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28 de junio de 2015

"No temas; basta que tengas fe."


Del Santo Evangelio Según San  Marcos 5, 21-43
Domingo 13 del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: "Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva." Jesú se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: "¿Quién me ha tocado el manto?" Los discípulos le contestaron: "Ves como te apretuja la gente y preguntas "¿Quién me ha tocado?"" Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud."

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: "Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas; basta que tengas fe." No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: "¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida." Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y dijo: "Talitha qumi" (que significa:"Contigo hablo, niña, levántate"). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.
(Aciprensa.com)

 

Comentario:

Jesús es la fuente de la vida y la sanación. Hemos sido creados a imagen de Dios. La meta de nuestra vida es: conocer, amar y unirnos a su vida para siempre. Sin embargo, todos nosotros, de alguna u otra manera, estamos necesitados constantemente de la sanación de Dios. La realización de la plena salud es llegar a ser una persona completa, en la que cada parte de mí - espiritual, intelectual, social, psicológico y fisiológico - funcione como debería y en perfecta armonía dentro de mi mismo, con la gente alrededor, y con el medio ambiente.

Para Profundizar:

Sabiduría 1: 13-15; 2: 23-24; 2 Corintios 8: 7,9,13-15; Marcos 5: 21-43

Las lecturas de hoy son sobre Jesús como el dador de la vida. El evangelio se compone de dos historias relacionadas una característica típica del evangelio de Marcos conocido como "inclusión". Jesús es abordado por un funcionario de la sinagoga, llamado Jairo. Su hija está gravemente enferma y quiere que Jesús la vea y ponga las manos sobre ella. Así que Jesús se encamina para la casa de Jairo y es seguido por una gran multitud de personas a empujones.

Una mujer con miedo 
Es en este punto donde comienza la segunda historia. Una mujer desafortunada que ha sufrido una hemorragia durante 12 años está en la multitud. Marcos dice que ella había gastado todos sus recursos en el tratamiento de los médicos. No hubo mejoría; de hecho, se sentía peor que nunca. (Lucas, que se pensaba tradicionalmente que era médico, ¡omite este detalle!) Como muchos otros, ella había oído hablar de Jesús y, movida por una profunda fe en él, creía que si podía tocar el borde de su manto, sería suficiente para que ella sea sanada. De hecho, el momento en que tocó a Jesús 'su sangrado se detuvo al instante. Sabía que había sido curada. 

Fue entonces cuando Jesús se volvió y preguntó: "¿Quién ha tocado mis vestidos" Él sabía que había salido poder de él. Los discípulos protestan: ¿Cómo puede quejarse de que alguien tocara su ropa cuando tanta gente se agolpaba sobre él? Muchas personas tienen que haber sido los que lo empujaban pero Jesús sabía que una persona lo había tocado de una manera diferente, de una manera que había sacado su poder curativo.

¿Por qué tenía miedo?
Entonces la mujer, con temor y temblor, dio un paso adelante. Ella no tenía realmente miedo de Jesús. Tenía miedo, porque no debería estar allí en absoluto. Y es por eso que no se le había acercado abiertamente en primer lugar. Su problema de sangrado la hacía inmunda y, si la gente alrededor hubiera sabido de ella, ella habría estado en serios problemas. Al igual que una persona con VIH / SIDA en nuestra sociedad, que tuvo que permanecer en la clandestinidad. No era, por supuesto, ninguna amenaza para nadie, pero el miedo no sabe la razón. Ahora su secreto va a ser expuesto; no es de extrañar que ella tenga aún más miedo. Pero ella da un paso adelante, cae a los pies de Jesús y le dice todo. No hay enojo o indignación por parte de Jesús. "Mi hija", dice amablemente, "tu fe te hadevuelto ado a la salud; vete en paz ¨ . Jesús, la resurrección y la vida, la ha restaurado a la plenitud de la vida. No sólo se le curó físicamente sino que se le ha totalmente restaurado a una vida social normal y se puede integrar completamente a la sociedad que pertenece. Ella es una persona completa en todos los sentidos, de forma individual y socialmente. Pero fue su profunda fe en Jesús, simbolizada por su mera tocar el borde de su manto, lo cual fue un factor importante en su curación.

'No tengas miedo'
Ahora nos movemos de nuevo a nuestra primera historia. Así como Jesús termina con la mujer, a Jairo se le dice que su hija ha muerto y que no hay necesidad de molestar más a Jesús. Jesús parece un sanador, pero no se espera que resucite a los muertos. Jesús, sin embargo, insiste en ir y dice palabras muy bonitas que tenemos que oírle decir a menudo en nuestras propias vidas, "No temas; solamente ten fe." (Alguien ha dicho que la frase: "No tengas miedo", aparece en la Biblia 366 veces.)

Él sólo permite que lo acompañen tres de sus discípulos, el círculo íntimo de Pedro, Santiago y Juan. Él quiere que sólo ellos vean lo que va a pasar, pues no quiere satisfacer la simple curiosidad de la multitud excitable.Al acercarse a la casa, hay el sonido de luto y llanto. "¿Por qué todo este alboroto y llanto? La niña no está muerta, sino dormida." Y se burlaban de él. Sabían una persona muerta cuando vieron una. ¿Era la chica de hecho muerto o estaba en un estado similar a la muerte de la inconsciencia como un estado de coma? Realmente no importa; porque, por lo que los presentes estaban preocupados, estaba muerta. Si Jesús no hubiera estado allí, habría muy probable habría sido enterrada en corto tiempo.

Jesús, dador de la vida
Jesús entra en la casa sólo con los padres y sus tres discípulos cercanos. Toma la niña por la mano y le dice: "Niña, te digo que te levantes." Y la niña de inmediato se levanta y camina con absoluta normalidad, como si nada.  Esas palabras "levántate" tienen visos de resurrección, el "levantarse" de Jesús desde su propia tumba. Esta es la manera de presentar lo que Jesús dice de manera más explícita en el evangelio : "Yo soy la resurrección y la vida." Ya sea que estaba muerta o en estado de coma, fue restaurada a la plenitud de la vida y Jesús se revela como el Señor de la vida. No es de extrañar que los que fueron testigos de la escena "fueron superados por el asombro". Tanto así que Jesús tuvo que recordarles darle de comer a la niña. Este es un pequeño detalle de Jesús, que lo revela centrado y atento como lo que que es. Podría haber sido el centro de admiración de los espectadores pero sigue centrándose en la niña y sus necesidades.

Estamos hechos para la integridad
Ambas historias, revelan a Jesús como la fuente de la vida y la sanación. Como la primera lectura dice hoy: "Dios no se complace en la muerte de los vivos." Y continúa diciendo: "Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal" 

Hemos sido hechos, como dice el libro de Sabiduría, imagen de la propia naturaleza de Dios. "Dios nos hizo a imagen de su propia naturaleza imperecedera." Esta es la meta de nuestra vida: conocer, amar y compartir su vida para siempre. Sin embargo, todos nosotros, de alguna u otra manera, estamos necesitados constantemente de la sanación de Dios. La curación, la salud, la integridad, y la santidad son todas las palabras vinculadas. Oramos por la sanación que nos dará la salud en todos los aspectos de nuestras vidas, y no sólo en nuestros cuerpos. La realización de la plena salud es llegar a ser una persona completa, en la que cada parte de mí - espiritual, intelectual, social, psicológico y fisiológico - funciona como debería y en perfecta armonía dentro de sí mismo, con gente alrededor, y con el medio ambiente.

 La edición y el subrayado son nuestros


Que la Misericordia y la confianza en Dios no te falte

Gracias




9 de julio de 2012

Jesús se compadece y sufre con nosotros.



Buen día en el Señor, el evangelio de hoy (Mt 9,18-26) nos lleva a meditar dos milagros de Jesús a favor de dos mujeres. El primero fue a favor de una muchacha que acababa de fallecer y el segundo de una mujer considerada impura por una hemorragia irregular, que padecía desde hacía doce años. 
Según la mentalidad de la época, cualquier persona que tocara la sangre o un cadáver era considerada impura y quien la tocaba, quedaba impuro/a , socialmente excluidos y no podían relacionarse con Dios. Revertir esto, suponía pasar por el rito de la purificación, prescrito por las normas de la ley. 

La muerte de la muchacha. Mientras Jesús estaba hablando, un jefe de la sinagoga [casa de oración y estudio judío] vino a interceder para su hija que acababa de morir. El pide a Jesús que fuera a imponer la mano a la muchacha, “y ella vivirá”. No está claro para nosotros, si tenía mucha o poca fe en Jesús, pero lo que si es evidente es la agonía en vida de este padre. Jesús al ver esto, se levanta y va con él, llevando consigo a sus discípulos.

La situación de la mujer.  En el camino, la mujer que sufría de hemorragias, se acerca a Jesús.  Marcos nos dice que se había gastado todo su dinero en médicos y aún así, estaba peor (Mc 5,25-26). La misma agonía en vida que la de aquel padre, con la única diferencia que fue por largo tiempo. En ella nació una nueva esperanza. Decía: “Con sólo tocar su manto me salvaré”. La mujer pensaba exactamente lo contrario del ¨catecismo¨de la época. Señal de mucho valor,  se acercó a Jesús por detrás, tocó su manto, y quedó curada.

La palabra iluminadora de Jesús. Jesús da la vuelta y, viendo a la mujer, declara: “¡Animo, hija! Tu fe te ha salvado.” Frase breve, pero que nos dice : (a) Al decir “Hija”, Jesús acoge a la mujer en la nueva comunidad, que se formaba a su alrededor. (b) Confirma aquello que ella esperaba y creía, así como que el ¨catecismo¨ de las autoridades religiosas no era correcto y que en Jesús abría un nuevo camino para obtener la ¨pureza¨ y entrar en contacto con Dios. (c) Jesús reconoce que, sin la fe de aquella mujer, él no hubiera podido hacer el milagro. La curación fue un un acto de fe.

En la casa del jefe. En seguida, Jesús va para la casa del jefe. Viendo el alboroto de los que lloraban por la muerte de la muchacha, Jesús manda que todo el mundo salga de la casa Dijo: “La muchacha no ha muerto. ¡Está dormida!”. La gente se ríe, pues para la gente, la muerte era una barrera que nadie podía superar. 

La resurrección de la muchacha. Jesús no dio importancia a la risa del pueblo. Esperó que todos estuvieran fuera de la casa. Luego entró, tomó a la muchacha por la mano y se levantó.  Y la gente creyó que Jesús es el Señor de la vida que vence la muerte.


Este pasaje nos recuerda que : “la fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios” (C.I.C.150). Una entrega total y plena de nosotros como respuesta a la entrega que el mismo ya hizo en su vida, muerte y resurrección. Nos muestra también, a un Jesús atento y cercano, que nos acompaña en todos nuestros sufrimientos no sólo en los largos, penosos y duros sino que con el más pequeño detalle nos alienta y nos anima a seguir viviendo.

En este día, miremos el rostro de Jesús que se compadece y que sufre con nosotros, para acojerle y recibirle como sanador y Señor de nuestra vida.  
Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Él dijo: ¨La niña no está muerta, está dormida", y se reían de él



Del Evangelio según San Mateo 9, 18-26

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: "Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá". Jesús lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que, con sólo tocarle el manto, se curaría. Jesús se volvió, y al verla le dijo: "¡Animo, hija! Tu fe te ha curado. Y en aquel momento quedó curada la mujer. 

Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: "¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida". Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por aquella comarca. (Aciprensa.com)

Meditación de San Juan Crisóstomo

A los discursos siguió la obra, de manera que más aún quedara cerrada la boca de los fariseos. Porque el que se acercó era un príncipe de la sinagoga y su pena era grave; porque la jovencita era hija única, tenía unos doce años, o sea que estaba en la flor de su edad. Pero Él al punto la resucitó. (…)

-Considera cuan rudo es aún en la fe este jefe. Porque dos cosas pide a Cristo: que vaya a su casa y que imponga sobre la joven sus manos.-
Esto indica que al salir de su casa había dejado a la niña ya expirando. (…) Los que son aún rudos en la fe, necesitan ver señales sensibles. Marcos refiere que Jesús tomó consigo a tres de los discípulos; y lo mismo dice Lucas. Mateo dice sencillamente: a sus discípulos. 

(…)

Y cuando se levantó para ir, muchos lo siguieron, como quien va a presenciar un gran milagro, y también por la dignidad de Cristo, y finalmente porque muchos, un tanto rudos en la fe, buscaban de Él no tanto la salud del alma como la del cuerpo.

De modo que se arremolinaban, unos empujados por sus propias enfermedades y otros anhelando presenciar la curación de terceros. Pero con el anhelo de escuchar su doctrina, todavía se le acercaban pocos. Y no les permitió entrar en la casa, sino a sólo los discípulos, y aun no a todos ellos. (…)

He aquí que una mujer que padecía flujo de sangre hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del vestido, diciendo para sí misma: Con sólo que toque su vestido seré sana.

-¿Por qué no se le acercó confiadamente?-

Porque le daba vergüenza su enfermedad, pues se juzgaba inmunda conforme a la Ley. Si la que padecía su regla o menstruación era tenida como inmunda, mucho más pudo creerlo así la que padecía tan mortal enfermedad; pues según la Ley semejante impureza se tenía por muy grande. Tal es el motivo de que se oculte y esconda. Por lo demás, esta mujer aún no tenía acerca de Jesús la debida y perfecta opinión; pues de lo contrario no habría pensado que podía ocultársele. Y es esta la primera mujer que públicamente se le acerca.

Sin duda oyó que El también curaba a las mujeres y que iba hacia una niña que acababa de fallecer. No se atrevió a llamarlo a su casa, aun cuando era rica; ni se le acercó a la vista de todos; sino que a ocultas tocó con fe sus vestidos. No dudó ni se dijo: ¨¿quedaré libre de mi enfermedad o no?¨ Sino que, segura de que sanaría, se acercó.
Porque: decía para sí: Con sólo que toque su vestido seré sana. Sabía ella de qué casa acababa de salir Jesús, o sea de la de un publicano; [Mateo] y quiénes eran los que lo seguían, o sea pecadores y publícanos. Y estas cosas le ponían fe. Y ¿qué hace Cristo? No dejó que ella se ocultara, sino que la sacó al medio, y por muchos motivos quiso que fuera conocida. (…)

Ante todo, Cristo quita el temor a la mujer para que no la agiten los remordimientos, como si hubiera robado a ocultas aquel beneficio y tuviera ese escrúpulo. Luego, la corrige de pensar que podía ocultársele. En tercer lugar descubre a todos la fe de aquella mujer, para que otras la imiten. Y manifiesta un milagro no pequeño al demostrar que todo lo sabe, cuando cura a la mujer de su flujo sanguíneo. Finalmente, confirma en la fe, mediante aquella mujer, al arquisinagogo [El principal de la sinagoga], cuya fe peligraba, con lo que habría perdido todo. Porque acababan de llegar algunos que le decían: No molestes al Maestro, porque la joven ha muerto ya.

Y los que estaban en la casa del jefe se burlaban de Jesús, porque dijo que la joven estaba dormida. Y es verosímil que también el padre de la joven se inclinara a burlarse. Y para curarlo de semejante debilidad, desde luego lleva al medio a la mujer. Y como el padre estaba aún muy rudo en las cosas de la fe, oye qué le dice: ¨No temas; cree tan sólo y será sana tu hija¨. Porque de propósito iba dando largas para llegar cuando ya hubiese muerto ella, de modo que la resurrección quedara de manifiesto. Va pues caminando algo lento y habla largamente con la mujer, a fin de que mientras tanto la doncella expirara; y se acercaron los que comunicaron al jefe su muerte y le dijeron: No molestes al Maestro, porque la joven ha muerto ya.

Deja entender esto el evangelista cuando dice: Aún estaba luz-blando cuando llegaron de la casa unos que dijeron al jefe: Ha muerto tu hija. No molestes al Maestro. Quería Jesús que la muerte se divulgara y la creyeran, a fin de que no recayera sospecha alguna sobre la verdad de la resurrección. (…)

-¿Observas cómo esta mujer es superior al arquisinagogo?-

No retuvo al Maestro, no lo tomó aparte, solamente lo tocó con la punta de sus dedos; y habiendo llegado en segundo lugar, fue sanada la primera. Aquél llevó al médico a su casa; a ésta le bastó el contacto; pues aunque la enfermedad la deprimía, la fe le daba alas y la levantaba.
 
-Considera en qué forma la consuela Cristo diciéndole: ¨Tu fe te ha hecho sana¨.- Ciertamente, si la hubiera sacado al público por ostentación, no habría añadido eso. Pero lo dijo para instruir al arquisinagogo en el modo de creer y en alabanza de la mujer; y también para con estas palabras darle utilidad y gozo, no menos que con la curación corporal.

(…)Jesús le infundió confianza y juntamente con la salud corporal le dio otros viáticos para su camino, al decirle: ¡Vete en paz!

Cuando llegó Jesús a la casa del jefe, viendo a los flautistas y a la muchedumbre de plañideras [mujeres llamadas y pagadas que iba a llorar a los entierros para dar más importancia al enterrado], dijo: Retiraos, que la niña no está muerta: duerme. Y se reían de él. Muestra bella de lo que eran los arquisinagogos, pues que, tras la muerte, necesitaban para conmover el llanto valerse de flautas y címbalos.
 
(…)

Y no sólo la resucita, sino que ordena que le den alimento, para que no crean que se trata de un fantasma. Y no se lo da El, sino que ordena que otros se lo den. Lo mismo que en el caso de Lázaro, cuando dice: Saltadlo y dejadlo ir; y luego lo hizo participante en el banquete. Porque suele siempre comprobar cuidadosísimamente la muerte lo mismo que la resurrección.

- Pero tú no te fijes únicamente en la resurrección, sino en que ordenó que a nadie lo contaran, para que en todo aprendas que el fausto y la vanagloria en absoluto se deben evitar. Y además para que aprendas que El a los lamentadores los echó de la casa y en cierta forma los declaró indignos de presenciar el milagro.-
Pero tú no te salgas junto con los flautistas, sino permanece ahí con Pedro, Juan y Santiago. Y si entonces Jesús los echó fuera, mucho más lo hará ahora. Porque entonces aún no era manifiesto que la muerte se había reducido a un sueño; en cambio, eso ahora brilla más claro que el sol. (…)

La edición y el subrayado son nuestros


.
San Juan Crisóstomo, Homilia XXXI (XXXII),(Traducción directa del griego por Rafael Ramírez Torres , S. J)

1 de julio de 2012

"Jesús, el dueño absoluto de la Vida, tiene un absoluto, poder sobre la muerte."

Del Santo Evangelio Según San Marcos 5,21-43  

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: "Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva." Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. 

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido se curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de Él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: "¿Quién me ha tocado el manto?" Los discípulos le contestaron: "Ves como te apretuja la gente y preguntas "¿Quién me ha tocado?"" Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud." 

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: "Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas; basta que tengas fe." No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: "¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida." Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y dijo: "Talitha qumi" (que significa: "Contigo hablo, niña, levántate"). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.  

Meditación del P. Adolfo Franco, S.J.

En este pasaje el Evangelista San Marcos nos narra dos milagros de Jesús:

La resurrección de la hija de Jairo, y la curación de una mujer que padecía de flujos de sangre.

Ambos milagros se relacionan, tienen en común la manifestación del poder de Jesús sobre la salud física y señalan la curación espiritual que Él nos da con su poder redentor [su Amor]
. Naturalmente que el signo que nos llama más poderosamente la atención es la resurrección de la hija de Jairo, una niña muerta prematuramente a los doce años. Pero para el poder de Dios todo es igualmente posible, y es igualmente manifestación de su amor.

Con respecto al milagro de la resurrección de la hija de Jairo, podríamos tener una actitud de espectadores desinteresados, simplemente curiosos, para estar simplemente informados. Y pensar qué suerte la de este padre a quien Jesús le devolvió viva a su hija. Pero a la vez, podemos estar pensando, cuántas niños y niñas, cuántos jóvenes que han muerto prematuramente, y sobre los que no ha ocurrido ningún milagro semejante. Simplemente las personas han quedado arrolladas por el poder destructivo de la muerte.

Por otra parte, si sólo pretendemos criticar, podemos añadir alguna otra consideración: al fin la niña, ahora resucitada, murió igualmente unos años más tarde. Al fin ese milagro no terminó con el "problema de la muerte", simplemente lo aplazó por unos cuantos años.

Todo esto sería no entender nada del milagro y no permitir que el milagro fuera simplemente una llave que nos abra la puerta de la fe en Jesús.

Por eso como cristianos necesitamos ante este milagro una actitud contemplativa, verlo también con el corazón: intentar entrar en profundidad en el milagro. Y así percibimos que la lección fundamental de este milagro es el poder de Jesús sobre la muerte. Jesús, el dueño absoluto de la Vida, tiene un absoluto poder sobre la muerte.

Y el poder más fuerte que tiene Jesús sobre la muerte, es despojarla de su fuerza destructora. Hacer que la muerte no sea muerte, sino aurora de vida. Cristo con su muerte destruyó la muerte. Nos dice San Pablo: "Y cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra de la Escritura: ¨La muerte ha sido devorada en la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?" (1 Cor 15, 54-55).

El triunfo de Cristo sobre la muerte, el gran milagro, que brota del poder salvador de Jesucristo, está en penetrar en la realidad última de la vida y de la muerte y hacernos encontrar una bella flor: el sentido que tienen tanto la vida, como la muerte. El sentido que por la fe en Cristo descubrimos, nos hace ver a la muerte transformada en el despertar a la vida eterna, la que con más razón merece el nombre de VIDA. La boca del sepulcro la vemos oscura desde este lado de la vida efímera, pero en realidad es la puerta de la luz, vista desde el lado de las realidades definitivas. Jesús, al morir nos ha abierto esa luminosa puerta.

Para subrayar todo esto que venimos diciendo, nos dice el mismo Jesús, en el evangelio de San Juan: "Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para sie¬mpre" (Jn 6, 51).

Estas verdades de nuestra fe, nos desafían para que superemos la tristeza con que solemos mirar la muerte, y exclamemos en voz alta: por la fe afirmo con todas mis fuerzas que esta persona que veo muerta, está más llena de vida que nunca; esta persona que veo muerta en realidad ha entrado en la vida, en la vida de verdad, una vida que ya no tiene amenazas.
Ha entrado al reino de la Luz y de la Paz; una vida al lado de la cual ésta de ahora no es más que una imperfecta imitación.

Y más aún, esta absoluta certeza sobre el sentido de la muerte nos hace entender la vida temporal; nos hace darle su auténtico sentido. La vida en el mundo pasajero es un proceso, día a día, por el cual vamos acumulando, y construyendo nuestra futura resurrección, que se operará por la fuerza de Cristo Salvador, con esta vida estamos construyendo nuestra vida futura, con la gracia de Dios.

El sentido de la vida es algo tan importante, que sin él nos resulta muy difícil vivir esta vida; el que no encuentra sentido a su vida, la soporta, hasta que no puede más. Y la vida es tan hermosa: Dios nos permite construir, con su ayuda, nuestra verdadera vida futura. Cuando Dios nos mandó al mundo a vivir esta primera parte del tramo de nuestra vida, cuando nos hizo nacer, no nos tuvo como colaboradores para empezar a ser. No nos preguntó ¿qué ojos te gustaría tener? No nos preguntó por nuestra estatura, ni por el coeficiente de inteligencia. Pero para construir la vida definitiva, durante esta vida temporal, Dios sí nos viene a decir ¿cómo te gustaría tu otra vida? Y Dios nos dice que podemos construirla con su ayuda.

Por todo esto estamos seguros de que, como a la niña de que habla el Evangelio, también a los que hayamos muerto en Cristo, Jesús nos dirá: "contigo hablo, levántate". Y también nuestro sepulcro, como el del Resucitado, quedará para siempre vacío.


Los milagros de Jesús son también curación espiritual, P. Adolfo Franco, S.J., Blog: formación pastoral para laicos.