger la nueva esperanza de Dios que Jesús comunicaba. Para ayudar a estas personas Mateo relata la parábola de los talentos.

b) Comentario del texto:

Mateo 25, 14-15: Una puerta para entrar en la historia de la parábola
La parábola cuenta la historia de un hombre, que antes de salir de viaje, distribuye sus bienes a los empleados, dando cinco, dos y un talentos, según la capacidad de cada uno de ellos. Un talento corresponde a 34 kilos de oro, ¡ lo que no es poco!. En definitiva todos reciben la misma cosa, porque cada uno de ellos recibe “según su capacidad”. Quien tiene la taza grande la llena, quien tiene la taza pequeña también él la llena. He aquí que el amo marcha al extranjero y permanece allí mucho tiempo. El relato nos deja un poco suspenso. No sabemos porqué el amo distribuye sus bienes a sus empleados, no sabemos cuál será el fin del relato. Quizás el objetivo es que todos los que escuchan la parábola empiecen a confrontar su vida con la historia descrita en la parábola.

Mateo 25,16-18: El modo de obrar de cada empleado
Los dos primeros empleados trabajan y duplican los talentos. Pero el que ha recibido un talento lo entierra, para conservarlo bien y no perderlo. Se trata de los bienes del Reino que se dan a las personas y a las comunidades según su capacidad. Todos y todas reciben algún bien del Reino, ¡pero no todos responden del mismo modo!

Mateo 25, 19-23: Rendición de cuentas del primero y segundo empleado
Después de mucho tiempo, el propietario regresa para ajustar las cuentas con los empleados. Los dos primeros dicen la misma cosa: “El dueño me ha dado cinco/dos talentos. ¡He aquí otros cinco/dos que he ganado! Y el dueño responde de la misma manera a los dos: “¡Bien, siervo bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, te pondré al frente de lo mucho; entra en el gozo de tu señor”.

Mateo 25,24-25: Rendición de cuentas del tercer empleado
El tercer empleado llega y dice: “¡Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde donde no esparciste. Por eso me dio miedo y fui y escondí en tierra tu talento; ¡he aquí lo tuyo!” En esta frase aparece una idea equivocada de Dios que es criticada por Jesús. El empleado ve en Dios un amo severo. Ante un Dios así, el ser humano tiene miedo y se esconde detrás de la observancia exacta y mezquina de la ley. Piensa que obrando de esta manera evitará el juicio y que la severidad del legislador no lo castigará. Así pensaban algunos fariseos. En realidad, una persona así no tiene confianza en Dios, sino más bien tiene confianza en sí misma y en su observancia de la ley. Es una persona encerrada en sí misma, lejana de Dios que no consigue preocuparse por los demás. Se hace incapaz de crecer como una persona libre. Esta imagen falsa de Dios aísla al ser humano, mata la comunidad, no hace vivir el gozo y empobrece la vida.

Mateo 25, 26-27: Respuesta del amo al tercer empleado
La respuesta del amo es irónica: “¡Siervo malvado y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías haber entregado mi dinero a los banqueros y así, al volver, yo habría cobrado lo mío con intereses!” El tercer empleado no ha sido coherente con la imagen severa que tenía de Dios. Si hubiese imaginado un Dios tan severo, habría debido por lo menos depositar el dinero en la banca. Por esto ha sido condenado no por Dios, sino por la idea equivocada que tenía de Dios y que lo deja más miedoso e inmaduro de lo que era. No era posible para él ser coherente con la imagen que tenía de Dios, porque el miedo paraliza la vida.

Mateo 25, 28-30: La palabra final del amo que aclara la parábola
El amo manda quitarle el talento y darlo al que ya tiene: “Porque a todo el que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”. Aquí está la clave que lo aclara todo. En realidad los talentos “el dinero del amo” los bienes del Reino, son el amor, el servicio, el compartir, el don gratuito. Talento es todo lo que hace crecer la comunidad y que revela la presencia de Dios. Cuando alguien se encierra en sí mismo por miedo de perder lo poco que tiene, se pierde hasta lo poco que se tiene, porque el amor muere, se debilita la justicia, desaparece el compartir. De lo contrario la persona que no piensa en sí y se da a los demás, crece y recibe sorprendentemente todo lo que ha dado y mucho más. “Porque quien quiera salvar la propia vida la perderá, pero quien pierda la propia vida por mi causa, la encontrará” (Mt 10,39).


 La edición y el subrayado son nuestros


Que la misericordia y la confianza en el Señor no te falte


Gracias 


1 de noviembre de 2014

Francisco: ¨Nuestra actitud la hemos escuchado en el Evangelio, es la actitud de las bienaventuranzas. Solamente ese camino nos llevará al encuentro con Dios. Solamente ese camino nos salvara de la destrucción de la devastación de la tierra, de lo creado, de la moral, de la historia, de la familia, de todo.¨

Fuente: Radio Vaticano / CaminoCatólico.org

Cuando en la primera lectura he escuchado esta voz del ángel que gritó a gran voz, a los cuatro ángeles a los cuales les había sido concedido de devastar la tierra y el mar, de destruir todo. No devasten la tierra, el mar ni las plantas y a mi me vino a la mente una frase que no está aquí pero que está en el corazón de todos nosotros: Los hombres son capaces de hacerlo mejor, somos capaces de devastar la tierra, mejor que los ángeles y esto lo estamos haciendo, esto lo hacemos, devastar lo creado, devastar la vida, devastar las culturas, devastar los valores, devastar la esperanza. Y cuanta necesidad tenemos de la fuerza del Señor, para que nos selle con su amor con su fuerza para detener esta loca carrera de destrucción.

Destrucción de lo que Él nos ha dado, de las cosas más hermosas que hizo para nosotros, para que nosotros las lleváramos adelante, las hiciéramos crecer, dar sus frutos. Cuando estando en la sacristía miraba las fotos de hace tantos años atrás, he pensado, esto que ha sido tan grave y doloroso, esto es nada en comparación de lo que hoy sucede.



El hombre se apropia de todo, se cree Dios, se cree el rey. Y las guerras, las guerras que siguen no a sembrar grano de vida pero a destruir. Es la industria de la destrucción, es un sistema de vida en el que cuando las cosas no se logran arreglar se descartan, se descartan, se descartan a los niños, se descartan a los ancianos, se descartan a los jóvenes, sin trabajo. Ha hecho esta cultura del descarte, se descartan los pueblos.

Esta es la primera imagen que me vino cuando sentí esta Lectura.

La segunda imagen en la misma lectura, es esta multitud inmensa que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos e idiomas.

Los pueblos, la gente, ahora comienza el frío. Estos pobres que tienen que huir para salvar la vida, de sus casas, de sus pueblos al desierto y viven en carpas y sienten frío, sin medicinas, hambrientos. Porque el dios hombre se ha apropiado de lo creado, de todo lo bonito que Dios hizo para nosotros

¿Pero quién paga la fiesta? Los pequeños, los pobres. Los que de personas terminaron en descarte. Y esto no es historia antigua, sucede hoy. ¡Pero padre esto es lejos! También aquí, sucede hoy.


Y diré aún más, parece que esta gente, que estos niños hambrientos, enfermos, parece que no cuenten, que sean de otra especie, no sean humanos. Esta multitud está delante de Dios y pide: Por favor, salvación; por favor, paz; por favor, pan; por favor trabajo; por favor hijos y abuelos; por favor jóvenes con la dignidad de poder trabajar.

Pero los perseguidos entre ellos, los perseguidos por la fe. 'Uno de los ancianos se dirigió a mí: ¿Quiénes son estos vestidos de blanco, quiénes son, de dónde vienen? Son aquellos que vienen de la gran tribulación y que lavaron sus vestiduras volviéndolos cándidos en la sangre del Cordero'.

Y hoy sin exagerar, hoy en el día de todos los santos querría que todos pensáramos en todos ellos, los santos desconocidos, pecadores como nosotros, peor que nosotros, pero destruidos.

A esta multitud de gente que viene de la gran tribulación, la mayor parte del mundo está en tribulación. El Señor santifica a este pueblo pecador como nosotros, lo santifica con la tribulación.

Y al final hay una tercera imagen, Dios. La primera la devastación, segunda las víctimas y tercero Dios.


Dios, nosotros desde ahora somos hijos de Dios, lo hemos escuchado en la segunda lectura, pero lo que seremos aún no ha sido revelado. Pero sabemos que cuando Él se habrá manifestado nosotros seremos similares a Él, porque lo veremos como Él es, o sea la esperanza. Y esta es la bendición del Señor que aún tenemos: la esperanza, la esperanza que tenga piedad de su pueblo, que tenga piedad de éstos que están en la gran tribulación, y también que tenga piedad de los destructores para que se conviertan.

Y así la santidad de la Iglesia va adelante, con esta gente, con esta gente, con nosotros, que veremos a Dios como Él es. Y cuál tiene que ser nuestra actitud si queremos entrar en este pueblo, nuestro, si queremos entrar en ese pueblo y caminar hacia el Padre, en este mundo de devastación, de guerras, de tribulación.

Nuestra actitud la hemos escuchado en el Evangelio, es la actitud de las bienaventuranzas. Solamente ese camino nos llevará al encuentro con Dios. Solamente ese camino nos salvara de la destrucción de la devastación de la tierra, de lo creado, de la moral, de la historia, de la familia, de todo.

Solamente ese camino. Nos hará pasar cosas feas, nos traerá problemas y pasar persecuciones. Pero solamente ese camino nos llevará hacia adelante. Y así este pueblo que tanto sufre hoy por el egoísmo de los devastadores, de nuestros hermanos devastadores, ese pueblo va adelante con las bienaventuranzas, con la esperanza de encontrar a Dios, de ver cara a cara al Señor. Con la esperanza de volvernos santos en ese momento del encuentro definitivo con Él

El Señor nos ayude, nos de la gracia de esta esperanza, y también la gracia del coraje de salir de todo lo que es destrucción, devastación, relativismo de vida, exclusión de los otros, exclusión de los valores, exclusión de todo lo que el Señor nos ha dado, exclusión de la paz. Nos libre de esto y nos dé la gracia de caminar con la esperanza de encontrarnos cara a cara con Él y esta esperanza, hermanos y hermanas, no desilusiona. 

Francisco

26 de octubre de 2014

¨A la luz de esta palabra de Jesús, el amor es la medida de la fe, y la fe es el alma del amor. No podemos separar más la vida religiosa, de piedad, del servicio a los hermanos, de aquellos hermanos concretos que encontramos¨

Fuentes: Radio Vaticano/Camino Católico.Org


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!:


El Evangelio de hoy nos recuerda que toda la Ley divina se resume en el amor por Dios y por el prójimo. El Evangelista Mateo cuenta que algunos fariseos se pusieron de acuerdo para probar a Jesús (cfr 22,34-35). Uno de ellos, un doctor de la ley, le dirige esta pregunta : «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?»(v. 36). Jesús, citando el Libro del Deuteronomio, responde: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento» (vv. 37-38). Habría podido detenerse aquí. En cambio Jesús agrega algo que no había sido preguntado por el doctor de la ley. De hecho dice: «El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (v. 39). Este segundo mandamiento tampoco lo inventa Jesús, sino que lo retoma del Libro del Levítico. Su novedad consiste justamente en el juntar estos dos mandamientos – el amor por Dios y el amor por el prójimo – revelando que son inseparables y complementarios, son las dos caras de una misma medalla. No se puede amar a Dios sin amar al prójimo y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios. El Papa Benedicto nos ha dejado un bellísimo comentario sobre este tema en su primera Encíclica Deus caritas est (nn. 16-18).


En efecto, la señal visible que el cristiano puede mostrar para testimoniar el amor de Dios al mundo y a los demás, a su familia, es el amor por los hermanos. El mandamiento del amor a Dios y al prójimo es el primero no porque está encima del elenco de los mandamientos. Jesús no lo coloca en el vértice, sino al centro, porque es el corazón desde el cual debe partir todo y hacia donde todo debe regresar y servir de referencia.

Ya en el Antiguo Testamento la exigencia de ser santos, a imagen de Dios que es santo, comprendía también el deber de ocuparse de las personas más débiles como el forastero, el huérfano, la viuda (cfr Es 22,20-26). Jesús lleva a cumplimento esta ley de alianza, Él que une en sí mismo, en su carne, la divinidad y la humanidad, en un único misterio de amor.


A este punto, a la luz de esta palabra de Jesús, el amor es la medida de la fe, y la fe es el alma del amor. No podemos separar más la vida religiosa, de piedad, del servicio a los hermanos, de aquellos hermanos concretos que encontramos. No podemos dividir más la oración, el encuentro con Dios en los Sacramentos, de la escucha del otro, de la cercanía a su vida, especialmente a sus heridas. Acuérdense de esto: el amor es la medida de la fe. Tú ¿cuánto amas? Cada uno se responda ¿Cómo es tu fe? Mi fe es como yo amo. Y la fe es el alma del amor.


En medio de la densa selva de preceptos y prescripciones – de los legalismos de ayer y de hoy – Jesús abre un claro que permite ver dos rostros: el rostro del Padre y aquel del hermano. No nos entrega dos fórmulas o dos preceptos: no son preceptos y fórmulas; nos entrega dos rostros, es más un solo rostro, aquel de Dios que se refleja en tantos rostros, porque en el rostro de cada hermano, especialmente el más pequeño, frágil, indefenso y necesitado está presente la imagen misma de Dios. Y deberiamos preguntarnos, cuando encontramos a uno de estos hermanos, si somos capaces de reconocer en él el rostro de Cristo: ¿somos capaces de esto?


De esta forma Jesús ofrece a cada hombre el criterio fundamental sobre el cual edificar la propia vida. Pero sobre todo Él nos dona el Espíritu Santo, que nos permite amar a Dios y al prójimo como Él, con corazón libre y generoso. Por intercesión de María, nuestra Madre, abrámonos para acoger este don de amor, para caminar siempre en esta ley de los dos rostros, que son un solo rostro: la ley del amor.


(Traducción del italiano, Raúl Cabrera - Radio Vaticano)

Saludos del Santo Padre después de la Oración Mariana:


Queridos hermanos y hermanas,

Ayer, en São Paulo en Brasil, ha sido proclamada Beata la Madre Assunta Marchetti, nacida en Italia, co-fundadora de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo – Scalabrinianas. Era una hermana ejemplar en el servicio a los huérfanos de los emigrantes italianos; ella veía a Jesús presente en los pobres, en los huérfanos, en los enfermos, en los emigrantes. Demos gracias al Señor por esta mujer, modelo de incansable trabajo misionero y de valerosa dedición en el servicio a la caridad. Este es un llamado, sobre todo la confirmación de lo que hemos dicho antes, acerca de buscar el rostro de Dios en el hermano y la hermana necesitados.

Saludo con afecto a todos los peregrinos provenientes de Italia y de los diferentes Países, iniciando por los devotos de la Virgen del Mar, de Bova Marina, en Reggio Calabria. Recibo con alegría a los fieles de Lugana en Sirmione, Usini, Portobuffolê, Arteselle, Latina e Guidonia; como también a aquellos de Losanna en Suiza, Marsella en Francia. Dirijo un saludo especial a la comunidad peruana de Roma, aquí presente con la sagrada Imagen, que veo del Señor de los Milagros. También saludo a los peregrinos de Schoenstatt, estoy viendo desde aquí la imagen de la Madre.

Les agradezco a todos y los saludo con afecto.

Por favor, no se olviden de rezar por mí. Les deseo buen domingo y buen almuerzo. ¡Hasta la vista!

  

21 de septiembre de 2014

¨ Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos."

Domingo 25 del Tiempo Ordinario
Del Santo Evangelio según San Mateo 20,1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña." Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno." Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia por que yo soy bueno?"Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos." (Aciprensa.com)

Comentario:
El Reino de los cielos, es una forma respetuosa de referirse a nuestro Dios por los judíos, para no tomar su nombre en vano. San Mateo quien escribe para los judíos convertidos en cristianos, veía como algunos de estos no aceptaban que los ¨paganos¨, los no judíos, se incorporaran en las comunidades y recibieran los mismos dones del Señor, los mismos encargos, la misma acogida, entre otras. 

La simple justicia humana, ve como injusto esto, pues por que la antigüedad piadosa de los judíos les daría más derechos. Sin embargo, la justicia divina, es la misericordia y la compasión, la que se mueve no por lo que hacen los hombres sino por el amor de Dios Padre que se compadece, que sufre con sus hijos.

El punto central es la libertad, la que lleva a hacerse servidor del Señor,  y la que lleva al Señor a llamar a su servicio y a establecer las condiciones que quiere y con quien quiere. Es Dios quien elije, no nosotros y por ello no es posible querer ser mas que Él para decirle que hacer. 

Comentario Completo: 
Comentario sobre Isaías 55: 6-9; Filipenses 1: 20 a 24,27; Mateo 20: 1-16
ESTA HISTORIA en primer lugar tiene que ser entendida en el contexto de los primeros cristianos. Los que han trabajado largas horas en la viña, "que han hecho el trabajo de un día pesado en todo el calor", son el pueblo judío. Las llegadas tardías, los que han llegado a la hora 11 son los nuevos cristianos, muchos de ellos gentiles de origen "pagano".

Tal vez el Evangelio de hoy - dirigido principalmente a los judíos cristianos - refleja un cierto resentimiento a los recién llegados que disfrutan de todos los beneficios sin ninguna tradición o vida de observancia detrás de ellos. Uno de los temas tristes del Evangelio de Mateo es que Jesús, él mismo un israelita, primero se acercó a su propio pueblo, pero ellos lo rechazaron. Luego se volvió a los gentiles que lo aceptaron y demostraron muy claramente que el Espíritu de Jesús había descendido sobre ellos en abundancia. Verdaderamente se puede decir que "los primeros serán los últimos, y los últimos serán los primeros".

Trato injusto
Hoy en día, muchas personas que leen esta parábola tienen problemas con lo que parece ser un tratamiento muy injusto de los trabajadores. Nuestra reacción (bajo la influencia del sindicalismo y el "juego limpio") en general, es que los que han hecho más, que han dado más, debería obtener más. Los que trabajan 12 horas debe obtener más de los que trabajan durante una hora. Eso es simple justicia. Todo lo demás es simplemente la explotación.

Sin embargo, la justicia es el punto central de la parábola y de la enseñanza de Jesús. Si tenemos problemas con la parábola, significa que todavía no estamos en la longitud de onda de Jesús. Se pone así en la primera lectura del profeta Isaías. Escuchémosle:

¨Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.¨

Un punto de vista diferente
Lo que esto significa es que tenemos que ver esta historia desde un punto de vista muy diferente. Tenemos que aprender lo que la justicia de Dios es. Otro nombre para la justicia de Dios es la misericordia y la compasión. En los ojos del mundo que a veces puede parecer muy injusto. En la parábola, el punto que está siendo hecho no es que los trabajadores mayores consiguieron menos de lo que era su causa, pero que los trabajadores posteriores dieron exactamente el mismo trato de su amo.

Las cosas no se miden de acuerdo con la salida individual, pero de acuerdo a la necesidad. Todos, tarde o temprano, tienen exactamente la misma necesidad de la misericordia de Dios y el amor de Dios y todo el mundo tiene todo.

Así, en lugar de criticar a Dios por actuar de esta manera, debemos estar profundamente agradecidos. A veces nosotros, que hemos soportado el calor del día y tratado durante muchos años a la altura de las exigencias del Evangelio, podemos considerar que es injusto que una persona, que ha llevado una vida pagana terriblemente inmoral, puede tener una conversión de último minuto y morir en el amor de Dios.

Dos reflexiones

Hay dos cosas que se pueden decir acerca de eso:

  • El primero es que nosotros mismos deberíamos estar agradecidos de que nuestro Dios esté dispuesto a aceptar nuestro regreso en cualquier momento una vez que expresemos dolor por nuestros pecados y deseemos volver a reunirnos con él en el amor. Dios - como la vida de Jesús se manifiesta claramente una y otra vez - está listo para aceptar el pecador de regreso en cualquier momento, incluso a la hora 11. Dios tiene una notoria mala memoria por lo que nuestro pasado se refiere. Esto es algo que debemos estar profundamente agradecidos.
  • En segundo lugar, es una manera extraña de mirar nuestro modo de vida cristiano pensar que, siguiéndolo, nos estamos perdiendo frente a las personas que viven una vida de pecado e inmoralidad. Es la persona que vive una vida basada en los valores evangélicos de la verdad, el amor, la generosidad, el compartir y la justicia que experimenta la verdadera felicidad. La vida de pecado a menudo se basa en una inútil búsqueda de la felicidad a través del placer y el disfrute.

La libertad en Cristo
El punto culminante de la libertad cristiana se expresa por Pablo en la segunda lectura de hoy de su carta a la comunidad cristiana de Filipos en el norte de Grecia. Pablo está en la cárcel y se enfrenta a la posibilidad de ser ejecutado por su fe cristiana. Pero él está listo:

¨Hermanos: Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo¨.

Este es un ejemplo extraordinario de lo que se conoce como ignaciana "indiferencia", es decir, la aceptación perfecta de lo que Dios quiere, la perfecta aceptación de los caminos de Dios y la fusión total de mi visión con la de él. Y esto se hace de forma activa, no pasiva. Pidámosle que podamos tener el mismo nivel de libertad y generosidad en nuestras propias vidas. Porque no es el secreto de nuestra felicidad real.

La edición y el subrayado son nuestros

Que la Misericordia y la confianza en Dios no te falte

Gracias





31 de agosto de 2014

"El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará


Domingo 22 del Tiempo Ordinario
Del Santo Evangelio según San Mateo 16,21-27

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: "¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte." Jesús se volvió y dijo a Pedro: "Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios." Entonces dijo a sus discípulos: "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.".(Aciprensa.com)

Comentario:
En el evangelio del domingo anterior, los discípulos a través de Pedro reconocían que Jesús, era el ansiado Salvador (Mesías-Rey) de Israel. A lo que  Jesús responde con un encargo de mucha confianza para Pedro, ser piedra, ser cabeza de su Iglesia. Jesús, proveía la autoridad del mismo Dios dentro de sus comunidades en el futuro. 


Sin embargo, los discípulos creían como los demás judíos, que Jesús era un salvador, un rey glorioso y poderoso. Un gran líder político y militar que barrerá con todos los enemigos de Israel. Y, que ellos como sus seguidores y compañeros, participarían en la gloria y privilegios que iban con él. 

En el evangelio de hoy, Jesús es contradictorio, diciéndoles  que él está destinado a ir a Jerusalén, la ciudad santa, donde todo judío ofrecía sus sacrificios,  para padecer en manos de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, quienes formaban el Sanedrín, el cuerpo gobernante de los judíos, su propia gente. Debía ser condenado a muerte y ser  resucitado en el tercer día. 

Ante esto, Pedro recién reconocido líder frente a los otros, lleva a Jesús a un lado, y le reprende. El discípulo ¨corrige¨ al maestro. Aunque, sin quererlo y con la mejor de las intenciones, Pedro está haciendo la obra del diablo pues trata de que Jesús rechace el cumplir la voluntad de su Padre.

Jesús es Rey, un rey de amor, un rey que reinará por el servicio. Y cuando nosotros tenemos la mente de Cristo, entonces sólo podemos ver nuestras vidas en términos de amar y servir a los demás y no en la búsqueda de la ambición puramente egoísta. Jesús nos llama a una vida de amor total y de libertad para amar y servir, y no a una vida de sólo sacrificio y sufrimiento.

Comentario Completo : 

Comentario a Jeremías 20: 7-9; Romanos 12: 1-2; Mateo 16: 21-27

En el Evangelio de la ÚLTIMA SEMANA vimos a los discípulos en la cresta de la ola. Ellos por medio de Pedro reconocieron que Jesús, su maestro y amigo, era nada menos que el tan esperado Mesías-Rey de Israel. "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." Debe haber sido un momento muy emocionante para ellos. Esto, a su vez, trajo de Jesús un encargo de la más alta responsabilidad para Pedro y los otros discípulos. A través de Jesús, obtenían la autoridad del mismo Dios dentro de sus comunidades en el futuro. Pedro mismo habla de ella como una roca, firme e inquebrantable, en la que la ekklesia , la comunidad de la Iglesia, se construirá.

Es difícil imaginar que esto no fue un momento de especial alegría y satisfacción para los discípulos. Ahora pensaban que Jesús, en línea con las expectativas judías, sería un rey glorioso y poderoso. Y, por supuesto, como sus seguidores y compañeros tendrían una cuota especial en la gloria y privilegios que iban con él. (Más tarde, habría no dos de ellos ir tan lejos como para pedir, en vez descaradamente y detrás de las espaldas de sus hermanos, de lugares especiales en el Reino, para sentarse a la derecha ya la izquierda de Jesús?)

Un choque
Sin embargo, la euforia no iba a durar mucho tiempo. Muy pronto después de esto, "Jesús comenzó a dejar claro a sus discípulos que él estaba destinado a ir a Jerusalén y padecer mucho a manos de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y de ser levantado en el tercer día. "Esto, sin duda, viene como un shock terrible. ¡Esto no era parte del escenario para la venida del Mesías! Lo que es peor, los causantes de la humillación y la muerte de Jesús no serán algunos forasteros hostiles (como los paganos romanos y bárbaros) sino los líderes y más distinguidas personas de su propia comunidad. Los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas eran las personas que formaban el Sanedrín, el cuerpo gobernante de los Judios en Palestina.

Por otra parte, será en Jerusalén, la ciudad santa, el sitio del Templo donde Dios habitó entre su pueblo. Podría recordarse, sin embargo, de que Jerusalén era la ciudad donde murieron los profetas. ("¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados!" - Las palabras de Jesús a los fariseos [Mateo 23:37].) Los discípulos debe haber sentido muy perturbado y confundido por cierto.

Una protesta
Así, no es de extrañar que en este punto, Pedro, todavía en su condición recién adquirida, lleva a Jesús a un lado, y le habla casi en igualdad de condiciones. "¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte."¿Cómo puede suceder esto al Mesías-Rey de Israel? La airada reacción de Jesús debe haberle venido como algo inesperado, por decir lo menos. Volviendo a enfrentar a Pedro, Jesús dice: "¡Quítate de mi vista, Satanás!" Estas son palabras fuertes para alguien al que ahora se le estaba dando el liderazgo de la comunidad. No se trata, debe entenderse que Pedro es, literalmente, un demonio pero las palabras del discípulo se entienden como una verdadera tentación para Jesús de apartarse del camino que debe seguir. Aunque, sin quererlo y con la mejor de las intenciones, Pedro está haciendo la obra del diablo - tratando de dirigir a Jesús lejos del camino trazado para él por su padre. ¿Cuántas veces hemos sido una tentación o piedra de tropiezo para los demás? Tal vez con más frecuencia de lo que queremos pensar.

"Usted es un obstáculo en mi camino, porque su forma de pensar no es la manera de Dios, sino la de un ser humano." Pedro es visto como un obstáculo, un escándalo ( skandalon , skandalon), una piedra en el camino que hace que uno tropieze. Irónicamente, la "roca" que hace un momento había dicho Jesús sería el fundamento de su "iglesia" se ve ahora como un obstáculo ¡para el trabajo y la misión de Jesús!

La mente de Cristo
Jesús está enojado porque, aunque sus discípulos pueden haber reconocido que él es el Mesías, claramente no tienen idea de qué tipo de Mesías-Rey Jesús va a ser. Ellos son, como él dice, pensando en términos puramente humanos y aún no han conseguido "la mente de Cristo" (Filipenses 2: 5).

Ellos tendrán que cambiar por completo sus ideas acerca de lo que el Mesías va a ser. No va a ser un gran líder político y militar que barrerá con todos los enemigos de Israel. Incluso después de la resurrección todavía estaban pensando en esos términos. "Nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel", dijo que los dos hombres que se dirigían a Emaús (Lucas 24:21), sin darse cuenta de la ironía de sus palabras. "¿Cuándo vas a restaurar el reino de Israel?" Los discípulos le preguntaron a Jesús cuando se disponía a dejarlos en la Ascensión.

Sí, Jesús será un Rey, pero será un rey de amor, un rey que reinará por el servicio. Porque ama y les sirve, lo hará, si es necesario, hasta estar dispuesto a morir por ellos, porque esto es el amor más grande que una persona puede mostrar a sus amigos. Esto no quiere decir que Jesús quiere morir en la cruz, sino que está totalmente preparado para sufrir y morir, si el servicio del amor lo exige - y lo hará. En última instancia, los discípulos verán que la muerte de Jesús era la fuente de su mayor gloria y el poder. "Cuando yo sea levantado de la tierra [en la cruz y en la gloria], atraeré a todos a mí" (Juan 12:32).

Mucho del profeta
Las otras lecturas dan ejemplos de personas que han tenido experiencias similares a Jesús. En la Primera Lectura Jeremías parece lamentar que fue llamado por Dios para ser su profeta. "Me has seducido, Señor, y me dejé seducir." Como resultado, él se convirtió en un objeto de burla de la gente, "el trasero de todos". Cada vez que abría la boca, tuvo que advertir de la violencia y el desastre que se avecina en el pueblo de Dios. A cambio él consiguió nada más que insultos y burlas. Él decidió que no iba a hablar de Dios. "No voy a pensar en él, no voy a hablar en su nombre nunca más."

Pero eso no funcionó. "Hay que parecía ser un fuego que arde en mi corazón ... El esfuerzo para refrenar me cansaba, no podía soportarlo." Sólo tenía que seguir hablando el mensaje de Dios, que era como un fuego en su corazón, a su pueblo lo que sea el costo para sí mismo. Es una situación como esta lo que explica por qué una persona se arriesgaría a insultos, sufrimiento e incluso la muerte, a fin de dar testimonio de la Verdad y el Amor. Muchas personas que languidecen en las cárceles hoy por expresar sus creencias religiosas y políticas conocen esta sensación. Hemos visto cómo los disidentes políticos o religiosos liberados de la cárcel no muestran signos de "conversión", y continúan la lucha por la dignidad humana. Es algo que quien ve la vida en términos de comodidad material y el poder simplemente no puede entender.

Pablo, en la segunda lectura, también sabía todo esto. El insta a sus compañeros cristianos a ofrecer sus "cuerpos vivos como un sacrificio santo, agradable a Dios" y no a "modelo [a sí mismos] sobre el comportamiento del mundo alrededor de [ellos]". Ellos necesitan una "nueva mentalidad", la forma de pensar que Jesús tuvo y que Pedro ciertamente no tenía aún en el Evangelio de hoy.

Caminando con Jesús
El evangelio de hoy va más allá que simplemente pedirnos entender por qué la gloria de Jesús, nuestro Rey y Señor se encontraba a través del sufrimiento y la muerte ignominiosa de la cruz. Hay una nueva convocatoria para que caminemos por el mismo camino con Jesús. "Si cualquier persona (no sólo el mártir heroico o el santo) quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. "Jesús está pidiendo a cada uno de nosotros que dediquemos nueestras vidas en amor y servicio a los demás, aunque, a veces, esto implica la incomprensión, el ridículo, el dolor e incluso la muerte misma.


Sería por completo erróneo pensar que Jesús nos pide que llevar vidas miserables para ser buenos cristianos, aunque uno tiene la impresión de que algunas personas interpretan el pasaje de esa manera. Para seguir plenamente a Jesús, debemos ser capaces de ver la vida como él lo ve, debemos tener esa "mente de Cristo".

Cuando nosotros tenemos la mente de Cristo, entonces sólo podemos ver nuestras vidas en términos de amar y servir a los demás y no en la búsqueda de la ambición puramente egoísta o incluso centrado en la familia-. Cuando nosotros tenemos la mente de Cristo, toda la dirección de nuestra vida cambia. Todo nuestro concepto de cambios felicidad. Jesús está con nosotros no llama a una vida de sacrificio y sufrimiento, sino más bien a una vida de amor total y la libertad. La persona que puede ir a la cárcel por sus creencias es más libre y por lo general mucho más feliz que el que está ligado a la búsqueda de las cosas materiales, la posición social, el placer y el miedo al dolor.

"Renunciar a uno mismo" no es una supresión de la personalidad de uno. Es más bien para dejar ir de uno mismo para que uno realmente puede encontrarse a sí mismo.

Esto es lo que las lecturas de hoy están diciendo, a saber, que Jesús nos está llamando a que el verdadero éxito y la felicidad son. Tal vez cuando andamos el camino de Jesús, habrá personas que nos critican, pensar que somos estúpidos e incluso atacarnos. Sin embargo, aquellos que han elegido el camino de Jesús una y otra vez confirman que sus vidas están llenas de la libertad, la felicidad y la paz. ¿No es eso lo que a todos nos gustaría experimentar?

La edición y el subrayado son nuestros

Que la Misericordia y la confianza en Dios no te falte


Gracias