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30 de junio de 2019
26 de mayo de 2019
19 de mayo de 2019
¨ Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.¨
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5 de mayo de 2019
«¡Es el Señor!»
Del Santo Evangelio según San Juan (Jn 21: 1 - 19)
1 Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. 2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
3 Simón Pedro les dice: «Voy a pescar.» Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo.» Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 4 Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
5 Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No.» 6 El les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. 7 El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanzó al mar.
8 Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
9 Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. 10 Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.» 11 Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.
12 Jesús les dice: «Venid y comed.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. 13 Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. 14 Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
15 Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.» 16 Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.» 17 Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.
18 «En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.» 19 Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.» (Aciprensa.com)
1 Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. 2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
3 Simón Pedro les dice: «Voy a pescar.» Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo.» Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 4 Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
5 Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No.» 6 El les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. 7 El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanzó al mar.
8 Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
9 Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. 10 Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.» 11 Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.
12 Jesús les dice: «Venid y comed.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. 13 Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. 14 Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
15 Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.» 16 Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.» 17 Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.
18 «En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.» 19 Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.» (Aciprensa.com)
S.S Francisco
Regina Coeli
10 de abril de 2016
Regina Coeli
10 de abril de 2016
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
El Evangelio de hoy narra la tercera aparición de Jesús resucitado a los discípulos a orillas del lago de Galilea, con la descripción de la pesca milagrosa (cf. Jn 21, 1-19). El relato se sitúa en el marco de la vida cotidiana de los discípulos, que habían regresado a su tierra y a su trabajo de pescadores, después de los días tremendos de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Era difícil para ellos comprender lo que había sucedido. Pero, mientras que todo parecía haber acabado, Jesús va nuevamente a «buscar» a sus discípulos. Es Él quien va a buscarlos. Esta vez los encuentra junto al lago, donde ellos habían pasado la noche en las barcas sin pescar nada. Las redes vacías se presentan, en cierto sentido, como el balance de su experiencia con Jesús: lo habían conocido, habían dejado todo por seguirlo, llenos de esperanza... ¿y ahora? Sí, lo habían visto resucitado, pero luego pensaban: «Se marchó y nos ha dejado... Ha sido como un sueño...».
He aquí que al amanecer Jesús se presenta en la orilla del lago; pero ellos no lo reconocen (cf. v. 4). A estos pescadores, cansados y decepcionados, el Señor les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis» (v. 6). Los discípulos confiaron en Jesús y el resultado fue una pesca increíblemente abundante. Es así que Juan se dirige a Pedro y dice: «Es el Señor» (v. 7). E inmediatamente Pedro se lanzó al agua y nadó hacia la orilla, hacia Jesús. En aquella exclamación: «¡Es el Señor!», está todo el entusiasmo de la fe pascual, llena de alegría y de asombro, que se opone con fuerza a la confusión, al desaliento, al sentido de impotencia que se había acumulado en el ánimo de los discípulos. La presencia de Jesús resucitado transforma todas las cosas: la oscuridad es vencida por la luz, el trabajo inútil es nuevamente fructuoso y prometedor, el sentido de cansancio y de abandono deja espacio a un nuevo impulso y a la certeza de que Él está con nosotros.
Desde entonces, estos mismos sentimientos animan a la Iglesia, la Comunidad del Resucitado. ¡Todos nosotros somos la comunidad del Resucitado! Si a una mirada superficial puede parecer, en algunas ocasiones, que el poder lo tienen las tinieblas del mal y el cansancio de la vida cotidiana, la Iglesia sabe con certeza que en quienes siguen al Señor Jesús resplandece ya imperecedera la luz de la Pascua. El gran anuncio de la Resurrección infunde en el corazón de los creyentes una íntima alegría y una esperanza invencibles. ¡Cristo ha verdaderamente resucitado! También hoy la Iglesia sigue haciendo resonar este anuncio gozoso: la alegría y la esperanza siguen reflejándose en los corazones, en los rostros, en los gestos, en las palabras. Todos nosotros cristianos estamos llamados a comunicar este mensaje de resurrección a quienes encontramos, especialmente a quien sufre, a quien está solo, a quien se encuentra en condiciones precarias, a los enfermos, los refugiados, los marginados. A todos hagamos llegar un rayo de la luz de Cristo resucitado, un signo de su poder misericordioso.
Que Él, el Señor, renueve también en nosotros la fe pascual. Que nos haga cada vez más conscientes de nuestra misión al servicio del Evangelio y de los hermanos; nos colme de su Santo Espíritu para que, sostenidos por la intercesión de María, con toda la Iglesia podamos proclamare la grandeza de su amor y la riqueza de su misericordia.
Después del Regina Coeli
Queridos hermanos y hermanas:
En la esperanza que nos dona Cristo resucitado, renuevo mi llamamiento para la liberación de todas las personas secuestradas en zonas de conflicto armado; en particular deseo recordar al sacerdote salesiano Tom Uzhunnalil, secuestrado en Aden, en Yemen, el pasado 4 de marzo.
Hoy en Italia se celebra la Jornada nacional para la Universidad católica del Sagrado Corazón, que tiene por tema «En la Italia de mañana estaré yo». Deseo que esta gran Universidad, que continúa haciendo un importante servicio a la juventud italiana, pueda proseguir con renovado compromiso su misión formativa, actualizándola cada vez más a las exigencias actuales.
Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos procedente de Italia y de diversas partes del mundo. Y también un saludo a los que están haciendo el maratón. En particular, a los fieles de Gandosso, Golfo Aranci, Mede Lomellina, Cernobbio, Macerata Campania, Porto Azzurro, Maleo y Sasso Marconi, con un recuerdo especial para los que se preparan para la confirmación de Campobasso, Marzocca y Montignano.
Doy las gracias por su presencia a los coros parroquiales, algunos de ellos han prestado servicio en estos días en la basílica de San Pedro. ¡Muchas gracias!
A todos os deseo un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!
¡Buen almuerzo y hasta pronto!
Tomado de la Santa Sede
21 de abril de 2019
¨hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos¨
Del Santo Evangelio según San Juan (Jn 20: 1- 9)
4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. 6 Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, 7 y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, 9 pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.
(Aciprensa.com)
S.S Francisco
Homilía
31 de marzo de 2018
Homilía
31 de marzo de 2018
Esta celebración la hemos comenzado fuera... inmersos en la oscuridad de la noche y en el frío que la acompaña. Sentimos el peso del silencio ante la muerte del Señor, un silencio en el que cada uno de nosotros puede reconocerse y cala hondo en las hendiduras del corazón del discípulo que ante la cruz se queda sin palabras.
Son las horas del discípulo enmudecido frente al dolor que genera la muerte de Jesús: ¿Qué decir ante tal situación? El discípulo que se queda sin palabras al tomar conciencia de sus reacciones durante las horas cruciales en la vida del Señor: frente a la injusticia que condenó al Maestro, los discípulos hicieron silencio; frente a las calumnias y al falso testimonio que sufrió el Maestro, los discípulos callaron. Durante las horas difíciles y dolorosas de la Pasión, los discípulos experimentaron de forma dramática su incapacidad de «jugársela» y de hablar en favor del Maestro. Es más, no lo conocían, se escondieron, se escaparon, callaron (cfr. Jn 18,25-27).
Es la noche del silencio del discípulo que se encuentra entumecido y paralizado, sin saber hacia dónde ir frente a tantas situaciones dolorosas que lo agobian y rodean. Es el discípulo de hoy, enmudecido ante una realidad que se le impone haciéndole sentir, y lo que es peor, creer que nada puede hacerse para revertir tantas injusticias que viven en su carne nuestros hermanos.
Es el discípulo atolondrado por estar inmerso en una rutina aplastante que le roba la memoria, silencia la esperanza y lo habitúa al «siempre se hizo así». Es el discípulo enmudecido que, abrumado, termina «normalizando» y acostumbrándose a la expresión de Caifás: «¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no perezca la nación entera?» (Jn 11,50).
Y en medio de nuestros silencios, cuando callamos tan contundentemente, entonces las piedras empiezan a gritar (cf. Lc 19,40)[1] y a dejar espacio para el mayor anuncio que jamás la historia haya podido contener en su seno: «No está aquí ha resucitado» (Mt 28,6). La piedra del sepulcro gritó y en su grito anunció para todos un nuevo camino. Fue la creación la primera en hacerse eco del triunfo de la Vida sobre todas las formas que intentaron callar y enmudecer la alegría del evangelio. Fue la piedra del sepulcro la primera en saltar y a su manera entonar un canto de alabanza y admiración, de alegría y de esperanza al que todos somos invitados a tomar parte.
Y si ayer, con las mujeres contemplábamos «al que traspasaron» (Jn 19,36; cf. Za 12,10); hoy con ellas somos invitados a contemplar la tumba vacía y a escuchar las palabras del ángel: «no tengan miedo… ha resucitado» (Mt 28,5-6). Palabras que quieren tocar nuestras convicciones y certezas más hondas, nuestras formas de juzgar y enfrentar los acontecimientos que vivimos a diario; especialmente nuestra manera de relacionarnos con los demás. La tumba vacía quiere desafiar, movilizar, cuestionar, pero especialmente quiere animarnos a creer y a confiar que Dios «acontece» en cualquier situación, en cualquier persona, y que su luz puede llegar a los rincones menos esperados y más cerrados de la existencia. Resucitó de la muerte, resucitó del lugar del que nadie esperaba nada y nos espera —al igual que a las mujeres— para hacernos tomar parte de su obra salvadora. Este es el fundamento y la fuerza que tenemos los cristianos para poner nuestra vida y energía, nuestra inteligencia, afectos y voluntad en buscar, y especialmente en generar, caminos de dignidad. ¡No está aquí…ha resucitado! Es el anuncio que sostiene nuestra esperanza y la transforma en gestos concretos de caridad. ¡Cuánto necesitamos dejar que nuestra fragilidad sea ungida por esta experiencia, cuánto necesitamos que nuestra fe sea renovada, cuánto necesitamos que nuestros miopes horizontes se vean cuestionados y renovados por este anuncio! Él resucitó y con él resucita nuestra esperanza y creatividad para enfrentar los problemas presentes, porque sabemos que no vamos solos.
Celebrar la Pascua, es volver a creer que Dios irrumpe y no deja de irrumpir en nuestras historias desafiando nuestros «conformantes» y paralizadores determinismos. Celebrar la Pascua es dejar que Jesús venza esa pusilánime actitud que tantas veces nos rodea e intenta sepultar todo tipo de esperanza.
La piedra del sepulcro tomó parte, las mujeres del evangelio tomaron parte, ahora la invitación va dirigida una vez más a ustedes y a mí: invitación a romper las rutinas, renovar nuestra vida, nuestras opciones y nuestra existencia. Una invitación que va dirigida allí donde estamos, en lo que hacemos y en lo que somos; con la «cuota de poder» que poseemos. ¿Queremos tomar parte de este anuncio de vida o seguiremos enmudecidos ante los acontecimientos?
¡No está aquí ha resucitado! Y te espera en Galilea, te invita a volver al tiempo y al lugar del primer amor y decirte: No tengas miedo, sígueme.
Tomado de la Santa Sede
Son las horas del discípulo enmudecido frente al dolor que genera la muerte de Jesús: ¿Qué decir ante tal situación? El discípulo que se queda sin palabras al tomar conciencia de sus reacciones durante las horas cruciales en la vida del Señor: frente a la injusticia que condenó al Maestro, los discípulos hicieron silencio; frente a las calumnias y al falso testimonio que sufrió el Maestro, los discípulos callaron. Durante las horas difíciles y dolorosas de la Pasión, los discípulos experimentaron de forma dramática su incapacidad de «jugársela» y de hablar en favor del Maestro. Es más, no lo conocían, se escondieron, se escaparon, callaron (cfr. Jn 18,25-27).
Es la noche del silencio del discípulo que se encuentra entumecido y paralizado, sin saber hacia dónde ir frente a tantas situaciones dolorosas que lo agobian y rodean. Es el discípulo de hoy, enmudecido ante una realidad que se le impone haciéndole sentir, y lo que es peor, creer que nada puede hacerse para revertir tantas injusticias que viven en su carne nuestros hermanos.
Es el discípulo atolondrado por estar inmerso en una rutina aplastante que le roba la memoria, silencia la esperanza y lo habitúa al «siempre se hizo así». Es el discípulo enmudecido que, abrumado, termina «normalizando» y acostumbrándose a la expresión de Caifás: «¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no perezca la nación entera?» (Jn 11,50).
Y en medio de nuestros silencios, cuando callamos tan contundentemente, entonces las piedras empiezan a gritar (cf. Lc 19,40)[1] y a dejar espacio para el mayor anuncio que jamás la historia haya podido contener en su seno: «No está aquí ha resucitado» (Mt 28,6). La piedra del sepulcro gritó y en su grito anunció para todos un nuevo camino. Fue la creación la primera en hacerse eco del triunfo de la Vida sobre todas las formas que intentaron callar y enmudecer la alegría del evangelio. Fue la piedra del sepulcro la primera en saltar y a su manera entonar un canto de alabanza y admiración, de alegría y de esperanza al que todos somos invitados a tomar parte.
Y si ayer, con las mujeres contemplábamos «al que traspasaron» (Jn 19,36; cf. Za 12,10); hoy con ellas somos invitados a contemplar la tumba vacía y a escuchar las palabras del ángel: «no tengan miedo… ha resucitado» (Mt 28,5-6). Palabras que quieren tocar nuestras convicciones y certezas más hondas, nuestras formas de juzgar y enfrentar los acontecimientos que vivimos a diario; especialmente nuestra manera de relacionarnos con los demás. La tumba vacía quiere desafiar, movilizar, cuestionar, pero especialmente quiere animarnos a creer y a confiar que Dios «acontece» en cualquier situación, en cualquier persona, y que su luz puede llegar a los rincones menos esperados y más cerrados de la existencia. Resucitó de la muerte, resucitó del lugar del que nadie esperaba nada y nos espera —al igual que a las mujeres— para hacernos tomar parte de su obra salvadora. Este es el fundamento y la fuerza que tenemos los cristianos para poner nuestra vida y energía, nuestra inteligencia, afectos y voluntad en buscar, y especialmente en generar, caminos de dignidad. ¡No está aquí…ha resucitado! Es el anuncio que sostiene nuestra esperanza y la transforma en gestos concretos de caridad. ¡Cuánto necesitamos dejar que nuestra fragilidad sea ungida por esta experiencia, cuánto necesitamos que nuestra fe sea renovada, cuánto necesitamos que nuestros miopes horizontes se vean cuestionados y renovados por este anuncio! Él resucitó y con él resucita nuestra esperanza y creatividad para enfrentar los problemas presentes, porque sabemos que no vamos solos.
Celebrar la Pascua, es volver a creer que Dios irrumpe y no deja de irrumpir en nuestras historias desafiando nuestros «conformantes» y paralizadores determinismos. Celebrar la Pascua es dejar que Jesús venza esa pusilánime actitud que tantas veces nos rodea e intenta sepultar todo tipo de esperanza.
La piedra del sepulcro tomó parte, las mujeres del evangelio tomaron parte, ahora la invitación va dirigida una vez más a ustedes y a mí: invitación a romper las rutinas, renovar nuestra vida, nuestras opciones y nuestra existencia. Una invitación que va dirigida allí donde estamos, en lo que hacemos y en lo que somos; con la «cuota de poder» que poseemos. ¿Queremos tomar parte de este anuncio de vida o seguiremos enmudecidos ante los acontecimientos?
¡No está aquí ha resucitado! Y te espera en Galilea, te invita a volver al tiempo y al lugar del primer amor y decirte: No tengas miedo, sígueme.
Tomado de la Santa Sede
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18 de abril de 2019
¨... habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo¨.
Del Santo Evangelio según San Juan (Jn 13: 1- 15)
6 Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?» 7 Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.» 8 Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.» 9 Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.» 10 Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.» 11 Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos.»
12 Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? 13 Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. 15 Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.
(Aciprensa.com)
S.S Francisco
Homilía
2 de abril de 2015
Homilía
2 de abril de 2015
Este jueves, Jesús estaba en la mesa con los discípulos, celebrando la fiesta de la Pascua. Y el pasaje del Evangelio que hemos escuchado contiene una frase que es precisamente el centro de lo que hizo Jesús por todos nosotros: «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1). Jesús nos amó. Jesús nos ama. Sin límites, siempre, hasta el extremo. El amor de Jesús por nosotros no tiene límites: cada vez más, cada vez más. No se cansa de amar. A ninguno. Nos ama a todos nosotros, hasta el punto de dar la vida por nosotros. Sí, dar la vida por nosotros; sí, dar la vida por todos nosotros, dar la vida por cada uno de nosotros. Y cada uno puede decir: «Dio la vida por mí». Por cada uno. Ha dado la vida por ti, por ti, por ti, por mí, por él… por cada uno, con nombre y apellido. Su amor es así: personal. El amor de Jesús nunca defrauda, porque Él no se cansa de amar, como no se cansa de perdonar, no se cansa de abrazarnos. Esta es la primera cosa que quería deciros: Jesús nos amó, a cada uno de nosotros, hasta el extremo.
Y luego, hizo lo que los discípulos no comprendieron: lavar los pies. En ese tiempo era habitual, era una costumbre, porque cuando la gente llegaba a una casa tenía los pies sucios por el polvo del camino; no existían los adoquines en ese tiempo… Había polvo por el camino. Y en el ingreso de la casa se lavaban los pies. Pero esto no lo hacía el dueño de casa, lo hacían los esclavos. Era un trabajo de esclavos. Y Jesús lava como esclavo nuestros pies, los pies de los discípulos, y por eso dice: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora —dice a Pedro—, pero lo comprenderás más tarde» (Jn 13, 7). Es tan grande el amor de Jesús que se hizo esclavo para servirnos, para curarnos, para limpiarnos.
Y hoy, en esta misa, la Iglesia quiere que el sacerdote lave los pies de doce personas, en memoria de los doce apóstoles. Pero en nuestro corazón debemos tener la certeza, debemos estar seguros de que el Señor, cuando nos lava los pies, nos lava todo, nos purifica, nos hace sentir de nuevo su amor. En la Biblia hay una frase, del profeta Isaías, muy bella, que dice: «¿Puede una madre olvidar a su hijo? Aunque ella se olvidara de su hijo, yo nunca me olvidaré de ti» (cf. 49, 15). Así es el amor de Dios por nosotros.
Y yo lavaré hoy los pies de doce de vosotros, pero en estos hermanos y hermanas estáis todos vosotros, todos, todos. Todos los que viven aquí. Vosotros los representáis a ellos. Y también yo necesito ser lavado por el Señor, y por eso rezad durante esta misa para que el Señor lave también mis suciedades, para que yo llegue a ser un mejor siervo vuestro, un mejor siervo al servicio de la gente, como lo fue Jesús.
Ahora comenzaremos esta parte de la celebración.
Tomado de la Santa Sede
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26 de abril de 2015
"Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas¨
Del Santo Evangelio Según San Juan 10,11-18
En aquel tiempo, dijo Jesús: "Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir el lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que al Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato lo he recibido de mi Padre." (Aciprensa.com)
Comentario:
En aquel tiempo, los pastores cuidaban al rebaño durante el día. Llegada la noche, ellos llevaban a las ovejas a un gran corral comunitario, protegido de ladrones y lobos cuidado por un guardián. Al día siguiente, muy de mañana el pastor, batía las manos sobre la puerta y el guardián abría. Las ovejas reconocían su voz y salían detrás de él. Las ovejas ajenas no salían porque no la reconocían.
Jesús es el ¨Buen Pastor¨ , modelo para nuestros sacerdotes, ciertamente, pero para nosotros también. Mucho se dice que el mundo necesita ¨líderes¨y se desconoce que el cristiano siempre lo es. El cristiano no sólo busca que todos conozcan a Jesús y que lo reconozcan como Señor y Salvador, sino que busca y buscará siempre ¨humanizar¨ al mundo. Es vital hacerse ¨responsable¨ de otros. Todos lo somos de alguna forma, como catequistas, padres de familia, maestros, también como empleados o profesionales.
Y hay que ¨CONOCERSE¨, no sólo de vista o de oídas sino ser ¨amigos¨. Como somos amigos de Jesús debemos ser amigos entre nosotros, de la misma manera cercana y sincera. Gracias
Comentario Completo:
i) Jn 10,1-5: 1ª Imagen: El pastor “entra por la puerta”
Jesús comienza el discurso con una comparación sobre la puerta: “Quien no entra por la puerta, sino que sube por otra parte es un ladrón y salteador. Quien por el contrario entra por la puerta es el pastor de las ovejas”. Para entender esta comparación, es bueno recordar lo que sigue. En aquel tiempo, los pastores cuidaban al rebaño durante el día. Llegada la noche, ellos llevaban a las ovejas a un gran recinto comunitario, bien protegido de ladrones y lobos. Todos los pastores de una misma región llevaban allí a sus rebaños. Un guardián se ocupaba de ellas durante la noche. Al día siguiente, muy de mañana, llegaba el pastor, batía las manos sobre la puerta y el guardián abría. Las ovejas reconocían la voz de su pastor, se levantaban y salían detrás de él a pastar. Las ovejas de los otros pastores oían la voz pero no se movían, porque para ellas era una voz desconocida. La oveja reconoce la voz de su pastor. De vez en cuando aparecía el peligro de un asalto. Para robar las ovejas, los ladrones no se presentaban al guardián de la puerta, sino que entraban por otro lado o destruían el recinto, hecho de piedra una sobre otra.
ii) Jn 10,6-10: 2ª Imagen: explica qué significa “entrar por la puerta”. Jesús es la puerta.
Aquellos que escuchaban a Jesús, los fariseos (cf Jn 9,40-41), no entendieron la comparación. Entonces Jesús explicó: “Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes que yo, son ladrones y salteadores”. ¿De quién o quiénes está hablando Jesús con esta frase tan dura? Probablemente se está refiriendo a los líderes religiosos que arrastraban a la gente detrás de ellos, pero que no respondían a la esperanza de la gente. Engañaban a la gente, dejándolas peor que antes. No les interesaba el bien de la gente, sino el propio interés y el propio bolsillo. Jesús explica que el criterio fundamental para discernir quién es el pastor y quién es el asaltante es la preocupación por la vida de las ovejas. Pide a la gente que no sigan a aquél que se presenta en calidad de pastor, pero no desea la vida de la gente. Es aquí donde Jesús pronunció aquella frase que se canta aun en nuestros días: “He venido para que tengan vid y vida en abundancia”. Este es el primer criterio.
iii) Jn 10,11-16: 3ª imagen: explica que significa “he venido para que tengan vida en abundancia” (Aquí empieza el texto de esta semana cuarta de Pascua)
* Jn 10,11: Jesús se presenta como el Buen Pastor que da su vida por las ovejas
Jesús cambia la comparación. Antes, Él era la puerta de las ovejas. Ahora dice que es el pastor de las ovejas. Y no un pastor cualquiera, sino: “¡Yo soy el buen pastor!”. La imagen del buen pastor viene del Viejo Testamento. Todo sabían qué era un pastor y cómo vivía y trabajaba. Diciendo que es un Buen Pastor, Jesús se presenta como aquél que viene a cumplir las promesas de los profetas y las esperanzas de la gente. Insiste sobre dos puntos: (a) la defensa de la vida de las ovejas; el buen pastor da su vida (Jn 10,11.15.17.18); (b) en la recíproca comprensión entre las ovejas y el pastor; el pastor conoce a sus ovejas y ellas conocen al pastor. (Jn 10,4.14.16)
* Jn 10,12-13: Jesús delinea la conducta del mercenario que no es pastor
“El mercenario que no es pastor”. Mirando desde fuera, no se percibe la diferencia entre el mercenario y el pastor. Los dos se ocupan de las ovejas. Hoy hay muchas personas que se ocupan de otras en los hospitales, en las comunidades, en los asilos para ancianos, en los colegios, en los servicios públicos, en las parroquias. Algunos lo hacen por amor, otros, apenas por un salario, para poder sobrevivir. A estas personas los otros no les interesan. Tienen conducta de funcionarios, de asalariados, de mercenarios. En el momento del peligro ellos no se interesan, “ porque las ovejas no son de ellos”, los niños no son de ellos, los alumnos no son de ellos, los vecinos no son de ellos, los fieles no son de ellos….
Ahora, en vez de juzgar la conducta de los otros pongámonos delante de nuestra conciencia y pidámonos: ¿En mi relación con los otros… soy mercenario o pastor? Piensa que Jesús no te condena porque el trabajador tiene derecho a su paga (Lc 10,7), sino que te pide que des un paso adelante y te conviertas en pastor.
* Jn 10,14-15: Jesús se presenta como el Buen Pastor que conoce a sus ovejas
Dos cosas caracterizan al buen pastor: a) conoce a las ovejas y es conocido por ellas. En la lengua de Jesús, “conocer” no es cuestión de conocer el nombre o el rostro de la persona, sino de relacionarse con la persona por amistad y por afecto. b) dar la vida por las ovejas. Esto significa estar dispuesto a sacrificarse por amor. Las ovejas sienten y perciben cuándo una persona las defiende y las protege. Esto vale para todos nosotros: para los párrocos y para aquéllos que tienen cualquier responsabilidad hacia otras personas. Para un párroco, saber si es buen pastor no basta con haber sido nombrado y obedecer a las normas del derecho canónico. Es necesario ser reconocido como buen pastor por las ovejas. A veces esto se olvida en la política actual de la Iglesia. Jesús dice que no sólo el pastor reconoce a las ovejas, sino que también las ovejas reconocen al pastor. Ellos tienen criterios para esto.
Porque si ellos no lo reconocen, aunque sea nombrado según el derecho canónico, él no es pastor según el corazón de Cristo. No son sólo las ovejas las que deben obedecer a quien las conduce. También aquél que conduce debe estar muy atento a la reacción de las ovejas para saber si obra como pastor o como mercenario.
* Jn 10,16: Jesús define la meta a conseguir: un solo rebaño y un solo pastor.
Jesús mira al horizonte y dice que hay otras ovejas que no son de este rebaño. Todavía no han escuchado la voz de Jesús, pero cuando la oigan, se darán cuenta que Él es el pastor y lo seguirán. ¿Quién hará esto o cuándo sucederá? ¡Somos nosotros, imitando en todo el comportamiento de Jesús, el Buen Pastor!
* Jn 10,17-18: Jesús es el Padre
En estos dos versículos finales Jesús se abre y nos deja entender algo que está en lo más profundo de su corazón: su relación con el Padre. Aquí se percibe la verdad de cuanto dice en otro momento: “No os llamo siervos , sino que os llamo amigos porque todo aquello que he oído del Padre os lo he hecho conocer” (Jn 15,15) Jesús es para nosotros un libro abierto.
Que la misericordia y la confianza en el Señor no te falte
Gracias
ii) Jn 10,6-10: 2ª Imagen: explica qué significa “entrar por la puerta”. Jesús es la puerta.
Aquellos que escuchaban a Jesús, los fariseos (cf Jn 9,40-41), no entendieron la comparación. Entonces Jesús explicó: “Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes que yo, son ladrones y salteadores”. ¿De quién o quiénes está hablando Jesús con esta frase tan dura? Probablemente se está refiriendo a los líderes religiosos que arrastraban a la gente detrás de ellos, pero que no respondían a la esperanza de la gente. Engañaban a la gente, dejándolas peor que antes. No les interesaba el bien de la gente, sino el propio interés y el propio bolsillo. Jesús explica que el criterio fundamental para discernir quién es el pastor y quién es el asaltante es la preocupación por la vida de las ovejas. Pide a la gente que no sigan a aquél que se presenta en calidad de pastor, pero no desea la vida de la gente. Es aquí donde Jesús pronunció aquella frase que se canta aun en nuestros días: “He venido para que tengan vid y vida en abundancia”. Este es el primer criterio.
iii) Jn 10,11-16: 3ª imagen: explica que significa “he venido para que tengan vida en abundancia” (Aquí empieza el texto de esta semana cuarta de Pascua)
* Jn 10,11: Jesús se presenta como el Buen Pastor que da su vida por las ovejas
Jesús cambia la comparación. Antes, Él era la puerta de las ovejas. Ahora dice que es el pastor de las ovejas. Y no un pastor cualquiera, sino: “¡Yo soy el buen pastor!”. La imagen del buen pastor viene del Viejo Testamento. Todo sabían qué era un pastor y cómo vivía y trabajaba. Diciendo que es un Buen Pastor, Jesús se presenta como aquél que viene a cumplir las promesas de los profetas y las esperanzas de la gente. Insiste sobre dos puntos: (a) la defensa de la vida de las ovejas; el buen pastor da su vida (Jn 10,11.15.17.18); (b) en la recíproca comprensión entre las ovejas y el pastor; el pastor conoce a sus ovejas y ellas conocen al pastor. (Jn 10,4.14.16)
* Jn 10,12-13: Jesús delinea la conducta del mercenario que no es pastor
“El mercenario que no es pastor”. Mirando desde fuera, no se percibe la diferencia entre el mercenario y el pastor. Los dos se ocupan de las ovejas. Hoy hay muchas personas que se ocupan de otras en los hospitales, en las comunidades, en los asilos para ancianos, en los colegios, en los servicios públicos, en las parroquias. Algunos lo hacen por amor, otros, apenas por un salario, para poder sobrevivir. A estas personas los otros no les interesan. Tienen conducta de funcionarios, de asalariados, de mercenarios. En el momento del peligro ellos no se interesan, “ porque las ovejas no son de ellos”, los niños no son de ellos, los alumnos no son de ellos, los vecinos no son de ellos, los fieles no son de ellos….
Ahora, en vez de juzgar la conducta de los otros pongámonos delante de nuestra conciencia y pidámonos: ¿En mi relación con los otros… soy mercenario o pastor? Piensa que Jesús no te condena porque el trabajador tiene derecho a su paga (Lc 10,7), sino que te pide que des un paso adelante y te conviertas en pastor.
* Jn 10,14-15: Jesús se presenta como el Buen Pastor que conoce a sus ovejas
Dos cosas caracterizan al buen pastor: a) conoce a las ovejas y es conocido por ellas. En la lengua de Jesús, “conocer” no es cuestión de conocer el nombre o el rostro de la persona, sino de relacionarse con la persona por amistad y por afecto. b) dar la vida por las ovejas. Esto significa estar dispuesto a sacrificarse por amor. Las ovejas sienten y perciben cuándo una persona las defiende y las protege. Esto vale para todos nosotros: para los párrocos y para aquéllos que tienen cualquier responsabilidad hacia otras personas. Para un párroco, saber si es buen pastor no basta con haber sido nombrado y obedecer a las normas del derecho canónico. Es necesario ser reconocido como buen pastor por las ovejas. A veces esto se olvida en la política actual de la Iglesia. Jesús dice que no sólo el pastor reconoce a las ovejas, sino que también las ovejas reconocen al pastor. Ellos tienen criterios para esto.
Porque si ellos no lo reconocen, aunque sea nombrado según el derecho canónico, él no es pastor según el corazón de Cristo. No son sólo las ovejas las que deben obedecer a quien las conduce. También aquél que conduce debe estar muy atento a la reacción de las ovejas para saber si obra como pastor o como mercenario.
* Jn 10,16: Jesús define la meta a conseguir: un solo rebaño y un solo pastor.
Jesús mira al horizonte y dice que hay otras ovejas que no son de este rebaño. Todavía no han escuchado la voz de Jesús, pero cuando la oigan, se darán cuenta que Él es el pastor y lo seguirán. ¿Quién hará esto o cuándo sucederá? ¡Somos nosotros, imitando en todo el comportamiento de Jesús, el Buen Pastor!
* Jn 10,17-18: Jesús es el Padre
En estos dos versículos finales Jesús se abre y nos deja entender algo que está en lo más profundo de su corazón: su relación con el Padre. Aquí se percibe la verdad de cuanto dice en otro momento: “No os llamo siervos , sino que os llamo amigos porque todo aquello que he oído del Padre os lo he hecho conocer” (Jn 15,15) Jesús es para nosotros un libro abierto.
La edición y el subrayado son nuestros
Que la misericordia y la confianza en el Señor no te falte
Gracias
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29 de julio de 2012
Jesús es el único y verdadero Pan del cielo
Buen día en el Señor, el evangelio de hoy (Juan 6, 1-15), nos relata el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Este pasaje está colocado en la parte del evangelio llamada "libro de los signos" (desde 1,19 hasta 12,50), en los cuales se describen y se comentan los siete grandes "signos" de auto revelación realizados por Jesús. en los que se ¨muestra¨como el mesías prometido y esperado.
En este evangelio, al milagro, se le une el sermón del pan de vida (6,29-59), la gran fuente de reflexión teológica sobre el sacramento de la eucaristía. Pues en todo el texto se ponen de relieve, palabras, ideas y gestos, característicos de la liturgia o culto público cristiano.
Los temas mayores de este pasaje son aquellos relacionados con el simbolismo del pan y el compartir el alimento. Otros motivos importantes presentes son los de la fe en Jesús y en su modo de interpretarlo como el mesías, a imagen de Moisés.
Subió Jesús al monte y se sentó allí con sus discípulos. Cerca de la Pascua, la fiesta de los judíos, Jesús sube al monte como Moisés y se sienta rodeado de sus discípulos. El gesto de sentarse para enseñar era propio de los rabinos.
Al levantar los ojos Jesús vio que venía hacia él mucha gente:, porque veían las señales que realizaba en los enfermos: anteriormente (2,23-25). En ambas ocasiones, Jesús desaprueba tales motivaciones (2,24-25;6,5.26).
¨ Dice a Felipe; ¿Dónde vamos a comprar panes para que coman estos?, y Juan señala: ¨Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer¨ La pregunta se dirige al origen divino de Jesús, pues sólo de El vienen los milagros y el comentario de Juan, es para resaltar la ignorancia de Felipe, pues no conocía quien era Jesús y lo que podía hacer. Felipe, sin entender responde preguntando.
¨Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco": La cifra corresponde al salario de doscientos días de trabajo de un obrero (cfr. Mt 20,13; 22,2)..Juan quiere subrayar la grandiosidad de la obra divina y la desproporción de los recursos humanos. Ante esto, Andrés señala aun muchachito.
"Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces": El muchacho, en el texto griego (paidarion) es justo un "muchachito": una persona sin ninguna importancia social. El pan de cebada, era un alimento barato usado por los pobres. Parece ser (cfr. Lc 11,5) que el alimento normal para una persona eran tres panes. Los peces-secos (opsarion) era el alimento que se consumía normalmente con el pan. Jesús, dispone todo y los discípulos en el acto responden.
"Haced que se recueste la gente...eran unos cinco mil hombres": Jesús antes de obrar los "hace recostar" o "tumbarse" pues era costumbre comer así, en el ritual de la Pascua y en todo banquete.
¨Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió...y lo mismo los peces: Estas palabras de Jesús están muy cercanas a las del rito eucarístico. Igual que el presidente de la mesa de Pascua, Jesús mismo parte el pan y lo distribuye. De igual modo hará en la última Cena. Juan quiere llamar la atención sobre la persona de Jesús, como único y verdadero dador del "pan del cielo".
Comieron todo lo que quisieron...y se saciaron: Es la abundancia prometida por los profetas (cfr., por ej. Is 25, 6; 30,23; 49, 9;56, 7-9; Os 11,4; Sal. 37, 19; 81,17; 132, 15). La comida fue tan abundante que sobró.
"Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda": Este pan, sin embargo, es un "pan que perece" y no que no se puede comparar con el verdadero "pan del cielo" (cfr. 6, 24). El mandato de recoger (synagein) lo que sobra, hace referencia a lo que estaba prescrito sobre el maná (cfr. Ex 16,15 ss).
"Llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes que sobraron": La frase quiere hacer subrayar la gran abundancia que vino de los panes bendecidos por Jesús. La gente terminó satisfecha, por el pan mas no por el signo de salvación.
Al ver la gente la señal que había realizado, decía: "Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo." La gente, según Marcos ( 6,52 y 8, 14-21), no entendieron el significado del milagro. El evangelio de Juan pone de relieve el significado del "signo" del milagro.
La muchedumbre no se equivoca al decirle "es el verdadero profeta que tenía que venir a este mundo":aunque no tome conciencia de ello. El es el que realiza la promesa divina de enviar un profeta "igual a Moisés" (Dt 18,15-18).
"Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerlo rey, huyó de nuevo al monte él solo": Jesús después del milagro; quería evitar que su papel como Mesías fuera "manipulado" por manifestaciones políticas por parte de la gente. Jesús confirma de nuevo su elección (cfr. Mt 4,1-10), la que realizará hasta el final, delante de Pilato (19, 33-37).
En este evangelio, al milagro, se le une el sermón del pan de vida (6,29-59), la gran fuente de reflexión teológica sobre el sacramento de la eucaristía. Pues en todo el texto se ponen de relieve, palabras, ideas y gestos, característicos de la liturgia o culto público cristiano.
Los temas mayores de este pasaje son aquellos relacionados con el simbolismo del pan y el compartir el alimento. Otros motivos importantes presentes son los de la fe en Jesús y en su modo de interpretarlo como el mesías, a imagen de Moisés.
Subió Jesús al monte y se sentó allí con sus discípulos. Cerca de la Pascua, la fiesta de los judíos, Jesús sube al monte como Moisés y se sienta rodeado de sus discípulos. El gesto de sentarse para enseñar era propio de los rabinos.
Al levantar los ojos Jesús vio que venía hacia él mucha gente:, porque veían las señales que realizaba en los enfermos: anteriormente (2,23-25). En ambas ocasiones, Jesús desaprueba tales motivaciones (2,24-25;6,5.26).
¨ Dice a Felipe; ¿Dónde vamos a comprar panes para que coman estos?, y Juan señala: ¨Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer¨ La pregunta se dirige al origen divino de Jesús, pues sólo de El vienen los milagros y el comentario de Juan, es para resaltar la ignorancia de Felipe, pues no conocía quien era Jesús y lo que podía hacer. Felipe, sin entender responde preguntando.
¨Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco": La cifra corresponde al salario de doscientos días de trabajo de un obrero (cfr. Mt 20,13; 22,2)..Juan quiere subrayar la grandiosidad de la obra divina y la desproporción de los recursos humanos. Ante esto, Andrés señala aun muchachito.
"Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces": El muchacho, en el texto griego (paidarion) es justo un "muchachito": una persona sin ninguna importancia social. El pan de cebada, era un alimento barato usado por los pobres. Parece ser (cfr. Lc 11,5) que el alimento normal para una persona eran tres panes. Los peces-secos (opsarion) era el alimento que se consumía normalmente con el pan. Jesús, dispone todo y los discípulos en el acto responden.
"Haced que se recueste la gente...eran unos cinco mil hombres": Jesús antes de obrar los "hace recostar" o "tumbarse" pues era costumbre comer así, en el ritual de la Pascua y en todo banquete.
¨Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió...y lo mismo los peces: Estas palabras de Jesús están muy cercanas a las del rito eucarístico. Igual que el presidente de la mesa de Pascua, Jesús mismo parte el pan y lo distribuye. De igual modo hará en la última Cena. Juan quiere llamar la atención sobre la persona de Jesús, como único y verdadero dador del "pan del cielo".
Comieron todo lo que quisieron...y se saciaron: Es la abundancia prometida por los profetas (cfr., por ej. Is 25, 6; 30,23; 49, 9;56, 7-9; Os 11,4; Sal. 37, 19; 81,17; 132, 15). La comida fue tan abundante que sobró.
"Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda": Este pan, sin embargo, es un "pan que perece" y no que no se puede comparar con el verdadero "pan del cielo" (cfr. 6, 24). El mandato de recoger (synagein) lo que sobra, hace referencia a lo que estaba prescrito sobre el maná (cfr. Ex 16,15 ss).
"Llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes que sobraron": La frase quiere hacer subrayar la gran abundancia que vino de los panes bendecidos por Jesús. La gente terminó satisfecha, por el pan mas no por el signo de salvación.
Al ver la gente la señal que había realizado, decía: "Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo." La gente, según Marcos ( 6,52 y 8, 14-21), no entendieron el significado del milagro. El evangelio de Juan pone de relieve el significado del "signo" del milagro.
La muchedumbre no se equivoca al decirle "es el verdadero profeta que tenía que venir a este mundo":aunque no tome conciencia de ello. El es el que realiza la promesa divina de enviar un profeta "igual a Moisés" (Dt 18,15-18).
"Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerlo rey, huyó de nuevo al monte él solo": Jesús después del milagro; quería evitar que su papel como Mesías fuera "manipulado" por manifestaciones políticas por parte de la gente. Jesús confirma de nuevo su elección (cfr. Mt 4,1-10), la que realizará hasta el final, delante de Pilato (19, 33-37).
En este domingo, miremos a Cristo que siempre atento a nuestras necesidades, no duda en convertirse en pan para saciar nuestra hambre.
Que la misericordia y la confianza en el Señor, no les falte
Gracias
Del Santo Evangelio Según San Juan 6,1-15
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: "¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?" Lo decía para tentarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe contestó: "Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo." Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?" Jesús dijo: "Decid a la gente que se siente en el suelo." Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: "Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie." Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: "Éste sí que es el Profeta que tenía que venir la mundo." Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.(Aciprensa.com)
Meditación de San Juan Crisóstomo
(…)
Dice: Y lo seguía un gran gentío porque veían los milagros que obraba. No lo seguían aún con ánimo muy firme, pues antes que tan eximias enseñanzas, más bien los atraían los milagros: cosa propia de gente ruda. Porque dice Pablo: ¨Los milagros son no para los fieles, sino para los no creyentes¨. En cambio Mateo no pinta así ese pueblo, sino que dice: Y todos se admiraban de su doctrina, pues los enseñaba como quien tiene potestad.
-Mas ¿por qué ahora se retira al monte y ahí se asienta con sus discípulos?-
Porque va a hacer un milagro. Que sólo los discípulos subieran con El, culpa fue del pueblo que no lo siguió. Pero no fue ése el único motivo de subir al monte, sino además para enseñarnos que debemos evitar el tumulto de las turbas y que la soledad se presta para el ejercicio de la virtud. Con frecuencia sube solo al monte a orar y pasa la noche en oración, para enseñarnos que quien se acerca a Dios debe estar libre de todo tumulto y buscar un sitio tranquilo.
-Preguntarás: ¿por qué no sube a Jerusalén para la festividad, sino que mientras todos se dirigían a Jerusalén, El se retiró a Galilea; y no va solo, sino que lleva a los discípulos, y luego baja a Cafarnaúm?-
Poco a poco va abrogando [derogando] la ley, tomando ocasión de la perversidad de los judíos. Y como hubiese levantado la mirada y viera la gran turba. Por aquí declara el evangelista que Jesús nunca se asentaba con sus discípulos sin motivo, sino tal vez para enseñarlos y hablar con mayor cuidado y para más unirlos consigo. Vemos por aquí la gran providencia que de ellos tenía, y cómo a ellos se acomodaba y se abajaba. Y estaban sentados, quizá mirándose frente a frente.
Luego, habiendo explayado su mirada, vio una gran turba que venía hacia El. Los otros evangelistas refieren que los discípulos se le acercaron y le rogaron y suplicaron que no la despidiera en ayunas. Juan, en cambio, presenta al Señor preguntando a Felipe. A mí ambas cosas me parecen verdaderas, aunque no verificadas al mismo tiempo; sino que precedió una de ellas; de manera que en realidad se narran cosas distintas.
-¿Por qué pregunta a Felipe?-
Porque sabía muy bien cuáles de los discípulos estaban más necesitados de enseñanza. Felipe fue el que más tarde le dije: ¨Muéstranos al Padre y esto nos basta¨. Por tal motivo es a él a quien primeramente instruye. Si el milagro se hubiera realizado sin ninguna preparación, no habría brillado en toda su magnitud. Por lo cual cuida Jesús de que previamente Felipe le confiese la escasez; para que con esto, el milagro le pareciera mayor.
-Observa lo que dice a Felipe: ¿De dónde obtendremos tantos panes como para que éstos coman? -
Del mismo modo en la Ley Antigua dijo a Moisés antes de obrar el milagro: ¿Qué es lo que tienes en tu mano? Y como los milagros repentinos suelen borrar de nuestra memoria los sucesos anteriores, en primer lugar ató a Felipe con la propia confesión de éste, para que no sucediera que después, herido de estupor, se olvidara de lo que había confesado; y para que por aquí, mediante la comparación, conociera la magnitud del milagro. Como en efecto sucedió.
A la pregunta contestó Felipe: ¨Doscientos denarios de panes no bastarían para que cada uno tomara un bocado. Esto se lo decía a Felipe para probarlo, pues El sabía bien lo que iba a hacer¨.
-¿Qué significa: para probarlo? ¿Acaso ignoraba Jesús lo que Felipe respondería? Semejante cosa no puede afirmarse. ¿Cuál es pues el pensamiento que encierra esa expresión?-
Podemos conocerlo por la Ley Antigua. También en ella leemos: ¨Sucedió después de estas cosas que Dios tentó a Abrahán y le dijo: Toma a tu hijo unigénito, al que amas, Isaac¨. No se lo dijo para saber si obedecería o no el patriarca, pues Dios todo lo ve antes de que acontezca; sino que en ambos pasajes habla al modo humano. Lo mismo, cuando la Escritura dice: Dios escruta los corazones de los hombres no significa ignorancia, sino un conocimiento exacto. Igualmente cuando dice: tentó, no significa otra cosa sino que El con exactitud ya lo sabía.
Podría entenderse en este otro sentido; o sea que tuvo mayor experiencia de ellos, cuando a Abrahán entonces y ahora a Felipe los lleva a un más profundo conocimiento del milagro.
-Por lo cual el evangelista, para que no dedujeras algo absurdo, a causa de la sencillez de la palabra, añadió: ¨Sabía bien El lo que iba a hacer¨. Por lo demás, bien está observar cómo el evangelista, siempre que hay lugar a una opinión torcida, al punto cuidadosamente la desbarata. De modo que, para que los oyentes en este pasaje no imaginaran algo erróneo, aprontó esa corrección: Sabía bien El lo que iba a hacer.-
De igual modo, en el otro pasaje, cuando dice el evangelista que los judíos perseguían a Jesús: No sólo porque traspasaba el sábado, sino también porque decía que su Padre era Dios, haciéndose igual a DIOS, si no hubiera sido este mismo el pensamiento de Cristo, confirmado con las obras, también habría añadido el evangelista esa corrección. Si en las palabras que Cristo habla, teme el evangelista que alguno pueda caer en error, mucho más lo habría temido en las que otros decían acerca de Cristo, si hubiera notado que no se tenía de El la verdadera opinión. Pero nada dijo, pues conocía el pensamiento de Cristo y su decreto inmutable. Por lo cual, una vez que dijo: Haciéndose igual a Dios, no añadió la corrección porque en esto la opinión de los judíos no andaba errada sino que era verdadera y estaba confirmada con las obras de Cristo.
Habiendo, pues, el Señor preguntado a Felipe: ¨Respondió Andrés, el hermano de Simón Pedro: Hay aquí un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos. Pero ¿qué significa esto para tantos?¨ Más altamente piensa Andrés que Felipe; y sin embargo, no llegó al fondo del asunto. Por tal parte, pienso que no sin motivo se expresó así: sino que teniendo noticia de los milagros de los profetas, como el de Elíseo sobre los panes, por aquí elevó su pensamiento a cierta altura, pero no llegó a la cima.
Aprendamos por aquí los que nos hemos entregado a los placeres cuál era el alimento de aquellos varones admirables, cuán pobre, de qué clase; e imitémoslos en la condición y frugalidad [escasez] de su mesa. Lo que sigue demuestra una extrema rudeza y debilidad en la fe. Porque una vez que hubo dicho: ¨Tiene cinco panes de cebada¨, añadió: ¨Pero ¿qué significa esto para tantos?¨ Le parecía que quien hacía milagros de pocos panes los haría de otros pocos y quien los hacía de muchos panes los haría de muchos otros. Pero iban las cosas por otros caminos. Puesto que a Jesús lo mismo le daba de muchos panes o de pocos preparar una cantidad inmensa, ya que no necesitaba de materia previa. Para que no pareciera que las criaturas estaban fuera del alcance de su sabiduría, como erróneamente afirmaban los marcionitas [secta del 144d.c], usó de la criatura para obrar el milagro; y lo obró cuando ambos discípulos menos lo esperaban. De este modo obtuvieron mayor ganancia espiritual, habiendo de antemano confesado lo difícil del negocio: para que, llevado a cabo el prodigio, reconocieran el poder de Dios.
-Y pues iba a obrarse un milagro ya antes obrado también por los profetas, aunque no del mismo modo; y lo iba a verificar Jesús comenzando por la acción de gracias, para que la gente ruda no cayera en error, observa cómo todo lo que hace va levantando las mentes y poniendo de manifiesto la diferencia. Cuando aún no aparecían los panes, ya El tenía hecho el milagro; para que entiendas que tanto lo que ya existe como lo que aún no existe, todo le está sujeto, como San Pablo: El que llama lo que no existe a la existencia como si ya existiera-
Pues como si ya estuviera la mesa puesta, mandó que al que al punto se sentaran a ella; y de este modo levantó el pensamiento de los discípulos.
Como ya por la pregunta anterior habían logrado provecho espiritual, al punto obedecieron v no se conturbaron ni dijeron: ¿Qué es, esto? ¿por qué ordenas sentarse a la mesa cuando aún nada hay que poner en ella?, modo que aún antes de ver el milagro comenzaron a creer, los que al principio no creían y decían: ¿De dónde compraremos panes? Mas aún: activamente dispusieron que las turbas se sentaran. Mas ¿por qué cuando va a sanar al paralítico, a resucitar al muerto, a calmar el mar no ruega, y ahora en cambio cuando se trata de panes sí lo hace? Es para enseñarnos que antes de tornar es alimento se ha de dar gracias a Dios. Por lo demás acostumbra El hacerlo en cosas mínimas para que entiendas que no lo hace porque le sea necesario. Pues si le hubiera sido necesario. Mas bien era en las grandes en las que lo habría hecho. Pero quien en las grandes procedía así con autoridad propia, sin duda que lo otro lo hace abajándose al modo de ser humano.
Por otra parte, estaba presente una turba inmensa a la cual era necesario persuadir de que El había venido por voluntad de Dios. Por esto cuando obra un milagro estando solo y en privado, no procede así; pero cuando lo hace en presencia de muchos y para persuadirlos de que El no es contrario a Dios, ni adversario del Padre, con dar gracias suprime toda sospecha errónea y acaba con ella. Y los distribuyó entre los que estaban sentados. Y se saciaron.
(...)
La multitud no iba a sacar ganancia grande espiritual de los milagros; y, en efecto, rápidamente lo olvidaron y pedían un nuevo milagro. Por lo demás, a Judas le sobrevino gravísima condenación del hecho de llevar su espuerta [cesta]. Pues que el milagro se haya obrado para instrucción de los discípulos, consta por lo que se dice al fin; que tuvo Jesús que traérselo a la memoria y decirles: ¿Aún no comprendéis ni recordáis cuántos canastos recogisteis? Y el mismo motivo hubo para que el número de las espuertas fuera doce. O sea, igual al de los discípulos. En la otra multiplicación, como ya estaban instruidos, no sobraron tantos canastos, sino solamente siete espuertas. Por mi parte yo me admiro no únicamente de la abundancia de panes, sino además de la multitud de fragmentos y de lo exacto del número; y de que Jesús cuidara de que no sobraran ni más ni menos, sino los que El quiso, pues sabía de antemano cuántos panes se iban a consumir; lo que fue señal de un poder inefable.
De modo que los fragmentos confirmaron ambos milagros y demostraron que no era aquello simple fantasmagoría, sino restos de los panes que habían comido. En cuanto al milagro de los peces, en esa ocasión se verificó con los peces preexistentes; pero después de la resurrección se verificó sin materia preexistente.
-¿Por qué?-
Para que adviertas cómo también ahora usó de la materia como Señor; no porque la necesitara como base del milagro, sino para cerrar la boca a los herejes.
Y las turbas decían: ¨verdaderamente éste es el Profeta¨.
-¡Oh avidez de la gula! Infinitos milagros mayores que éste había hecho Jesús y nunca las turbas le habían hecho semejante confesión, sino ahora que se hartaron-.
Pero por aquí se ve claramente que esperaban a un profeta eximio [muy ilustre] Allá con el Bautista preguntaban: ¨¿Eres tú el Profeta? Acá afirman: Este es el Profeta¨. Pero Jesús, en cuanto advirtió que iban a venir para arrebatarlo y proclamarlo rey, se retiró de nuevo El solo a la montaña.
-¡Por Dios! ¡cuán grande es la tiranía de la gula! ¡cuán inmensa la humana volubilidad! Ya no defienden la ley; ya no se cuidan del sábado violado; ya no los mueve el celo de Dios. ¡Repleto el vientre, todo lo han olvidado! Tenían consigo al Profeta e iban a coronarlo rey; pero Cristo huyó-
-¿Por qué lo hizo?-
Para enseñarnos que se han de despreciar las dignidades humanas y demostrar que El no necesita de cosa alguna terrena. Quien todo lo escogió humilde -madre, casa, ciudad, educación, vestido- no iba a brillar mediante cosas terrenas. Las celestiales, eximias y preclaras eran: los ángeles, la estrella, el Padre clamando, el Espíritu Santo testimoniando, los profetas ya de antiguo prediciendo; mientras que en la tierra todo era vil y bajo. Todo para que así mejor apareciera su poder. Vino a enseñarnos el desprecio de las cosas presentes y a no admirar las que en esta vida parecen espléndidas; sino que todo eso lo burlemos y amemos las cosas futuras. Quien admira las terrenas no admirará las del cielo.
Por eso decía Cristo a Pilato: ¨Mi reino no es de este mundo¨. Para no parecer que para persuadir echaba mano de humanos terrores y poderes.
-Pero entonces ¿por qué dice el profeta: ¨He aquí que viene a ti tu rey, humilde y montado en un pollino?-
Es que el profeta trataba del reino celeste y no del terreno. Por lo cual decía también: ¨Yo no acepto gloria del hombre¨.
Aprendamos, pues, carísimos, a despreciar los humanos honores y a no desearlos. Grande honor poseemos, con el cual comparados los honores humanos son injurias y cosa de risa y de comedia; así como las riquezas terrenas comparadas con las celestiales son verdadera pobreza, y esta vida comparada con la otra es muerte. Dice Cristo: Deja a los muertos que entierren a sus muertos. De modo que si esta gloria con aquella otra se compara, es vergüenza y burla. No anhelemos ésta. Si quienes la proporcionan son mas viles que la sombra y el ensueño, mucho más lo es ella: La gloria del hombre como flor del heno. Pero aun cuando fuera duradera ¿qué ganancia sacaría de ella el alma? ¡Ninguna! Al revés, daña sobremanera y hace esclavos de peor condición que los que en el mercado se venden, puesto que han de servir no a un señor, sino a dos, a tres, a mil que ordenan mil cosas diversas. ¡Cuánto mejor es ser libre que no esclavo! Libre de la servidumbre de los hombres y siervo del Señor Dios que ordena. Pero en fin, si de todos modos has de amar la gloria, ama la gloria inmortal. Su esplendor es de más brillo y mayor es si: ventaja.
-¡Por Dios! ¡cuán grande es la tiranía de la gula! ¡cuán inmensa la humana volubilidad! Ya no defienden la ley; ya no se cuidan del sábado violado; ya no los mueve el celo de Dios. ¡Repleto el vientre, todo lo han olvidado! Tenían consigo al Profeta e iban a coronarlo rey; pero Cristo huyó-
-¿Por qué lo hizo?-
Para enseñarnos que se han de despreciar las dignidades humanas y demostrar que El no necesita de cosa alguna terrena. Quien todo lo escogió humilde -madre, casa, ciudad, educación, vestido- no iba a brillar mediante cosas terrenas. Las celestiales, eximias y preclaras eran: los ángeles, la estrella, el Padre clamando, el Espíritu Santo testimoniando, los profetas ya de antiguo prediciendo; mientras que en la tierra todo era vil y bajo. Todo para que así mejor apareciera su poder. Vino a enseñarnos el desprecio de las cosas presentes y a no admirar las que en esta vida parecen espléndidas; sino que todo eso lo burlemos y amemos las cosas futuras. Quien admira las terrenas no admirará las del cielo.
Por eso decía Cristo a Pilato: ¨Mi reino no es de este mundo¨. Para no parecer que para persuadir echaba mano de humanos terrores y poderes.
-Pero entonces ¿por qué dice el profeta: ¨He aquí que viene a ti tu rey, humilde y montado en un pollino?-
Es que el profeta trataba del reino celeste y no del terreno. Por lo cual decía también: ¨Yo no acepto gloria del hombre¨.
Aprendamos, pues, carísimos, a despreciar los humanos honores y a no desearlos. Grande honor poseemos, con el cual comparados los honores humanos son injurias y cosa de risa y de comedia; así como las riquezas terrenas comparadas con las celestiales son verdadera pobreza, y esta vida comparada con la otra es muerte. Dice Cristo: Deja a los muertos que entierren a sus muertos. De modo que si esta gloria con aquella otra se compara, es vergüenza y burla. No anhelemos ésta. Si quienes la proporcionan son mas viles que la sombra y el ensueño, mucho más lo es ella: La gloria del hombre como flor del heno. Pero aun cuando fuera duradera ¿qué ganancia sacaría de ella el alma? ¡Ninguna! Al revés, daña sobremanera y hace esclavos de peor condición que los que en el mercado se venden, puesto que han de servir no a un señor, sino a dos, a tres, a mil que ordenan mil cosas diversas. ¡Cuánto mejor es ser libre que no esclavo! Libre de la servidumbre de los hombres y siervo del Señor Dios que ordena. Pero en fin, si de todos modos has de amar la gloria, ama la gloria inmortal. Su esplendor es de más brillo y mayor es si: ventaja.
(…)
La edición y el subrayado son nuestros
San Juan Crisóstomo, Homilia XLII (XLI) (Traducción directa del griego por Rafael Ramírez Torres, S. J - Clerus.org)


16 de julio de 2012
Del Santo Evangelio Según San Juan 19, 25-27
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Meditación del Beato Juan Pablo II
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Meditación del Beato Juan Pablo II
(...)
Las diversas generaciones del Carmelo, desde su origen hasta hoy, en su itinerario hacia el "monte de la salvación, Jesucristo nuestro Señor" (Misal romano, oración colecta de la misa en honor de la Virgen del Carmen, 16 de julio), han tratado de modelar su vida según el ejemplo de María.
Por eso en el Carmelo, y en toda alma impulsada por un tierno afecto hacia la Virgen y Madre santísima, florece la contemplación de aquella que, desde el principio, supo estar abierta a la escucha de la palabra de Dios y acatar su voluntad (cf. Lc 2, 19. 51). En efecto, María, educada y modelada por el Espíritu (cf. Lc 2, 44-50), fue capaz de leer en la fe su propia historia (cf. Lc 1, 46-55) y, dócil a las inspiraciones divinas, "avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie (cf. Jn 19, 25), sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de Madre" (Lumen gentium, 58).
La contemplación de la Virgen nos la presenta mientras, como Madre solícita, ve crecer a su Hijo en Nazaret (cf. Lc 2, 40. 52), lo sigue por los caminos de Palestina, lo asiste en las bodas de Caná (cf. Jn 2, 5) y, al pie de la cruz, se convierte en la Madre unida a su ofrenda y donada a todos los hombres en la entrega que el mismo Jesús hace de ella a su discípulo predilecto (cf. Jn 19, 26). Como Madre de la Iglesia, la Virgen santísima está unida a los discípulos y "persevera en la oración" (cf. Hch 1, 14), y, como Mujer nueva que anticipa en sí lo que se realizará un día para todos nosotros en la fruición plena de la vida trinitaria, es elevada al cielo, desde donde extiende el manto de protección de su misericordia sobre sus hijos peregrinos hacia el monte santo de la gloria.
Esa actitud contemplativa de la mente y del corazón lleva a admirar la experiencia de fe y de amor de la Virgen, que ya vive en sí cuanto todo fiel desea y espera realizar en el misterio de Cristo y de la Iglesia (cf. Sacrosanctum Concilium, 103; Lumen gentium, 53). Por este motivo, los carmelitas, tanto la rama masculina como la femenina, con razón han elegido a María como su Patrona y Madre espiritual, y ante los ojos del corazón la tienen siempre presente a ella, la Virgen purísima que guía a todos al conocimiento perfecto y a la imitación de Cristo.
Florece así una intimidad de relaciones espirituales que incrementan cada vez más la comunión con Cristo y con María. Para los miembros de la familia carmelitana María, la Virgen Madre de Dios y de los hombres, no sólo es un modelo a imitar, sino también una dulce presencia de Madre y Hermana en la que se puede confiar. Con razón santa Teresa de Jesús exhortaba: "Imitad a María y considerad qué tal debe ser la grandeza de esta Señora y el bien de tenerla por Patrona" (Castillo interior, III, 1, 3).

Esta intensa vida mariana, que se manifiesta en una oración confiada, en una alabanza entusiasta y en una imitación diligente, lleva a comprender que la forma más auténtica de devoción a la Virgen santísima, expresada mediante el humilde signo del escapulario, es la consagración a su Corazón Inmaculado (cf. Pío XII, Neminem profecto latet, 11 de febrero de 1950: AAS 42 [1950], 390-391; Lumen gentium, 67). En el corazón se realizan así una comunión y una familiaridad cada vez mayores con la Virgen santísima, "como "nueva manera" de vivir para Dios y continuar aquí en la tierra el amor del Hijo Jesús a su madre María" (Meditación mariana a la hora del Ángelus, 24 de julio de 1988, n. 2: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 31 de julio de 1988, p. 1). Como dijo el beato mártir carmelita Tito Brandsma, se establece así una profunda sintonía con María, la Theotókos, transmitiendo como ella la vida divina: "También a nosotros el Señor nos envía su ángel. (...) También nosotros debemos recibir a Dios en nuestro corazón, llevarlo dentro de nuestro corazón, alimentarlo y hacer que crezca en nosotros, de modo que nazca de nosotros y viva con nosotros como el Dios-con-nosotros, el Emmanuel" (De la relación del beato Tito Brandsma en el Congreso mariológico de Tongerloo, agosto de 1936).
Este rico patrimonio mariano del Carmelo se ha convertido con el tiempo, mediante la difusión de la devoción del santo escapulario, en un tesoro para toda la Iglesia. Por su sencillez, por su valor antropológico y por su relación con el papel que desempeña María con respecto a la Iglesia y a la humanidad, el pueblo de Dios ha acogido profunda y ampliamente esta devoción, hasta el punto de encontrar expresión en la memoria del 16 de julio, presente en el calendario litúrgico de la Iglesia universal.
Con el signo del escapulario se manifiesta una síntesis eficaz de espiritualidad mariana, que alimenta la devoción de los creyentes, haciéndolos sensibles a la presencia amorosa de la Virgen Madre en su vida. El escapulario es esencialmente un "hábito". Quien lo recibe se une o se asocia, en un grado más o menos íntimo, a la Orden del Carmen, dedicada al servicio de la Virgen para el bien de toda la Iglesia (cf. Fórmula de la imposición del escapulario, en el "Rito de la bendición e imposición del escapulario", aprobado por la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, 5 de enero de 1996). Por tanto, quien se reviste del escapulario se introduce en la tierra del Carmelo, para "comer sus frutos y sus productos" (cf. Jr 2, 7), y experimenta la presencia dulce y materna de María en su compromiso diario de revestirse interiormente de Jesucristo y de manifestarlo vivo en sí para el bien de la Iglesia y de toda la humanidad (cf. Fórmula de la imposición del escapulario).
Así pues, son dos las verdades evocadas en el signo del escapulario: por una parte, la protección continua de la Virgen santísima, no sólo a lo largo del camino de la vida, sino también en el momento del paso hacia la plenitud de la gloria eterna; y por otra, la certeza de que la devoción a ella no puede limitarse a oraciones y homenajes en su honor en algunas circunstancias, sino que debe constituir un "hábito", es decir, una orientación permanente de la conducta cristiana, impregnada de oración y de vida interior, mediante la práctica frecuente de los sacramentos y la práctica concreta de las obras de misericordia espirituales y corporales. De este modo, el escapulario se convierte en signo de "alianza" y de comunión recíproca entre María y los fieles, pues traduce de manera concreta la entrega que en la cruz Jesús hizo de su Madre a Juan, y en él a todos nosotros, y la entrega del apóstol predilecto y de nosotros a ella, constituida nuestra Madre espiritual.
Un espléndido ejemplo de esta espiritualidad mariana, que modela interiormente a las personas y las configura a Cristo, primogénito entre muchos hermanos, son los testimonios de santidad y sabiduría de tantos santos y santas del Carmelo, todos crecidos a la sombra y bajo la tutela de la Madre.
También yo llevo sobre mi corazón, desde hace mucho tiempo, el escapulario del Carmen. Por el amor que siento hacia nuestra Madre celestial común, cuya protección experimento continuamente, deseo que este año mariano ayude a todos los religiosos y las religiosas del Carmelo y a los piadosos fieles que la veneran filialmente a acrecentar su amor y a irradiar en el mundo la presencia de esta Mujer del silencio y de la oración, invocada como Madre de la misericordia, Madre de la esperanza y de la gracia.
Con estos deseos, imparto de buen grado la bendición apostólica a todos los frailes, las monjas, las religiosas, los laicos y las laicas de la familia carmelitana, que tanto se esfuerzan por difundir entre el pueblo de Dios la verdadera devoción a María, Estrella del mar y Flor del Carmelo.
(...)
El subrayado es nuestro
Juan Pablo II, Mensaje a la Orden Del Carmen con motivo de la dedicación del Año 2001 a María
Juan Pablo II, Mensaje a la Orden Del Carmen con motivo de la dedicación del Año 2001 a María
Jesús nos dice: “¡He ahí a tu madre!”
Buen día en el Señor, hoy es la fiesta solemne de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, En el Evangelio de hoy (Jn 19,25-27) vemos a Jesús en la cruz. San Juan lo describe diciendo: ¨Jesús entonces, viendo a la madre y allí junto a ella al discípulo que lo amaba, dice….”(v.26). Palabras con las cuáles quiere expresar su voluntad: “He ahí a tu hijo” (v.26). “He ahí a tu madre” (v,27). Jesús desde su trono, la cruz, con sus palabras, no sólo pronuncia su voluntad, sino también quién está verdaderamente en su amor por nosotros y cuál es el fruto de este amor. Es el cordero de Dios, el pastor que da su vida por nosotros.
Junto a la cruz ¨Junto¨ es una palabra muy importante, repetida dos veces cuando Juan habla de la madre de Jesús y del discípulo amado. El evangelista dice que la madre de Jesús estaba “junto a la cruz” (v.25) y el discípulo amado estaba ”junto a ella” (v.26). Este importante detalle tiene un significado bíblico muy profundo. Sólo él nos cuenta que la madre de Jesús no estaba siguiéndolo de lejos, sino junto a la cruz y en compañía de las otras mujeres. Recta de pie, como una fuerte mujer que continúa creyendo, esperando y teniendo confianza en Dios, incluso en aquel momento tan difícil. La madre de Jesús está en el momento importante en el cuál “Todo se ha consumado” (v.30) en la misión de Jesús. Además, el evangelista subraya la presencia de la madre de Jesús en el comienzo de su misión, en las bodas de Caná, donde Juan usa casi la misma expresión: “Estaba allí la madre de Jesús” (Jn 2,1)
La mujer y el discípulo En las bodas de Caná y en la cruz, Jesús muestra su gloria y su madre está presente. Durante la fiesta de las bodas de Caná, Jesús transformó el agua contenida en seis tinajas (Jn 2,6). El número seis simboliza la imperfección. El número perfecto es el siete. Por este motivo Jesús responde a su madre:” No ha llegado mi hora” (Jn 2,4). La hora, en la cuál Jesús ha renovado todo, ha sido la hora de la cruz.
En la cruz, con agua y sangre, Jesús hace nacer la Iglesia y al mismo tiempo ella se convierte en su esposa. Tanto en las bodas de Caná como en la cruz, Jesús no llama a su madre por el propio nombre, sino que le da el bellísimo título de “Mujer” (Jn 2,19,26). El título de “Mujer” pone en claro que en aquel momento Jesús estaba abriendo el corazón de su madre a la maternidad espiritual de sus discípulos, representados en la persona de Juan quien se encuentra siempre cerca de Jesús. El discípulo que ha entendido el misterio de Jesús y ha permanecido fiel a su maestro hasta la crucifixión, y más tarde sería el primer discípulo en creer la Resurrección (Jn 20.4-8)
El discípulo amado de Jesús, no tiene nombre, porque nos representa. La Mujer se convierte en madre del discípulo. La Mujer, no es sólo la madre de Jesús, sino también la Iglesia. Juan nos dice en el libro del Apocalipsis: “En el cielo apareció un grandiosa señal: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas. Estaba encinta y gritaba por los dolores y trabajos del parto” (Ap 12,1-2) La mujer, pues, es la imagen de la Iglesia madre que está con los dolores del parto para engendrar a Dios nuevos hijos. La madre de Jesús es la imagen perfecta de la Iglesia esposa de Cristo.
El discípulo recibe en su casa a la mujer Jesús con esta entrega permitió un encuentro de Amor entre los discípulos y la Mujer, (su Madre y la Iglesia). El evangelista lo señala con las palabras de Jesús : “¡He ahí a tu madre!” (v.27)
Juan continúa: “Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa” (v. 27). Esto significa que la ha recibido como una valiosa y querida persona. Esto nos recuerda, el comienzo del evangelio de Mateo, la visión del ángel en el sueño de José, el esposo de María.
En esta visión el ángel dice a José: “José, hijo de David, no temas recibir contigo a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella viene del Espíritu Santo” (Mt 1,20). Mateo empieza con el Señor Dios confiando María y Jesús a José; y Juan concluye, con Jesús confiando su Madre y la Iglesia, en las manos del discípulo amado.
En el día de hoy, volvamos a la cruz, miremos al Señor que nos dice: “¡He ahí a tu madre!” , y acogámosla y amémosla como Él lo hace.
Que la misericordia y la confianza en el Señor, no les falte.
Gracias
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