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13 de septiembre de 2015

"Y vosotros, ¿quién decís que soy?"

Domingo 24 del Tiempo Ordinario
Evangelio: Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le contestaron: "Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas." Él les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy?" Pedro le contestó: "Tú eres el Mesías." Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días." Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: "¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!" Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará."(Aciprensa.com)

Comentario: 
Este evangelio describe toda una experiencia de aprendizaje para los discípulos de Jesús. Él les hace saber quien es y que significa seguirle.  Jesús enseña el significado de su vida y su mensaje para así poder compartirlo con los demás. 

Ante la pregunta de Jesús. ¨¿Quién dice la gente que soy yo?". La opinión general es que es ciertamente una especie de profeta enviado por Dios - Juan el Bautista resucitado, o quizás Elías, el que tenía que volver para preparar el camino para la venida del Mesías, u otro profeta. 

Dice Pedro, en nombre de todos: "tú eres el Cristo." Es decir, tú eres el Mesías, el rey libertador muy esperado de Israel. "Mesías" o "Cristo", en griego Christos, significa el "Ungido". Los reyes, como David, eran ¨nombrados¨ por una unción. Llamar a Jesús el "Ungido" es decir que Él es el rey.

Para ellos, su maestro no era un simple rabino, Él era el Mesías, el Rey de Israel, y ellos se veían parte de su círculo más cercano, sus amigos cercanos y compañeros. Ya se sentían sus cortesanos.

Y  es en medio de estas creencias es que reciben el choque del anuncio de Jesús. Como Mesías, será rechazado por los líderes religiosos y civiles de su propio pueblo, sufrirá terribles sufrimientos, una muerte horrible y vergonzosa en una cruz, y al final se levantará al tercer día. 

 Pedro, otra vez a nombre de todos, le protesta a Jesús enérgicamente: "Señor, esto nunca te puede pasar a ti." Para él era impensable y seguramente doloroso un destino como este.

 Jesús le reprocha señalándole sus pensamientos humanos y contrarios a Dios. Y continúa: "Si alguien quiere ser mi discípulo, entonces tiene que tomar su cruz y venir en pos de mi". El camino de Jesús también ha de ser nuestro camino y comienza no en pensamientos humanos.

Jesús nos invita a dejarnos llevar por Él y sólo por Él. Aunque el camino no sea placentero y sea difícil, lo que es ¨cargar la cruz¨. No hay que amar el sufrimiento que eso es insano, sino amar a Dios que permite nuestro sufrimiento, y lo permite no para castigarnos sino para corregirnos.  

Hay que arriegarse a perder la Vida (lo que no pedirá a todos)  y sus seguridades para encontrar la verdadera libertad. La de no someternos a algo o alguien para sólo obedecer al Señor, asumiendo su voluntad como propia. Gracias

Para Profundizar:

Comentario sobre Isaías 50: 5-9; Santiago 2: 14-18; Marcos 8: 27-35

Este evangelio está describiendo toda una experiencia de aprendizaje, primero la de los discípulos de Jesús, segundo, también para el lector y el oyente. Saber quién es Jesús y lo que significa seguirlo es algo que los discípulos no hacen todos a la vez. Fue un viaje doloroso para ellos.

El domingo pasado vimos la curación de un hombre que era sordo y mudo. Es el comienzo de una parte central del aprendizaje en este evangelio que encuentra su clímax parcial en la lectura de hoy. La historia es una especie de parábola de cómo poco a poco aprendemos a escuchar y entender el significado de la vida y el mensaje de Cristo y cómo podemos entonces aprender a compartir nuestra experiencia con eficacia con los demás. No es suficiente haber escuchado el mensaje; también ha de ser compartida y comunicada con los demás.

El pasaje de hoy es precedida inmediatamente por otra historia de curación, esta vez la de un hombre que era ciego. Lo interesante de esta historia es que su ceguera fue sanado por etapas. Eso es exactamente lo que estaba sucediendo a los discípulos y lo vemos claramente ilustrado en la historia de hoy.

¿Quién dice la gente que soy yo?
El encuentro de hoy de Jesús con sus discípulos en Cesarea de Filipo (un lugar de encuentro de las culturas judías y griegas) representa un punto alto en el evangelio de Marcos y en su relación con Jesús.

Se cuestiona la identidad de Jesús. "¿Quién dice la gente que soy yo?" les pregunta. Le dan diversas respuestas. La opinión general es que Jesús es ciertamente una especie de profeta enviado por Dios - quizá Juan el Bautista resucitado, o quizás Elías, al que se le esperaba para preparar el camino para la venida del Mesías, o algún otro profeta.

"Pero, ¿quién decís que soy yo?" presiona Jesús. "Tú¨, dice Pedro, hablando en nombre de todos dice: "tú eres el Cristo." Es decir, tú eres el Mesías, el rey libertador muy esperado de Israel. "Mesías" o "Cristo", en griego Christos, significa el "Ungido". Los reyes (¿Recuerda David?) Fueron ¨nombrados por una unción. Llamar a Jesús el "Ungido" es decir que él es el rey.

Un camino emocionante
Realmente debe haber sido un camino emocionante para los discípulos. Su Maestro no era un simple rabino; ¡Él era el Mesías!, ¡El Rey de Israel! Y ellos eran parte de su círculo más cercano, sus amigos cercanos y compañeros. Ahora eran cortesanos.
¡Wow! ¿Estarían viviendo en un palacio? ¿Conseguirán importantes puestos de trabajo? ¿Poder, influencia, mucho dinero, hermosa ropa? ¡Fue alucinante! ¡Qué futuro se estaba desarrollando para estos hombres sin educación!

Y entonces - totalmente inesperado - viene el choque, un gran cubo de agua muy fría. Jesús comienza a decirles lo que va a pasarle, como Mesías. Él será rechazado por los líderes religiosos y civiles de su propio pueblo, él sufrirá terribles sufrimientos, él sufrirá una muerte horrible y vergonzosa ejecutado en una cruz, y al final se levantará en el tercer día (sea lo que signifique para ellos) . 


Un escenario inaceptable
Pedro, una vez más, y obviamente, en representación de todos sus compañeros, le protesta a Jesús en los términos más enérgicos. "Señor, esto nunca te puede pasar a ti." Era impensable que el Mesías debía cumplir con un destino como este. Iba totalmente en contra de toda razón que el Mesías debía sufrir en manos de su propio pueblo. Por el contrario, él iba a ser victorioso sobre los enemigos de Israel. Lo que Jesús estaba diciendo simplemente no tiene ningún sentido. Esto no era parte del escenario que se había construido en ese largo periodo con tales expectativas. Y, ¿Qué iba a pasar con ellos? Todo esto es un sin sentido que tenía que ser cortado de raíz.

La reacción de Jesús es casi salvaje. "¡Quítate de delante de mí, Satanás, los tuyos no son más que pensamientos humanos;! No representan la manera de ver las cosas de Dios." Pedro – Piedra - es visto como un obstáculo. Jesús podría estar tentado a pensar como Pedro. Sería un futuro mucho más agradable que lo descrito. Pero él sabía bien que esta era la forma en que era llamado a seguir.

Está claro que los discípulos (y nuestra) experiencia de aprendizaje no había terminado. Habían llegado a la etapa crítica de saber quién era Jesús - el Mesías. Pero ahora tenían que descubrir - muy dolorosamente - qué tipo de Mesías iba a ser. Ellos no lo saben y no van a ver su belleza terrible y convincente hasta después de la resurrección.

El resto de argumentos el Evangelio de Marcos respecto a este tema pretende que se vuelvan discípulos reales. (Después de todo, la mayoría de los discípulos estaban muertos y se habían ido para cuando el evangelio de Marcos apareció.)

Más por venir
Pero, ¡Jesús todavía no ha terminado con ellos! Dirigiéndo sus palabras no sólo a ellos, sino a todo el mundo, Jesús continúa: "Si alguien quiere ser mi discípulo, entonces tiene que tomar su cruz y venir en pos de mi". El camino de Jesús también ha de ser nuestro camino.

Así que gran parte del tiempo tratamos de saltar la valla: tratamos de ser "buenos" católicos y queremos tener todas las cosas buenas que todo el mundo quiere también. No queremos cruces. Incluso pensamos que uno de los propósitos de la oración es pedirle a Jesús a llevar las cosas desagradables y hacer la vida más suave hasta el final.

Pero Jesús nos insta a dejarnos llevar. Para "salvar nuestra vida" hay que aferrarnos a las cosas que no son nuestras y del querer la seguridad en ellas. Tenemos que aprender que nuestra felicidad no está en tener o tomar, pero sí en compartir lo que tenemos. Está en dar, no en conseguir. Está en dejar ir y dejarse en Dios.

¿Quiénes son los que tienen la fe verdadera?

Juan hoy en la segunda lectura habla de aquellas personas que tienen "fe", es decir, que dicen ser creyentes en Cristo y su Evangelio, pero nada de eso aparece en sus vidas. Rezan piadosamente, se les ve en la misa todos los domingos, son expertos en la doctrina y enseñanza ortodoxa, pero hacen muy poco para ayudar a los demás. 


La edición y el subrayado son nuestros 
Tomado de Living Space. Commentaries on the daily readings.


Que la Misericordia y la confianza en Dios no te falte

Gracias

22 de marzo de 2015

¨Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna¨

Del Santo Evangelio Según San Juan 12, 20-33

20 Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. 21 Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús». 22 Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.23 Jesús les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. 24 En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. 25 El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. 26 Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará. 27 Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! 28 Padre, glorifica tu Nombre». Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré». 29 La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel». 30 Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. 31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera.32 Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí». 33 Decía esto para significar de qué muerte iba a morir (Biblia de Jerusalén, Desclee de Brouwer,1967)

Comentario:
Este pasaje nos muestra a Jesús que ofrece la vida, que da frutos a través de la muerte. No, es un Jesús "filósofo", "sabio" como esperarían los griegos; sino ante todo aquél que no está atado a la propia vida, sino que la ha dado y se ha puesto al servicio de la vida de todos. 

Como sucede con el trigo: sólo quebrantádose y muriendo puede liberar toda su vitalidad; así muriendo Jesús mostrará todo su amor que da vida. La historia de la semilla es la historia de Jesús, y de todo discípulo que quiere servirlo y tener vida en Él.Gracias

Comentario Completo:

El contexto:
Estamos al final del "libro de los signos", que es la clave interpretativa que usa Juan en su Evangelio y ya se está perfilando el encuentro mortal entre la clase dirigente y Jesús. Este pasaje es como un broche entre lo que hasta ahora Juan ha contado y se concluye con esta aparición de las "gentes" (señalados por estos "griegos") y lo que está por suceder. Los próximos sucesos Juan los subdivide en dos ámbitos. El primer ámbito es el diálogo con sólo los discípulos, en el contexto de la cena pascual (cc 13-17); el otro ámbito será la escena pública de la pasión y después la aparición del resucitado (cc 18-21).

Este episodio, quizás no es del todo real: quiere señalar que la apertura a las gentes ha comenzado ya con Jesús mismo. No se trata tanto de andar a convencer a los otros de cualquier cosa, sino de acoger ante todo su búsqueda y llevarla a la madurez. Y esta madurez no llega sino con la colaboración de los otros y con un diálogo con Jesús. No se dice si Jesús ha hablado a estos griegos: el texto parece abreviar la narración, haciendo llevar pronto a la evidencia a qué "tipo" de Jesús se deben acercar aquéllos que lo buscan. Se trata del Jesús que ofrece la vida, que da frutos a través de la muerte. No, por tato, un Jesús "filósofo", "sabio"; sino ante todo aquél que no está atado a la propia vida, sino que la ha dado y se ha puesto al servicio de la vida de todos. 


Los versículos 27-33, que manifiestan la angustia y la turbación de Jesús frente a la muerte inminente, se llaman también "el Getsemaní del IV Evangelio" en paralelo con la narración de los Sinópticos sobre la vigilia dolorosa de Jesús en el Getsemaní: Como sucede con el trigo: sólo quebrantádose y muriendo puede liberar toda su vitalidad; así muriendo Jesús mostrará todo su amor que da vida. La historia de la semilla es la historia de Jesús, y de todo discípulo que quiere servirlo y tener vida en Él.



"Señor, queremos ver a Jesús"
Se trata de una pregunta que hacen algunos "griegos" a Felipe. De ellos se dice que " subían a adorar en la fiesta". Probablemente son aquellos "timoratos de Dios" de los que se habla con frecuencia en los textos neotestamentarios; simpatizantes de la religión hebrea, aunque sin ser verdaderos judíos. Pudieran también ser de origen sólo siro fenicio, como indica con la misma palabra Marcos (7,26), cuando habla de la mujer que pedía la curación de su hija. En la petición de ellos podemos encontrar solo curiosidad por acercarse a un personaje famoso y discutido. Pero el contexto en el que nos lo presenta Juan, esta búsqueda señala por el contrario que buscaban de verdad, con corazón abierto. Tanto es así que ellos son presentados tan pronto como se ha dicho: "Ya véis que todo el mundo se va en pos de Él" (Jn 12,19)

Y luego la noticia es comentada por Jesús como el "llegar la hora del Hijo del hombre". El hecho de que se hayan dirigido a Felipe, y éste los envíe a Andrés, es debido al hecho de que los dos eran de Betsaida, una ciudad donde la gente estaba mezclada, y se necesitaba entenderse en varios idiomas. Los dos personajes representan de todos modos dos sensibilidades: Felipe es más tradicionalista (como se ve por su frase después de haber conocido a Jesús (Jn 1, 45): mientras que Andrés, que ya había participado en el movimiento de Juan Bautista, era de carácter más abierto a lo nuevo (cfr Jn 1, 41). Para indicar que la comunidad que se abre a los paganos, que acoge la solicitud de quien busca con corazón curioso, es acogida por una comunidad que vive en su variedad de sensibilidades.

"Si el grano de trigo no cae en tierra…"
La respuesta de Jesús parece menos interesada a los griegos, que deseaban verlo, y más orientada hacia todos, discípulos y griegos. Él ve abrirse las fronteras, siente la tumultuosa adhesión de las gentes; pero quiere llamar la atención que esta fama que le rodea, esta "gloria" que quisieran conocer de cerca, es de otro género de aquélla que ellos quizás se esperaban. Se trata de una vida que está por ser destruida, de una "palabra" que viene silenciada, quebrantada hasta la muerte, sepultada en las entrañas del odio y de la tierra, para hacerla desaparecer. Y en vez de ver una gloria al estilo humano, están delante de una "gloria" que se desvela a través del sufrimiento y la muerte.

Vale para ellos, pero vale también para toda comunidad cristiana que quiere abrirse a "los griegos": debe "consultar" con el Señor, o sea, debe estar en contacto con este rostro, con esta muerte por la vida, debe dar la propia contemplación del misterio y no sólo aportar nociones. Debe vivir el verdadero despojo de las seguridades y de las gratificaciones humanas, para poder servir al Señor y recibir, también él, honor del Padre. El apego a la propia vida y a la sabiduría humana – y en el mundo griego éstos eran valores fuertes – es el verdadero obstáculo al verdadero "conocimiento de Jesús". Servir al nombre del Señor, acoger la solicitud de quien "lo busca", llevar a Jesús a estos buscadores, pero sin vivir el estilo del Señor, sin dar sobre todo testimonio de compartir la misma elección de vida, el mismo don de la vida, no sirve para nada.

"Ahora mi alma está turbada"
Esta "agitación" de Jesús es un elemento muy interesante. No es fácil sufrir, la carne se rebela, la inclinación natural te hace huir del sufrimiento. También Jesús ha sentido esta repugnancia, ha sentido horror, delante de una muerte que se perfilaba dolorosa y humillante. En su pregunta "¿qué voy a decir?", podemos sentir este escalofrío, este miedo, esta tentación de sustraerse a una muerte semejante. Juan coloca este momento difícil antes de la última cena; los sinópticos, por el contrario, lo colocan en la oración del Getsemaní, antes de la captura (Mc 14, 32-42; Mt 26, 36-46; Lc 22, 39-46). En todo caso, todos está concordes en subrayar en Jesús este temblor y fatiga, que lo asemeja a nosotros, frágil, lleno de miedo.

Pero Él afronta esta angustia "confiándose" al Padre, reclamando para sí mismo que este es su proyecto, que toda su vida tiende precisamente a esta hora, que se revela y se asume. El tema de la hora – lo sabemos bien – es muy importante para Juan: véase la primera afirmación en las bodas de Caná (Jn 2,4) y luego más frecuentemente (Jn 4, 21; 7,6.8.30; 8,20; 11,9; 13,1; 17;1). Se trata, no sólo de un tiempo puntual, cuanto de una circunstancia decisiva, hacia la cuál todo se orienta.

"Atraeré a todos hacia mi"
Puesto fuera de la violencia homicida de la que se sentía amenazado, esta suspensión de la cruz se convierte en una verdadera entronización, o sea, una colocación buena en vista de aquél que es para todos salvación y bendición. De la violencia que lo quería marginar y quitar del medio, se pasa a la fuerza centrípeta ejercida por aquella imagen del entronizado. Se trata de "un atraer" que se engendra no por curiosidad, sino por amor; será suscitador de discipulado, de adhesión en todos aquéllos que sabrán andar más allá del hecho físico, y verán en Él la gratuidad hecha totalidad. No será la muerte ignominiosa la que alejará, sino que se convertirá en fuente de atracción misteriosa, gramática que abre nuevos sentidos por la vida. Una vida entregada que genera vida; una vida sacrificada que genera esperanza y nueva solidaridad, nueva comunión, nueva libertad.


 La edición y el subrayado son nuestros

Que la misericordia y la confianza en el Señor no te falte


Gracias

13 de abril de 2014

<< Pero os digo que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo.>>


La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (Domingo de Ramos)
Del  Santo Evangelio según San Mateo 26,14-27; 27,1-66

Mateo 26,14-16: La traición de Judas
El amor por el dinero empuja a un amigo a traicionar a Jesús

14 Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, 15 y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata. 16 Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.

Mateo 26,17-19: La preparación de la Cena Pascual
Preparar bien el último encuentro con los amigos

17 El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer la Pascua?» 18 Él les dijo: «Id a la ciudad, a un tal, y decidle: `El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.'» 19 Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.

Mateo 26,20-25: El anuncio de la traición de Judas
Aunque Jesús lo sabe todo, se sienta a la mesa con el traidor

20 Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce. 21 Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará.» 22 Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?» 23 Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en el plato, ése me entregará. 24 El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!» 25 Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Tú lo has dicho.»

Mateo 26,26-29: La institución de la Eucaristía
Entre la traición de uno y la negación de otro, brilla el gesto de amor

26 Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.» 27 Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos, 28 porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. 29 Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre.»

Mateo: 26,30-35: El anuncio de la negación de Pedro
Aunque Pedro rompe con Jesús, Jesús no rompe con Pedro

30 Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos. 31 Entonces les dice Jesús: «Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño. 32 Mas después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.» 33 Pedro intervino y le dijo: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.» 34 Jesús le dijo: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» 35 Dícele Pedro: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Y lo mismo dijeron también todos los discípulos.

Mateo 26,36-46: La agonía en el Huerto de los Olivos
Entre la fuga y la fidelidad, Jesús escoge la fidelidad

36 Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.» 37 Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. 38 Entonces les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo.» 39 Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú.» 40 Viene entonces a los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? 41 Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.» 42 Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.» 43 Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. 44 Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 45 Viene entonces a los discípulos y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. 46 ¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca.»

Mateo 26,47-56: Jesús es prendido en el Huerto
Aun siendo inocente y bueno, Jesús es considerado como un bandido y un criminal

47 Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. 48 El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; prendedle.» 49 Y al instante se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso. 50 Jesús le dijo: «Amigo, ¡a lo que estás aquí!» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron. 51 En esto, uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja. 52 Dícele entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán. 53 ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles? 54 Mas, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?» 55 En aquel momento dijo Jesús a la gente: «¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar, y no me detuvisteis. 56 Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas.» Entonces todos los discípulos le abandonaron y huyeron.

Mateo 26,57-68: Jesús delante del Sanedrín
Se da una apariencia legal a la decisión ya tomada de condenar a muerte a Jesús

57 Los que prendieron a Jesús le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. 58 Pedro le iba siguiendo de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver el final.

59 Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando un falso testimonio contra Jesús con ánimo de darle muerte, 60 y no lo encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Al fin se presentaron dos, 61 que dijeron: «Éste dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Dios, y en tres días edificarlo.» 62 Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?» 63 Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote le dijo: «Te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.» 64 Dícele Jesús: «Tú lo has dicho. Pero os digo que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo.» 65 Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. 66 ¿Qué os parece?» Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte.»

67 Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a golpearle, 68 diciendo: «Adivínanos, Cristo.¿Quién es el que te ha pegado?»

Mateo 26,69-75: La negación de Pedro
En el momento de la prueba, Pedro, el líder, niega conocer a Jesús

69 Pedro, entretanto, estaba sentado fuera en el patio; y una criada se acercó a él y le dijo: «También tú estabas con Jesús el Galileo.» 70 Pero él lo negó delante de todos: «No sé qué dices.» 71 Cuando salía al portal, le vio otra criada y dijo a los que estaban allí: «Éste estaba con Jesús el Nazareo.» 72 Y de nuevo lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!» 73 Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues además tu misma habla te descubre!» 74 Entonces él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre!» Inmediatamente cantó un gallo. 75 Y Pedro se acordó de aquello que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» Y, saliendo fuera, lloró amargamente.

Mateo 27,1-2: Jesús es llevado ante Pilato
No es el pueblo hebreo, sino su élite la que lleva a muerte a Jesús

1 Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. 2 Y después de atarle, le llevaron y le entregaron al procurador Pilato.

Mateo 27,3-10: La muerte de Judas
Un pequeño Judas vive en cada uno de nosotros

3 Entonces Judas, el que le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, 4 diciendo: «Pequé entregando sangre inocente.» Ellos dijeron: «A nosotros, ¿qué? Tú verás.» 5 Él tiró las monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó. 6 Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: «No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.» 7 Y después de deliberar, compraron con ellas el Campo del Alfarero como lugar de sepultura para los forasteros. 8 Por esta razón ese campo se llamó «Campo de Sangre», hasta hoy. 9 Entonces se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías: Y tomaron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue apreciado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel, 10 y las dieron por el Campo del Alfarero, según lo que me ordenó el Señor.

Mateo 27,11-26: Jesús ante Pilato
Como el Siervo de Yahvé, Jesús calla ante aquéllos que lo condenan

Jesús compareció ante el procurador, y el procurador le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Respondió Jesús: «Tú lo dices.» 12 Y, mientras los sumos sacerdotes y los ancianos le acusaban, no respondió nada. 13 Entonces le dice Pilato: «¿No oyes de cuántas cosas te acusan?» 14 Pero él a nada respondió, de suerte que el procurador estaba muy sorprendido.

15 Cada Fiesta, el procurador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que quisieran. 16 Tenían a la sazón un preso famoso, llamado Barrabás. 17 Y cuando ellos estaban reunidos, les dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?», 18 pues sabía que le habían entregado por envidia.

19 Mientras él estaba sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer: «No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa.»

20 Pero los sumos sacerdotes y los ancianos persuadieron a la gente para que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. 21 Y cuando el procurador les dijo: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?», respondieron: «¡A Barrabás!» 22 Díceles Pilato: «Y ¿qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?» Dicen todos: «¡Sea crucificado!» -23 «Pero ¿qué mal ha hecho?», preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando con más fuerza: «¡Sea crucificado!» 24 Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.» 25 Y todo el pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» 26 Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado.

Mateo 27,27-31: Jesús es coronado de espinas.
Despojar, torturar y golpear, es lo que más humilla a una persona humana

27 Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. 28 Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; 29 y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»; 30 y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza. 31 Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.

Mateo 27,32-38: Jesús es crucificado
La ley dice que aquél que pende de la cruz es “maldito de Dios” (Dt 21,23)

32 Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar su cruz. 33 Llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, «Calvario», 34 le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no quiso beberlo. 35 Una vez que le crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando a suertes. 36 Y se quedaron sentados allí para custodiarle.

37 Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» 38 Y al mismo tiempo que a él crucifican a dos salteadores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Mateo 27,37-44: Jesús es insultado
Colgado, desnudo, expuesto a todos, sin defensa, sin derecho

39 Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: 40 «Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres hijo de Dios, y baja de la cruz!» 41 Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: 42 «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él. 43 Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: `Soy hijo de Dios.'» 44 De la misma manera le injuriaban también los salteadores crucificados con él.

Mateo 27,45-56: La muerte de Jesús
Dios mío!¿Por qué me has abandonado?”: Muere emitiendo un grito

45 Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.46 Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», esto es: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?» 47 Al oírlo algunos de los que estaban allí decían: «A Elías llama éste.»

48 Y enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber. 49 Pero los otros dijeron: «Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.» 50 Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.

51 En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron. 52 Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. 53 Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. 54 Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: «Verdaderamente éste era hijo de Dios.»

55 Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle. 56 Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Mateo 27,57-61: Jesús es sepultado
Jesús no recibe ni siquiera una digna sepultura

57 Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús. 58 Se presentó a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato dio orden de que se le entregase. 59 José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia 60 y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego, hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue. 61 Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.

Mateo 27,62-65: La guarda del monumento
Las tinieblas, incluso las más densas, no consiguen apagar la vida

62 Al otro día, el siguiente a la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato 63 y le dijeron: «Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: `A los tres días resucitaré.' 64 Manda, pues, que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: `Resucitó de entre los muertos', y la última impostura sea peor que la primera.» 65 Pilato les dijo: «Tenéis una guardia. Id, aseguradlo como sabéis.» 66 Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia .(Ocarm)

Comentario
Hoy comienza una semana intensa, intensa por tus responsabilidades laborales y familiares, las que todos los años se renuevan, pero hay una responsabilidad mayor y es la de responder a tu Padre. A este padre que hoy te hace una invitación no a recordar una historia triste y lamentable sino a seguir el camino que recorrerá su hijo. Camino de Amor, que no teme al sacrificio de sus propias seguridades y de su propia vida. 

Este evangelio está lleno de detalles, que son para  saborearlos cada día, una y otra vez. Y se te dan en un relato largo que te servirá en estos días como guía para acompañar al Señor en su camino. Tanto en las celebraciones comunitarias de estos días, sino como en tu propia meditación personal. En la que debes usar toda tu imaginación, tu saber o conocimiento, tus sentimientos y sobre  todo tu amor, para entrar en la Vida que Dios quiere darte en esta semana.

El punto de partida, es que reconozcas que Jesús es el Hijo de Dios y que te fue enviado para salvarte de tus pecados (de tus ofensas a Dios), y de tu propia muerte. Reconociendo esto, junto a tu esfuerzo y sobretodo con el poder del Señor, se te abrirán las puertas para todos los regalos o gracias que Dios quiere darte en estos días. 

Hermano, hermana, no dejes pasar esta oportunidad,  es Dios quien te llama a ti para que recibas su espíritu, y comiences una nueva vida que tiene cono fin la felicidad eterna. 

Esperando que esto te sea útil y orando por ti se despide:


Luis Vera, Caminando en la Fe. 




Gracias. 

23 de junio de 2013

"El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará."

Del Santo Evangelio según San Lucas 9, 18-24
Domingo 12 del Tiempo Ordinario 

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?"
Ellos contestaron: "Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas."
Él les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?"
Pedro tomó la palabra y dijo: "El Mesías de Dios."
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día."
Y, dirigiéndose a todos, dijo: "El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará."
(Aciprensa.com)

Comentario:

Lucas 9,18: La pregunta de Jesús después de la oración  
"Un día Jesús estaba en un lugar solitario para orar. Los discípulos estaban con él, y él les hizo esta pregunta: "La multitud ¿qué dicen que soy yo?". En el Evangelio de Lucas, en varias ocasiones importantes y decisivas, se presenta a Jesús en oración: en el bautismo, momento en que asume su misión (Lc 3,21); en los 40 días en el desierto, cuando vence las tentaciones del demonio a la luz de la Palabra de Dios (Lucas 4,1-13); la noche antes de escoger a los doce apóstoles (Lucas 6,12); en la transfiguración, cuando conversaba con Moisés y Elías sobre la Pasión en Jerusalén (Lc 9,29); en el jardín, cuando afronta la agonía (Lc 22,39-46); en la cruz, cuando pide perdón para el soldado (Lucas 23,34) y entrega su espíritu a Dios (Lucas 23,46).

Lucas 9,19: La opinión del pueblo sobre Jesús 
Ellos dijeron: “Juan el Bautista, otros que Elías, otros uno de los antiguos profetas que ha resucitado.” Al igual que Herodes, muchos pensaban que Juan el Bautista había resucitado en Jesús. Era común la creencia que el profeta Elías regresaría (Mateo 17,10-13, Mc 9,11-12, Ml 3,23-24, Sir 48,10). Y todos alimentaban la esperanza de la venida del profeta prometido por Moisés (Deut. 18,15). Respuestas insuficientes. 

Lucas 9,20: La pregunta de Jesús a sus discípulos Después de escuchar las opiniones de los demás, Jesús pregunta: “Y vosotros ¿quién decís que soy yo?”. Pedro dijo: “El Cristo de Dios!” Pedro reconoce que Jesús es el único que la gente está esperando y que viene a cumplir las promesas. Lucas omite la reacción de Pedro que trata de disuadir a Jesús de seguir el camino de la cruz y también omite las duras críticas de Jesús a Pedro (Marcos 8,32-33, 16,22-23).

Lucas 9,21: La prohibición de revelar que Jesús es el Cristo de Dios 
"Jesús con severidad les ordenó que no se mencione a nadie." Se les prohibió revelar a la gente que Jesús es el Cristo, el Mesías de Dios. ¿Por qué Jesús se lo prohibió? En aquel tiempo todos esperaban la venida del Cristo, del Mesías, pero cada uno a su manera: ¡algunos esperaban un rey, otros a un sacerdote, otros a un médico, un guerrero, un juez, o un profeta! Nadie parecía esperar al Mesías siervo, anunciado por Isaías (Is 42,1-9; 52,13-53:12). Quién insiste en mantener la idea de Pedro, es decir, del Mesías glorioso sin la cruz, no entiende nada y nunca llegará a asumir la actitud de un verdadero discípulo. Continuará a caminar en la oscuridad, como Pedro, confundiendo a la gente con árboles (cf. Mt 8,24). Porque sin la cruz es imposible entender quién es Jesús y lo que significa seguir a Jesús. Por ello, Jesús volvió a insistir en la cruz y más tarde ofrece el segundo anuncio de su pasión, muerte y resurrección. 

 Lucas 9,22: El primer anuncio de la pasión 
Jesús comienza a enseñar que él es el Mesías Siervo, y dice que como el Mesías Siervo anunciado por Isaías, pronto será condenado a muerte en el desempeño de su misión de justicia (Isaías 49,4-9; 53,1-12). Lucas por lo general sigue el Evangelio de Marcos, pero en este caso omite la reacción de Pedro que aconsejaba a Jesús a no pensar en el Mesías sufriente y omite también la dura respuesta: “¡Ve detrás de mí, Satanás! Porque no piensas según Dios, sino según los hombres.” Satanás es una palabra hebrea que significa acusador, que aleja a los demás del camino de Dios. Jesús no permite que Pedro se aleje de su misión. Y Jesús añade: “El Hijo del Hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.”

Lucas 9,23-24: El seguimiento de Jesús  
 A continuación, a todos decía: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz de cada día y sígame. Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mi causa, la salvará.” La comprensión plena del seguimiento de Jesús no se consigue por medio de una instrucción teórica, sino por el compromiso práctico, caminando con Él por el camino del servicio, desde Galilea hasta Jerusalén. El camino del discipulado es el camino de la entrega personal, del abandono, del servicio, de la disponibilidad, de la aceptación del conflicto, sabiendo que habrá resurrección. La cruz no es un incidente, es parte de este camino. Porque en un mundo organizado en base a principios egoístas ¡el amor y el servicio sólo pueden existir crucificados! Quien hace de su vida un servicio a los demás, incomoda a los que viven aferrados a los privilegios, y sufre.


La edición y el subrayado son nuestros
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas

En este día, descubramos  que seguir a Jesús es un compromiso que se asume caminando con Él por el camino del servicio. El camino del discipulado es el camino de la entrega personal, del abandono, del servicio, de la disponibilidad, de la aceptación del conflicto, esperando la  resurrección. 

Gracias

24 de marzo de 2013

«Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.»

Del Santo Evangelio según San Lucas 22,14 - 23,56
Domingo de Ramos 

La cena pascual
14 Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles 15 y les dijo: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; 16 porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.»
17 Tomó luego una copa, dio gracias y dijo: «Tomad esto y repartidlo entre vosotros; 18 porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.»
19 Tomó luego pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Éste es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en recuerdo mío.» 20 De igual modo, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que se derrama por vosotros.
21 «Mirad, la mano del que me entrega está aquí conmigo sobre la mesa. 22 Porque el Hijo del hombre se marcha según está determinado. Pero, ¡ay de aquel por quien es entregado!» 23 Entonces se pusieron a discutir entre sí quién de ellos sería el que iba a hacer aquello.
24 Entre ellos hubo también un altercado sobre quién de ellos parecía ser el mayor. 25 Él les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar bienhechores; 26 pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que gobierna como el que sirve. 27 Porque, ¿quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
28 «Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas; 29 yo, por mi parte, dispongo un Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí, 30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
31 «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; 32 pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.» 33 Él dijo: «Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la muerte.» 34 Pero él contestó: «Te digo, Pedro, que antes de que hoy cante el gallo habrás negado tres veces que me conoces.»
35 Y les dijo: «Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿os faltó algo?» Ellos dijeron: «Nada.» 36 Les dijo: «Pues ahora, el que tenga bolsa que la tome, y lo mismo alforja, y el que no tenga, que venda su manto y se compre una espada.37 Porque os digo que es necesario que se cumpla en mí esto que está escrito: Ha sido contado entre los malhechores. Porque lo que se refiere a mí toca a su fin.» 38 Ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas.» Él les dijo: «Basta.» 

En el monte de los Olivos 
39 Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos; los discípulos le siguieron. 40 Llegado al lugar les dijo: «Pedid que no caigáis en tentación.»
41 Se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba 42 diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» 43 Entonces se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. 44 Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra.
45 Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza; 46 y les dijo: «¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en tentación.»

Prendimiento de Jesús 
47 Estaba todavía hablando cuando se presentó un grupo; el llamado Judas, uno de los Doce, iba el primero, y se acercó a Jesús para darle un beso. 48 Jesús le dijo: «¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!» 49 Viendo los que estaban con él lo que iba a suceder, dijeron: «Señor, ¿herimos a espada?» 50 Y uno de ellos hirió al siervo del Sumo Sacerdote y le llevó la oreja derecha. 51 Pero Jesús dijo: «¡Dejad! ¡Basta ya!» Y tocando la oreja le curó.
52 Dijo Jesús a los sumos sacerdotes, a los jefes de la guardia del Templo y a los ancianos que habían venido contra él: «¿Como contra un salteador habéis salido con espadas y palos? 53 Estaba yo todos los días en el Templo con vosotros y no me pusisteis las manos encima; pero esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas.»
54 Entonces le prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote; Pedro le iba siguiendo de lejos. 55 Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos.56 Una criada, al verle sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: «Éste también estaba con él.» 57 Pero él lo negó: «¡Mujer, no le conozco!» 58 Poco después le vio otro y dijo: «Tú también eres uno de ellos.» Pedro dijo: «¡Hombre, no lo soy!» 59 Pasada como una hora, otro aseguraba: «Cierto que éste también estaba con él, pues además es Galileo.» 60 Le dijo Pedro: «¡Hombre, no sé de qué hablas!» Y en aquel mismo momento, cuando aún estaba hablando, cantó un gallo. 61 El Señor se volvió y miró a Pedro. Recordó Pedro las palabras que le había dicho el Señor: «Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces» 62 y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.
63 Los hombres que le tenían preso se burlaban de él y le golpeaban. 64 Y, cubriéndole con un velo, le preguntaban: «¡Adivina! ¿Quién es el que te ha pegado?» 65 Y le insultaban diciéndole otras muchas cosas.
66 En cuanto se hizo de día, se reunió el Consejo de Ancianos del pueblo, sumos sacerdotes y escribas, le hicieron venir a su Sanedrín 67 y le dijeron: «Si tú eres el Cristo, dínoslo.» Él respondió: «Si os lo digo, no me creeréis. 68 Si os pregunto, no me responderéis. 69 De ahora en adelante, el Hijo del hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios.» 70 Dijeron todos: «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?» Él les dijo: «Vosotros lo decís: Yo soy.» 71 Dijeron ellos: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos, pues nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca?»

Jesús ante Pilato 
1 Se levantaron todos ellos y le llevaron ante Pilato. 2 Comenzaron a acusarle diciendo: «Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo rey.» 3 Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Él le respondió: «Sí, tú lo dices.» 4 Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: «Ningún delito encuentro en este hombre.» 5 Pero ellos insistían diciendo: «Solivianta al pueblo con sus enseñanzas por toda Judea, desde Galilea, donde comenzó, hasta aquí.» 6 Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era Galileo. 7 Y, al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que por aquellos días estaba también en Jerusalén.
8 Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por las cosas que oía de él, y esperaba que hiciera algún signo en su presencia. 9 Le hizo numerosas preguntas, pero él no respondió nada. 10 Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándole con insistencia. 11 Pero Herodes, con su guardia, después de despreciarle y burlarse de él, le puso un espléndido vestido y le remitió a Pilato.12 Aquel día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes estaban enemistados.
13 Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo 14 y les dijo: «Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en él ninguno de los delitos de que le acusáis. 15 Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte. 16 Así que le daré un escarmiento y le soltaré.» [17] 18 Toda la muchedumbre se puso a gritar a una: «¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás!» 19 Éste había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato.
20 Pilato les habló de nuevo, con la intención de librar a Jesús, 21 pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícale, crucifícale!» 22 Por tercera vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito que merezca la muerte; así que le daré un escarmiento y le soltaré.» 23 Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y arreciaban en sus gritos.
24 Pilato sentenció que se cumpliera su demanda. 25 Soltó, pues, al que habían pedido, al que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y a Jesús se lo entregó a su deseo.

Camino del Calvario 
26 Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús. 27 Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él.28 Jesús se volvió a ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. 29 Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron! 30 Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Sepultadnos! 31 Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?» 32 Llevaban además a otros dos malhechores para ejecutarlos con él.
33 Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 34 Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» Se repartieron sus vestidos, echando suertes.
35 Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «Ha salvado a otros; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido.» 36 También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre 37 y le decían: «Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate!» 38 Había encima de él una inscripción: «Este es el rey de los judíos.»
39 Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!» 40 Pero el otro le increpó: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? 41 Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio éste nada malo ha hecho.» 42 Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.» 43 Jesús le dijo: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.»
44 Era ya cerca de la hora sexta cuando se oscureció el sol y toda la tierra quedó en tinieblas hasta la hora nona. 45 El velo del Santuario se rasgó por medio 46 y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu.» Y, dicho esto, expiró.

Después de la muerte de Jesús 
47 Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: «Ciertamente este hombre era justo.» 48 Y toda la muchedumbre que había acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvió dándose golpes de pecho.
49 Todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo estas cosas.
50 Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo, 51 que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. 52 Se presentó a Pilato, le pidió el cuerpo de Jesús 53 y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía. 54 Era el día de la Preparación y apuntaba el sábado.
55 Las mujeres que habían venido con él desde Galilea fueron detrás y vieron el sepulcro y cómo era colocado su cuerpo.
56 Luego regresaron y prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron según el precepto.

Comentario:

Contexto litúrgico: 
La antigua tradición de proclamar el Evangelio de la Pasión y Muerte de Jesucristo el domingo anterior a la Pascua se remonta a la época en la cual las celebraciones de la Semana Santa estaban reducidas al mínimo. La finalidad de tal lectura es la de llevar a los oyentes a la contemplación del misterio de muerte que prepara la Resurrección del Señor y que es, por lo tanto, la condición por la cual el creyente ha entrado en la “vida nueva” en Cristo. El uso de hacer esta larga lectura entre varios lectores sirve, no solamente para hacer menos monótona la proclamación o para facilitar una escucha atenta, sino para hacer que la participación de los oyentes sea más emotiva, como si se quisiera transmitir la sensación que ellos están presentes y son agentes de lo que se narra.  

Las dos lecturas que preceden al Evangelio de este domingo, contribuyen para dar una perspectiva interpretativa del texto: el Siervo de Yahvé es Jesús, el Cristo, Persona divina que, a través de la muerte ignominiosa que padece, llega a la gloria de Dios Padre y comunica su propia vida a los hombres que le escuchan y lo acogen.

Contexto evangélico: 
Sabemos ya que el núcleo literario, en torno al cual se formaron los Evangelios, es el de la narración de la Pascua del Señor: Pasión, Muerte y Resurrección. Estamos, pues, frente a un texto bastante antiguo y unitario en su composición literaria, aunque se haya formado gradualmente. Su importancia es, de todos modos, capital: se narra el acontecimiento fundamental de la fe cristiana, aquél con el que cada creyente debe confrontarse y conformarse constantemente (aún cuando el texto que se ofrece en este domingo acaba en la sepultura de Jesús).

Lucas, como siempre, se nos revela narrador eficaz y detallado, atento a las detalles particulares y capaz de hacer ver al lector los sentimientos y movimientos interiores de sus personajes principales, sobre todo, de Jesús. El dolor terrible e injusto que padece se nos muestra a través del filtro de su actitud inalterable de misericordia hacia todos los hombres, aunque estos sean sus perseguidores y asesinos; algunos de ellos quedan tocados e impresionados por este modo suyo de afrontar el sufrimiento y la muerte, de tal manera que dan signos de creer en Él: el tormento de la Pasión viene suavizado con la potencia del amor divino de Jesús.

En el contexto del tercer Evangelio, Jesús va solamente una vez a la Ciudad Santa: la vez decisiva para la historia humana del Cristo y para la historia de la salvación. Toda la narración evangélica lucana es como una larga preparación para los acontecimientos de aquellos últimos días, Jesús los pasa en Jerusalén predicando y haciendo gestos, a veces de tono grandioso (por ej.: la expulsión de los mercaderes del Templo, 19,45-48), otras veces, misteriosos o un poco provocadores (por ej.: la respuesta acerca del tributo debido al César, 20,19-26). No por casualidad, el evangelista concentra en estos últimos días acontecimientos y palabras que los otros sinópticos ponen en otras fases de la vida pública del Señor. Todo esto se desarrolla mientras el complot de los jefes del Pueblo se intensifica y se hace cada vez más concreto, hasta que a Judas se le ofrece una ocasión propicia e inesperada (22,2-6).   

El tercer evangelista, para indicar esta última y definitiva etapa de la vida del Señor, utiliza varios términos en el curso de su obra: es una “partida” o un “éxodo” (9,31), es una “asunción” (9,51) y es un “cumplimiento” (13,32). Así pues, Lucas da a entender a sus lectores, anticipadamente, cómo interpretar la terrible y escandalosa muerte del Cristo al cual han confiado su propia vida: Él realiza un paso doloroso y difícil de entender, pero “necesario” en la economía de la salvación (9,22; 13,33; 17,35; 22,37) para llevar a buen éxito (“cumplimiento”) su itinerario hacia la gloria (Cf. 24,26; 17,25). Tal itinerario de Jesús es paradigma de áquel que cada discípulo suyo debe llevar a cabo (Hch 14,22).


La edición y el subrayado son nuestros
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas


En este día, contemplemos como el tormento de la Pasión viene suavizado con la potencia del amor divino de Jesús.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias






25 de noviembre de 2012

"Mi reino no es de este mundo¨

Del Santo Evangelio según San Juan 18, 33b-37
Solemnidad de Jesucristo Rey del universo

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: "¿Eres tú el rey de los judíos?" Jesús le contestó: "¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?" Pilato replicó: "¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?" Jesús le contestó:"Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí." Pilato le dijo: "Conque, ¿tú eres rey?" Jesús le contestó: "Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz". (Aciprensa.com)

Comentario:
 
Jesús, el Rey atado y entregado
La “entrega del Cristo” , a través de las páginas de la Escritura, parece que es el mismo Padre quien entrega a su Hijo Jesús, como un don para todos y para siempre. Leo en Rom. 8, 32: “ Dios, que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos ha de dar con Él todas las cosas?” Al mismo tiempo, sin embargo, veo que es Jesús mismo, en la suprema libertad de su amor, en la más íntima fusión con la voluntad del Padre, quien se entrega por nosotros, quien ofrece su vida; dice San Pablo: “Cristo nos ha amado y se ha entregado a sí mismo por nosotros”.(Ef 5, 2. 25), pero me acuerdo también de estas palabras de Jesús: “ Yo ofrezco mi vida por las ovejas; ninguno me la quita, sino que yo la ofrezco por mi mismo” (Jn 10,18). Por tanto, más allá y antes de toda otra entrega, está esta entrega voluntaria, que es solamente entrega de amor y de donación. 

En los relatos evangélicos aparece enseguida la entrega malvada por parte de Judas, llamado por esto el traidor, o sea, el entregador, el que dice a los sumos sacerdotes: “ ¿Cuánto queréis darme para que os lo entregue?” (Mt 26, 15); ver también Jn 12, 4; 18, 2.5. Después son los Judíos los que entregan Jesús a Pilato: “Si no fuese un malhechor no te lo hubiéramos entregado” (Jn 18, 30. 35) y Pilato representa a los gentiles, como Él había ya anunciado: “El Hijo del Hombre.... será entregado a los paganos” (Mc 10, 33). Finalmente Pilato lo entrega de nuevo a los judíos, para que sea crucificado (Jn 19, 16). Contemplo todos esto pasajes, observo a mi rey atado, encadenado, como nos hace notar el evangelista Juan tanto en 18, 12 como en 18, 24; me pongo de rodillas, me postro delante de Él y pido al Señor que me sea dado el valor de seguir estos pasajes dramáticos, pero maravillosos, que son como un único canto de amor de Jesús para nosotros, su Sí repetido hasta el infinito para nuestra salvación. El Evangelio me acompaña dulcemente dentro de esta noche única, en la cual Jesús es entregado por mí, como Pan, como Vida hecha carne, como amor compartido en todo. “El Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó el pan y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se da por vosotros" (1 Cor 11, 23). Y entonces comprendo que para mí la felicidad, está escondida también dentro de estas cadenas, estas ataduras, con Jesús, con el gran Rey y está escondida en estos continuos pasajes, de entrega en entrega, a la voluntad al amor de mi Padre.

Jesús, el Rey Mesías
“Rey de los Judíos” es una fórmula usada con gran riqueza de significado por el pueblo hebreo y reúne en sí el fundamento, el núcleo de la fe y de la esperanza de Israel.: significa claramente el Mesías. Jesús es interrogado y juzgado en lo que mira a si es o no es el Mesías. Jesús es el Mesías del Señor, su Ungido, su Consagrado, es el Siervo, enviado al mundo precisamente para esto, para realizar en Sí en su persona y en su vida, todas las palabras dichas por los profetas por la ley y por los salmos de Él. Palabras de persecución, de sufrimiento, de llanto, heridas y sangre, palabras de muerte por Jesús, por el Ungido del Señor, que es nuestro respiro, aquél a la sombra del cual viviremos entre las naciones, como dice el Profeta Jeremías (Lam 4, 20). Palabras que hablan de asechanzas, de insurrecciones, conjuras, (Sal 2,2), lazos. Lo vemos desfigurado, como varón de dolores; tan irreconocible, si no es sólo por parte de aquel amor, que como Él, bien conoce el padecer. “¡Sepa pues con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a Jesús a quien vosotros habéis crucificado!” (Ac 2, 36). Sí, es un rey atado, el mío, un rey entregado, arrojado fuera, despreciado; es un rey ungido para la batalla, pero ungido para perder, para ser sacrificado, para ser crucificado, inmolado como un cordero. Este es el Mesías: el rey que tiene como trono la cruz, como púrpura su sangre derramada, como palacio el corazón de los hombres, pobres como Él, pero hechos ricos y consolados por una continua resurrección. Estos son nuestros tiempos, los tiempos de la consolación por parte del Señor, en los cuales el envía incesantemente al Señor Jesús, al que nos ha destinado como Mesías.

Jesús Rey mártir
“He venido para dar testimonio de la verdad”, dice Jesús, usando un término muy fuerte, que contiene en sí el significado de martirio, en griego. El testigo es un mártir, el que afirma con la vida, con la sangre, con todo lo que es y lo que tiene, la verdad en la cree. Jesús atestigua la verdad, que es la palabra del Padre (Jn 17,17) y por esta palabra Él da la vida. Vida por vida, palabra por palabra, amor por amor. Jesús es el Amén, el Testigo fiel y veraz, el Principio de la creación de Dios (Ap 3,14); en Él existe sólo el Sí, por siempre y desde siempre y en este Sí, nos ofrece toda la verdad del Padre, de sí mismo, del Espíritu y en esta verdad, en esta luz, Él hace de nosotros su reino. “Cuantos confían en Él, conocerán la verdad; y aquellos que le son fieles a su amor vivirán junto a Él” (Sab 3, 18). No busco otras palabras, sino que permanezco solamente junto al Señor, sobre su seno, como Juan, en aquella noche; así Él se convierte en mi respiro, mi mirada, mi sí, dicho al Padre, dicho a los hermanos, como testimonio de amor. Él es fiel, Él está presente, Él es la verdad que yo escucho y de la cual me dejo sólo transformar.
  
La edición y el subrayado son nuestros

Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas

En este día, descubramos que Cristo, es el Rey entregado por amor a nosotros y al Padre, el Rey ungido mesías que es sacrificado para salvarnos de la muerte y del pecado, y el Rey martir, que es testigo de la verdad y que da su vida por ella.    

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias