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27 de octubre de 2013

¨Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."

Del Santo Evangelio según San Lucas 18, 9-14;
Domingo 30 del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:"¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo."El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo:"¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. "Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido." (Aciprensa.com)

Comentario:

Una de las lecciones de las lecturas de hoy es que Dios escucha especialmente al pecador y a los pobres. Pero podemos que dar extrañados con esto. ¿No debería escuchar a la gente "buena" que está tratando de cumplir sus leyes? Eso fue sin duda la actitud de los fariseos en el Evangelio de hoy.

Cuando alguien nos ofende, ¿cómo nos sentimos? Muchas veces somos propensos a sentirnos enojados y heridos. Queremos tomar algún tipo de venganza, para castigar a esa persona. Por lo menos, nos gustaría asegurarnos de que él o ella, no se comporte hacia nosotros de la misma manera.

No es de extrañar, entonces, que muchos creen, después de haber hecho algo malo, que Dios ha sido "ofendido". Su reacción debe ser como la nuestra, y con mayor razón: él es el jefe. Después de hacer algo que sabemos que es un gran error, podríamos preguntarnos cómo Dios pueda seguir amándonos. Sin embargo, y si esa es la manera en que pensamos, estamos muy equivocados.

Pero, ¿cómo Dios puede decir que ama a un pecador? Es precisamente un pecador quien es la persona que mas necesita del amor de Dios y de su ayuda. Dios - a diferencia de nosotros - no ve el pecado como una "ofensa" contra sí mismo. Más bien, él ve al pecador como una persona que ha cometido un grave error y necesita ser sanado y restaurado. Es el pecador que está herido, no Dios. Este es el significado de las parábolas del Buen Pastor y del Hijo Pródigo, que leimos domingos atrás.

Extraña escena

Así, en el Evangelio de hoy tenemos la extraña escena entre un fariseo y un recaudador de impuestos. El fariseo, - claramente tiene pruebas para demostrarlo - es la "buena" persona. Sigue atentamente la Ley de los Judios y los Mandamientos de Dios. Se observa fielmente las obligaciones de un buen Judio: ora, ayuna, y da limosna. Y sin embargo, Dios no está contento con él. ¿Por qué? Debido a que es básicamente una persona totalmente centrada en si misma. Él dice: "Te doy gracias, Dios, que yo no soy como los demás, especialmente este terrible recaudador de impuestos ..." Lo que en realidad está diciendo es: "Dios, debes estar profundamente agradecido de que tienes a alguien como yo (y no hay muchos de nosotros), alguien que sea tan fiel en el seguimiento de tus mandamientos ... "

Cuando ora, ayuna, da limosna, no es porque él ama a Dios (o los pobres) y quiere servir a Dios. Es porque él se ama a sí mismo, es el centro de toda su existencia. Hasta Dios está fuera de ella. Dios debe ser muy feliz de tener un ejemplo tan raro como él. Sobre todo cuando muchos son como el recaudador de impuestos.

Jesús critica a los fariseos por no ser conscientes de todas las cosas buenas que provienen de Dios. Sin Dios, no podrían hacer nada, sin Él no serían nada.

Obtener su "merecido '
Podemos pensar fácilmente la idea de que el snob consigue su 'merecido "y la persona modesta es alabado. Esto es un valor que nuestra sociedad, al menos en teoría, por lo general acepta. Sin embargo, si fuéramos más honestos, podríamos encontrar que hay mucho de aquel fariseo en nosotros mismos. Veamos, a modo de experimento, la oración de un "buen" católico. Podría ser algo como esto: "Gracias, Dios, que soy un católico y no como esos protestantes engañados y paganos materialistas. Voy fielmente a misa todos los domingos y suelo recibir la Comunión y de vez en cuando voy a la Confesión. Soy generoso con las colectas de la iglesia, mis hijos están bautizados y van a buenas escuelas católicas. Soy fiel a mi esposa (bueno, tal vez no sea un pecadillo) y, gracias a Dios, tengo éxito en mi negocio. No siempre es fácil, pero trato de mantenerlo en la ley. Quiero ver a todos mis hijos que les vaya tan bien como a mi o incluso mejor. Una vez al año hago un retiro. Yo, por supuesto, no pretendo ser un santo, pero soy un promedio, tal vez superior al promedio, voy a la iglesia católica, que es más de lo que muchos de los llamados católicos y no católicos que conozco. Gracias, Dios, que no he llegado a ser como cualquiera de ellos. "

Podríamos comparar esta actitud con la aparente jactancia de Pablo - otro fariseo - en la segunda lectura de hoy. "He peleado la buena batalla ...", dice con evidente satisfacción. Sin embargo, su actitud es muy diferente a la del fariseo o "buen" católico. En primer lugar, todo lo que él logró atribuye a su Señor y, segundo, toda su vida la había vivido como una "libación" [ofrenda], de todas sus energías derramadas, no para sí, sino para que otros puedan llegar a conocer, como lo hizo, el poder del amor de Cristo en sus vidas.

Un pecado
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Por otra parte, el recaudador de impuestos es sin duda un pecador. Él seguramente no observa la ley judía. Si él es como el recaudador de impuestos promedio, es un estafador y extorsionista. Recoge dinero de los impuestos de los suyos - oprimidos - y los entrega en manos de los odiados romanos. Realmente es un pecador. Él realmente se comporta de manera abominable delante de Dios y del prójimo. Y ¡Dios le ama!

Para Jesús, cuando el recaudador de impuestos se aparta del templo, lo hizo como un amigo de Dios, mientras que el fariseo fue rechazado. ¿Por qué? ¿Es la justicia de Dios? La razón es que, a pesar de que el recaudador de impuestos es, sin duda, un pecador, confiesa su pecado. Él sabe que por sí mismo no se puede hacer nada, que no puede cambiar, a menos que el mismo Dios venga en su ayuda. "Dios, es misericordioso conmigo, un pecador", el implora. Dios vendrá inmediatamente en ayuda de un pecador que con humildad y verdad reconoce su pecado. 

Por otra parte, ¿Cómo puede Dios venir a ayudar a un hombre orgulloso, que piensa que puede cuidar de sí mismo?

Un regalo especial
Uno de los mejores regalos para nosotros es conocer nuestro pecado. En la primera carta de Juan leemos: "Si decimos que tenemos comunión con Dios, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos conforme a la verdad ... Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad es no está en nosotros "(1 Juan 1:6,8).

Este era el problema de los fariseos. Pensaban que tenían comunión con Dios, pero caminaban en tinieblas. Estaban ciegos. No el recaudador de impuestos. Creo que sería correcto decir que, en los últimos años, si bien hemos ganado mucho en la comprensión de una vida centrada en el Evangelio, hemos perdido la sensibilidad sobre el pecado en nuestras vidas.

Un indicio de ello es que, mientras que muchos, muchas más personas van a comulgar en la misa hoy, mucho menos están utilizando el Sacramento de la Reconciliación. Nadie debe lamentar la desaparición de la antigua creencia  "es-Sábado-debo-ir a la confesión", o peor, "no-puedo-ir-a-la Comunión-porque-no-me- he -confesado ", pero en su lugar, muchos no han aprendido el lugar del sacramento de la Reconciliación como un elemento importante no sólo en nuestras vidas individuales, sino en nuestra vida como comunidad.

El pecado puede ser visto fácilmente como un fracaso personal para cumplir con ciertas normas de conducta: "Yo estaba impaciente", "Estaba celoso, me enojé", "Yo no estaba en la misa dominical" ... el pecado es mucho más fundamentalmente un fracaso en las relaciones - con Dios, con los demás, con uno mismo. Podemos pecar contra nosotros mismos, con nuestras familias, con nuestros compañeros, con nuestros amigos, con extraños, con la gente que nunca vemos, pero que han sido afectados por nuestro amor o nuestro egoísmo.

El pecado es una falta de amor, un fracaso para trabajar por el bienestar de los demás. Muchos de nuestros peores pecados - rara vez se escucha en el confesionario - son las cosas que no hacemos. En la sentencia, el Señor dice: "Tuve hambre, sed, soledad, he estado luchando para seguir, obviamente estando en problemas - y abusaste de mi, me atacaste, te enojaste  conmigo, me hiciste daño. ¡No, hiciste absolutamente nada en absoluto! Yo estaba en la necesidad desesperada y tu caminabas. ¡Lejos de mí! "

El pecado y Dios
Un profundo conocimiento del pecado no nos separa de Dios. Por el contrario, es una señal de que Dios es una parte muy importante de nuestras vidas y que queremos compartir ese amor que está llegando a nosotros. Las personas más trágicas son las que : 


  • Piensan que no necesitan a Dios en sus vidas (como el fariseo o algún ex-católicos),
  • Cuando se les pregunta, no pueden pensar en nada pecaminoso en su vida, presente o pasada
  • Creen que Dios no, no puede amarlos porque algunas cosas terribles o vergonzosas que pueden haber hecho.

La Vigilia de Pascua (Sábado Santo), la liturgia habla de la ¨ felix culpa¨ , cuando nosotros, los seres humanos crucificamos al Hijo de Dios. Muchos de nuestros pecados, también, pueden ser vistos como una feliz culpa, si nos ayudan a darnos cuenta de lo débiles que somos, lo mucho que dependemos de la ayuda de Dios y la ayuda de otras personas.

La conciencia de nuestros pecados, también, nos puede ayudar en nuestra vida para ser más compasivos y comprensivos con los demás en su pecaminosidad y debilidad. En lo más profundo de nuestra pecaminosidad, nunca debemos perder de vista al Dios que siempre está de pie listo para venir ante la menor señal nuestra. "La oración del hombre humilde penetra en las nubes ... El Señor no tardará en llegar", dice la primera lectura de hoy.


La edición y el subrayado son nuestros

Descubramos que agradarle a Dios es a la vez sencillo y difícil. Sencillo pues sólo basta reconocer nuestras faltas al amor, y nuestros fracasos en nuestras relaciones con Él, nosotros mismos y los demás, y dificil, pues eso significa que seamos absolutamente sinceros;  fuertes, porque puede ser doloroso y confiados, porque Él siempre perdona y está dispuesto a venir en nuestra ayuda. 

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias

20 de octubre de 2012

¨Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará¨


Del Santo Evangelio según SanLucas 12, 8-12

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir".
(Aciprensa.com)


Comentario:

En síntesis, el recorrido del lector por el cap. 11 tiene como característica encontrarse con la enseñanza de Jesús que le revela la intimidad de Dios, la misericordia del corazón de Dios, pero también la verdad de su ser como hombre. Sin embargo, en el cap. 12 Jesús contrapone al corazón pervertido del hombre la benevolencia de Dios, que siempre da de manera sobreabundante. Está en juego la vida del hombre. Hay que estar atento a la perversión del juicio humano, o mejor, a la hipocresía que distorsiona los valores para sólo favorecer el propio interés y las propias ventajas más que para interesarse por la vida, la que se recibe de manera gratuita. La palabra de Jesús dispara al lector un interrogante sobre cómo afrontar la cuestión de la vida: el hombre será juzgado por su comportamiento ante los peligros. Hay que preocuparse no tanto de los que pueden “matar el cuerpo”, sino tener en el corazón el temor de Dios que juzga y corrige. Jesús no promete a los discípulos que se ahorrarán las amenazas y las persecuciones, pero les asegura la ayuda de Dios en el momento de la dificultad.


Saber reconocer a Jesús. El compromiso valiente de reconocer públicamente la amistad con Jesús comporta, en consecuencia, la comunión personal con él cuando vendrá para juzgar al mundo. Al mismo tiempo, “el que me niegue”, el que tenga miedo de confesar y reconocer públicamente a Jesús, él mismo se condena. Se invita al lector a reflexionar sobre la importancia crucial de Jesús en la historia de la salvación: es necesario decidirse, o con Jesús o contra Él y contra su Palabra de gracia; de esta decisión, reconocer o negar a Jesús, depende nuestra salvación. Lucas evidencia que la comunión que en el tiempo presente ofrece Jesús a sus discípulos será confirmada y llegará a la perfección en el momento de su venida en la gloria (“vendrá en su gloria, en la de su Padre y en la de los santos ángeles”: 9,26). Es evidente la referencia a la comunidad cristiana: aunque se está expuesto a la hostilidad del mundo, es indispensable que el testimonio valiente de Jesús y de la comunión con Él no disminuya, es decir, no hay que avergonzarse de ser y de manifestarse cristianos.

 • La blasfemia contra el Espíritu Santo. Blasfemar es entendido aquí por Lucas como hablar de manera ofensiva o en contra. Este verbo se aplicó a Jesús cuando, en 5,21, perdonó los pecados. La cuestión que plantea nuestro pasaje puede presentar alguna dificultad para el lector: ¿Es menos grave la blasfemia contra el Hijo del hombre que la que va contra el Espíritu Santo? El lenguaje de Jesús puede resultar un poco fuerte para el lector del evangelio de Lucas: a lo largo del evangelio ha visto a Jesús mostrando la actitud de Dios que va en búsqueda del pecador, que es exigente pero sabe esperar el momento de la vuelta a Él y la madurez del pecador. En Marcos y en Mateo, la blasfemia contra el Espíritu Santo es la falta de reconocimiento del poder de Dios en los exorcismos de Jesús. Pero en Lucas más bien significa el rechazo consciente y libre del Espíritu profético que actúa en las obras y enseñanzas de Jesús, es decir, el rechazo del encuentro con el obrar misericordioso y salvífico del Padre. La falta de reconocimiento del origen divino de la misión de Jesús, la ofensa directa a la persona de Jesús, pueden ser perdonadas, pero el que niega el obrar del Espíritu Santo en la misión de Jesús no será perdonado. No se trata de la oposición entre la persona de Jesús y el Espíritu Santo, o de un contraste o símbolo de dos períodos diversos de la historia, el de Jesús y el de la comunidad post-pascual, sino que, en definitiva, el evangelista trata de demostrar que negar la persona de Cristo lleva a blasfemar contra el Espíritu Santo.

 
La edición y el subrayado son nuestros 
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas


El Espíritu Santo en el Catecismo733. "Dios es Amor" (1 Jn 4, 8. 16) y el Amor que es el primer don, contiene todos los demás. Este amor "Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado" (Rm 5, 5).

737. La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Esta misión conjunta asocia desde ahora a los fieles de Cristo en su Comunión con el Padre en el Espíritu Santo: El Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Señor resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su Muerte y su Resurrección. Les hace presente el Misterio de Cristo, sobre todo en la Eucaristía para reconciliarlos, para conducirlos a la Comunión con Dios, para que den "mucho fruto" (Jn 15, 5. 8. 16).



En este día, descubramos que antes de anunciar a Cristo primero debemos ser amigos fieles de Él. 

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias

30 de julio de 2012

La intención es lo que importa

Autor: Oscar Schmidt | Fuente: www.reinadelcielo.org
La única verdadera es que tenemos en el corazón. ¡Y sólo Dios puede ver lo que ocurre en nuestros corazones!.

La intención es lo que importa

Es muy notable como la misma actitud, el mismo gesto, puede en dos personas distintas contener significados opuestos. Una buena acción de alguien a veces nos deja con la extraña sensación de que algo está mal allí. Y la misma situación puesta en cabeza de otra persona parece ser sin dudas un gesto de amor sincero.

Otras veces, una acción que nos parece incorrecta a la luz de nuestro pobre juicio, nos deja con la impresión de que en el fondo puede no estar tan mal. Y puesta en cabeza de otra persona, ¡definitivamente es una mala actitud! ¿Qué es lo que ocurre?.

Ocurre que hay algo que es invisible a nuestros ojos: es la intención verdadera que tiene la persona en el corazón. ¡Y sólo Dios puede ver lo que ocurre en nuestros corazones!. Es por este motivo que Jesús nunca dejaba a sus discípulos juzgar a los demás, porque muchas veces el silencio humilde de una persona la colocaba en actitud incómoda frente a los hombres, ante un supuesto mal gesto. Sin embargo, en su corazón, esta persona guardaba una intención recta y sincera para con Dios. Y otras veces, quienes se esforzaban en aparecer justos y nobles frente a los hombres eran quienes abrigaban intenciones más indignas en el corazón.

Las cosas que se hacen deben estar originadas en intenciones virtuosas, intenciones de hacer el bien. Esto es mas importante que las consecuencias mismas de nuestras acciones, ya que Dios ve en lo profundo de nuestros corazones, muy por encima de la opinión de los hombres sobre nuestros actos. Y no hay que preocuparse tanto de cómo luzcamos frente a los demás, ya que no son ellos quienes nos juzgarán cuando llegue el momento de sopesar nuestra vida: será el Justo Juez, Jesús, quien dictamine si hubo intención virtuosa en la forma en que hemos vivido.

Por otra parte, es preferible pensar que los demás tienen una intención virtuosa en sus actos, y no desconfiar al extremo de accionar permanentemente nuestras defensas en anticipación a ser engañados o perjudicados. Si el otro tuvo intención virtuosa, Dios verá con agrado como dos de sus hijos obran en el bien. Y si el otro se aprovechó de mi, pues tendré un perjuicio a nivel humano, pero seré visto con mirada agradable por Dios. Y el juicio Divino recaerá sólo sobre el otro.

Jesús llevó la intención virtuosa al extremo de jamás haber pecado. Y si bien El es Dios, también fue hombre. Y como tal estuvo sometido a la tentación: recordemos los cuarenta días en el desierto, y tantas otras veces en que los hombres lo sometieron a presiones e intentos de engaño. Sin embargo, en treinta y tres años de vida ¡jamás pecó!. Buena parte de las acusaciones que los hombres hicieron para llevarlo a la muerte, fueron acumulándose en la negativa de Cristo a aceptar las reglas de juego del mundo: El simplemente tuvo intención virtuosa en todo lo que hizo, más allá de las reacciones de los hombres. Claro que llevar la intención virtuosa a tal extremo de perfección tuvo sus consecuencias: ¡Nuestro Señor terminó crucificado en el Gólgota!.


Hagamos todo en la vida con una intención virtuosa, con ánimo de hacer el bien. Las cosas nos podrán ir bien o mal, pero sin dudas estaremos en el sendero que Dios marca para nosotros.


¡La mirada de Dios es lo único que cuenta!.


 Oscar Schmidt
El subrayado es nuestro







19 de julio de 2012

El Señor nos dice: ¨Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón¨

Buen día en el Señor, en el evangelio de ayer el Señor Jesús daba gracias a su Padre, por que se había revelado ante los pequeños, ante la gente sencilla.,. En el evangelio de hoy (Mt 11,28-30) nos dice: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

Dios se revela a los ¨pequeños¨, a la gente sencilla Los sabios, los doctores de aquella época habían creado un sistema de leyes que imponían a la gente en nombre de Dios (Mt 23,3-4). Pensaban que Dios exigía de la gente estas observancias. Pero la ley del amor, traída por Jesús, decía el contrario. Lo que importa para salvarnos, no es lo que hacemos para Dios, sino lo que Dios, en su gran amor, hace por nosotros Dios quiere misericordia y no sacrificio (Mt 9,13). La gente pequeña, sencilla y humilde  no tenía ataduras para entender y sobre todo acoger esta propuesta del Reino. En cambio, los sabios y entendidos estaban sujetos a sus prejuicios, honores, y ambiciones que no los dejaban aceptar el Evangelio.

La humildad Viene del latín humilitas, de humus (tierra) que significa abajarse, hacerse tierra. Es la virtud moral por la que el hombre reconoce que de si mismo solo tiene la nada y el pecado. Todo es un don de Dios de quien todos dependemos y a quien se debe toda la gloria. El hombre humilde no aspira a la grandeza personal que el mundo admira porque ha descubierto que ser hijo de Dios es un valor muy superior. Va tras otros tesoros. No está en competencia. Se ve a sí mismo y al prójimo ante Dios. Es así libre para estimar y dedicarse al amor y al servicio sin desviarse en juicios que no le pertenecen.

La humildad no solo se opone al orgullo sino también a la auto abyección (auto humillación) en la que se dejaría de reconocer los dones de Dios y la responsabilidad de ejercitarlos según su voluntad. Para Santa Teresa de Avila: "La humildad es la verdad"  y para San Francisco de Sales: "El grado mas perfecto de humildad es complacerse en los menosprecios y humillaciones. Vale mas delante de Dios un menosprecio sufrido pacientemente por su amor, que mil ayunos y mil disciplinas." Para adquirirla, es un proceso de vida que supone conocerse, aceptarse, el olvido de si y darse,  a Dios y a los demás. (La humildad-corazones.org) 

La mansedumbre. Es la virtud que modera la ira y sus efectos desordenados. Es una forma de templanza que evita todo movimiento desordenado de resentimiento por el comportamiento de otro. La mansedumbre modera los arrebatos de cólera que se levanta impetuosa para rechazar el mal presente. (La mansedumbre-corazones.org). Esta virtud se opone a lo que comúnmente llamamos ser ¨reactivos¨, o ser ¨hipersensibles¨, ante circunstancias o agresiones de los demás.

Jesús enseña: "Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra". (Mateo 5:4): Jesús así nos señala que al ser humildes tendremos mansedumbre y por tanto no viviremos agobiados o fatigados. Puesto que al esforzarnos por tener esas virtudes, acogeremos el evangelio, nos pareceremos mas al Señor Jesús, agradaremos a Dios y así tendremos su ayuda y su Gracia que todo lo puede. 

En el día de hoy, descubramos la humildad en Cristo, y comencemos a imitarla en nuestras vidas, ambientes y situaciones concretas.

Que la Misericordia y la confianza en el Señor, no les falte.

Del Santo Evangelio Según San Mateo 11, 28-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".(Aciprensa.com)
 

Meditación de San Juan Crisóstomo

(...)

Una vez que con lo dicho les hubo despertado el anhelo de conocer y les hubo demostrado su poder, finalmente los llamó hacia sí diciendo: Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que Yo os aliviaré. No éste o aquél, sino todos los que vivís en solicitudes, en tristezas, en pecados. Venid, no para que Yo os castigue, sino para perdonaros vuestros pecados. Venid, no porque Yo necesite de vosotros y vuestra gloria, sino porque tengo sed de vuestra salvación. Yo, dice, Os aliviaré. No dice: os haré salvos, sino lo que es mucho más, os daré un descanso perfecto. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis la paz para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera. Como si dijera: no temáis al oír yugo, puesto que es suave; no tembléis al oír carga, puesto que es ligera.

-Entonces ¿cómo anteriormente dijo: La puerta es angosta y el camino estrecho?-

Esto es verdadero, pero se trata de cuando sois remisos, si sois perezosos; en cambio, si hacéis lo que antes se os ha dicho, será todo una carga ligera. En este sentido lo dijo ahora.

-Mas ¿cómo podrá realizarse?-

Si eres humilde, si eres manso, si eres modesto. Esta virtud es la madre y principio de todas las virtudes. Por esto al empezar a establecer las leyes divinas, por aquí dio principio. Hace lo mismo ahora y establece una gran recompensa. Como si dijera: de este modo no únicamente serás útil a otros, sino, antes que para nadie, para ti mismo preparas una gran recompensa. Puesto que: Hallaréis descanso para vuestras almas. Antes de la recompensa futura ya aquí te adelanta otra y te da el premio. Con esto hace más aceptable su sentencia y con ponerse El mismo como ejemplo.

-Entonces ¿qué temes? ¿que te desprecien si eres humilde?-
Mírame y apréndelo todo de Mí: conocerás entonces cuán grande bien hay en ello.

-¿Observas cómo por todos los medios induce a la humildad?-
Por lo que El ha hecho: Aprended de Mí que soy manso. Por lo que ellos ganarán: Hallaréis descanso para vuestras almas. Por lo que El les da: Os aliviaré. Por haberles hecho ligera la carga: Porque mi yugo es suave y mi carga ligera. Pablo nos persuade lo mismo diciendo: ¨La momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de gloria incalculable¨.

-Preguntarás: ¿cómo es ligera la carga, pues dice: El que no aborrece a su padre y a su madre; y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de Mí; y el que no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo?-

Y ordena aborrecer al alma misma. Que Pablo resuelva tu dificultad diciendo: ¨¿Quién nos arrebatará el amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?¨ Y también: ¨Tengo por cierto que los padecimientos del tiempo presente no son nada en comparación con la gloria que ha de manifestarse en nosotros¨. Que te lo enseñen los apóstoles, que tras de infinitos azotes volvían de la reunión de los judíos: Gozosos porque habían sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús.

-Y si todavía temes y tiemblas al oír yugo y carga, semejante temor ya no brota de la naturaleza de las cosas, sino de tu desidia; de manera que si eres diligente y fervoroso, todo te será leve y fácil-.

Por tal motivo Cristo, persuadiéndonos de la necesidad de trabajar, no habló sólo de cosas suaves ni sólo de trabajosas, sino de ambas. Puesto que habló de yugo, pero lo llamó suave; nombró la carga, pero añadió que es ligera. Todo para que no rehúyas tales cosas por ser onerosas, ni tampoco las desprecies como demasiado fáciles.

-Pero si tras de todo esto aún te parece difícil la virtud, piensa que más difícil es la perversidad, como lo dejó entender el mismo Cristo- Pues antes de decir: Tomad mi yugo, puso por delante lo otro: Venid vosotros los que estáis fatigados y cargados, declarando que el pecado es laborioso y carga pesada y difícil de soportar. Porque no dijo únicamente fatigados, sino además cargados.

Lo mismo dijo el profeta describiendo la naturaleza del pecado: ¨Pesan mis iniquidades sobre mí como pesada carga¨- Y Zacarías, pintándolo, lo llama talento de piorno. Y la experiencia así lo demuestra también. Pues no hay nada que tanto pese sobre el alma, que tanto ciegue y deprima, como la conciencia de pecado; ni nada que tanto levante la voluntad como la posesión de la justicia y la virtud.

-Atiende, te ruego. ¿Qué cosa más pesada que nada poseer, presentar la otra mejilla, no vengarse del que hiere, morir de muerte violenta?-

Y sin embargo, si bien discurrimos [corremos], todo eso es fácil y ligero y aun produce placer.

-Mas, para que no os turbéis, examinemos cosa por cosa. Y si os parece bien, comencemos con lo que a muchos les parece trabajosísimo. ¿Acaso te parece, dime, pesado y enojoso cuidar de sólo el alimento, o más bien estar envuelto en mil solicitudes? ¿Tener el hombre un solo vestido y nada más buscar, o más bien, poseyendo en casa muchas riquezas, estar atormentado día y noche y andar temblando, temiendo y angustiado por guardarlas, no sea que la polilla las roa o que el esclavo cargue con ellas y huya?-

Pero, por mucho que yo diga, no podré pintar el caso tal cual es mejor que la misma experiencia. Por lo cual, me gustaría que estuviera presente alguno de los que han llegado a la cumbre de la virtud, con lo que tocaríais como con la mano el gozo de la pobreza. Nadie de los amantes de la pobreza recibiría las riquezas ni aun regaladas.

-Preguntarás: bueno ¿pero los ricos querrían alguna vez hacerse pobres y abandonar el cuidado de la riqueza?-

Respondo que esto nada significa, sino que es prueba de necedad y de enfermedad gravísima y que no demuestra que haya gozo en la posesión de las riquezas.

Sírvannos de testigos en esto los que diariamente se lamentan de semejantes cuidados y piensan que una vida así no es factible ni puede vivirse. En cambio los pobres no andan así, sino que se ríen, se gozan, se glorían de la pobreza, no menos que el rey con su diadema. También el presentar la otra mejilla al que nos hiere, en vez de herirlo por parte nuestra, es, si bien se considera, lo más llevadero y más agradable. Porque de lo segundo nacen las guerras; de lo primero, el término de ellas. Con lo segundo a veces enciendes la hoguera de la ira del otro; con lo primero, por el contrario, apagas tu llama propia. Y a todos es manifiesto ser más dulce no inflamarse que en el fuego quemarse.

Y si en las cosas materiales es esto verdad, mucho más lo es en lo que toca al alma.

-¿Qué te parece más ligero, luchar o ser coronado? ¿Estar en el pugilato o disfrutar del premio? ¿Luchar con las olas o estar ya en el puerto?-

A la verdad, aun el morir es mejor que el vivir. Porque la muerte libra de los peligros y de las olas; mientras que la vida pone en los peligros y nos expone a mil asechanzas y angustias que la hacen desagradable.

-Y si no crees a lo dicho, escucha a quienes al tiempo de los combates contemplaron el rostro de los mártires; y cómo, mientras eran azotados y destrozados, estaban llenos de regocijo y alegres: metidos en las sartenes se gozaban y alegraban más que si los tendieran en lechos de flores-

Por esto Pablo, que iba a cerrar el curso de su vida con una muerte violenta, ya a punto de salir de ella, exclamaba: ¨Me alegro y me congratulo con todos vosotros; y vosotros igualmente alegraos y congratulaos conmigo¨.

-¿Observas con cuánta grandeza de alma convoca al orbe todo para que participe de su gozo? ¡Tan gran bien le parecía ser el salir de este mundo! ¡tan deseable aquella muerte terrible! ¡tan apetecible y amable!-

Pero que el yugo de la virtud sea suave y ligero, hay muchas razones que lo declaran. Y si os place, veamos finalmente las cargas del pecado. Traigamos al medio a los avaros, es decir, a esos que sin vergüenza alguna traen y llevan los préstamos. ¿Qué habrá más laborioso que semejante negociación? ¡Cuántos padecimientos! ¡cuántas solicitudes! ¡cuántos escollos! ¡cuántos peligros! ¡cuántas trampas y asechanzas! ¡cuántas guerras que nacen cada día de semejante lucro! ¡cuántos alborotos y tumultos! Así como jamás puedes ver el mar sin oleajes, así tampoco a esa alma sin cuidados y temores y tristezas y perturbaciones. Apenas se apartan unas y llegan otras; y tras éstas, otras; y aún no apaciguadas éstas, otras al punto se levantan.

-¿Quieres que observemos el ánimo de un rijoso e iracundo?-

¿Qué hay peor que sus tormentos? ¿qué cosa más cruel que sus llagas interiores? ¿qué más ardiente que ese horno siempre encendido y que esa llama que jamás se extingue?

-Y si te vuelves hacia los que se mueren por la belleza de los cuerpos, y están apegados a la vida presente-

¿qué servidumbre hay más grave que ésta? Llevan una vida de Caín, la pasan en perpetuos miedos y terrores; y si muere alguno de los que ellos aman, lloran su muerte más que la de un pariente o consanguíneo.

-Y ¿qué hay más turbulento y feroz que un hombre soberbio?-

Dice Cristo: Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas. La clemencia es madre de todos los bienes.

En consecuencia, no temas, no te apartes de ese yugo que te librará de todos los males. Tómalo sobre tu cuello con presteza, y entonces experimentarás su placer. Porque no quebrantará tu cerviz [cuello]. Se te impone para conservación del buen orden y para enseñarte a caminar cadenciosamente y a buen ritmo y para llevarte por el camino real y librarte de los precipicios que hay a una parte y a otra; y para que así recorras con facilidad la senda angosta. Entonces, ya que tantos bienes acarrea, tan grandes, tanta seguridad, tanta alegría, llevemos con pleno ánimo" y con todo empeño este yugo, a fin de encontrar en esta vida descanso para nuestras almas, y conseguir los bienes por gracia y benignidad de nuestro Señor Jesucristo, al cual sea la gloria y el imperio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Amén.


 



 

4 de marzo de 2009

Cuaresma es tiempo de arrepentimiento.

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La cuaresma es todo un camino de cuarenta días hasta la Pascua, y en este camino, la Iglesia nos va a estar recordando constantemente la necesidad de purificarnos, la necesidad de limpiar nuestro corazón, la necesidad de quitar de nuestro corazón todo aquello que lo aparte de Dios N. S. La Cuaresma es un período que nos va a obligar a cuestionarnos para saber si en nuestro corazón hay algo que nos está apartando de Dios Nuestro Señor. Esto podría ser un problema muy serio para nosotros, porque es como quien tiene una enfermedad y no sabe que la tiene. Es malo tener una enfermedad, pero es peor no saber que la tenemos, sobre todo cuando puede ser curada, sobre todo cuando esta enfermedad puede ser quitada del alma.

Qué tremendo problema es estar conviviendo con una dificultad en el corazón y tenerla perfectamente tapada para no verla. Es una inquietud que sin embargo la Iglesia nos invita a considerar y lo hace a través de la Cuaresma. Durante estos cuarenta días, cuando leemos el Evangelio de cada día o cuando vayamos a Misa los domingos, nos daremos cuenta de cómo la Biblia está constantemente insistiendo sobre este tema: “Purificar el corazón, examinar el alma, acercarse a Dios, estar más pegado a Él. Todo esto, en el fondo, es darse cuenta de quién es Dios y quién somos nosotros.

(...)
Preguntémonos, si hay en nuestra alma algo que nos aparte de Dios. ¿Qué es lo que no nos permite estar cerca de Dios y que todavía no descubrimos? ¿Qué es lo que hay en nosotros que nos impide darnos totalmente a Dios Nuestro Señor?, no solamente como una especie de interés purificatorio personal, sino sobre todo por la tremenda repercusión que nuestra cercanía a Dios tiene en todos los que nos rodean. Solamente cuando nos damos cuenta de lo que significa estar cerca de Dios, empezaremos a pensar lo que significa estar cerca de Dios para los que están con nosotros, para los que viven con nosotros. ¿Cómo queremos hacer felices a los que más cerca tenemos si no nos acercamos a la fuente de la felicidad? ¿Cómo queremos hacer felices a aquellos que están más cerca de nuestro corazón si no los traemos y los ayudamos a encontrarse con lo que es la auténtica felicidad?.

Qué difícil es beber donde no hay agua, qué difícil es ver donde no hay luz. Si a mí, Dios me da la posibilidad de tener agua y tener luz, ¿solamente yo voy a beber? ¿Solamente yo voy a disfrutar de la luz?. Sería un tremendo egoísmo de mi parte. Por eso en este camino de Cuaresma vamos a empezar a preguntarnos: ¿Qué es lo que Dios quiere de mí?¿Qué es lo qué Dios exige de mí? ¿Qué es lo que Dios quiere darme? ¿Cómo me quiere amar Dios?, para que en este camino nos convirtamos, para aquellas personas que nos rodean, en fuente de luz y también puedan llegar aencontrarse con Dios Nuestro Señor. Ojalá que hagamos de esta Cuaresma una especie de viaje a nuestro corazón para irnos encontrando con nosotros mismos, para irnos descubriendo nosotros mismos, para ir depositando esa ceniza espiritual sobre nuestro corazón de manera que con ella vayamos nosotros cubriéndonos interiormente y podamos ver qué es lo que nos aparta de Dios.

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Recorramos así el camino de nuestra Cuaresma, en nuestro ambiente, en nuestra familia, en nuestra sociedad, en nuestro trabajo, en nuestras conversaciones. Buscar el interior para que en todo momento podamos encontrarnos en el corazón, no con nosotros mismos, porque sería una especie de egoísmo personal, sino con Nuestro Padre Dios; con Aquél que nos ama en el corazón, en lo más intimo, en lo más profundo de nosotros.

Que el bajar al corazón en esta Cuaresma sea el inicio de un camino que todos nosotros hagamos, no solamente en este tiempo, sino todos los días de nuestra vida para irnos encontrando cada día con el Único que da explicación a todo. Que la Eucaristía sea para nosotros ayuda, fortaleza, luz, consuelo porque posiblemente cuando entremos en nuestro corazón, vamos a encontrar cosas que no nos gusten y podríamos desanimarnos.

Hay que recordar que no estamos solos. Que no vamos solos en este viaje al corazón sino que Dios viene con nosotros. Más aún, Dios se ofrece por nosotros, en la Eucaristía, para nuestra salvación, para manifestarnos su amor y para darse en su Cuerpo y en su Sangre por todos nosotros.