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26 de abril de 2019

¨ A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. ¨


Domingo 2 de Pascua de la Resurrección o de la Divina Misericordia


Del Santo Evangelio según San Juan (Jn 20: 19 - 31)

19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» 20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.

21 Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» 22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» 


24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» 25 Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.» 

26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» 27 Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» 28 Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.» 29 Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.» 

30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. 31 Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre. (Aciprensa.com)


 

S.S Francisco

Regina Coeli

23 de abril de 2017


Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!


Cada domingo, hacemos memoria de la resurrección del Señor Jesús, pero en este periodo después de Pascua, el domingo reviste un significado más iluminador. En la tradición de la Iglesia, este domingo después de la Pascua, se le denomina “in albis”. ¿Qué significa esto? La expresión pretendía recordar el rito que cumplían aquellos que habían recibido el bautismo en la Vigilia pascual. A cada uno de ellos se le entregaba un hábito blanco —“alba”, “blanca”— para indicar su nueva dignidad de hijos de Dios. Hoy todavía se sigue haciendo esto: a los neonatos se les coloca una pequeña tela simbólica, mientras que los adultos se ponen uno auténtico y verdadero, como lo hemos visto en la Vigilia pascual. Esta ropa blanca, en pasado, se llevaba puesta durante una semana, hasta este domingo, y de ahí deriva el nombre in albis deponendis, que significa el domingo en el cuál se quita el hábito blanco. Y así, quitada la ropa blanca, los neófitos comenzaban su nueva vida en Cristo y en la Iglesia.

Hay otra cosa. En el Jubileo del año 2000, san Juan Pablo II estableció que este domingo estaría dedicado a la Divina Misericordia. Es verdad, fue una bonita intuición: el Espíritu Santo le inspiró. Hemos concluido el Jubileo extraordinario de la Misericordia hace pocos meses y este domingo nos invita a retomar con fuerza la gracia que viene de la misericordia de Dios. El Evangelio de hoy es la narración de la aparición de Cristo resucitado a los discípulos reunidos en el cenáculo (cf. Juan 20, 19-31). Escribe san Juan que Jesús, después de haber saludado a sus discípulos, les dijo: «Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados» (vv. 21-23). He aquí el sentido de la misericordia que se presenta precisamente en el día de la resurrección de Jesús como perdón de los pecados. Jesús resucitado, ha transmitido a su Iglesia, como primera misión, su propia misión de llevar a todos el anuncio concreto del perdón. Este es el primer deber: anunciar el perdón. Este signo visible de su misericordia lleva consigo la paz del corazón y la alegría del encuentro renovado con el Señor.

La misericordia a la luz de la Pascua se deja percibir como una verdadera forma de conocimiento. Y esto es importante: la misericordia es una verdadera forma de conocimiento. Sabemos que se conoce a través de muchas formas. Se conoce a través de los sentidos, se conoce a través de la intuición, a través de la razón y aún de otras formas. Bien, se puede conocer también a través de la experiencia de la misericordia, porque la misericordia abre la puerta de la mente para comprender mejor el misterio de Dios y de nuestra existencia personal. La misericordia nos hace comprender que la violencia, el rencor, la venganza no tienen ningún sentido y la primera víctima es quien vive de estos sentimientos, porque se priva de su propia dignidad. La misericordia también abre la puerta del corazón y permite expresar la cercanía sobre todo hacia aquellos que están solos y marginados, porque les hace sentirse hermanos e hijos de un solo Padre. Favorece el reconocimiento de cuantos tienen necesidad de consuelo y hace encontrar palabras adecuadas para dar consuelo.

Hermanos y hermanas, la misericordia calienta el corazón y le hace sensible a las necesidades de los hermanos, a través del compartir y de la participación. La misericordia, en definitiva, compromete a todos a ser instrumentos de justicia, de reconciliación y de paz. No olvidemos nunca que la misericordia es la llave en la vida de fe, y la forma concreta con la cual damos visibilidad a la resurrección de Jesús.


Después del Regina Coeli:

Queridos hermanos y hermanas,


Ayer en Oviedo, en España, fue proclamado beato el sacerdote Luis Antonio Rosa Ormières. Vivió en el siglo XIX, dedicó sus muchas cualidades humanas y espirituales al servicio de la educación, y por esto fundó la Congregación de las hermanas del ángel custodio. Que su ejemplo y su intercesión ayuden en particular a cuantos trabajan en el colegio y en el campo educativo.

Saludo de corazón a todos vosotros, fieles romanos y peregrinos de Italia y de muchos países, en particular la Confraternidad de San Sebastián de Kerkrade (Holanda), el Nigerian Catholic Secretariat y la parroquia Liebfrauen de Bocholt (Alemania). Saludo a los peregrinos polacos y expreso mi vivo aprecio por la iniciativa de Cáritas Polonia en favor de muchas familias en Siria. Así como a los participantes en “la carrera por la paz”: una carrera que hoy parte de esta plaza para llegar a Wittenberg en Alemania.

Saludo a los numerosos grupos de chicos, especialmente a los que se han confirmado o que van a ser confirmados, ¡sois muchos!: de las diócesis de Piacenza-Bobbio, Trento, Cuneo, Milán, Lodi, Cremona, Bergamo, Brescia y Vicenza. Y también al colegio “Masaccio” de Treviso y al instituto “San Carpoforo” de Como.

Y para terminar doy las gracias a todos los que en este periodo me han enviado mensajes de felicitaciones por la Pascua. Se los devuelvo de corazón invocando para cada uno y para cada familia la gracia del Señor Resucitado. Feliz domingo, y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí.

¡Buen almuerzo y hasta pronto!
 


Tomado de la Santa Sede
La edición y el subrayado son nuestros

6 de abril de 2019

«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más»

Domingo 5 del Tiempo de Cuaresma
Del Santo Evangelio según San Juan (Jn 8:1-11) 
  
1 Mas Jesús se fue al monte de los Olivos. 2 Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles.

3 Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio 4 y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 5 Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?»

6 Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. 7 Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.»

8 E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. 9 Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. 10 Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» 11 Ella respondió: «Nadie, Señor.» Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.»
(Aciprensa.com)


S.S Francisco
Ángelus
17 de marzo de 2013


Hermanos y hermanas, buenos días.

Tras el primer encuentro del miércoles pasado, hoy puedo dirigirles nuevamente mi saludo a todos. Y me alegra hacerlo en el domingo, en el día del Señor. Para nosotros los cristianos, esto es hermoso e importante: reunirnos el domingo, saludarnos, hablar unos con otros, como ahora aquí, en la plaza. Una plaza que, gracias a los medios de comunicación, tiene las dimensiones del mundo.

En este quinto domingo de Cuaresma, el evangelio nos presenta el episodio de la mujer adúltera (cf. Jn 8,1-11), que Jesús salva de la condena a muerte. Conmueve la actitud de Jesús: no oímos palabras de desprecio, no escuchamos palabras de condena, sino solamente palabras de amor, de misericordia, que invitan a la conversión: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más» (v. 11). Y, hermanos y hermanas, el rostro de Dios es el de un padre misericordioso, que siempre tiene paciencia. ¿Habéis pensado en la paciencia de Dios, la paciencia que tiene con cada uno de nosotros? Ésa es su misericordia. Siempre tiene paciencia, paciencia con nosotros, nos comprende, nos espera, no se cansa de perdonarnos si sabemos volver a Él con el corazón contrito. «Grande es la misericordia del Señor», dice el Salmo.

En estos días, he podido leer un libro de un cardenal —el Cardenal Kasper, un gran teólogo, un buen teólogo—, sobre la misericordia. Y ese libro me ha hecho mucho bien. Pero no creáis que hago publicidad a los libros de mis cardenales. No es eso. Pero me ha hecho mucho bien, mucho bien. El Cardenal Kasper decía que al escuchar misericordia, esta palabra cambia todo. Es lo mejor que podemos escuchar: cambia el mundo. Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo. Necesitamos comprender bien esta misericordia de Dios, este Padre misericordioso que tiene tanta paciencia... Recordemos al profeta Isaías, cuando afirma que, aunque nuestros pecados fueran rojo escarlata, el amor de Dios los volverá blancos como la nieve. Es hermoso, esto de la misericordia.


Recuerdo que en 1992, apenas siendo Obispo, llegó a Buenos Aires la Virgen de Fátima y se celebró una gran Misa por los enfermos. Fui a confesar durante esa Misa. Y, casi al final de la Misa, me levanté, porque debía ir a confirmar. Se acercó entonces una señora anciana, humilde, muy humilde, de más de ochenta años. La miré y le dije: “Abuela —porque así llamamos nosotros a las personas ancianas—: Abuela ¿desea confesarse?” Sí, me dijo. “Pero si usted no tiene pecados…” Y ella me respondió: “Todos tenemos pecados”. Pero, quizás el Señor no la perdona... “El Señor perdona todo”, me dijo segura. Pero, ¿cómo lo sabe usted, señora? “Si el Señor no perdonara todo, el mundo no existiría”. Tuve ganas de preguntarle: Dígame, señora, ¿ha estudiado usted en la Gregoriana? Porque ésa es la sabiduría que concede el Espíritu Santo: la sabiduría interior hacia la misericordia de Dios.

No olvidemos esta palabra: Dios nunca se cansa de perdonar. Nunca. “Y, padre, ¿cuál es el problema?” El problema es que nosotros nos cansamos, no queremos, nos cansamos de pedir perdón. Él jamás se cansa de perdonar, pero nosotros, a veces, nos cansamos de pedir perdón. No nos cansemos nunca, no nos cansemos nunca. Él es Padre amoroso que siempre perdona, que tiene ese corazón misericordioso con todos nosotros. Y aprendamos también nosotros a ser misericordiosos con todos. Invoquemos la intercesión de la Virgen, que tuvo en sus brazos la Misericordia de Dios hecha hombre. Ahora todos juntos recemos el Ángelus:

(Oración del Ángelus).

Saludo cordialmente a todos los peregrinos. Gracias por vuestra acogida y vuestras oraciones. Os pido que recéis por mí. Doy un abrazo nuevamente a los fieles de Roma y lo hago extensivo a todos vosotros; y lo hago extensivo a todos los que habéis venido de diversas partes de Italia y del mundo, así como a los que se han unido a nosotros a través de los medios de comunicación. He escogido el nombre del Patrón de Italia, san Francisco de Asís, y esto refuerza mi vínculo espiritual con esta tierra, donde, como sabéis, están los orígenes de mi familia. Pero Jesús nos ha llamado a formar parte de una nueva familia: su Iglesia, en esta familia de Dios, caminando juntos por los caminos del Evangelio. Que el Señor os bendiga, que la Virgen os cuide. No olvidéis esto: el Señor nunca se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Feliz domingo y buen almuerzo.
Tomado de la Santa Sede
La edición y el subrayado son nuestros

10 de marzo de 2013

¨este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."

Del Santo Evangelio según San Lucas Lucas 15, 1-3. 11-32 
Domingo 4 del Tiempo de Cuaresma

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: "Ése acoge a los pecadores y come con ellos."
Jesús les dijo esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna."
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. "
Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."
Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Éste le contesto: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud."
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado."
El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.""
(Aciprensa.com)
Comentario:

La Cuaresma es un tiempo de renovación. Parte de esta renovación requiere que tomemos conciencia del trastorno, de la disonancia, de las distorsiones en nuestra vida, es decir, tomar conciencia de las áreas de pecado, de lo malo en nuestro comportamiento. No podremos cambiar a menos que primero seamos conscientes de lo que necesita ser cambiado. Muchos de nosotros vamos por la vida sin realmente estar preparados para tomar una mirada muy objetiva a la clase de personas que somos, a pesar de que podemos gastar una buena cantidad de tiempo de ser conscientes de lo que está mal en otros.

Una vez conscientes de las áreas de nuestra vida que son gobernadas por ¨fuerzas negativas¨ [pecados] como el odio, la ira, el resentimiento, la codicia, la venganza, la injusticia o la violencia tenemos que arrepentirnos. "Arrepíentanse" en el Evangelio, exige no sólo expresiones de pesar y dolor, sino que también exige un cambio radical en mi comportamiento futuro, un cambio profundo en la forma en que veo a Dios, a la gente y a otras cosas. Se requiere un reordenamiento de mis relaciones con Dios, con Jesús, con los demás y conmigo mismo. Significa un rotundo, verdadero y real cambio de mi vida, una conversión real.

Mirando hacia el futuro

Muchos tienen la buena costumbre de hacer una confesión seria durante la Cuaresma o la Pascua. Sin embargo, debemos ser conscientes de que tal confesión implica no sólo la limpieza de las malas acciones superficiales del pasado, sino que también implica un deseo genuino de una reforma de vida, un verdadero cambio en nuestro comportamiento. Si mis confesiones en los últimos años no parecen haber cambiado mucho, es muy posible que al hacerlas he prestado muy poca atención al presente y al futuro. Como veremos, Dios no está realmente interesado en nuestro pasado.

Parte de la experiencia de renovación por Cuaresma, es tratar de ser más verdaderamente discípulos de Jesús, compartir más profundamente sus valores, su visión, sus actitudes. Como San Pablo dijo a los Filipenses debemos tener la mente, la misma manera de pensar de Jesús.

La manera de pensar de Dios

En la Misa de hoy, tenemos una de las descripciones más gráficas del pensamiento de  Jesús - y por tanto de Dios. Nosotros confrontamos la actitud de Dios con la del que actúo mal, vemos su profundo deseo de perdonarle, esto es, el de reconciliarse totalmente con aquel con el que había roto la amistad.

El contexto del pasaje de hoy es importante. Los pecadores y los marginados sociales eran "todos los que buscaban la compañía de Jesús para escuchar lo que tenía que decir". Los fariseos y los escribas, como eran "buenos y religiosos", quedaron sorprendidos y perturbados. "Este hombre recibe a los pecadores y (aún peor) come con ellos." Por sus normas, una "buena" persona evita las "malas compañías". Para ser honestos, ¿no pensamos lo mismo? Si es así, entonces no estamos pensando como Dios o como Jesús.

Jesús responde a los fariseos diciendo tres parábolas, de las que sólo leemos una en el Evangelio de hoy. La primera parábola es acerca de un pastor que ha perdido a una de sus ovejas. Él va a distancias extraordinarias, incluso dejando a todas las ovejas otro, al ver que una sola se ha extraviado. Esa es una imagen de Dios y el pecador. Cuando la encuentra, tiene que compartir su alegría con todos sus compañeros. La segunda parábola es acerca de una pobre mujer que pierde una moneda. Puede ser sólo una moneda, pero significa mucho para ella. Vuelve la casa patas arriba hasta que la encuentra y cuando lo hace, ella alegremente le dice a todos sus vecinos.

El padre pródigo

Pero la historia más sorprendente es la tercera parábola. Normalmente la llamamos la del "Hijo Pródigo", pero, de hecho, el énfasis está menos en el hijo que en el padre, que claramente representa a Dios y Jesús.

Nadie puede negar el comportamiento atroz del hijo menor. Tomó todo lo que su padre le dio generosamente como herencia y la utilizó para llevar una vida de desenfreno total y egoísta. Con el tiempo, ya no tenía nada, y se redujo a vivir con los cerdos, algo absolutamente detestable para la mente judía, e incluso llego a compartir sus orinales, algo que aún nosotros encontraríamos como espantoso. "Le sirvió", podría ser la reacción de muchos, sobre todo de los que piensan en lo bueno y respetable moralmente.

Esto, sin embargo, no es la reacción del padre, que sólo tiene un pensamiento en su mente - como recuperar a su hijo y que vuelva a donde pertenece. El padre no dice: "Este hijo me ha ofendido gravemente y trajo la desgracia a nuestra familia, que se pudra en el infierno. En cambio, dice:" Mi hijo se fue, se perdió y yo quiero mucho tenerlo de vuelta " Y él está a la puerta de su casa observando y esperando . El amor por su hijo descarriado. no ha cambiado ni un ápice.

Sin forzar
No hay fuerza involucrada. La policía no se envía. Los siervos no tienen instrucciones de arrastrarlo de vuelta. No, el padre espera. Corresponde al propio hijo tomar la decisión crucial: ¿Él quiere estar con su padre o no?

Finalmente "volvió en sí", es decir, se dio cuenta de lo erróneo que había hecho. Se dio cuenta de lo bueno que había sido su padre. El proceso de arrepentimiento había comenzado. Se sentía profundamente avergonzado por su conducta y luego, lo más importante de todo, dio la vuelta en su camino para regresar con su padre.

El padre, por su parte, lleno de compasión por las experiencias de su hijo, corre a su encuentro, lo abraza y deja de lado el discurso cuidadosamente preparado por su hijo. Si el hijo hubiera conocido mejor a su padre, se habría dado cuenta de que tal discurso no era necesario. Inmediatamente, el Padre da órdenes para que las mejores cosas de la casa se le entreguen y un banquete se prepara.

Este es el perdón, la reconciliación y por parte del hijo, la conversión, un cambio verdadero en su vida y el volver a donde debía estar.

Es importante recordar, que todo esto es en respuesta por los comentarios de los fariseos y los escribas acerca de que Jesús se mezclaba con los pecadores. Esta historia revela una imagen de Dios que, por un lado, muchos de nosotros aún no hemos aceptado y, por otro, una forma de comportamiento que no es fácil aceptar para nosotros en nuestras propias relaciones con los demás.

Sin comprensión
Ahí es donde el hijo mayor entra. Él simplemente no puede entender lo que está sucediendo. Nunca fue tratado así y siempre había sido un "buen" chico. ¿Qué clase de justicia es ésta? Un hermano se queda en casa manteniendo todas las reglas (o mandamientos) y parece no conseguir nada. Su hermano vive escandalosamente con prostitutas en una tierra pagana y cuando regresa se le trata como a la realeza. No podía entender la mente de su padre y algunos de nosotros podríamos tener demasiadas también dificultades.

De alguna manera Dios es muy injusto - al menos según nuestras normas. ¡Él está dañado por el amor! y afortunadamente para nosotros, él es así. Suponiendo que ud. se confiese un día y el sacerdote le diga: "Lo siento, eso es todo. No puede haber más perdón, ya no hay más reconciliaciones. Usted ha agotado su cuota. Es una lástima." Por supuesto, que no es así. No hay límite para el perdón de Dios.

Como se ha dicho antes, Dios no está interesado en el pasado, sino sólo en el presente. Yo no soy juzgado por lo que he hecho o dejado de hacer mucho antes. Tampoco es necesario angustiarse por cómo me comportaré en el futuro. Tengo que ser juzgado por mi relación con Dios aquí y ahora. Fue por esto que Jesús le dijo a  aquel criminal asesino crucificado con él: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso." Él mismo le promete la vida eterna:  "este mismo día". Fue por esto que Jesús le dijo a la "mujer pecadora", probablemente una prostituta, que se vuelve totalmente reconciliada con Jesús en el acto y olvidando completamente su comportamiento pasado. "Ella no tiene pecado [ahora] porque ella ama mucho [ahora]." Lo único que tengo de que preocuparme es si ahora tengo una relación de amor con Dios y con todos los que me rodean por medio de la cual entro en contacto con Él.

¿Qué límites nos propusimos?
Ciertamente hay mucho para reflexionar, también, vemos en las lecturas de hoy sobre cómo hacer frente a aquellos que creemos que no han "ofendido". Al querer experimentar el perdón de Dios, también tenemos que aprender a perdonar a los demás. Entonces, ¿Se establecen límites para nuestro perdón? Para reconciliarnos con Dios tenemos que aprender a reconciliarnos con todos aquellos que son fuentes de conflicto o de dolor en nuestras vidas.

Damos gracias a Dios que tenemos un Señor que está dispuesto a perdonar y a darnos la bienvenida por volver una y otra vez. Pero no podemos detenernos aquí. Tenemos que aprender a actuar hacia los demás de la misma manera. "Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden." Nosotros, también tenemos, la necesidad de ver a la persona en el aquí y ahora, y no seguir sacando a relucir las heridas del pasado y el resentimiento, de ira y odio.

Imitando más a Jesús, nos encontramos con que nuestras relaciones mejoran. De esta manera no sólo estamos llegando más cerca de tener la mente de Jesús, sino que estamos haciendo también algo más. Vamos a encontrar que la vida se convierte en una experiencia mucho más llena de paz y armonía. Esta es una situación perfecta en la que todos ganamos.



La edición y el subrayado son nuestros
Tomado de Living Space. Commentaries of the readings. 

Descubramos que tenemos un Padre que siempre está dispuesto a perdonar y a darnos la bienvenida por volver una y otra vez, sin importar lo que hayamos hecho y cuan sinceros seamos, pues sólo basta nuestra intención y la desición de volver con Él.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias.

16 de abril de 2009

Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia

"En nuestros tiempos, muchos son los fieles cristianos de todo el mundo que desean exaltar esa misericordia divina en el culto sagrado y de manera especial en la celebración del misterio pascual, en el que resplandece de manera sublime la bondad de Dios para con todos los hombres.

Acogiendo pues tales deseos, el Sumo Pontífice Juan Pablo II se ha dignado disponer que en el Misal Romano, tras el título del Segundo Domingo de Pascua, se añada la denominación "o de la Divina Misericordia" ..... " (Fragmento del Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, de 5 de mayo de 2000.

Indulgencias en el Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia:

"Se concede la indulgencia plenaria,
(1) con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, "Jesús misericordioso, confío en ti")".

Catholic.net

(1)"La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos". (Catecismo de la Iglesia Católica N.1471)


Es plenaria porque perdona totalmente la pena temporal de los pecados.

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Ver también:

Decreto de Indulgencias el Día de la Divina Misericordia

Sor Faustina y la Divina Misericoridia

Las Indulgencias