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26 de octubre de 2018

« ¡Hijo de David, ten compasión de mí! »

Domingo 30 del Tiempo Ordinario 
Del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 10:46-52)
 
46 Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. 47 Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!»

48 Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» 49 Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: «¡Animo, levántate! Te llama.» 50 Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.


51 Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?» El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!» 52 Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.
(Aciprensa.com)




S.S Benedicto XVI
Audiencia General
Domingo 29 de octubre de 2006




Queridos hermanos y hermanas:

En el evangelio de este domingo (Mc 10, 46-52) leemos que, mientras el Señor pasa por las calles de Jericó, un ciego de nombre Bartimeo se dirige a él gritando con fuerte voz: "Hijo de David, ten compasión de mí". Esta oración toca el corazón de Cristo, que se detiene, lo manda llamar y lo cura. El momento decisivo fue el encuentro personal, directo, entre el Señor y aquel hombre que sufría. Se encuentran uno frente al otro: Dios, con su deseo de curar, y el hombre, con su deseo de ser curado. Dos libertades, dos voluntades convergentes: "¿Qué quieres que te haga?", le pregunta el Señor. "Que vea", responde el ciego. "Vete, tu fe te ha curado". Con estas palabras se realiza el milagro. Alegría de Dios, alegría del hombre.

Y Bartimeo, tras recobrar la vista -narra el evangelio- "lo sigue por el camino", es decir, se convierte en su discípulo y sube con el Maestro a Jerusalén para participar con él en el gran misterio de la salvación [su pasión, muerte y resurrección]. Este relato, en sus aspectos fundamentales, evoca el itinerario del catecúmeno hacia el sacramento del bautismo, que en la Iglesia antigua se llamaba también "iluminación".

La fe es un camino de iluminación: parte de la humildad de reconocerse necesitados de salvación y llega al encuentro personal con Cristo, que llama a seguirlo por la senda del amor. Según este modelo se presentan en la Iglesia los itinerarios de iniciación cristiana, que preparan para los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. En los lugares de antigua evangelización, donde se suele bautizar a los niños, se proponen a los jóvenes y a los adultos experiencias de catequesis y espiritualidad que permiten recorrer un camino de redescubrimiento de la fe de modo maduro y consciente, para asumir luego un compromiso coherente de testimonio.

¡Cuán importante es la labor que realizan en este campo los pastores y los catequistas! El redescubrimiento del valor de su bautismo es la base del compromiso misionero de todo cristiano, porque vemos en el Evangelio que quien se deja fascinar por Cristo no puede menos de testimoniar la alegría de seguir sus pasos. En este mes de octubre, dedicado especialmente a la misión, comprendemos mucho mejor que, precisamente en virtud del bautismo, poseemos una vocación misionera connatural.

Invoquemos la intercesión de la Virgen María para que se multipliquen los misioneros del Evangelio.


Que cada bautizado, íntimamente unido al Señor, se sienta llamado a anunciar a todos el amor de Dios con el testimonio de su vida.


* * *

Después del Ángelus

El Papa condena enérgicamente los secuestros de personas

De muchas partes me llegan peticiones para que intervenga en favor de personas que, en diversos países del mundo, son víctimas de secuestros. A la vez que reafirmo la más firme condena de este crimen, aseguro mi recuerdo en la oración por todas las víctimas, así como por sus familiares y amigos. En particular, me uno al apremiante llamamiento que me han dirigido recientemente el arzobispo y la comunidad de Sássari en favor del señor Giovanni Battista Pinna, secuestrado el pasado 14 de septiembre, para que pronto pueda volver a estar con sus seres queridos.

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española aquí presentes, así como a los que participan a través de los medios de comunicación en esta oración mariana. Que la fe del ciego Bartimeo, que narra el evangelio de hoy, nos aliente a seguir decididamente a Jesucristo, nuestro Salvador, poniendo en él toda nuestra confianza. ¡Feliz domingo!

(En italiano)
Saludo ahora a los jóvenes delegados de las regiones italianas, reunidos durante estos días en Roma para la puesta en práctica del proyecto trienal de la Iglesia italiana denominado "Agorá de los jóvenes". Queridos amigos, bendigo vuestro camino y os espero en gran número para el gran encuentro de los jóvenes italianos programado para los días 1 y 2 de septiembre de 2007 en Loreto. Allí nos veremos. En ese amado santuario mariano viviremos juntos un momento de gracia, con la alegría de la fe y la perspectiva de la misión, también como preparación para la Jornada mundial de la juventud que se celebrará en Sydney en el año 2008.


Tomado de la Santa Sede,

8 de septiembre de 2018

¨Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente¨


Domingo 23 del Tiempo Ordinario 
Del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 7: 31 - 37) 

31 Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. 32 Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él.

33 El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. 34 Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Abrete!» 35 Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente.


36 Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. 37 Y se maravillaban sobremanera y decían «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»
(Aciprensa.com)



S.S Francisco
Ángelus
Domingo, 6 de setiembre de 2015



Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!

El Evangelio de hoy (Mc 7, 31-37) relata la curación de un sordomudo por parte de Jesús, un acontecimiento prodigioso que muestra cómo Jesús restablece la plena comunicación del hombre con Dios y con los otros hombres. El milagro está ambientado en la zona de la Decápolis, es decir, en pleno territorio pagano; por lo tanto, ese sordomudo que es llevado ante Jesús se transforma en el símbolo del no-creyente que cumple un camino hacia la fe. En efecto, su sordera expresa la incapacidad de escuchar y de comprender no sólo las palabras de los hombres, sino también la Palabra de Dios. Y san Pablo nos recuerda que «la fe nace del mensaje que se escucha» (Rm 10, 17).

La primera cosa que Jesús hace es llevar a ese hombre lejos de la multitud: no quiere dar publicidad al gesto que va a realizar, pero no quiere tampoco que su palabra sea cubierta por la confusión de las voces y de las habladurías del entorno. La Palabra de Dios que Cristo nos transmite necesita silencio para ser acogida como Palabra que sana, que reconcilia y restablece la comunicación.

Se evidencian después dos gestos de Jesús. Él toca las orejas y la lengua del sordomudo. Para restablecer la relación con ese hombre «bloqueado» en la comunicación, busca primero restablecer el contacto. Pero el milagro es un don que viene de lo alto, que Jesús implora al Padre; por eso, eleva los ojos al cielo y ordena: «¡Ábrete!». Y los oídos del sordo se abren, se desata el nudo de su lengua y comienza a hablar correctamente (cf. v. 35). La enseñanza que sacamos de este episodio es que Dios no está cerrado en sí mismo, sino que se abre y se pone en comunicación con la humanidad. En su inmensa misericordia, supera el abismo de la infinita diferencia entre Él y nosotros, y sale a nuestro encuentro. Para realizar esta comunicación con el hombre, Dios se hace hombre: no le basta hablarnos a través de la ley y de los profetas, sino que se hace presente en la persona de su Hijo, la Palabra hecha carne. Jesús es el gran «constructor de puentes» que construye en sí mismo el gran puente de la comunión plena con el Padre.

Pero este Evangelio nos habla también de nosotros: a menudo nosotros estamos replegados y encerrados en nosotros mismos, y creamos muchas islas inaccesibles e inhóspitas. Incluso las relaciones humanas más elementales a veces crean realidades incapaces de apertura recíproca: la pareja cerrada, la familia cerrada, el grupo cerrado, la parroquia cerrada, la patria cerrada… Y esto no es de Dios. Esto es nuestro, es nuestro pecado.

Sin embargo, en el origen de nuestra vida cristiana, en el Bautismo, están precisamente aquel gesto y aquella palabra de Jesús: «¡Effatá! – ¡Ábrete!». Y el milagro se cumplió: hemos sido curados de la sordera del egoísmo y del mutismo de la cerrazón y del pecado y hemos sido incorporados en la gran familia de la Iglesia; podemos escuchar a Dios que nos habla y comunicar su Palabra a cuantos no la han escuchado nunca o a quien la ha olvidado y sepultado bajo las espinas de las preocupaciones y de los engaños del mundo.

Pidamos a la Virgen santa, mujer de la escucha y del testimonio alegre, que nos sostenga en el compromiso de profesar nuestra fe y de comunicar las maravillas del Señor a quienes encontramos en nuestro camino.

LLAMAMIENTO

Queridos hermanos y hermanas:

La Misericordia de Dios se reconoce a través de nuestras obras, como nos ha testimoniado la vida de la beata Madre Teresa de Calcuta, de la que ayer hemos recordado el aniversario de su muerte.

Ante la tragedia de decenas de miles de refugiados que huyen de la muerte por la guerra y el hambre, y están en camino hacia una esperanza de vida, el Evangelio nos llama a ser «prójimos» de los más pequeños y abandonados. A darles una esperanza concreta. No vale decir sólo: «¡Ánimo, paciencia!...». La esperanza cristiana es combativa, con la tenacidad de quien va hacia una meta segura.

Por lo tanto, ante la proximidad del Jubileo de la misericordia, hago un llamamiento a las parroquias, a las comunidades religiosas, a los monasterios y a los santuarios de toda Europa para que expresen la realidad concreta del Evangelio y acojan a una familia de refugiados. Un gesto preciso en preparación del Año santo de la misericordia.

Que cada parroquia, cada comunidad religiosa, cada monasterio, cada santuario de Europa acoja a una familia, comenzando por mi diócesis de Roma.

Me dirijo a mis hermanos obispos de Europa, verdaderos pastores, para que en sus diócesis apoyen mi llamamiento, recordando que Misericordia es el segundo nombre del Amor: «En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40).

También las dos parroquias del Vaticano acogerán en los próximos días a dos familias de refugiados.

Después del Ángelus

Ahora diré unas palabras en español sobre la situación entre Venezuela y Colombia. En estos días, los obispos de Venezuela y Colombia se han reunido para examinar juntos la dolorosa situación que se ha creado en la frontera entre ambos países. Veo en este encuentro un claro signo de esperanza. Invito a todos, en particular a los amados pueblos venezolano y colombiano, a rezar para que, con un espíritu de solidaridad y fraternidad, se puedan superar las actuales dificultades.

Ayer en Gerona, en España, fueron proclamadas beatas Fidela Oller, Josefa Monrabal y Facunda Margenat, hermanas del instituto de Religiosas de San José de Gerona, asesinadas por su fidelidad a Cristo y a la Iglesia. A pesar de las amenazas y las intimidaciones, estas mujeres permanecieron valientemente en su lugar para asistir a los enfermos, confiando en Dios. Que su heroico testimonio, hasta la efusión de la sangre, conceda fortaleza y esperanza a cuantos hoy son perseguidos por su fe cristiana. Y sabemos que son muchos.

Hace dos días se inauguraron en Brazaville, capital de la República del Congo los undécimos Juegos Africanos, en los que participan miles de atletas de todo el continente. Deseo que esta gran fiesta del deporte contribuya a la paz, a la fraternidad y al desarrollo de todos los países de África. Saludemos a los africanos que están participando en estos undécimos Juegos.

Saludo cordialmente a todos vosotros, queridos peregrinos venidos de Italia y de varios países; en particular, al coro «Harmonia Nova» de Molvena, a las Hermanas Hijas de la Cruz, a los fieles de San Martino Buon Albergo y Caldogno, y a los jóvenes de la diócesis de Ivrea, que han llegado a Roma a pie por la Vía Francígena.

A todos os deseo un feliz domingo. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!


Tomado de la Santa Sede
La edición y el subrayado son nuestros

1 de julio de 2018

«Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.»


Domingo 13 del Tiempo Ordinario


Del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 5:21-43)

21 Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar. 22 Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, 23 y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.»

24 Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía. 25 Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, 26 y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, 27 habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. 28 Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.» 29 Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. 30 Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» 31 Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"» 32 Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. 33 Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. 34 El le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.»

35 Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos dicendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?» 36 Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe.»

37 Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. 39 Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.» 40 Y se burlaban de él. Pero él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. 41 Y tomando la mano de la niña, le dice: « Talitá kum », que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate.» 42 La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. 43 Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.
(Aciprensa.com)


S.S Benedicto XVI
Plaza de San Pedro 
Domingo 1 de julio de 2012



Queridos hermanos y hermanas:

Este domingo, el evangelista san Marcos nos presenta el relato de dos curaciones milagrosas que Jesús realiza en favor de dos mujeres: la hija de uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y una mujer que sufría de hemorragia (cf. Mc 5, 21-43). Son dos episodios en los que hay dos niveles de lectura; el puramente físico: Jesús se inclina ante el sufrimiento humano y cura el cuerpo; y el espiritual: Jesús vino a sanar el corazón del hombre, a dar la salvación y pide fe en él. En el primer episodio, ante la noticia de que la hija de Jairo había muerto, Jesús le dice al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe» (v. 36), lo lleva con él donde estaba la niña y exclama: «Contigo hablo, niña, levántate» (v. 41). Y esta se levantó y se puso a caminar. San Jerónimo comenta estas palabras, subrayando el poder salvífico de Jesús: «Niña, levántate por mí: no por mérito tuyo, sino por mi gracia. Por tanto, levántate por mí: el hecho de haber sido curada no depende de tus virtudes» (Homilías sobre el Evangelio de Marcos, 3). El segundo episodio, el de la mujer que sufría hemorragias, pone también de manifiesto cómo Jesús vino a liberar al ser humano en su totalidad. De hecho, el milagro se realiza en dos fases: en la primera se produce la curación física, que está íntimamente relacionada con la curación más profunda, la que da la gracia de Dios a quien se abre a él con fe. Jesús dice a la mujer: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad» (Mc 5, 34).

Para nosotros estos dos relatos de curación son una invitación a superar una visión puramente horizontal y materialista de la vida. A Dios le pedimos muchas curaciones de problemas, de necesidades concretas, y está bien hacerlo, pero lo que debemos pedir con insistencia es una fe cada vez más sólida, para que el Señor renueve nuestra vida, y una firme confianza en su amor, en su providencia que no nos abandona.

Jesús, que está atento al sufrimiento humano, nos hace pensar también en todos aquellos que ayudan a los enfermos a llevar su cruz, especialmente en los médicos, en los agentes sanitarios y en quienes prestan la asistencia religiosa en los hospitales. Son «reservas de amor», que llevan serenidad y esperanza a los que sufren. En la encíclica Deus caritas est, expliqué que, en este valioso servicio, hace falta ante todo competencia profesional —que es una primera necesidad fundamental—, pero esta por sí sola no basta. En efecto, se trata de seres humanos, que necesitan humanidad y atención cordial. «Por eso, dichos agentes, además de la preparación profesional, necesitan también y sobre todo una “formación del corazón”: se les ha de guiar hacia el encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro» (n. 31).

Pidamos a la Virgen María que acompañe nuestro camino de fe y nuestro compromiso de amor concreto especialmente a los necesitados, mientras invocamos su maternal intercesión por nuestros hermanos que viven un sufrimiento en el cuerpo o en el espíritu.

Después del Ángelus
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los jóvenes de la Parroquia de San Agustín de Guadalix. En el evangelio de hoy, Jesús le dice a Jairo: «No temas; basta que tengas fe», y tomando de la mano a su hija le devuelve la vida. Queridos hermanos, gracias a la fe, Jesús nos hace participar en su misma vida divina. Que este tiempo de vacaciones sea una oportunidad para fortalecer la fe, a través de la oración y la caridad. Feliz domingo.

La edición y resaltado son nuestros



6 de septiembre de 2015

¨Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "Effetá", esto es "Ábrete". Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad¨.


Domingo 23 del tiempo Ordinario

Evangelio: Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "Effetá", esto es "Ábrete". Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos."
(Aciprensa.com)

Comentario:JESUS ES EL ROSTRO HUMANO DE DIOS y  tanto en sus palabras y gestos nos mostraba al Padre. Por ello curaba a la gente no sólo porque quería decir: ¨Dios te ama y se preocupa por tí¨ sino que quería dar un mensaje muy concreto a la sociedad de su tiempo.
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En ese tiempo, como no se conocía bien el origen de las enfermedades y de las discapacidades , LOS JUDIOS CREIAN QUE ERA POR ALGUNA MALDICION O PECADO COMETIDO POR EL ENFERMO O ALGUN ANTEPASADO. Y  si era ¨gentil¨, no judío, con mayor razón pues pensaban que no era del pueblo elegido por Dios.  Por ello, la sociedad judía marginaba a los enfermos y discapacitados, y los apartaba de la convivencia social. Jesús al curar, desterraba ese falso mandamiento y decía: ¨Las leyes que tienen poco tienen de Dios, vuelvan a Dios para que purifiquen sus leyes¨ Como se refería el evangelio del domingo pasado.
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Así este hombre sordo, mudo y seguramente ¨gentil¨, pues vivía en una zona no judía,  es presentado ante Jesús.  El lo aparta no sólo para dedicarse solo a él, sino pues conocía muy bien lo que pensaba y lo que esperaba la gente. No querían ver manifestado el amor de Dios sino un prodigio del cual admirarse. Querían ver confirmadas su esperanza humana con un un libertador político-militar de la opresión judía.
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Al dirigirse a su padre, mirando al cielo, nos muestra cuan importante es TENER PRESENTE A DIOS EN TODO LO BUENO QUE HAGAMOS, no para que tengamos éxito sino para que Él lo haga a través de nosotros y resulte sólo como Él quiere que sea.
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Y  lo cura con dos gestos: El tocar sus oidos y poner saliva en su lengua. Lo que NOS RECUERDA AL RITO DEL SACRAMENTO DEL BAUTISMO.  Nuestros oídos están abiertos para escuchar la Palabra de Dios y nuestras lenguas se sueltan para hablar de Cristo a los demás. Esto recibimos en el bautismo aunque no recibamos los gestos.
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El bautismo nos permite asumir un compromiso total de nuestra parte a la forma de vida que Jesús nos llama a seguir. Para ello, es my importante ESCUCHAR LO QUE JESUS NOS DICE Y EL COMPARTIR NUESTRA FE CON OTROS , no sólo con palabras sino sobre todo con la vida propia en donde nos encontremos. Debemos ser ¨naturalmente¨  buen(as) hij(as) de Dios. Gracias  Gracias 

    
Para profundizar:
Comentario sobre Isaías 35: 4-7; Santiago 2: 1-5; Marcos 7: 31-37

Con la lectura del Evangelio de hoy entramos en una parte central del Evangelio de Marcos. La sección comienza con la curación de un sordo y termina con la curación de un ciego. Estos no son sólo historias milagrosas sobre el poder de Jesús, sino que tienen una finalidad docente.
 

Jesús acaba de estar en la zona gentil de Tiro y Sidón (en la costa mediterránea en el Líbano moderno) y ha pasado a la zona de la Decápolis, en la orilla oriental del río Jordán. Básicamente gentil, una zona no judía.
 

Hay un hombre que es llevado delante de Jesús para que lo sane. Él era sordo, es decir, que no podía oír y tenía un impedimento en el habla. No se dice que era así de nacimiento.


Escucha restaurada
El proceso de curación que utiliza Jesús es casi como un ritual y, de hecho, lo fue. Jesús pone sus dedos en el oído del hombre y pone saliva en la lengua. (La saliva se cree que tienen propiedades curativas y hoy sabemos que esto es realmente cierto.) Al mismo tiempo, Jesús miró al cielo - a su padre - y dijo, en arameo, "äbrete".


Inmediatamente el hombre fue sanado: podía oír y hablar perfectamente. Las personas a su alrededor quedaron asombradas. Ellos gritaron casi a coro: "Él ha hecho todas las cosas bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos". Estaban haciendo eco de las hermosas palabras de Isaías en la primera lectura: " Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará." El futuro prometido por el profeta ahora ha llegado.


Modelo de bautismo

La manera en que Jesús sana al hombre nos recuerda el Sacramento del Bautismo.
A través del don de la fe que precede al Bautismo adulto, nuestros oídos están abiertos a escuchar la Palabra de Dios y nuestras lenguas se sueltan para hablar de Cristo a los demás. Antes de la consciencia de los gérmenes, en la ceremonia de bautismo el sacerdote tocaba los oídos  y ponía saliva en la lengua del que se bautizaba.


El bautismo es un signo de nuestra incorporación plena en el Cuerpo de Cristo, su Iglesia. Se trata de un compromiso total de nuestra parte a la forma de vida que Jesús nos llama a seguir. Una parte constituyente de ese compromiso es una creciente apertura a escuchar lo que Jesús nos dice  y una creciente capacidad de poder compartir nuestra fe con otros.
A diferencia del hombre en la historia del Evangelio normalmente nos encontramos inmediatamente dotados con estos regalos.


Pobres oyentes, Pobres hablantes

Si somos honestos, veremos que muchos de nosotros en realidad no somos muy buenos en escuchar o hablar, lo que Dios quiere. Algunos incluso han dejado de hacerlo. En las clases de catecismo oyeron todo acerca de los 7 sacramentos, los 10 mandamientos de Dios, los 6 mandamientos de la Iglesia, los 7 pecados capitales y ahora sienten que no hay nada más que aprender.


Ellos no se dan cuenta, pero ¡Se han vuelto sordos! Y, al ser sordos, no pueden hablar bien. No tienen nada que decir, nada que compartir.
Por desgracia, no es infrecuente ver católicos que son altamente calificados en su profesión, pero son básicamente analfabetos en su fe. Lo que realmente es preocupante es que, en su ignorancia, a menudo no son lentos para criticar y decir a los demás lo que el cristianismo no se trata.


Otros, sin embargo, son buenos para escuchar. Ellos quieren saber más sobre el significado de Jesús y de su Evangelio en las circunstancias cambiantes de la vida. Pero, aunque sean muy buenos para escuchar poco hablan, poco comparten,. Sin embargo, para escuchar la Palabra de Dios y no proclamarla es, en la mente del Evangelio, una contradicción. Como Jesús dijo una vez, no hay mucho sentido en encender una lámpara para esconderla. Se enciende una lámpara para compartir su luz.


En el Evangelio, realmente se escucha la Palabra cuando se lleva a la práctica. "Audición" implica: escuchar, comprender, hacerse uno mismo con el mensaje y vivirlo en palabra y acción.


Un evangelista comprometido
Aunque Jesús trató de frenar al hombre en el Evangelio de hoy, el hombre curado y todos los que lo rodeban proclaman lo que había pasado dondequiera que iban. Realmente el hombre sólo tenía que hacerlo. Después de todo, ahora estaba escuchando y ahora era capaz de compartir con otros lo que había oído y experimentado. Si estábamos muy entusiasmados con la Buena Nueva de Jesucristo, si es que estamos muy emocionados por la experiencia de tener su visión de vida, tendríamos que hacer exactamente lo mismo.


Si fuéramos como los discípulos después de Pentecostés, si nuestro ser cristiano fue verdaderamente una experiencia profunda y liberadora y no sólo un conjunto de doctrinas para acomodarse a nosotros no podríamos quedarnos sin dejar que otras personas sepan.


Religión privada
El problema es que durante mucho tiempo que vemos nuestros religiosidad como algo personal entre nosotros y Dios: ser moralmente buenos, vivir en estado de gracia, ir a la iglesia a horas fijas y recibir los sacramentos. El hombre rico en el Evangelio le dijo a Jesús que él había guardado todos los mandamientos. ¿Tengo que hacer algo más? preguntó. Sí, se le dijo, dejar de lado todo lo que tienes, compartirlo con los pobres y necesitados, entonces ven y sígueme.


¿Aún no hemos escuchado ese mensaje todavía? ¿Hemos, oído la segunda lectura de hoy? ¿Cómo tratamos a las otras personas en nuestra sociedad? Si somos honestos, sabemos que ha habido momentos en los que hemos tratado a la gente exactamente de la forma en que Santiago describe: Generosos con nuestros amigos adinerados o con personas que creemos importantes y somos ¨mano cerrada¨ incluso groseros, con extraños, especialmente con los que están, evidentemente, en el peldaño más bajo de la sociedad.


¿Cuáles son nuestras actitudes hacia la riqueza y la pobreza? ¿Qué personas realmente son ricas y enriqueederas? ¿Qué tipo de riqueza buscamos? ¿Estamos totalmente libre de la discriminación en las áreas de sexo, raza, religión, clase, ocupación ...?


Nuestras respuestas a estas preguntas nos dirán cuánto realmente hemos escuchado la Palabra de Dios. Ellos también nos dicen cómo nos comunicamos con los demás por nuestras palabras y nuestras acciones y actitudes.


Cuan a menudo somos sordos y a menudo tontos. Hemos perdido la capacidad para oír y hablar. Hemos perdido la capacidad de reconocer la voz de Dios que nos llama en las muchas situaciones cambiantes de la vida, tanto buenas como malas. Dios está gritándonos a través de los periódicos y programas de televisión. Cuando vemos algo que no nos gusta ¿Qué decimos?: "¿Cómo está el mundo? Y cambiamos de canal, al mundo del ¨nunca jamás¨ de las telenovelas o deportes.
 

Así, oremos hoy por el don de la Escucha, para escuchar la voz de Dios llamando a nosotros en todo lo que va a pasar este día. Oremos por el don de la palabra, es decir, para ser tan llenos de la experiencia liberadora de conocer a Jesús que simplemente no podemos dejar de compartir esa experiencia con todos los que nos rodean.
 

La edición y el subrayado son nuestros 
Tomado de Living Space. Commentaries on the daily readings.


Que la Misericordia y la confianza en Dios no te falte

Gracias




10 de diciembre de 2012

¨El Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados¨

Del Santo Evangelio según San Lucas 5,17-26
Un día estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor lo impulsaba a curar.

Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo para colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, separando las losetas, lo descolgaron con la camilla hasta el centro, delante de Jesús. Él, viendo la fe que tenían, dijo: "Hombre, tus pecados están perdonados."

Los escribas y los fariseos se pusieron a pensar: "¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?" Pero Jesús, leyendo sus pensamientos, les replicó: "¿Qué pensáis en vuestro interior? ¿Qué es más fácil: decir "tus pecados quedan perdonados", o decir "levántate y anda"? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados -dijo al paralítico-: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa." Él, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios.

Todos quedaron asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo llenos de temor: "Hoy hemos visto cosas admirables". 
(Aciprensa.com)

Comentario:

Sentado, Jesús enseña. 
A la gente le gustaba escucharle. ¿Cuál es el tema de la enseñanza de Jesús? Hablaba siempre de Dios, de su Padre, pero hablaba de él de forma nueva, atractiva, no como hacían los escribas y los fariseos. (Mc 1,22.27). Jesús representaba a Dios como la gran Buena Noticia para la vida humana; a un Dios Padre/Madre que ama y acoge a las personas, y a un Dios que no amenaza, ni condena.

Un paralítico es transportado por cuatro hombres. 
Jesús es para ellos la única esperanza. Viendo su fe, dice al paralítico: ¡tus pecados te son perdonados! En aquel tiempo, la gente creía que los defectos físicos (parálisis, etc.) fuesen un castigo de Dios por los pecados cometidos. Por ello, los paralíticos y muchos otros discapacitados físicos se sentían rechazados y excluidos por Dios. Jesús enseñaba lo contrario. La fe tan grande del paralítico era una señal evidente de que aquellos que lo ayudaban eran acogidos por Dios. Por ello Jesús exclama: ¡Tus pecados te son perdonados! Es decir: “Dios no te rechaza”.

• La afirmación de Jesús no sintoniza con la idea que los doctores tenían de Dios. 
Por ello reaccionan: ¡Ese hombre habla de forma muy escandalosa! Según su enseñanza, solamente Dios podía perdonar los pecados. Y solamente el sacerdote podía declarar que una persona es perdonada y purificada. ¿Cómo es que Jesús sin estudios, un seglar, podía declarar al paralítico que era perdonado y purificado de sus pecados? Y entonces, si un simple seglar podía perdonar los pecados, los doctores y los sacerdotes iban a perder su poder y además ¡la fuente de sus entradas! Por esto reaccionan y se defienden.

Jesús justifica su acción. 
Ël dice: ¿Qué es más fácil decir: Tus pecados te son perdonados o levántate y anda? Evidentemente, es mucho más fácil decir: “Tus pecados te son perdonados”. Ya que nadie puede comprobar, de hecho, si el pecado ha sido perdonado o no. Pero si yo digo: “¡Levántate y anda!”, en este caso todos pueden ver si uno tiene poder o no de sanar. Por ello, para demostrar que, en nombre de Dios, él tenía poder de perdonar los pecados, Jesús dice al paralítico: ”¡Levántate y anda!” ¡Sana al hombre! Y así hace ver que la parálisis no es un castigo de Dios por el pecado, y hace ver que la fe de los pobres es una muestra de que Dios los acoge en su amor.

 
La edición y el subrayado son nuestros

En este día, descubramos que Jesús es el hijo de Dios quien tiene poder para leer nuestros corazones y perdonar nuestros pecados.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias


7 de diciembre de 2012

"Que os suceda conforme a vuestra fe."


Del Santo Evangelio según San Mateo 9, 27-31

En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando: "Ten compasión de nosotros, hijo de David." Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: "¿Creéis que puedo hacerlo?" Contestaron: "Sí, Señor." Entonces les tocó los ojos, diciendo: "Que os suceda conforme a vuestra fe." Y se les abrieron los ojos.

Jesús les ordenó severamente: "¡Cuidado con que lo sepa alguien!" Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.
(Aciprensa.com)


Comentario:

Otra vez, el evangelio de hoy nos pone delante el encuentro de Jesús con la miseria humana. Jesús no se echa atrás, no se esconde. Acoge a las personas y en su acogida entrañable revela el amor de Dios. 


• Dos ciegos siguen a Jesús y gritan: “¡Hijo de David, ten compasión de nosotros!”. A Jesús no le gustaba mucho el título de Hijo de David. Critica la enseñanza de los escribas que decían que el Mesías tenía que ser hijo de David: “El mismo David lo llama su Señor: ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?” (Mc 12,37). La incoherencia es mayor, pues, pensaban que el Mesías sería un libertador político.

• Cuando Jesús llega a la casa, pregunta a los ciegos: “¿Creen que yo puedo sanarlos?” Y ellos responden: “Sí, Señor!” Una cosa es tener una correcta doctrina en la cabeza, otra cosa es tener fe en el corazón. La doctrina de los dos ciegos no era muy correcta, ya que llamaban a Jesús, Hijo de David. Pero a Jesús no le importa que le llamen así, a él le importa que tengan fe.  

• Entonces les toca los ojos y dice: “Reciban ustedes lo que han creído” Inmediatamente los ojos se abrieron. A pesar de no acertar en la doctrina, los dos ciegos tienen fe. Hoy en día muchas personas están más preocupadas con tener una doctrina que la fe.

• Es bueno que no olvidemos un pequeño detalle de hospitalidad. Jesús llega a casa y los dos ciegos entran ellos también en su casa, como la cosa más normal del mundo. Se sienten ‘en casa’ en la casa de Jesús. Y ¿hoy? Una religiosa decía: “¡Hoy en día la situación del mundo es tal que me siento desconfiada hasta con los pobres!” La situación ha cambiado mucho.

• Jesús pide que no divulguen el milagro. Pero la prohibición no es respetada. Los dos ciegos salen y difunden la Buena Noticia. Anunciar el evangelio, es decir la Buena Noticia, quiere decir compartir con los demás el bien que Dios nos hace en la vida.

 

La edición y el subrayado son nuestros

La Fe en el catecismo:

Creer solo en Dios

150 La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado. En cuanto adhesión personal a Dios y asentimiento a la verdad que él ha revelado, la fe cristiana difiere de la fe en una persona humana. Es justo y bueno confiarse totalmente a Dios y creer absolutamente lo que él dice. Sería vano y errado poner una fe semejante en una criatura (cf. Jr 17,5–6; Sal 40,5; 146,3–4).

Creer en Jesucristo, el Hijo de Dios


151 Para el cristiano, creer en Dios es inseparablemente creer en aquel que él ha enviado, "su Hijo amado", en quien ha puesto toda su complacencia (Mc 1,11). Dios nos ha dicho que les escuchemos (cf. Mc 9,7). El Señor mismo dice a sus discípulos: "Creed en Dios, creed también en mí" (Jn 14,1). Podemos creer en Jesucristo porque es Dios, el Verbo hecho carne: "A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado" (Jn 1,18). Porque "ha visto al Padre" (Jn 6,46), él es único en conocerlo y en poderlo revelar (cf. Mt 11,27).

Creer en el Espíritu Santo

152 No se puede creer en Jesucristo sin tener parte en su Espíritu. Es el Espíritu Santo quien revela a los hombres quién es Jesús. Porque "nadie puede decir: `Jesús es Señor' sino bajo la acción del Espíritu Santo" (1 Cor 12,3). "El Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios...Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Cor 2,10–11). Sólo Dios conoce a Dios enteramente. Nosotros creemos en el Espíritu Santo porque es Dios.

La Iglesia no cesa de confesar su fe en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
 


En este día, descubramos que podemos recibir la misericordia del Señor a pesar de que nuestra Fe, no sea verdadera y completa.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias



 

5 de diciembre de 2012

"Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer.¨


Del Santo Evangelio según San Mateo 15,29-37

En aquel tiempo, Jesús, bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él. Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies, y él los curaba. La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y dieron gloria al Dios de Israel.

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: "Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino." Los discípulos le preguntaron: "¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?" Jesús les preguntó: "¿Cuántos panes tenéis?" Ellos contestaron: "Siete y unos pocos peces." Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas.  (Aciprensa.com)

Comentario: 

1. Un banquete delicioso
1.1 Un banquete no es solamente una gran cantidad o una buena calidad de comida. Es un punto alto y bello de la relación entre los parientes o amigos. Por lo menos así lo ha entendido siempre el Oriente, donde invitar a comer es un modo elocuente de abrir el corazón.


1.2 Y sin embargo, la abundancia importa; no sólo por la satisfacción deleitable del paladar y los sentidos, sino por lo que ello implica de descanso y confianza hacia el futuro. Abundancia de algún modo significa provisión futura. Por eso, en la lectura del profeta Isaías del día de hoy, junto a la imagen del banquete abundante está el triunfo sobre la muerte. He aquí la victoria que aguarda el profeta: vida que se hace fuerte por el alimento y vida que recibe defensa contra la muerte. Fuertes por dentro y protegidos por fuera: esa es la imagen de los redimidos.


2. El Banquete de Cristo y Cristo como alimento 
2.1 Cristo prepara un banquete para los suyos, con lo que cumple de modo magnífico y pleno lo vislumbrado por el profeta. Un banquete sobrio en cuanto a las viandas pero delicioso en su manera de manifestar la providencia. 
 
2.2 Miremos más de cerca las características de esta cena peculiar: se trata de la comida que ha nacido de su compasión; se trata de alimento para que no desfallezcan por el camino, es decir: es comida para el camino; se trata de comida que reparten sus discípulos; se trata, finalmente, de comida "en acción de gracias", capaz de saciar a todos. 

 
2.3 Estas características son propias del mismo Cristo. Su presencia entre nosotros nace de la compasión; está a nuestro lado sosteniendo nuestro caminar; llega a nosotros por ministerio de sus apóstoles y predicadores; él es nuestra Eucaristía y puede saciar todo corazón y todo anhelo. 


La edición y el subrayado son nuestros
Fr. Nelson Medina, O.P. - homiletica.org


En este día, descubramos que el Señor no es ajeno a nuestro sufrimiento sino compasivo, pues está atento a nuestras necesidades y sufre con nosotros .
Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias

3 de diciembre de 2012

"Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano.¨

Del Santo Evangelio según San Mateo 8,5-11

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: "Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho." Jesús le contestó: "Voy yo a curarlo." Pero el centurión le replicó: "Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace."

Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: "Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos".
(Aciprensa.com)

Comentario: 

El Evangelio de hoy es un espejo. Evoca en nosotros las palabras que repetimos durante la Misa antes de comulgar: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. Mirando al espejo, este texto sugiere lo siguiente:

La persona que busca a Jesús es un pagano, un soldado del ejército romano, que dominaba y explotaba a la gente. No es la religión, ni el deseo de Dios, sino más bien el sufrimiento y la necesidad que le impulsan a buscar a Jesús. Jesús no tiene ideas preconcebidas. No exige nada antes, acoge y escucha la petición del oficial romano. 


• La respuesta de Jesús sorprende al centurión, ya que supera su expectativa. El centurión no esperaba que Jesús fuera a su casa. Se siente indigno: “Yo no soy digno”. Quiere decir que consideraba a Jesús como a una persona muy superior. 

 
• El centurión expresa su fe en Jesús diciendo: “Di una sola palabra y mi siervo sanará”. El cree que la palabra de Jesús es capaz de sanar. ¿De dónde le nace una fe tan grande? ¡De su experiencia profesional de centurión! Porque cuando un centurión da órdenes, el soldado obedece. ¡Tiene que obedecer! Y así se imagina que ocurra con Jesús: basta que Jesús diga una palabra, y las cosas acontecen según la palabra. El cree que la palabra de Jesús encierra una fuerza creadora. 


 • Jesús queda admirado y elogia la fe del centurión. La fe no consiste en aceptar, repetir y declarar una doctrina, sino en creer y confiar en la persona de Jesús.

La edición y el subrayado son nuestros
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas

En este día, descubramos que la fe nace de nuestra vida cotidiana, en la necesidad, en el dolor  o  en lo que nos dedicamos y que consiste en el abandono y la total confianza en Jesús. 

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias

19 de noviembre de 2012

"Recobra la vista, tu fe te ha curado"

Del santo Evangelio según San Lucas 18, 35-43
 

En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello, y le explicaron: "Pasa Jesús Nazareno". Entonces gritó: "¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!"

Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!" Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?" El dijo: "Señor, que vea otra vez". Jesús le contestó: "Recobra la vista, tu fe te ha curado". En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.
(Aciprensa.com)

Comentario:

• El evangelio de hoy describe la llegada de Jesús a Jericó. Es la última parada antes de la subida a Jerusalén, donde se realiza el “éxodo” de Jesús según había anunciado en su Transfiguración (Lc 9,31) y a lo largo de la caminada hasta Jerusalén (Lc 9,44; 18,31-33).

Lucas 18,35-37: El ciego sentado junto al camino. 

“Cuando se acercaba a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús”. En el evangelio de Marcos, el ciego se llama Bartimeo (Mc 10,46). Al ser ciego, no podía participar en la procesión que acompañaba a Jesús. En aquel tiempo, había muchos ciegos en Palestina, pues el sol fuerte golpeando contra la tierra pedregosa emblanquecida hacía mucho daño a los ojos sin protección.

Lucas 18,38-39: El grito del ciego y la reacción de la gente.  

“Entonces el ciego gritó: "Jesús, hijo de David, ¡ten piedad de mí!" E invoca a Jesús usando el título de “Hijo de David”. El catecismo de aquella época enseñaba que el mesías sería de la descendencia de David, “hijo de David”, mesías glorioso. A Jesús no le gustaba este título. Citando el salmo mesiánico, él llegó a preguntar: “¿Cómo es que el mesías puede ser hijo de David si hasta el mismo David le llama “mi Señor” (Lc 20,41-44) ? El grito del ciego incomodaba a la gente que acompañaba a Jesús. Por esto, “Los que iban delante le increpaban para que se callara”. Ellos trataban de acallar el grito, pero él gritaba mucho más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!” Hoy también, el grito de los pobres incomoda la sociedad establecida: migrantes, enfermos de SIDA, mendigos, refugiados, ¡tantos!

Lucas 18,40-41: La reacción de Jesús ante el grito del ciego. 

Y Jesús ¿qué hace? “Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran”. Los que querían acallar el grito del pobre, ahora, a petición de Jesús, se ven obligados a ayudar al pobre a que llegue hasta Jesús. El evangelio de Marcos añade que el ciego dejó todo y se fue hasta Jesús. No tenía mucho. Apenas un manto. Pero era lo que tenía para cubrir su cuerpo (cf. Es 22,­25-26). Era su seguridad, ¡su tierra firme! Hoy también Jesús escucha el grito de los pobres que a veces nosotros no queremos escuchar. Cuando se acercó, le preguntó: “¿Qué quieres que te haga?” No basta gritar. ¡Hay que saber porqué se grita! Él dijo: “¡Señor, que vea!”.

Lucas 18,42-43: “Recobra tu vista.” 

Jesús dice: "Recobra tu vista Tu fe te ha salvado¨. Y al instante recobró la vista y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios”. El ciego había invocado a Jesús con ideas no totalmente correctas, pues el título de “Hijo de David” no era muy exacto. Pero él tiene más fe en Jesús que en sus ideas sobre Jesús. Dio en el blanco. No expresa exigencias como Pedro (Mc 8,32-33). Sabe entregar su vida aceptando a Jesús sin imponer condiciones. La curación es el fruto de su fe en Jesús. Curado, sigue a Jesús y sube con él a Jerusalén. De este modo, se vuelve discípulo, modelo para todos nosotros que queremos “seguir a Jesús por el camino” hacia Jerusalén: creer más en Jesús que en nuestras ideas sobre Jesús. En esta decisión de caminar con Jesús está la fuente de valor y la semilla de la victoria sobre la cruz. Pues la cruz no es una fatalidad, ni una exigencia de Dios. Es la consecuencia del compromiso de Jesús, en obediencia al Padre, de servir a los hermanos y no aceptar privilegios.

La fe es una fuerza que transforma a las personas.
La Buena Nueva del Reino estaba escondida entre la gente, escondida como el fuego bajo las cenizas de las observancias sin vida. Jesús sopla sobre las cenizas y el fuego se enciende, el Reino aparece y la gente se alegra. La condición es siempre la misma: creer en Jesús. La curación del ciego aclara un aspecto muy importante de nuestra fe. A pesar de invocar a Jesús con ideas no del todo correctas, el ciego tuvo fe y fue curado. Se convirtió, lo dejó todo y siguió a Jesús por el camino del Calvario. La comprensión total del seguimiento de Jesús no se obtiene por la instrucción teórica, sino por el compromiso práctico, caminando con él por el camino del servicio, desde Galilea hasta Jerusalén. Aquel que insiste en mantener la idea de Pedro, esto es, del Mesías glorioso sin la cruz, no va a entender nada de Jesús y no llegará nunca a tomar la actitud del verdadero discípulo. Aquel que sabe creer en Jesús y se entrega (Lc 9,23-24), que acepta ser el último (Lc 22,26), beber el cáliz y cargar con su cruz (Mt 20,22; Mc 10,38), éste, al igual que el ciego, aún teniendo las ideas no enteramente justas, “seguirá a Jesús por el camino” (Lc 18,43). En esta certeza de caminar con Jesús está la fuente de la audacia y la semilla de la victoria sobre la cruz.

  
La edición y el subrayado son nuestros

Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas

En este día, descubramos que aquel que sabe creer en Jesús y se entrega , que acepta ser el último, beber el cáliz y cargar con su cruz  seguirá a Jesús por el camino.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias.