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31 de diciembre de 2018

"El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros: conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación" (Sal 66, 2-3)

Santa María Madre de Dios (Solemnidad)
Del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 2: 16 - 21) 


16 Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; 18 y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. 19 María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.


20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. 21 Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno. 
(Aciprensa.com)



S.S Benedicto XVI
Homilía
1 de enero 2010




Venerados hermanos, 
ilustres señores y señoras, 
queridos hermanos y hermanas:

21 de diciembre de 2018

«¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»

Domingo 4 del Tiempo de Adviento
Del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 1 : 39 - 45) 

39 En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá;40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo;  42 y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; 43 y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? 44 Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. 45 ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Aciprensa.com)



S.S Francisco 
Ángelus 
20 de diciembre de 2015



Queridos hermanos y hermanas ¡Buenos Días!


El Evangelio de este domingo de Adviento subraya la figura de María. La vemos cuando, justo después de haber concebido en la fe al Hijo de Dios, afronta el largo viaje de Nazaret de Galilea a los montes de Judea, para ir a visitar y ayudar a su prima Isabel. El ángel Gabriel le había revelado que su pariente ya anciana, que no tenía hijos, estaba en el sexto mes de embarazo (cf. Lc 1, 26.36). Por eso, la Virgen, que lleva en sí un don y un misterio aún más grande, va a ver a Isabel y se queda tres meses con ella. En el encuentro entre las dos mujeres —imaginad: una anciana y la otra joven, es la joven, María, la que saluda primero: El Evangelio dice así: «Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel» (Lc 1, 40). Y, después de ese saludo, Isabel se siente envuelta de un gran asombro —¡no os olvidéis esta palabra: asombro. El asombro. Isabel se siente envuelta de un gran asombro que resuena en sus palabras: «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?» (v. 43). Y se abrazan, se besan, felices estas dos mujeres: la anciana y la joven. Las dos embarazadas.

Para celebrar bien la Navidad, estamos llamados a detenernos en los «lugares» del asombro. Y, ¿cuáles son los lugares del asombro en la vida cotidiana? Son tres. El primer lugar es el otro, en quien reconocemos a un hermano, porque desde que sucedió el Nacimiento de Jesús, cada rostro lleva marcada la semejanza del Hijo de Dios. Sobre todo cuando es el rostro del pobre, porque como pobre Dios entró en el mundo y y dejó, ante todo, que los pobres se acercaran a Él.

Otro lugar del asombro —el segundo— en el que, si miramos con fe, sentimos asombro, es la historia. Muchas veces creemos verla por el lado justo, y sin embargo corremos el riesgo de leerla al revés.
Sucede, por ejemplo, cuando ésta nos parece determinada por la economía de mercado, regulada por las finanzas y los negocios, dominada por los poderosos de turno. El Dios de la Navidad es, en cambio, un Dios que «cambia las cartas»: ¡Le gusta hacerlo! Como canta María en el Magnificat, es el Señor el que derriba a los poderosos del trono y ensalza a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y a los ricos despide vacíos (cf. Lc 1, 52-53). Este es el segundo asombro, el asombro de la historia.

Un tercer lugar de asombro es la Iglesia: mirarla con el asombro de la fe significa no limitarse a considerarla solamente como institución religiosa que es, sino a sentirla como Madre que, aun entre manchas y arrugas —¡tenemos muchas!— deja ver las características de la Esposa amada y purificada por Cristo Señor. Una Iglesia que sabe reconocer los muchos signos de amor fiel que Dios continuamente le envía. Una Iglesia para la cual el Señor Jesús no será nunca una posesión que defender con celo: quienes hacen esto, se equivocan, sino Aquel que siempre viene a su encuentro y que ésta sabe esperar con confianza y alegría, dando voz a la esperanza del mundo. La Iglesia que llama al Señor: «Ven Señor Jesús». La Iglesia madre que siempre tiene las puertas abiertas, y los brazos abiertos para acoger a todos. Es más, la Iglesia madre que sale de las propias puertas para buscar, con sonrisa de madre a todos los alejados y llevarles a la misericordia de Dios. ¡Este es el asombro de la Navidad!

En Navidad Dios se nos dona todo donando a su Hijo, el Único, que es toda su alegría. Y sólo con el corazón de María, la humilde y pobre hija de Sión, convertida en Madre del Hijo del Altísimo, es posible exultar y alegrarse por el gran don de Dios y por su imprevisible sorpresa. Que Ella nos ayude a percibir el asombro —estos tres asombros: el otro, la historia y la Iglesia— por el nacimiento de Jesús, el don de los dones, el regalo inmerecido que nos trae la salvación. El encuentro con Jesús, nos hará también sentir a nosotros este gran asombro. Pero no podemos tener este asombro, no podemos encontrar a Jesús, si no lo encontramos en los demás, en la historia y en la Iglesia.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:


También hoy quiero recordar a la amada Siria, expresando vivo aprecio por el acuerdo alcanzado por la Comunidad internacional. Animo a todos a proseguir con generoso impulso el camino hacia el cese de la violencia y una solución negociada que lleve a la paz. Pienso también en la vecina Libia, donde el reciente compromiso asumido entre las partes para un Gobierno de unidad nacional invita a la esperanza por el futuro.

Deseo también sostener el compromiso de colaboración al que están llamadas Costa Rica y Nicaragua. Deseo que un renovado espíritu de fraternidad refuerce ulteriormente el diálogo y la cooperación recíproca, como también entre todos los países de la región.

Mi pensamiento se dirige en este momento a la querida población de la India, golpeada recientemente por una gran inundación Rezamos por estos hermanos y hermanas, que sufren a causa de tal calamidad, y encomendamos las almas de los difuntos a la misericordia de Dios. Recemos por todos estos hermanos de la India un Ave María a la Virgen.

Saludo con afecto a todos vosotros, queridos peregrinos procedentes de varios países para participar en este encuentro de oración. Hoy el primer saludo está reservado a los niños de Roma, pero ¡estos niños saben hacer ruido! Han venido para la tradicional bendición de los «Niños Jesús», organizado por el Centro oratorio romano. Queridos niños, escuchad bien: cuando recéis delante de vuestro pesebre, acordaros también de mí, como yo me acuerdo de vosotros. ¡Os doy las gracias, y feliz Navidad!

Saludo a las familias de la comunidad «Hijos en el Cielo» y las que están unidas, en la esperanza y el dolor, al hospital Niño Jesús. Queridos padres, os aseguro mi cercanía espiritual y os animo a continuar vuestro camino de fe y de fraternidad.

Saludo a la coral polifónica de Racconigi, el grupo de oración «Los chicos del Papa» —¡gracias por vuestro apoyo!— y a los fieles de Parma.

Os deseo a todos un feliz domingo y una Navidad de esperanza, llena de asombro, del asombro que nos da Jesús, lleno de amor y de paz. No os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!



Tomado de la Santa Sede,

31 de diciembre de 2015

¨Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre¨

Solemnidad de María, Madre de Dios (1 de enero)
Evangelio: Lucas 2:16-21

16 Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; 18 y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. 19 María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. 20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. 21 Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno. (Aciprensa.com)

Comentario: 

El ángel le dijo a los pastores: “No tengáis miedo, porque os traigo una buena noticia que será motivo de gran alegría para todos: Hoy os ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor¨. (Lc 2, 10-12). Los pastores, marginados, olvidados y oprimidos reciben la noticia más grande y esperada por el pueblo de Israel. El mesías, el salvador prometido y esperado por siglos ha nacido. 

Con el corazón emocionado y seguramente confundido, van a comprobar por si mismos lo que se les ha dicho. No hallaron palacio, ni joyas o lujos sino un establo como cualquiera, con animales, suciedad y olores, una mujer, un hombre y un bebe en un comedero. Pero ellos que tenían la mirada de Dios sabían bien lo que veían. 

El centro es el niño, no la madre ni el padre, de Él se habla y a Ël se contempla. Pues no sólo es el Salvador, sino es el mismo Creador. Misterio que no hace falta entender sino admirar y contemplar, como los pastores.  Misterio de un Dios que ama tanto al hombre que quizo hacerse nada para salvarle. 

María la madre, es la ¨colaboradora¨ en la salvación, ella con su Sí permitio nuestra redención. Por ello celebramos su fiesta con gran solemnidad no para adorarle sino para honrarle. Gracias 


Para Profundizar:

 Comentario de Números 6: 22-27; Gálatas 4: 4-7; Lucas 2: 16-21
 
EN EL EVANGELIO DE JUAN María es nombrada simplemente como la "madre de Jesús" - en Caná, cuando el agua se convirtió en vino y al pie de la cruz. Pero el evangelio de Juan es también el que hace hincapié en la mayoría de los orígenes de Jesús como el Verbo de Dios, que existe antes del principio de todos los tiempos y por quien todas las cosas fueron creadas. En realidad no es necesario explicar las implicaciones del término "madre de Jesús". Pero son implicaciones muy extraordinarias como veremos.
 
Anticlímax
El Evangelio habla de la realidad terrenal de Jesús y de su madre. "Vamos y vemos lo que Dios ha dado a conocer", dicen los pastores en gran entusiasmo después de escuchar el mensaje del ángel y el brote repentino de la primera "Gloria" se canta. Tal vez lo que descubrieron debió de parecer en un primer momento un anticlímax. Sólo un hombre, una mujer - la madre y un bebé acostado en un comedero en un establo oscuro y maloliente. (No es que los pastores habrían sido mucho molestado por los olores de corral.)
 
Se nos dice que se maravillaron - y no es de extrañar. ¿Es esto lo que los ángeles tenían que cantar? No hay palabras de María o José se registran a pesar de que deben haber compartido algunas palabras con sus visitantes.
 
En todo este tiempo María debe haber estado tratando de entender lo que realmente estaba pasando. Uno se imagina en esta etapa que si hubiera sido recibida como "Madre de Dios" que habría sido tanto alarmado y sorprendido, aún conmocionado. Así que el Evangelio dice que durante todo este tiempo María guardaba todas estas cosas y experiencias, y las meditaba en su corazón. Tal vez un indicio de que María había compartido estas reflexiones más tarde con el escritor del evangelio.
 
Y eso es lo que también tenemos que hacer lo que nos arrodillamos delante de la cuna aquí en nuestra iglesia. Lo que estaba allí, los pastores en su fe sencilla vieron algo muy especial en esa escena prosaica. (Muchos otros deben haber visto y acaba de pasar en Podrían haber pensado o dicho: ".. Oh, otra pareja pobre irresponsable esperar dádivas")
 
Los pastores se volvieron a sus campos y rebaños glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto. Ellos también dijeron a todo el mundo alrededor de lo que habían visto: los pastores fueron los primeros anunciadores de la Buena Nueva, el mensaje del Evangelio. Ellos fueron los primeros evangelizadores. Una elección extraña, ya que eran considerados como parias pecaminosas. O bien, cuando nos ponemos a pensar un poco más, ¿era tan extraño? Para ellos, la alegría de haber conocido a su Señor, sabiendo Jesús, obligada por su propia naturaleza, se comparte y se comunica con los demás. Ojalá que estábamos tan llenos de la misma experiencia y la misma alegría que íbamos a ir por ahí compartirlo con todos y cada uno! Sin embargo, a veces incluso nuestros vecinos o nuestros compañeros de trabajo no saben que somos cristianos! No es "políticamente correcto" hablar de las convicciones religiosas de uno.
 
Entonces, después de ocho días, el Evangelio dice en conclusión, sus padres judíos piadosos tenían al niño circuncidado como cualquier niño judío normal de acuerdo con la Ley. (Jesús siempre observador y tenía el más profundo respeto por la Ley. Lo que él criticó eran sus abusos. Y el cristianismo no es un rechazo de la ley, sino un cumplimiento de sus promesas y un cambio a un nivel más profundo y más amplio de servir a Dios.
 
No hay privilegios especiales
Si Juan en su evangelio habla de María simplemente como la "madre de Jesús", San Pablo en la segunda lectura de hoy dice aún menos: "Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer ..." El nombre de María es ni siquiera se menciona. Se ha sugerido que este es el espíritu del Nuevo Testamento donde no hay privilegio de clase o individuos. La gente se distinguen por una sola cosa - por su servicio a la comunidad en el nombre de Jesús, el Señor. Esto se aplica tanto a María como a cualquiera de los apóstoles, como a cualquier otro discípulo cristiano.
 
Madre de Dios
La fiesta de hoy, sin embargo, se llama "María, Madre de Dios" y no sólo "Madre de Jesús". Para ambos Judios y musulmanes que tienen el más profundo respeto por Dios y hasta su nombre, la idea de que Dios podría tener un ser humano como su madre es totalmente e incluso blasfema. Es una contradicción de términos para el Creador de todas las cosas para ser una madre para por una criatura.
 
Sin embargo, podemos tomar un ejemplo de la experiencia humana. El presidente de un país tiene una madre. Digamos nombre del presidente es John Smith. Mrs Smith en algún momento se convirtió en la madre de John Smith. Pero más tarde, John fue elegido presidente de su país; se convirtió en el presidente Smith. John y el presidente Smith son una y la misma persona por lo que la señora Smith es la madre de Juan y también madre del presidente del país.
 
María dio a luz al niño humano que es Jesús. Pero ese niño es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Jesús es a la vez humano y divino: dos naturalezas como se suele decir, pero sólo una persona. María como la Madre de Jesús es también la madre de esa persona y esa persona es Dios, uno con el Padre y el Espíritu Santo. Es evidente que no se espera que seamos capaces de entender o explicar esto más lejos. La naturaleza de Dios es bastante más allá de nosotros. Necesitamos la fe sencilla y confiada de los pastores.
 
Relación especial
Honramos hoy, entonces el privilegio único de María y de su relación con Dios. Pero, ¿dónde radica la verdadera grandeza de María? Hay una escena en el Evangelio donde una mujer grita fuera de la muchedumbre: ". Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron" Fue un grito de alabanza a Jesús mismo, sino también un elogio a la madre de como un Hijo que estaba haciendo ese tipo de cosas maravillosas por los enfermos y los necesitados. Como si hoy fuera a decir: "¡Dios bendiga a la madre queconcibió un hijo como tú"
 
Pero Jesús le respondió: ". Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan" En otras palabras, la grandeza de María - y de hecho la grandeza de una persona - no estaba en su nacimiento, o de sus padres o de su Hijo, sino que en su respuesta incondicional a la llamada de Dios, en su escuchar y obedecer la palabra de Dios. Esto lo hizo desde el momento de decir "Sí" en la Anunciación a ella de pie en silencio y en el dolor a los pies de la cruz.
 
Ella estaba "llena de gracia", no sólo por haber sido elegida para ser la madre de Dios, sino en su total apertura para ser llenado con el amor de Dios. También nosotros estamos constantemente "agraciados" y nosotros también podemos estar lleno de gracia no porque fuimos bautizados en la comunidad católica, sino por nuestra propia total identificación activa con el camino de Jesús por nuestra apertura a la llamada de Dios ya que se desarrolla en las circunstancias únicas de mi propia vida.
Lo hago a través del servicio total e incondicional de los que me rodean. Es un reto formidable, pero también trae alegrías indecibles. El cristianismo, en contra de la opinión de algunos, no es para los débiles.
 
Relación única
Maria tenía una relación única con la Santísima Trinidad como hija del Padre, madre del Hijo y esposa del Espíritu Santo. Sus sentimientos están muy bien expresadas en el Magnificat, que habló durante su visita a su prima Isabel. Aquí ella se llena de alegría como el destinatario del amor de Dios y también de una enorme responsabilidad.
 
Dios ha mirado en su esclava humilde. A través de sus Sí, se convirtió en una socia, una importante colaboradora en la obra de la salvación. No es de extrañar que todas las generaciones la llamen bienaventurada porque el Todopoderoso ha hecho grandes cosas en ella  - y ella también, en su debilidad humana, se entrego a él. Ella alimentado y criado Jesús, el Hijo de Dios y Salvador nuestro.
 
Por esto hoy decimos un especial gracias a ella. El Hijo es tan a menudo un reflejo de la madre como la mujer en el Evangelio tan claramente se dio cuenta. Él es el que va a derrotar al "orgulloso de corazón" sino que "llenar el hambre de cosas buenas". Somos, al mismo tiempo, entre los que tienen hambre y que están llamados a alimentar a otros espiritualmente, emocionalmente y materialmente según las necesidades.
 
La fiesta de hoy es uno de gran alegría para la propia María como Madre de Jesús y para nosotros los que debemos mucho a su cooperación total, con el designio de amor de Dios por nosotros.
 
Gracias y Sí
Al dejar el viejo año hay dos cosas que podríamos recordar:
- Para mirar hacia atrás en todos los eventos, grandes y pequeños del pasado año y decir GRACIAS.
- Para mirar al futuro con esperanza y la entrega a todos los que quieren venir y decir SÍ.
Y, por último, oigamos decir que cada uno de nosotros la hermosa bendición en la primera lectura:
"El Señor te bendiga y te guarde;
el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti,
y tener piedad de vosotros;
el Señor te muestre su rostro sobre ti,
y te conceda la paz ".


La edición y el subrayado son nuestros 


Que la Misericordia y la confianza en Dios no te falte

Gracias


 

31 de diciembre de 2012

Los pastores al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

Del santo Evangelio según San Lucas 2,16-21  Solemnidad de Santa María Madre de Dios 
1 de Enero

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
(Aciprensa.com)

Comentario:
El texto de esta fiesta de la Madre de Dios (Lc 2,16-21) forma parte de la descripción más amplia del nacimiento de Jesús (Lc 2,1-7) y de la visita de los pastores (Lc 2,8-21). El ángel había anunciado el nacimiento del Salvador, dando una señal para reconocerlo: “Encontraréis un niño envuelto en pañales, y acostado en un pesebre”. Ellos esperaban al Salvador de todo un pueblo y deberán reconocerlo en un niño recién nacido, pobre, que yace entre dos animales. ¡Gran sorpresa! 

El plan de Dios acontece de modo inesperado, lleno de sorpresa. Esto sucede hoy también. ¡Un niño pobre será el Salvador del mundo! ¿Te lo puedes creer? 

Lucas 2,8-9: Los primeros invitados 
Los pastores eran personas marginadas, poco apreciadas. Vivían junto con los animales, separados del resto de la humanidad. A causa del contacto permanente con los animales eran considerados impuros. Nunca, nadie les hubiera invitado a visitar a un recién nacido. Pero precisamente a estos pastores aparece el Ángel del Señor para transmitirle la gran noticia del nacimiento de Jesús. Ante la aparición de los ángeles ellos se llenan de temor.

Lucas 2,10-12: El primer anuncio de la Buena Nueva
La primera palabra del ángel es: ¡No temáis! La segunda es: ¡Gozo para todo el pueblo! La tercera es: ¡Hoy! Para enseguida dar tres nombres como queriéndonos indicar quien es Jesús: ¡Salvador, Cristo y Señor! ¡Salvador es aquél que libera a todos de todo lo que les ata! A los gobernantes de aquel tiempo les gustaba usar el título de Salvador. Ellos mismos se atribuían el título de Soter = Salvador). Cristo significa ungido o mesías. En el Viejo Testamento éste era el título que se le daba a los reyes y a los profetas. Era también el título del futuro Mesías que cumpliría las promesas de Dios con respecto al pueblo. Esto significa que el recién nacido, que yace en un pesebre, viene a realizar la esperanza del pueblo. ¡Señor era el nombre que se daba a Dios mismo! Aquí tenemos los tres títulos más grandes que se pueda imaginar. A partir de este anuncio del nacimiento de Jesús Salvador Cristo Señor, imagínate alguno con una categoría más elevada. El ángel te dice: “¡Atención! Te doy esta señal de reconocimiento: encontrarás a un niño en un pesebre, en medio de los pobres!” ¿Tú lo creerías? ¡El modo como Dios obra es diverso del nuestro!


Lucas 2,13-14: Alabanza de los ángeles: Gloria a Dios en lo más alto del cielo, Paz en la tierra a los hombres en quienes Él se complace
Una multitud de ángeles aparece y desciende del cielo. Es el cielo el que se plega sobre la tierra. Las dos frases del versículo resumen el proyecto de Dios, su plan. La primera dice qué sucede en el mundo de arriba: Gloria Dios en lo más alto del cielo. La segunda dice lo que sucederá en el mundo de aquí abajo: ¡Paz en la tierra a los hombres que Él ama! Si la gente pudiera experimentar lo que verdaderamente significa ser amados por Dios, todo cambiaría y la paz habitaría en la tierra. Y sería ésta la mayor gloria de Dios que vive en lo más alto.

Lucas 2, 15-18: Los pastores van hasta Belén y cuentan la visión de los ángeles 
 La Palabra de Dios no es un sonido producido por la boca. Es sobre todo ¡un acontecimiento! Los pastores dicen literalmente: “Vayamos a ver esta palabra que se ha verificado y que el Señor nos ha manifestado” En hebreo, la expresión DABAR puede significar al mismo tiempo palabra y cosa (acontecimiento), generado por la palabra. La palabra de Dios tiene fuerza creadora. Cumple lo que dice. En la creación dijo Dios: “¡Hágase la luz! ¡Y la luz se hizo!” (Gén 1,3). La palabra del ángel a los pastores es el acontecimiento del nacimiento de Jesús.

Lucas 2,19-20: Conducta de María y de los pastores ante los hechos, ante la palabra
Lucas añade enseguida que “ María conservaba estas palabras (acontecimientos) meditándolos en su corazón”. Son dos modos de percibir y acoger la Palabra de Dios: (i) Los pastores se levantan y van para ver los hechos y verificar en ellos la señal que se les había dado por el ángel, y después, vuelven a sus rebaños glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído. (ii) María, por su parte, conservaba con cuidado todos los acontecimientos en la memoria y los meditaba en su corazón. Meditar las cosas significa rumiarlas e iluminarlas con la luz de la Palabra de Dios, para así llegar a entender mejor todo el significado para la vida.

Lucas 2,21: La circuncisión y el Nombre de Jesús 
De acuerdo con una norma de la Ley, el pequeño Jesús es circuncidado el octavo día después de su nacimiento (cf Gén 17,12). La circuncisión era una señal de pertenencia al pueblo. Daba identidad a la persona. En esta ocasión cada niño recibía su nombre (cf Lc 1,59-63). El niño recibe el nombre de Jesús que le había sido dado por el ángel, antes de ser concebido. El ángel había dicho a José que el nombre del niño debía ser Jesús “él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). El nombre de Jesús es Cristo, que significa Ungido o Mesías. Jesús es el Mesías esperado. Un tercer nombre es Emmanuel, que significa Dios con nosotros (Mt 1,23). ¡El nombre completo es Jesús Cristo Emmanuel!
 
La edición y el subrayado son nuestros
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas



En este día, descubramos que Jesús es el Cristo, nuestro Señor y Salvador,  y que María es su madre. 
 
Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias.





8 de septiembre de 2012

¨Ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo¨

Del santo Evangelio según San Mateo 1,18-23
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados." Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: "Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios con nosotros".
(Aciprensa.com)



Comentario:

(...)

Se plantea espontáneamente una pregunta al espíritu: ¿Por qué el Verbo [Cristo] ha preferido nacer de una mujer (cf. Gál 4, 4), antes que descender del cielo con un cuerpo ya adulto, plasmado por la mano de Dios (cf. Gén 2, 7)? ¿No habría sido éste un camino más digno de El?, ¿más adecuado a su misión de Maestro y Salvador de la humanidad? Sabemos que, en los primeros siglos, sobre todo, no pocos cristianos (los docetas, los gnósticos, etc.) habrían preferido quo las cosas hubieran sido de esa manera. En cambio, el Verbo eligió el otro camino. ¿Por qué?

La respuesta nos llega con la límpida [pura] y convincente sencillez de las obras de Dios. Cristo quería ser un vástago [rama]  auténtico (cf. Is 11, 1) de la estirpe [tronco] que venía a salvar. Quería que la redención [salvacion] brotase como del interior de la humanidad, como algo suyo. Cristo quería socorrer al hombre no como un extraño, sino como un hermano, haciéndose en todo semejante a él, menos en el pecado (cf. Heb 4, 15). Por esto quiso una madre y la encontró en la persona de María. La misión fundamental de la doncella de Nazaret fue, pues, la de ser el medio de unión del Salvador con el género humano. 

En la historia de la salvación, sin embargo, la acción de Dios no se desarrolla sin acudir a la colaboración de los hombres: Dios no impone la salvación. Ni siquiera se la impuso a María. En el acontecimiento de la Anunciación no se dirige a Ella de manera personal [no le sugirió], interpeló su voluntad y esperó una respuesta que brotase de su fe. Los Padres [maestros de la Iglesia] han captado perfectamente este aspecto, poniendo de relieve que "la Santísima Virgen María, que dio a luz creyendo, había concebido creyendo" (S. Agustín, Sermo 215, 4; cf. S. León M., Sermo I in Nativitate, 1, etc.), y esto ha subrayado también el reciente Concilio Vaticano II, afirmando que la Virgen "al anuncio del ángel recibió en el corazón y en el cuerpo al Verbo de Dios" (Lumen gentium, 53). 

El "fiat" [hágase] de la Anunciación inaugura así la Nueva Alianza entre Dios y la criatura: mientras este "fiat" incorpora a Jesús a nuestra estirpe según la naturaleza, incorpora a María a El según la gracia. El vínculo entre Dios y la humanidad, roto por el pecado, ahora felizmente está restablecido. 

El consentimiento total e incondicional de la "sierva del Señor" (Lc 1, 38) al designio de Dios fue, pues, una adhesión libre y consciente. María consintió en convertirse en la Madre del Mesías que vino "para salvar a su pueblo de sus pecados" (Mt 1, 21; cf. Lc 1, 31). No se trató de un simple consentimiento para el nacimiento de Jesús, sino de la aceptación responsable de participar en la obra de la salvación que El venía a realizar. Las palabras del "Magnificat" ofrecen clara confirmación de esta conciencia lúcida: "Acogió a Israel, su siervo —dice María— acordándose de su misericordia. Según lo que había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre" (Lc 1, 54-55). 

Al pronunciar su "fiat"  , María no se convierte sólo en Madre del Cristo histórico; su gesto la convierte en Madre del Cristo total, "Madre de la Iglesia". "Desde el momento del fiat —observa San Anselmo— María comenzó a llevarnos a todos en su seno"; por esto "el nacimiento de la Cabeza es también el nacimiento del cuerpo", proclama San León Magno. San Efrén, por su parte, tiene una expresión muy bella a este respecto: María, dice él, es "la tierra en la que ha sido sembrada la Iglesia".

Efectivamente. desde el momento en que la Virgen se convierte en Madre del Verbo encarnado, la Iglesia se encuentra constituida de manera secreta, pero germinalmente perfecta, en su esencia de cuerpo místico: en efecto, están presentes el Redentor y la primera de los redimidos. De ahora en adelante la incorporación a Cristo implicará una relación filial no sólo con el Padre celeste, sino también con María, la Madre terrena del Hijo de Dios.

Cada madre transmite a los hijos la propia semejanza: también entre María y la Iglesia hay una relación de semejanza profunda. María es la figura ideal, la personificación, el arquetipo [modelo original] de la Iglesia. En Ella se realiza el paso del antiguo al nuevo Pueblo de Dios, de Israel a la Iglesia. Ella es la primera entre los humildes y pobres, el resto fiel, que esperan la redención; y Ella es también la primera entre los rescatados que, en humildad y obediencia, acogen la venida del Redentor. La teología oriental ha insistido mucho en la "katharsis" [purificación, liberación] que se obra en María en el momento de la Anunciación; baste recordar aquí la emocionada paráfrasis que hace de ello Gregorio Palamas en una homilía: "Tú eres ya Santa y llena de gracia, oh Virgen, dice el Ángel a María. Pero el Espíritu Santo vendrá de nuevo sobre ti, preparándote mediante un aumento de gracia al misterio divino" (Homilía sobre la Anunciación: PG. 151. 178).

Por tanto, con razón, en la liturgia con que la Iglesia oriental celebra las alabanzas de la Virgen, ha puesto de relieve el cántico que la hermana de Moisés, María, eleva al paso del Mar Rojo, como para indicar que la Virgen ha sido la primera en atravesar las aguas del pecado a la cabeza del nuevo Pueblo de Dios, liberado por Cristo. 

María es la primicia y la imagen más perfecta de la Iglesia: "La parte más noble, la parte mejor, la parte más importante, la parte más selecta" (Ruperto, In Apoc. I, VII, 12). "Asociada a todos los hombres necesitados de salvación", proclama también el Vaticano II, Ella ha sido redimida "de modo eminente, en previsión de los méritos de su Hijo" (Lumen gentium, 53). Por lo tanto, María se presenta a todo creyente como la criatura toda pura, toda hermosa, toda santa, capaz de "ser Iglesia" como ninguna otra criatura lo será nunca aquí abajo.

También nosotros hoy miramos a María como a nuestro modelo. La miramos para aprender a construir la Iglesia a ejemplo suyo. Para este fin sabemos que debemos, ante todo, progresar bajo su guía en el ejercicio de la fe. María vivió su fe en una actitud de profundización continua y de descubrimiento progresivo, pasando a través de momentos difíciles de tinieblas, ya desde los primeros días de su maternidad (cf. Mt 1, 18 ss.), momentos que superó gracias a una actitud responsable de escucha y de obediencia a la Palabra de Dios. También nosotros debemos realizar todo esfuerzo para profundizar y consolidar nuestra fe "escuchando, acogiendo, proclamando, venerando la Palabra de Dios, escudriñando a su luz los signos de los tiempos e interpretando y viviendo los acontecimientos de la historia" (cf. Pablo VI, Exhort. Apost. Marialis cultus, 17; Pablo VI: Enseñanzas al Pueblo de Dios, 1974, pág. 454). 

María está ante nosotros como ejemplo de valiente esperanza y de caridad operante: Ella caminó en la esperanza, pasando con dócil prontitud de la esperanza judaica a la esperanza cristiana, y actuó la caridad, acogiendo en sí sus exigencias hasta la donación más completa y el sacrificio más grande. A ejemplo suyo, también nosotros debemos permanecer firmes en la esperanza aun cuando nubarrones tempestuosos se agolpen sobre la Iglesia, que avanza como nave entre las olas, no raramente hostiles, de las vicisitudes humanas; también nosotros debemos crecer en la caridad, cultivando la humildad, la pobreza, la disponibilidad, la capacidad de escucha y de condescendencia en adhesión a cuanto Ella nos ha enseñado con el testimonio de toda su vida. 

(…)

La edición y el subrayado son nuestros  
Homilía en casa de la Virgen, Juan Pablo II, 30 de noviembe de 1971


En este día, tomemos a María como ejemplo para construir una Iglesia de valiente esperanza, de amor que siempre actúa, que no teme al sacrificio y a la entrega total y completa.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias