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5 de mayo de 2019

«¡Es el Señor!»

Domingo 3 de Pascua de la Resurrección


Del Santo Evangelio según San Juan (Jn 21: 1 - 19)

1 Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. 2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.

3 Simón Pedro les dice: «Voy a pescar.» Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo.» Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 4 Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.


5 Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No.» 6 El les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. 7 El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanzó al mar.
8 Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.


9 Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. 10 Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.» 11 Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.


12 Jesús les dice: «Venid y comed.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. 13 Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. 14 Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.


15 Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.» 16 Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.» 17 Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.


18 «En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.» 19 Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»
(Aciprensa.com) 


 

S.S Francisco

Regina Coeli

10 de abril de 2016


Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!


El Evangelio de hoy narra la tercera aparición de Jesús resucitado a los discípulos a orillas del lago de Galilea, con la descripción de la pesca milagrosa (cf. Jn 21, 1-19). El relato se sitúa en el marco de la vida cotidiana de los discípulos, que habían regresado a su tierra y a su trabajo de pescadores, después de los días tremendos de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Era difícil para ellos comprender lo que había sucedido. Pero, mientras que todo parecía haber acabado, Jesús va nuevamente a «buscar» a sus discípulos. Es Él quien va a buscarlos. Esta vez los encuentra junto al lago, donde ellos habían pasado la noche en las barcas sin pescar nada. Las redes vacías se presentan, en cierto sentido, como el balance de su experiencia con Jesús: lo habían conocido, habían dejado todo por seguirlo, llenos de esperanza... ¿y ahora? Sí, lo habían visto resucitado, pero luego pensaban: «Se marchó y nos ha dejado... Ha sido como un sueño...».

He aquí que al amanecer Jesús se presenta en la orilla del lago; pero ellos no lo reconocen (cf. v. 4). A estos pescadores, cansados y decepcionados, el Señor les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis» (v. 6). Los discípulos confiaron en Jesús y el resultado fue una pesca increíblemente abundante. Es así que Juan se dirige a Pedro y dice: «Es el Señor» (v. 7). E inmediatamente Pedro se lanzó al agua y nadó hacia la orilla, hacia Jesús. En aquella exclamación: «¡Es el Señor!», está todo el entusiasmo de la fe pascual, llena de alegría y de asombro, que se opone con fuerza a la confusión, al desaliento, al sentido de impotencia que se había acumulado en el ánimo de los discípulos. La presencia de Jesús resucitado transforma todas las cosas: la oscuridad es vencida por la luz, el trabajo inútil es nuevamente fructuoso y prometedor, el sentido de cansancio y de abandono deja espacio a un nuevo impulso y a la certeza de que Él está con nosotros.

Desde entonces, estos mismos sentimientos animan a la Iglesia, la Comunidad del Resucitado. ¡Todos nosotros somos la comunidad del Resucitado! Si a una mirada superficial puede parecer, en algunas ocasiones, que el poder lo tienen las tinieblas del mal y el cansancio de la vida cotidiana, la Iglesia sabe con certeza que en quienes siguen al Señor Jesús resplandece ya imperecedera la luz de la Pascua. El gran anuncio de la Resurrección infunde en el corazón de los creyentes una íntima alegría y una esperanza invencibles. ¡Cristo ha verdaderamente resucitado! También hoy la Iglesia sigue haciendo resonar este anuncio gozoso: la alegría y la esperanza siguen reflejándose en los corazones, en los rostros, en los gestos, en las palabras. Todos nosotros cristianos estamos llamados a comunicar este mensaje de resurrección a quienes encontramos, especialmente a quien sufre, a quien está solo, a quien se encuentra en condiciones precarias, a los enfermos, los refugiados, los marginados. A todos hagamos llegar un rayo de la luz de Cristo resucitado, un signo de su poder misericordioso.

Que Él, el Señor, renueve también en nosotros la fe pascual. Que nos haga cada vez más conscientes de nuestra misión al servicio del Evangelio y de los hermanos; nos colme de su Santo Espíritu para que, sostenidos por la intercesión de María, con toda la Iglesia podamos proclamare la grandeza de su amor y la riqueza de su misericordia.

Después del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas:


En la esperanza que nos dona Cristo resucitado, renuevo mi llamamiento para la liberación de todas las personas secuestradas en zonas de conflicto armado; en particular deseo recordar al sacerdote salesiano Tom Uzhunnalil, secuestrado en Aden, en Yemen, el pasado 4 de marzo.

Hoy en Italia se celebra la Jornada nacional para la Universidad católica del Sagrado Corazón, que tiene por tema «En la Italia de mañana estaré yo». Deseo que esta gran Universidad, que continúa haciendo un importante servicio a la juventud italiana, pueda proseguir con renovado compromiso su misión formativa, actualizándola cada vez más a las exigencias actuales.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos procedente de Italia y de diversas partes del mundo. Y también un saludo a los que están haciendo el maratón. En particular, a los fieles de Gandosso, Golfo Aranci, Mede Lomellina, Cernobbio, Macerata Campania, Porto Azzurro, Maleo y Sasso Marconi, con un recuerdo especial para los que se preparan para la confirmación de Campobasso, Marzocca y Montignano.

Doy las gracias por su presencia a los coros parroquiales, algunos de ellos han prestado servicio en estos días en la basílica de San Pedro. ¡Muchas gracias!

A todos os deseo un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

¡Buen almuerzo y hasta pronto!
 


Tomado de la Santa Sede
La edición y el subrayado son nuestros

19 de abril de 2015

"Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos¨


Domingo 3 del Tiempo Pascual
Del Santo Evangelio Según San Lucas 24,35-48

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: "Paz a vosotros." Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: "¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo." Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: "¿Tenéis ahí algo de comer?" Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: "Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse." Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto." (Aciprensa.com)

Comentario: 

Después de la resurrección Jesús continúa el camino junto a sus discípulos (Lc 24,32) y queda el protagonista del camino de la Iglesia que se identifica con el suyo (Act 18,25). Toda la razón de ser de la Iglesia está en este camino de salvación (Act 16,17) que conduce a Dios (Act 18,2). Ella está llamada a vivirlo y a indicarlo a todos para que cada uno, abandonando el propio camino (Act 14,16) se oriente hacia el Señor que camina con los suyos.

v. 35 Ellos por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan. La experiencia del encuentro con la Vida permite volver sobre sus propios pasos. No es el regreso del remordimiento, ni el retorno del lamento. Es el regreso de quien relee la propia historia y sabe encontrar, a través del camino recorrido, el lugar del memorial. Dios se encuentra en lo que acaece. Es Él el que viene al encuentro y se para en el camino a veces árido y desnudo de lo no cumplido.. Se hace reconocer a través de los gestos familiares de una experiencia saboreada de lejos. Son los surcos del ya consumado que acogen la novedad de un hoy sin ocaso. El hombre es llamado a tomar la nueva presencia de Dios sobre su camino en aquel viajero que se hace reconocer a través de los signos fundamentales para la vida de la comunidad cristiana: las Escrituras, leídas en clave cristológica y la fracción del pan (Lc 24, 1-33). La historia humana, espacio privilegiado de la acción de Dios, es historia de salvación que atraviesa todas las situaciones humanas y el discurrir de los siglos en una forma de éxodo perenne, cargado de la novedad del anuncio.

v. 36. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: “¡La paz con vosotros!” Lucas enlaza sabiamente los sucesos para dar fundamento y continuidad a la historia de la salvación. Los gérmenes anunciados florecen y la atmósfera de novedad que aletea en las páginas de estos sucesos hacen de telón de fondo al desenvolverse en una memoria Dei que se propone nuevo de vez en vez; Jesús vuelve a los suyos. Está en medio de ellos como persona, todo entero, también como antes, aunque en una condición diferente y definitiva. Se manifiesta en su corporeidad glorificada para demostrar que la resurrección es un hecho que ha acaecido realmente.

v. 37. Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. La reacción de los discípulos parece no concordar bien con la narración precedente desde el momento que se creía ya en la resurrección de Jesús por la palabra de Pedro (v.34). De todas maneras su perplejidad no se refiere a la convinción de que Jesús ha resucitado, sino a la naturaleza corpórea de Jesús resucitado. Y en tal sentido no hay contradicción en la narración. Era necesario para los discípulos hacer una experiencia intensa de la realidad corpórea de Jesús para realizar de un modo adecuado su futura misión de testigos de la buena noticia y aclarar las ideas sobre el Resucitado; no creían que fuese Jesús en persona, sino pensaban que lo veían sólo en espíritu.

v. 38-40. Pero él les dijo: “¿Por qué os turbáis? ¿Por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo: Palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo”. El Jesús del evangelio de Lucas es casi un héroe que afronta su suerte con seguridad y las pocas sombras que permanecen sirven simplemente para comprender y subrayar su plena realidad. Lucas había recordado los humildes orígenes y la genealogía, del todo común y despojada de figuras prestigiosas, una muchedumbre de individuos obscuros de los cuales surgía la figura de Cristo. En la turbación y en la duda de los discípulos después de la resurrección aparece evidente que Jesús no es el Salvador de los grandes, sino de todos los hombres, por sobresaltados o asustados que estén.. Él, protagonista del camino de la Iglesia, recorre los senderos humanos de la incredulidad para sanarlos con la fe, y continúa caminando en el tiempo, mostrando las manos y los pies en la carne y en los huesos del creyente.

vv. 41-43. Como no acababan de creérselo a causa de la alegría y estaban asombrados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?. Ellos le ofrecieron un trozo de pescado. Lo tomo y lo comió delante de ellos. Cada invitación a comer esconde el deseo de intimidad, es un permanecer, un compartir. La resurrección no quita a Jesús el presentarse como el lugar del compartir. Aquel pez asado, comido por años junto a los suyos, continúa siendo vehículo de comunión. Un pez cocinado en el amor, el uno por el otro: un alimento que no cesa de asegurar el hambre escondida del hombre, un alimento capaz de desbaratar la ilusión de algo que termina entre las ruinas del pasado.

v. 44. Después les dijo: “Éstas son aquellas palabras mías que os dije cuando todavía estaba con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí”. Los momentos de ansia, de conmoción, de llanto por la propia nación (Lc 9, 41), la fatiga subiendo a Jerusalén, las tentaciones habían marcado aquel confín perennemente presente entre la humillación-escondimiento y afirmación–gloria focalizado en las varias fases de la vida humana de Jesús a través de la luz del querer del Padre. Amargura, obscuridad y dolor habían alimentado el corazón del Salvador: “ Tengo que recibir un bautismo ¡y como estoy angustiado hasta que se cumpla!” (Lc 12, 50). Ahora es plenamente visible, positiva la obra de la gracia, porque a la obra del Espíritu el escatón ya actuado en Cristo y en el creyente, crea una atmósfera de alabanza, un clima de gozo y de paz profunda, típicas de las cosas cumplidas. La parusía señalará el final del camino salvífico, tiempo de consolación y de restauración de todas las cosas. (Act 3,21).

v. 45. Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras. La fe apostólica en la resurrección de Jesús constituye la clave hermenéutica para la interpretación de las Escrituras y el fundamento del pregón pascual. La Biblia se cumple en Cristo, en Él se unifica en su valor profético y adquiere su pleno significado. El hombre no puede por sí solo entender la Palabra de Dios. La presencia del Resucitado abre la mente a la comprensión plena de aquel Misterio escondido en las palabras sagradas de la existencia humana.

vv. 46-47. Y les dijo: “Así está escrito: que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día y que se predicará en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones empezando por Jerusalén.” En Lucas la salvación toca todas las dimensiones humanas a través de la obra de Cristo que salva del mal, que libra de las tinieblas (Act 26,18) y del pecado (Lc 5,0-26; Act 2, 38), de la enfermedad y del sufrimiento, de la muerte, de la incredulidad, de los ídolos: que realiza la vida humana en el ser comunidad de Dios, fraternidad alegre en el amor; que no deja huérfanos, sino que se vuelve presente incesantemente con su Espíritu de lo alto (Act 2,2). La salvación radical del hombre está en el librarse de su corazón de piedra y en recibir un corazón nuevo que comporta un dinamismo que libra de toda forma de esclavitud (Lc 4,16-22). Dios dirige la historia; es Él el que obra la evangelización y guía el camino de los suyos. El evangelista de los grandes horizontes – desde Adán al Reino, de Jerusalén a los confines de la tierra- y también el evangelista de la cotidianidad. Es en acto el proceso histórico-escatológico por el cual la historia completa se cumple transcendiendo la historia humana y Jesús continúa ofreciendo la salvación mediante su Espíritu que crea testigos capaces de profecía que difunden la salvación hasta que en la venida de Cristo (Lc 21, 28) se vuelva manifiesto la plena liberalización del hombre. En Act 2,37 se encuentra resumido todo el iter salutis que aquí se ha apuntado: acoger la palabra, convertirse, creer, hacerse bautizar, obtener el perdón de los pecados y el don del Espíritu. La palabra de salvación, palabra de gracia, despliega su potencia en el corazón que escucha. (Lc 8, 4-15) y la invocación del Nombre del Salvador sella la salvación en aquel que se ha convertido a la fe. Hay complementariedad entre la acción de Jesús por medio del Espíritu, actuada sin la mediación de la Iglesia (Act 9, 3-5) y aquella cumplida mediante la Iglesia a la cual el mismo envía como en el caso de la llamada de Pablo (Act 9, 6-19).

v. 48. Vosotros sois testigos de estas cosas. Llamada a trazar en la historia humana el camino del testimonio, la comunidad cristiana proclama con palabras y obras el cumplimiento del reino de Dios entre los hombres y la presencia del Señor, que continúa obrando en su Iglesia como Mesías, Señor, profeta. La Iglesia crecerá y caminará en el temor del Señor, llena de la fortaleza del Espíritu Santo (Act 9,31). Es un camino de servicio, trazado para hacer resonar en los extremos confines de la tierra (Act 1,1-11) el eco de la palabra de Salvación. Poco a poco el camino se aleja de Jerusalén para dirigirse al corazón del mundo pagano. A su llegada a Roma, capital del imperio, Lucas pondrá la firma a sus pasos de evangelizador. Ninguno en verdad será excluido en el camino. Destinatarios de la salvación son todos los hombres, en particular los pecadores, por cuya conversión hay gran gozo en cielo (Lc 15, 7.10). Como María, que para Lucas es el Modelo del discípulo que camina en el Señor, los creyentes somos llamados a ser transformados enteramente para vivir la maternidad mesiánica, no obstante la propia condición “virginal” expresión de la propia pobreza de criatura (Lc 1, 30-35). El sí del Magnificat es el camino que hay que recorrer. Caminando llevando en nosotros la palabra de salvación; caminando en la fe, fiándonos de Dios que mantiene las promesas: caminando en el gozo de Áquel que nos hace dichosos, no por nuestros méritos sino por la humildad de vida. Sea el itinerario de María, nuestro itinerario: andar llevados del Espíritu, hacia nuestros hermanos teniendo como único equipaje la Palabra que salva: Cristo Señor (Act 3,6).


 La edición y el subrayado son nuestros

Que la misericordia y la confianza en el Señor no te falte


Gracias

27 de abril de 2014

Éstos signos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

2° Domingo de Pascua
Lectura del Santo Evangelio Según San Juan 20,19-31"
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros." Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor." Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo."

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomas con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: "Paz a vosotros." Luego dijo a Tomás: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente." Contestó Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto."

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.(Aciprensa.com)

Comentario
Comentario de los Hechos 4:32-35; 1 Juan 5:1-6; Juan 20:19-31

EL EVANGELIO DE HOY COMIENZA en una atmósfera de miedo. Es el domingo de Pascua, dos días después de la muerte de Jesús. Los discípulos están dentro de la casa, con las puertas firmemente cerradas, porque están aterrorizados de que, como compañeros de Jesús, ellos también van a ser objeto de arresto y castigo. Las palabras de seguridad que les habían sido dadas anteriormente están olvidadas. De repente, aparece Jesús de pie en medio de ellos. El hecho mismo de que puede estar presente a pesar de las puertas cerradas con llave indica que él no es el mismo de antes, que está presente en una forma nueva.

"¡La paz con vosotros" es el saludo. Es el saludo judío normal de "Shalom". Pero, viniendo de Jesús, el Príncipe de la Paz, a este grupo de gente asustada, tiene un significado especial. Y, en el griego, no hay verbo, así que se puede tomar como un deseo o una declaración de hecho -. Donde Jesús está realmente presente para nosotros, hay paz. El les muestra las manos y el costado.

Él no es sólo un fantasma sin cuerpo, sino el mismo Jesús que murió en la cruz - y sin embargo, hay diferencias.El temor de los discípulos se transforma gradualmente en un gozo inefable por el regreso de su Maestro. Él continua hablándoles. Repitiendo su saludo de paz, él procede a darles su misión. No hay ninguna palabra crítica de su incapacidad para estar a su lado en sus últimos momentos. "Como el Padre me envió, también yo os envío."

Luego sopló sobre ellos. El aliento de la vida, que recuerda a Dios que sopla el polvo de la tierra y da la creación de la vida humana en el primer hombre. Es también el soplo del Espíritu, el Espíritu del Padre y del Hijo: "Recibid el Espíritu Santo."

Una nueva misión
Luego viene su misión: "Para aquellos que perdonéis los pecados, les quedan perdonados; para quienes se los retengáis, les quedan retenidos. "¿Es que eso es todo lo que les dio por hacer? No parece mucho. ¿Qué pasa con todas las otras cosas que cuenta el Evangelio? Y, sin embargo, es todo lo que hay en esas palabras. No hay completo perdón del pecado sin reconciliación. Su tarea consiste en llevar a cabo la reconciliación de todos con su Dios, con sus hermanos y hermanas, y con toda la creación. También se puede resumir con las siglas  JPIC -. Justicia, Paz e Integridad de la Creación.

Esa es su misión principal, a la que se subordinan todos los demás esfuerzos y la enseñanza. Para restaurar las relaciones correctas entre Dios y su pueblo, y entre las personas mismas. Es una gran y bonita tarea. 

En la práctica, se trata de mucho más que sólo decir palabras de perdón. Se trata de mucho más que "ir a la confesión" y ser absuelto por un sacerdote. Se trata de trabajar para crear toda una sociedad basada en relaciones justas con Dios, entre las personas y con el resto de la creación. Es la realización del Reino de Dios. Es una tarea bastante grande.

Y, por supuesto, su misión es también la nuestra. Las palabras de Jesús dichas a ellos también se hablan a nosotros.

Una comunidad ideal
Esto se expresa muy bien en la descripción de la comunidad cristiana ideal que encontramos en la primera lectura. "La multitud de los creyentes no tenía sino un corazón y una sola alma". Esta era la unidad de la comunidad, la esencia de la comunión. " Nadie se atribuye para si algo que no tiene, pues todo lo que tenían era en común." O en la versión marxista: "A cada uno según su necesidad; según su capacidad " Nada  que la codicia individualista y competitiva  que tanto caracteriza a  nuestras sociedades hoy en día.

Como resultado, "ninguno de sus miembros era ningún necesitado", porque los que tenían la riqueza se las daba la comunidad. "Fue entonces distribuida a todos los miembros que puedan estar en necesidad."

¿Esto lo podemos encontrar hoy en cualquier parte de la Iglesia? En realidad sí. Está presente en las comunidades de vida religiosa, donde se vive bien. Pero tiene que ser vivida más ampliamente entre todos los cristianos. La comunidad cristiana de base y otras formas de vida en comunidad laica se están moviendo en esa dirección.

La segunda lectura nos habla de guardar los mandamientos de Dios. Y, el escritor nos dice, esos mandamientos no son difíciles. Puede que no sea nuestra experiencia y sin embargo, es cierto, porque esos mandamientos son sólo una llamada a ser totalmente fieles a nuestra naturaleza humana. No nos pide que hagamos cosas que no están de acuerdo con nuestra naturaleza o trascender nuestra naturaleza. Y, por supuesto, en el Nuevo Pacto, los mandamientos de los que se habla son los que nos llaman a amarnos unos a otros como Jesús nos ama, a ser agentes de la paz y la reconciliación y la justicia, lo que enlaza con el Evangelio y la primera lectura.


El que duda
En ese día, había un apóstol que faltaba - Tomás. Cuando se le dijo que sus compañeros habían "visto al Señor", él dijo que no creería a menos que viera con sus propios ojos las marcas de las heridas y pusiera la mano en la herida del costado de Jesús.

Y luego, una semana más tarde - lo que meditamos hoy - estaban todos, incluyendo Tomas, reunidos en la sala. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús aparece de repente en medio de ellos. Tras el saludo habitual de la paz, invitó a Tomás no sólo para mirarle, sino para tocar las heridas en las manos y el costado. "No sigue la duda por más tiempo, y cree". Tomas se rinde por completo a la experiencia. "¡Señor mío y Dios mío!" Es uno de los más poderosos reconocimientos de la verdadera identidad de Jesús en todo el Evangelio y la única vez que alguien lo llama directamente Dios.

Irónicamente, también, es un acto de fe. Tomas no podía ver directamente que Jesús era Dios. Nadie puede ver a Dios directamente. Pero la experiencia convenció a Tomas que estaba en la presencia de Dios mismo.

Las siguientes palabras de Jesús tienen el propósito de alentarnos a nosotros, todos los que no hemos tenido la experiencia de Tomás: ". Dichosos los que no han visto y han creído" Nosotros también debemos estar siempre abiertos a la experiencia donde la presencia inequívoca de Dios puede ser reconocida.

Por último, se nos recuerda que todo lo que está en el Evangelio es ayudarnos a que lleguemos a esa etapa en la que creemos "que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios ", y que, a través de esta creencia, podemos encontrar la Vida.

Un número incontable de personas han intentado esto y han encontrado que es del todo cierto. Ellos han encontrado en el seguimiento de Cristo un sentido, una dirección y una calidad muy especial para su vida que no se puede encontrar en cualquier otro lugar. Que esa sea nuestra experiencia también.

La edición y el subrayado son nuestros

Que la Misericordia y la confianza en Dios no te falte

Gracias

14 de abril de 2013

¨Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: "Es el Señor."

Del Santo Evangelio según San Juan 21, 1-19
Domingo 3 del Tiempo de Pascua

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: "Me voy a pescar." Ellos contestan: "Vamos también nosotros contigo."

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice: "Muchachos, ¿tenéis pescado?" Ellos contestaron: "No." Él les dice: "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis."

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: "Es el Señor." Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: "Traed de los peces que acabáis de coger." Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: "Vamos, comed."

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. 

Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis corderos." Por segunda vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le contesta: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Él le dice: "Pastorea mis ovejas." Por tercera vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras." Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme." (Aciprensa.com)


Comentario:
Seguimos buscando en la experiencia de los discípulos tenían de Jesús resucitado. Las lecturas hablan del significado del discipulado tanto en nuestras actitudes internas y en nuestra relación con otras personas. El Evangelio y, hasta cierto punto, la segunda lectura habla de reconocer la presencia de Dios y de Jesús en nuestra vida diaria, mientras que la segunda lectura nos llama a dar testimonio de nuestra fe con coherencia y valentía. Una fluye desde la otra. Para ser un auténtico discípulo de Jesús, no es suficiente con ser "santo", ser bueno, sino tener el coraje, cuando la llamada viene, para hacer cosas difíciles y tal vez incluso sufrir. Al compartir el sufrimiento de Jesús también he de participar de su gloria.  

  ¿Regreso a las viejas costumbres?
Veamos el primer Evangelio en la que Jesús resucitado se revela a sus discípulos. Jesús, algunos días antes, había muerto en la Cruz. Sus seguidores, incluyendo a Pedro, que había hecho tan grandes protestas de lealtad, había huido. En lo que a ellos concernía todo había terminado y ellos mismos estaban en peligro. El evangelio de hoy implica que ellos habían salido de Jerusalén y se ha ido todo el camino de regreso a su país natal, Galilea a reanudar su antigua forma de vida como pescadores. Los últimos tres años han sido un interludio interesante y emocionante, incluso en sus vidas, pero ahora estaban de regreso a lo que siempre había estado haciendo.  


Es temprano en la mañana. Todos ellos están cansados ​​y decepcionados. Después de pescar toda la noche, habían cogido absolutamente nada. Se habían olvidado de las palabras de Jesús: "Sin mí, nada podéis hacer." De repente, un extraño en la orilla, un contorno oscuro en la mañana de penumbra, comienza un diálogo. "¿Has pescado algo?" A regañadientes los pescadores ( ¡ya saben lo que los pescadores son!) admiten que no tienen nada. "Tiren las redes a la derecha de la barca y encontrarán algo", les dice. Así lo hicieron y fueron abrumados. Hay tantos peces que simplemente no se podían tomar en el barco. 

Cuando lo reconocen
Es en ese momento que el discípulo a quien Jesús ama, lee el significado de lo que acaba de ocurrir, y grita: "¡Es el Señor" Él dice que esto no porque de repente se ha reconocido el rostro del desconocido en la costa, sino porque ha reconocido la mano de Dios y de Jesús en lo que acaba de tener lugar. (Es el mismo discípulo que, después de mirar en la tumba vacía la mañana de Pascua, "vio y creyó". La disposición de las vendas en el suelo le dijo algo que Pedro no conocía.) 


Tradicionalmente, el "discípulo a quien Jesús ama" se identifica con Juan. Pero, en este contexto de Pascua, se puede entender sobre todo para referirse a cualquier persona que tenga una relación estrecha con Jesús. En el simbolismo de los evangelios, el barco y los que representan a la iglesia, la comunidad en Cristo. Y es este "querido" discípulo, que está especialmente cerca de Jesús, que puede reconocer su presencia. 

Pedro y los otros ahora también se dan cuenta de que Jesús está presente. Y totalmente de carácter, los impetuosos saltos Pedro en el agua poco profunda para ir a Jesús. Pero no antes de ponerse algo de ropa porque estaba desnudo. Dadas las circunstancias, esto habría sido bastante normal y tal vez ninguno de los otros llevaban ropa tampoco. Pero, en la situación de Pedro, que tenía un significado diferente. La desnudez significa inocencia, pero Pedro no es inocente. Todavía tiene la sombra de su negación se cierne sobre él. Al igual que nuestros primeros padres en el jardín, que está cubierto por la culpa y la vergüenza en presencia de su Señor. No es hasta después de que desembarquen que haya conciliación con el que traicionó a Jesús. 

 Mientras tanto, los otros discípulos se dejan llevar en el barco y la captura. 

Al compartir el pan con el Señor
Cuando llegan a la costa se encuentra el desconocido-Señor está preparando una comida para ellos el pan y el pescado asado. "Traed de los peces que acabáis de pescar." ¿La pesca "que" han cogido? Sí, las redes las habían tirado en el Señor, y sin él nunca se habrian encontrado. 


 "Sin mí, no podéis hacer nada".
No son todos los elementos de una Eucaristía aquí. Ellos están en la presencia de Jesús, la Palabra de Dios y al escucharlo. "Vengan a desayunar", no muy diferente "Tomad, todos ustedes, y comed juntos." Ellos y él comparten lo que tienen y comen en la unidad y la comunidad. Una escena simple que es una bella imagen de la Iglesia.

¿Quién es él?
Al mismo tiempo, existe lo que puede parecer un comentario extraño. "Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú? porque sabían muy bien que era el Señor. "Esto es algo que tienen que aprender. Jesús resucitado no se ve como solía verse. Él ahora puede tener muchas formas, pero con fe, están seguros de lo que es. 


Jesús a partir de ahora tiene muchas caras: mi amigo, mi enemigo, mi vecino rico, mi vecino pobre. Él está sobre todo al encontrarlo y reconocerlo en los pobres, los explotados, los discapacitados, los débiles, los ignorantes, el extraño, el extranjero ... Jesús tiene un rostro judío, una cara de chino, una cara de indio, una cara de filipino, un rostro nigeriano, un rostro árabe, un rostro americano ... 

Himno al Creador
Al igual que los discípulos, también, tenemos que llegar a reconocerlo, no sólo en los momentos privilegiados de la alta experiencia espiritual, sino en los momentos más mundanos de nuestro trabajo diario. 


De este modo estamos unidos con toda la creación, que por su misma existencia, es un himno al Creador tal como se expresa en la segunda lectura de hoy: "He oído todas las cosas vivientes en la creación - todo lo que vive en el aire, y en el tierra, y debajo de la tierra y en el mar, gritando: «Para aquel que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, el honor, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos." 

Como el "discípulo amado", fue el primero en reconocer al Señor en el desconocido oscuro, por lo que también va a tener a Jesús en nuestras vidas nos señaló a nosotros. Es nuestra responsabilidad, también, para ayudar a otros a reconocer la presencia de Jesús y el Señor obrando en sus experiencias diarias. Puede tener un efecto liberador sobre la gente y es una verdadera forma de evangelización que cualquiera puede hacer. 

Ser Cristo para los demás
Hay, sin embargo, un paso más que nos demanda. No es suficiente para nosotros, en nuestras propias vidas, ser conscientes de la presencia de Dios entre nosotros. Esa realidad exige una respuesta nuestra para hacer que la presencia sea una realidad sentida, una experiencia genuina para los que nos rodean también. Los discípulos simplemente no podía estar en la habitación de arriba disfrutando de la alegría de saber que Jesús, su Señor y amigo, había resucitado. Su encuentro en la orilla del lago les hizo darse cuenta de que ya no podían volver a sus barcos y vivir por sí mismos. 


Confesión
Y así, después de la cena con Jesús, tenemos la conmovedora escena entre él y Pedro. Dentro de un diálogo que combina dos cosas. Por un lado, está la reconciliación entre Jesús y Pedro. A pesar de todas sus posturas durante la Última Cena sobre su ser más fiel que todos los demás, era Pedro y solo Pedro, que negó tres veces bajo juramento que tuvo nunca nada que ver con Jesús. Ahora, en con la más suave de las maneras, el Señor resucitado le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" 


Pedro ha aprendido su lección. La valentía se ha ido. No se atreve a compararse con sus condiscípulos. Ahora sólo habla por sí mismo: "Sí, Señor, tú sabes que Te amo." Tres veces se le pide la misma pregunta sólo como tres veces que había negado. Le duele y finalmente dice: "Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que Te amo." 

Un momento especial
Y, por supuesto, era cierto. Fue siempre así, incluso cuando por temor por su propia seguridad, se negó a Jesús. Había llorado amargamente en ese momento, dándose cuenta de lo que había traicionado a su mejor amigo. Algunos pecados son un rechazo total de Dios y significa un giro definitivo. Tal vez Judas era así. Pero la mayoría de nuestros pecados son momentos de debilidad y no representan un verdadero cambio de distancia. El ir a la confesión es prueba suficiente de ello. 


Sin embargo, el diálogo es más que un momento de reconciliación. También es el paso de la batuta. Ahora Jesús entrega a Pedro ya sus compañeros de la misión que él mismo había sido dado por el Padre. "Apacienta mis ovejas." Esta es la responsabilidad de la Iglesia y, como miembros de esa Iglesia, una responsabilidad que recae en mayor o menor grado en cada uno de nosotros. No son sólo los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas que tienen esta responsabilidad. Es también la de los padres, profesores e incluso simplemente como hermanos y hermanas entre sí. 

Regreso a Jerusalén
Los discípulos ahora tenían que volver a Jerusalén, donde se comenzó a proclamar que la vida de Jesús, las palabras, las acciones, la muerte sufrimiento, y el aumento de la vida significaba para ellos y para todos los demás también. Esto lo vemos registrado en la primera lectura de los Hechos. La alegría que tenían, el nuevo sentido que había entrado en su vida a causa de su encuentro con Jesús simplemente tenía que ser compartido con otros. 


Sin embargo, fue el mensaje de que no todo el mundo quería oír. De hecho, fueron advertidos por los líderes civiles y religiosos que dejar lo que estaban haciendo. Pero no podía dejar porque fueron guiados por algo más profundo que la autoridad humana, la autoridad de la Verdad y el Amor de Dios. Ni siquiera cuando fueron detenidos, castigados, encarcelados pudieron detenerlo. Por el contrario, las cicatrices de las palizas se convirtieron en insignias de orgullo por haber compartido en la humillación y los sufrimientos de Jesús su Señor. 

Un mensaje impopular
Si queremos ser verdaderos discípulos de Jesús, si hemos de proclamar nuestra fe en su plenitud, no podemos esperar que se entienda bien, puede que seamos dignos de lástima o desprecio, y que algunos puedan querer deshacerse de nosotros - incluso violentamente . Miles de nuestros hermanos y hermanas, en muchas partes del mundo y en nuestra propia vida, han tenido esta experiencia. No me arrepiento. Gracias a ellos, el mensaje de Cristo, el mensaje de la Verdad y el Amor, sigue vivo. 


Una oración para vivir 
Tal vez podríamos terminar con las palabras de una oración del cardenal John Henry Newman (ligeramente adaptado), que expresa muy bien lo que hemos sido teniendo en cuenta:

Querido Jesús,
ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya.
Inunda mi alma con tu espíritu y vida.
Penetra y posee todo mi ser tan completamente
que toda mi vida sea sólo una irradiación de la tuya.
Brilla a través de mí y sé por lo que en mí
que todas las personas que entran en contacto con
va a sentir su presencia en mí.
Vamos a mirar hacia arriba y ver,
no sólo a mí, sino también a Jesús. " 


 La edición y el subrayado son nuestros
Tomado de Living Space. Commentaries of the readings.

Descubramos que este "querido" discípulo, somos nosotros los que estamos especialmente cerca de Jesús, y por ello podemos reconocer su presencia en todas las circunstancias de nuestra vida. 

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias.

7 de abril de 2013

"¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto."


Del Santo Evangelio según San Juan 20, 19-31
Domingo 2 del Tiempo de Pascua

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros."

Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo."
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
- "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor."
Pero él les contesto: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo."
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: "Paz a vosotros."
Luego dijo a Tomás: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente."
Contestó Tomás: "¡ Señor mío y Dios mío!"
Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto."
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
(Aciprensa.com)


Comentario: 

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana: los discípulos están viviendo un día extraordinario. El día siguiente al sábado, en el momento en el que viene escrito el IV evangelio, es ya para la comunidad “ el día del Señor” (Ap 1-10), Dies Domini (domingo) y tiene más importancia que la tradición del sábado para los Judíos.

Mientras estaban cerradas las puertas: una anotación para indicar que el cuerpo de Cristo Resucitado, aún siendo reconocible, no está sujeto a las leyes ordinarias de la vida humana.

Paz a vosotros: no es un deseo, sino la paz que había prometido cuando estaban afligidos por su partida (Jn 14,27; 2Tes 3,16; Rom 5,3), la paz mesiánica, el cumplimiento de las promesas de Dios, la liberación de todo miedo, la victoria sobre el pecado y sobre la muerte, la reconciliación con Dios, fruto de su pasión, don gratuito de Dios. Se repite por tres veces en este pasaje, como también la introducción (20,19) se repite más adelante (20,26) de modo idéntico.

Les mostró las manos y el costado: Jesús refuerza las pruebas evidentes y tangibles de que es Él el que ha sido crucificado. Sólo Juan recuerda especialmente la herida del costado producida por la lanza de un soldado romano, mientras Lucas tiene en cuenta las heridas de los pies (Lc 24-39). Al mostrar las heridas quiere hacer evidente que la paz que Él da, viene de la cruz (2Tim 2,1-13). Forman parte de su identidad de Resucitado (Ap 5,6)

Los discípulos se alegraron de ver al Señor: Es el mismo gozo que expresa el profeta Isaías al describir el banquete divino (Is 25,8-9), el gozo escatológico, que había preanunciado en los discursos de despedida, gozo que ninguno jamás podrá arrebatar (Jn 16,22; 20,27). Cfr. También Lc 24,39-40; Mt 28,8; Lc 24,41.

Como el Padre me envió, también yo os envío: Jesús es el primer misionero, el “apóstol y sumo sacerdote de la fe que profesamos” (Ap 3,1). Después de la experiencia de la cruz y de la resurrección se actualiza la oración de Jesús al Padre (Jn 13,20; 17,18; 21,15,17). No se trata de una nueva misión, sino de la misma misión de Jesús que se extiende a todos los que son sus discípulos, unidos a Él como el sarmiento a la vid (15,9), como también a su Iglesia (Mt 28,18-20; Mc 16,15-18; Lc 24,47-49). El Hijo eterno de Dios ha sido enviado para que “el mundo se salve por medio de Él” (Jn 3,17) y toda su existencia terrena, de plena identificación con la voluntad salvífica del Padre, es una constante manifestación de aquella voluntad divina de que todos se salven. Este proyecto histórico lo deja en consigna y herencia a toda la Iglesia y de modo particular, dentro de ella, a los ministros ordenados.

Sopló sobre ellos: el gesto recuerda el soplo de Dios que da la vida al hombre (Gn 2,7); no se encuentra otro en el Nuevo Testamento. Señala el principio de una creación nueva.

Recibid el Espíritu Santo: después que Jesús ha sido glorificado viene dado el Espíritu Santo (Jn 7,39). Aquí se trata de la transmisión del Espíritu para una misión particular, mientras Pentecostés (Act 2) es la bajada del Espíritu Santo sobre todo el pueblo de Dios.

A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos: el poder de perdonar o no perdonar (remitir) los pecados se encuentra también en Mateo de forma más jurídica (Mt 16,19; 18,18). Es Dios quien tiene el poder de perdonar los pecados, según los escribas y Fariseos (Mc 2,7), como según la tradición (Is 43,25). Jesús tiene este poder (Lc 5,24) y lo transmite a su Iglesia. Conviene no proyectar sobre este texto, en la meditación, el desarrollo teológico de la tradición eclesial y las controversias teológicas que siguieron. En el IV evangelio la expresión se puede considerar de un modo amplio. Se indica el poder de perdonar los pecados en la Iglesia como comunidad de salvación, de la que están especialmente dotados aquellos que participan por sucesión y misión del carisma apostólico. En este poder general está también incluso el poder de perdonar los pecados después del bautismo, lo que nosotros llamamos “sacramento de la reconciliación” expresado de diversas formas en el curso de la historia de la Iglesia. 

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo: Tomás es uno de los protagonistas del IV evangelio, se pone en evidencia su carácter dudoso y fácil al desánimo (11,16; 14,5). “Uno de los doce” es ya una frase hecha (6,71), porque en realidad eran once. “Dídimo” quiere decir Mellizo, nosotros podremos ser “mellizos” con él por la dificultad de creer en Jesús, Hijo de Dios muerto y resucitado.

¡Hemos visto al Señor! Ya antes Andrés, Juan y Felipe, habiendo encontrado al mesías, corrieron para anunciarlo a los otros (Jn 1,41-45). Ahora es el anuncio oficial por parte de los testigos oculares (Jn 20,18).

Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré: Tomás no consigue creer a través de los testigos oculares. Quiere hacer su experiencia. El evangelio es consciente de la dificultad de cualquiera para creer en la Resurrección (Lc24, 34-40; Mc 16,11; 1Cor 15,5-8), especialmente aquéllos que no han visto al Señor. Tomás es su (nuestro ) intérprete. Él está dispuesto a creer, pero quiere resolver personalmente toda duda, por temor a errar. Jesús no ve en Tomás a un escéptico indiferente, sino a un hombre en busca de la verdad y lo satisface plenamente. Es por tanto la ocasión para lanzar una apreciación a hacia los futuros creyentes (versículo 29).

Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente: Jesús repite las palabras de Tomás, entra en diálogo con él, entiende sus dudas y quiere ayudarlo. Jesús sabe que Tomás lo ama y le tiene compasión, porque todavía no goza de la paz que viene de la fe. Lo ayuda a progresar en la fe. Para profundizar más en la meditación, se pueden confrontar los lugares paralelos: 1Jn 1-2; Sal 78,38; 103,13-14; Rom 5,20; 1Tim 1,14-16.

¡Señor mío y Dios mío!: Es la profesión de fe en el Resucitado y en su divinidad como  está proclamado también al comienzo del evangelio de Juan (1,1) En el Antiguo Testamento “Señor” y “Dios” corresponden respectivamente a”Jahvé” y a “Elohim” (Sal 35,23-24; Ap 4,11). Es la profesión de fe pascual en la divinidad de Jesús más explicita y directa. En el ambiente judaico adquiría todavía más valor, en cuanto que se aplicaban a Jesús textos que se refieren a Dios. Jesús no corrige las palabras de Tomás, como corrigió aquéllas de los judíos que lo acusaban de querer hacerse “igual a Dios” (Jn 5,18ss), aprobando así el reconocimiento de su divinidad.

Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído: Jesús nunca soporta a los que están a la búsqueda de signos y prodigios para creer (Jn 4,48) y parece reprochar a Tomás. Encontramos  aquí un pasaje hacia una fe más auténtica, un “camino de perfección” hacia una fe a la que se debe llegar también sin las pretensiones de Tomás, la fe aceptada como don y acto de confianza. Como la fe ejemplar de nuestros padres (Ap 11) y como la de María (Lc 1,45). A nosotros, que estamos a más de dos mil años de distancia de la venida de Jesús, se nos dice que, aunque no lo hayamos visto, lo podemos amar y creyendo en Él podemos exultar de “un gozo indecible y glorioso” (1Pe 1,8).

Estos [signos] han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre: El IV evangelio, como los otros, no tiene la finalidad de escribir la vida completa de Jesús, sino sólo demostrar que Jesús era el Cristo, el Mesías esperado, el Liberador y que era Hijo de Dios. Creyendo en Él tenemos la vida eterna. Si Jesús no es Dios, ¡vana es nuestra fe!


La edición y el subrayado son nuestros
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas

En este día, descubramos que nuestra capacidad de perdonar nos viene del Hijo Único de Dios, y la fe que Jesús quiere de nosotros es una fe más auténtica, regalo y fruto de la confianza en Dios  .
 
Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias