Este es un espacio de catequesis en el que encontrarás enseñanzas, noticias, mensajes, y reflexiones que te permitirán conocer la verdadera doctrina y te serán útiles en tu camino de fe.


¡¡¡Gracias por tu visita!!!

Mostrando entradas con la etiqueta hijo pródigo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hijo pródigo. Mostrar todas las entradas

31 de marzo de 2019

«Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó» (Lc 15,20).


Domingo 4 del Tiempo de Cuaresma
Del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 15: 1- 3, 11- 32) 
  
1 Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle, 2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.» 3 Entonces les dijo esta parábola.

11 Dijo: «Un hombre tenía dos hijos; 12 y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió la hacienda. 13 Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.


14 «Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. 15 Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. 16 Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. 17 Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! 18 Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. 19 Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros."


20 Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. 21 El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." 22 Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. 23 Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, 24 porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta. 25 «Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; 26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.


27 El le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano." 28 El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. 29 Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; 30 y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!"


31 «Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; 32 pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."»
(Aciprensa.com)




S.S Francisco
Homilía
31 de marzo de 2019


«Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó» (Lc 15,20).

Así el evangelio nos pone en el corazón de la parábola que transparenta la actitud del padre al ver volver a su hijo: tocado en las entrañas no lo deja llegar a casa cuando lo sorprende corriendo a su encuentro. Un hijo esperado y añorado. Un padre conmovido al verlo regresar.

Pero no fue el único momento en que el padre corrió. Su alegría sería incompleta sin la presencia de su otro hijo. Por eso también sale a su encuentro para invitarlo a participar de la fiesta (cf. v. 28). Pero, parece que al hijo mayor no le gustaban las fiestas de bienvenida, le costaba soportar la alegría del padre, no reconoce el regreso de su hermano: «ese hijo tuyo» afirmó (v. 30). Para él su hermano sigue perdido, porque lo había perdido ya en su corazón.

En su incapacidad de participar de la fiesta, no sólo no reconoce a su hermano, sino que tampoco reconoce a su padre. Prefiere la orfandad a la fraternidad, el aislamiento al encuentro, la amargura a la fiesta. No sólo le cuesta entender y perdonar a su hermano, tampoco puede aceptar tener un padre capaz de perdonar, dispuesto a esperar y velar para que ninguno quede afuera, en definitiva, un padre capaz de sentir compasión.

En el umbral de esa casa parece manifestarse el misterio de nuestra humanidad: por un lado, estaba la fiesta por el hijo encontrado y, por otro, un cierto sentimiento de traición e indignación por festejar su regreso. Por un lado, la hospitalidad para aquel que había experimentado la miseria y el dolor, que incluso había llegado a oler y a querer alimentarse con lo que comían los cerdos; por otro lado, la irritación y la cólera por darle lugar a quien no era digno ni merecedor de tal abrazo.

Así, una vez más sale a la luz la tensión que se vive al interno de nuestros pueblos y comunidades, e incluso de nosotros mismos. Una tensión que desde Caín y Abel nos habita y que estamos invitados a mirar de frente: ¿Quién tiene derecho a permanecer entre nosotros, a tener un puesto en nuestras mesas y asambleas, en nuestras preocupaciones y ocupaciones, en nuestras plazas y ciudades? Parece continuar resonando esa pregunta fratricida: acaso ¿yo soy el guardián de mi hermano? (cf. Gn 4,9).

En el umbral de esa casa aparecen las divisiones y enfrentamientos, la agresividad y los conflictos que golpearán siempre las puertas de nuestros grandes deseos, de nuestras luchas por la fraternidad y para que cada persona pueda experimentar desde ya su condición y su dignidad de hijo.

Pero a su vez, en el umbral de esa casa brillará con toda claridad, sin elucubraciones ni excusas que le quiten fuerza, el deseo del Padre: que todos sus hijos tomen parte de su alegría; que nadie viva en condiciones no humanas como su hijo menor, ni en la orfandad, el aislamiento o en la amargura como el hijo mayor. Su corazón quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tm 2,4).

Es cierto, son tantas las circunstancias que pueden alimentar la división y la confrontación; son innegables las situaciones que pueden llevarnos a enfrentarnos y a dividirnos. No podemos negarlo. Siempre nos amenaza la tentación de creer en el odio y la venganza como formas legítimas de brindar justicia de manera rápida y eficaz. Pero la experiencia nos dice que el odio, la división y la venganza, lo único que logran es matar el alma de nuestros pueblos, envenenar la esperanza de nuestros hijos, destruir y llevarse consigo todo lo que amamos.

Por eso Jesús nos invita a mirar y contemplar el corazón del Padre. Sólo desde ahí podremos redescubrirnos cada día como hermanos. Sólo desde ese horizonte amplio, capaz de ayudarnos a trascender nuestras miopes lógicas divisorias, seremos capaces de alcanzar una mirada que no pretenda clausurar ni claudicar nuestras diferencias buscando quizás una unidad forzada o la marginación silenciosa. Sólo si cada día somos capaces de levantar los ojos al cielo y decir Padre nuestro podremos entrar en una dinámica que nos posibilite mirar y arriesgarnos a vivir no como enemigos sino como hermanos.

«Todo lo mío es tuyo» (Lc 15,31), le dice el padre a su hijo mayor. Y no se refiere tan sólo a los bienes materiales sino a ser partícipes también de su mismo amor, de su misma compasión. Esa es la mayor herencia y riqueza del cristiano. Porque en vez de medirnos o clasificarnos por una condición moral, social, étnica o religiosa podamos reconocer que existe otra condición que nadie podrá borrar ni aniquilar ya que es puro regalo: la condición de hijos amados, esperados y celebrados por el Padre.

«Todo lo mío es tuyo», también mi capacidad de compasión, nos dice el Padre. No caigamos en la tentación de reducir nuestra pertenencia de hijos a una cuestión de leyes y prohibiciones, de deberes y cumplimientos. Nuestra pertenencia y nuestra misión no nacerá de voluntarismos, legalismos, relativismos o integrismos sino de personas creyentes que implorarán cada día con humildad y constancia: venga a nosotros tu Reino.

La parábola evangélica presenta un final abierto. Vemos al padre rogar a su hijo mayor que entre a participar de la fiesta de la misericordia. El evangelista no dice nada sobre cuál fue la decisión que este tomó. ¿Se habrá sumado a la fiesta? Podemos pensar que este final abierto está dirigido para que cada comunidad, cada uno de nosotros pueda escribirlo con su vida, con su mirada, con su actitud hacia los demás. El cristiano sabe que en la casa del Padre hay muchas moradas, sólo quedan afuera aquellos que no quieren tomar parte de su alegría.

Queridos hermanos, queridas hermanas, quiero darles gracias por el modo en que dan testimonio del evangelio de la misericordia en estas tierras. Gracias por los esfuerzos realizados para que sus comunidades sean oasis de misericordia. Los animo y los aliento a seguir haciendo crecer la cultura de la misericordia, una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea su sufrimiento (cf. Carta ap. Misericordia et misera, 20). Sigan cerca de los pequeños y de los pobres, de los que son rechazados, abandonados e ignorados, sigan siendo signo del abrazo y del corazón del Padre.

Y que el Misericordioso y el Clemente —como lo invocan tan a menudo nuestros hermanos y hermanas musulmanes— los fortalezca y haga fecundas las obras de su amor.

Saludo del Santo Padre al concluir la Santa Misa

A la conclusión de esta Eucaristía, deseo nuevamente bendecir al Señor que me ha permitido realizar este viaje para ser, entre ustedes y con ustedes, servidor de la Esperanza.

Agradezco a Su Majestad el Rey Mohammed VI su invitación; agradezco el haber querido estar cercano a nosotros enviando sus representantes; agradezco a todas las Autoridades y todas las personas que han colaborado para el buen desarrollo de este viaje.

Gracias a mis hermanos en el episcopado, los Arzobispos de Rabat y Tánger, como también a los otros Obispos, a los sacerdotes, religiosos y religiosas y a todos los fieles laicos que están aquí en Marruecos como servidores de la vida y de la misión de la Iglesia. Gracias a ustedes, queridos hermanos y hermanas, por todo lo que han hecho para preparar este viaje y por todo lo que hemos podido compartir desde la fe, la esperanza y la caridad, y todo lo que hemos podido compartir desde la fraternidad entre cristianos y musulmanes, muchas gracias!

Con estos sentimientos de gratitud, deseo nuevamente animarlos a perseverar en el camino del diálogo entre cristianos y musulmanes y a colaborar tambien a que esa fraternidad se haga visible, se haga universal, pues tiene su fuente en Dios. Que ustedes sean aquí los servidores de la esperanza, que este mundo tanto necesita.

Y, por favor, no se olviden de rezar por mí.


Tomado de la Santa Sede 
La edición y el subrayado son nuestros

15 de septiembre de 2013

"Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta."

Del Santo Evangelio según San Lucas 15, 1-32 
Domingo 24 del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: "Ése acoge a los pecadores y come con ellos."Jesús les dijo esta parábola: "Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido."Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles:¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido."Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta."También les dijo: "Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes.No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.Su hijo le dijo:"Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo."Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."Y empezaron el banquete.Su hijo mayor estaba en el campo.Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud."Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado."El padre le dijo: "Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."" (Aciprensa.com)

Comentario:
(...)

Una imagen triple

En el Evangelio nos da una triple imagen de cómo Dios mira a la persona pecadora y a un pueblo pecador
. Las tres historias contundentes hablan del mismo tema: Dios irá a cualquier distancia para que el pecador vuelva a una relación de amor con él. 


Esta es una historia de ovejas, quizás de una rebelde, que ha vagado lejos del rebaño. El pastor no descansa hasta que la haya encontrado y traído de vuelta. No hay castigo, sino más bien una invitación a los vecinos a participar en la celebración de la reunión. Cuenta también la historia de una mujer, presumiblemente pobre, que pierde una moneda que no puede permitirse perder. Una vez más, el énfasis está en la alegría compartida con los vecinos en la búsqueda de lo que se había perdido.

La pieza que nos detiene, por supuesto, es la maravillosa historia que se suele llamar el "Hijo Pródigo". Pero, como a menudo se ha señalado, es más bien la historia del Padre pródigamente generoso. Es el padre quien es la figura central. Él da generosamente de sus pertenencias a su hijo menor. El hijo desperdicia todo por la borda en el sexo y el placer perverso. A pesar de todo, el padre espera y observa. Nunca se enoja y nunca condena. Es una imagen muy diferente de la primera lectura de la Santa Misa. Cuando el hijo finalmente "vuelve a la sensatez",  vergonzosamente hace su camino a casa, se siente abrumado por el amor y el afecto de su padre. Nada es demasiado bueno para celebrar el regreso del hijo que "estaba muerto y ha vuelto a la vida".

Difícil de imitar

Esta es una imagen de amor y de perdón que podríamos encontrar difícil de imitar. Imagínese, si uno de sus familiares desperdicia toda la riqueza de la familia de esa manera, por ejemplo, por el juego imprudente o las drogas. ¿Qué clase de bienvenida podría esperar a su regreso?

Es probable que la mayoría de nosotros pueda identificarse más fácilmente con el hijo mayor. Él era un "buen chico", sirviendo diligentemente a su padre sin pensar en la recompensa personal. Naturalmente, el siente un fuerte resentimiento por el trato extraordinario que su hermano recibe como  ¨oveja negra¨. ¿Cómo puede el padre actuar de esta manera? Simplemente ¡no es justo!

El contexto
Es importante para nosotros recordar el contexto en que fueron pronunciadas estas historias. El pasaje se abre al decir: "solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle." El pasaje parece estar hablando en dos niveles interrelacionados. El primero es el contraste entre el comportamiento religiosamente autosuficiente y los que fueron vistos como extraños morales por ellos. La segunda es entre el propio pueblo de Jesús (representado por el hijo mayor, que siguió escrupulosamente las normas de la casa de su padre) y los "paganos" que se ven tanto como amorales e inmorales (representada por el hijo menor caer en todo tipo de conducta depravada).

Hay dos palabras claves aquí son "buscar" y "escuchar". Cualquier persona - no importa cuál sea su comportamiento en el pasado o presente - que realmente "busca" a Jesús y quiere "escuchar" lo que dice no puede ser del ¨todo pecador¨. La definición de un pecador es alguien que ha dejado de buscar a Jesús y que ha dejado de escucharle. Jesús puede ver en estas personas reunidas a su alrededor, personas deseosas de aprender y cambiar. 


Los fariseos y los escribas, sin embargo, sólo pueden ver sus estereotipos, en las personas que llevan la etiqueta de "pecador". Así que ellos se quejan en base a su ¨ gran rectitud¨. "Este hombre [Jesús] -¡ horror de horrores! - acoge a los pecadores y come con ellos " En sus ojos, un rabino como Jesús, se contaminaba comiendo junto con esas personas.. Jesús no trata de responder a las críticas dando explicaciones teológicas largas. Les cuenta una historia. En este caso, tres historias. Su mensaje es claro: Dios ama a todos y quiere que se vuelvan a él. Si lo hacen, hay una gran bienvenida para ellos.

Sin embargo, existe el peligro de que pudieramos ir a un extremo de la tolerancia, que no se encuentra en las enseñanzas de Jesús. Una conclusión falsa seria no importa lo que hagamos pues Dios nos perdona.


El Amor de Dios
Ese amor es absolutamente incondicional. No importa qué tipo de persona yo sea, no importa lo que haya hecho contra Dios, contra los demás o contra mí mismo, el amor de Dios (llamado ágape, en el original griego del Nuevo Testamento) para mí es absolutamente invariable.


La edición y el subrayado son nuestros
Tomado de Living Space. Commentaries on the daily readings.


Descubramos que nuestro pecado, nuestras rebeldías al amor de Dios, son lo único que nos impide encontrarnos con Cristo 

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias

10 de marzo de 2013

¨este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."

Del Santo Evangelio según San Lucas Lucas 15, 1-3. 11-32 
Domingo 4 del Tiempo de Cuaresma

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: "Ése acoge a los pecadores y come con ellos."
Jesús les dijo esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna."
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. "
Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."
Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Éste le contesto: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud."
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado."
El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.""
(Aciprensa.com)
Comentario:

La Cuaresma es un tiempo de renovación. Parte de esta renovación requiere que tomemos conciencia del trastorno, de la disonancia, de las distorsiones en nuestra vida, es decir, tomar conciencia de las áreas de pecado, de lo malo en nuestro comportamiento. No podremos cambiar a menos que primero seamos conscientes de lo que necesita ser cambiado. Muchos de nosotros vamos por la vida sin realmente estar preparados para tomar una mirada muy objetiva a la clase de personas que somos, a pesar de que podemos gastar una buena cantidad de tiempo de ser conscientes de lo que está mal en otros.

Una vez conscientes de las áreas de nuestra vida que son gobernadas por ¨fuerzas negativas¨ [pecados] como el odio, la ira, el resentimiento, la codicia, la venganza, la injusticia o la violencia tenemos que arrepentirnos. "Arrepíentanse" en el Evangelio, exige no sólo expresiones de pesar y dolor, sino que también exige un cambio radical en mi comportamiento futuro, un cambio profundo en la forma en que veo a Dios, a la gente y a otras cosas. Se requiere un reordenamiento de mis relaciones con Dios, con Jesús, con los demás y conmigo mismo. Significa un rotundo, verdadero y real cambio de mi vida, una conversión real.

Mirando hacia el futuro

Muchos tienen la buena costumbre de hacer una confesión seria durante la Cuaresma o la Pascua. Sin embargo, debemos ser conscientes de que tal confesión implica no sólo la limpieza de las malas acciones superficiales del pasado, sino que también implica un deseo genuino de una reforma de vida, un verdadero cambio en nuestro comportamiento. Si mis confesiones en los últimos años no parecen haber cambiado mucho, es muy posible que al hacerlas he prestado muy poca atención al presente y al futuro. Como veremos, Dios no está realmente interesado en nuestro pasado.

Parte de la experiencia de renovación por Cuaresma, es tratar de ser más verdaderamente discípulos de Jesús, compartir más profundamente sus valores, su visión, sus actitudes. Como San Pablo dijo a los Filipenses debemos tener la mente, la misma manera de pensar de Jesús.

La manera de pensar de Dios

En la Misa de hoy, tenemos una de las descripciones más gráficas del pensamiento de  Jesús - y por tanto de Dios. Nosotros confrontamos la actitud de Dios con la del que actúo mal, vemos su profundo deseo de perdonarle, esto es, el de reconciliarse totalmente con aquel con el que había roto la amistad.

El contexto del pasaje de hoy es importante. Los pecadores y los marginados sociales eran "todos los que buscaban la compañía de Jesús para escuchar lo que tenía que decir". Los fariseos y los escribas, como eran "buenos y religiosos", quedaron sorprendidos y perturbados. "Este hombre recibe a los pecadores y (aún peor) come con ellos." Por sus normas, una "buena" persona evita las "malas compañías". Para ser honestos, ¿no pensamos lo mismo? Si es así, entonces no estamos pensando como Dios o como Jesús.

Jesús responde a los fariseos diciendo tres parábolas, de las que sólo leemos una en el Evangelio de hoy. La primera parábola es acerca de un pastor que ha perdido a una de sus ovejas. Él va a distancias extraordinarias, incluso dejando a todas las ovejas otro, al ver que una sola se ha extraviado. Esa es una imagen de Dios y el pecador. Cuando la encuentra, tiene que compartir su alegría con todos sus compañeros. La segunda parábola es acerca de una pobre mujer que pierde una moneda. Puede ser sólo una moneda, pero significa mucho para ella. Vuelve la casa patas arriba hasta que la encuentra y cuando lo hace, ella alegremente le dice a todos sus vecinos.

El padre pródigo

Pero la historia más sorprendente es la tercera parábola. Normalmente la llamamos la del "Hijo Pródigo", pero, de hecho, el énfasis está menos en el hijo que en el padre, que claramente representa a Dios y Jesús.

Nadie puede negar el comportamiento atroz del hijo menor. Tomó todo lo que su padre le dio generosamente como herencia y la utilizó para llevar una vida de desenfreno total y egoísta. Con el tiempo, ya no tenía nada, y se redujo a vivir con los cerdos, algo absolutamente detestable para la mente judía, e incluso llego a compartir sus orinales, algo que aún nosotros encontraríamos como espantoso. "Le sirvió", podría ser la reacción de muchos, sobre todo de los que piensan en lo bueno y respetable moralmente.

Esto, sin embargo, no es la reacción del padre, que sólo tiene un pensamiento en su mente - como recuperar a su hijo y que vuelva a donde pertenece. El padre no dice: "Este hijo me ha ofendido gravemente y trajo la desgracia a nuestra familia, que se pudra en el infierno. En cambio, dice:" Mi hijo se fue, se perdió y yo quiero mucho tenerlo de vuelta " Y él está a la puerta de su casa observando y esperando . El amor por su hijo descarriado. no ha cambiado ni un ápice.

Sin forzar
No hay fuerza involucrada. La policía no se envía. Los siervos no tienen instrucciones de arrastrarlo de vuelta. No, el padre espera. Corresponde al propio hijo tomar la decisión crucial: ¿Él quiere estar con su padre o no?

Finalmente "volvió en sí", es decir, se dio cuenta de lo erróneo que había hecho. Se dio cuenta de lo bueno que había sido su padre. El proceso de arrepentimiento había comenzado. Se sentía profundamente avergonzado por su conducta y luego, lo más importante de todo, dio la vuelta en su camino para regresar con su padre.

El padre, por su parte, lleno de compasión por las experiencias de su hijo, corre a su encuentro, lo abraza y deja de lado el discurso cuidadosamente preparado por su hijo. Si el hijo hubiera conocido mejor a su padre, se habría dado cuenta de que tal discurso no era necesario. Inmediatamente, el Padre da órdenes para que las mejores cosas de la casa se le entreguen y un banquete se prepara.

Este es el perdón, la reconciliación y por parte del hijo, la conversión, un cambio verdadero en su vida y el volver a donde debía estar.

Es importante recordar, que todo esto es en respuesta por los comentarios de los fariseos y los escribas acerca de que Jesús se mezclaba con los pecadores. Esta historia revela una imagen de Dios que, por un lado, muchos de nosotros aún no hemos aceptado y, por otro, una forma de comportamiento que no es fácil aceptar para nosotros en nuestras propias relaciones con los demás.

Sin comprensión
Ahí es donde el hijo mayor entra. Él simplemente no puede entender lo que está sucediendo. Nunca fue tratado así y siempre había sido un "buen" chico. ¿Qué clase de justicia es ésta? Un hermano se queda en casa manteniendo todas las reglas (o mandamientos) y parece no conseguir nada. Su hermano vive escandalosamente con prostitutas en una tierra pagana y cuando regresa se le trata como a la realeza. No podía entender la mente de su padre y algunos de nosotros podríamos tener demasiadas también dificultades.

De alguna manera Dios es muy injusto - al menos según nuestras normas. ¡Él está dañado por el amor! y afortunadamente para nosotros, él es así. Suponiendo que ud. se confiese un día y el sacerdote le diga: "Lo siento, eso es todo. No puede haber más perdón, ya no hay más reconciliaciones. Usted ha agotado su cuota. Es una lástima." Por supuesto, que no es así. No hay límite para el perdón de Dios.

Como se ha dicho antes, Dios no está interesado en el pasado, sino sólo en el presente. Yo no soy juzgado por lo que he hecho o dejado de hacer mucho antes. Tampoco es necesario angustiarse por cómo me comportaré en el futuro. Tengo que ser juzgado por mi relación con Dios aquí y ahora. Fue por esto que Jesús le dijo a  aquel criminal asesino crucificado con él: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso." Él mismo le promete la vida eterna:  "este mismo día". Fue por esto que Jesús le dijo a la "mujer pecadora", probablemente una prostituta, que se vuelve totalmente reconciliada con Jesús en el acto y olvidando completamente su comportamiento pasado. "Ella no tiene pecado [ahora] porque ella ama mucho [ahora]." Lo único que tengo de que preocuparme es si ahora tengo una relación de amor con Dios y con todos los que me rodean por medio de la cual entro en contacto con Él.

¿Qué límites nos propusimos?
Ciertamente hay mucho para reflexionar, también, vemos en las lecturas de hoy sobre cómo hacer frente a aquellos que creemos que no han "ofendido". Al querer experimentar el perdón de Dios, también tenemos que aprender a perdonar a los demás. Entonces, ¿Se establecen límites para nuestro perdón? Para reconciliarnos con Dios tenemos que aprender a reconciliarnos con todos aquellos que son fuentes de conflicto o de dolor en nuestras vidas.

Damos gracias a Dios que tenemos un Señor que está dispuesto a perdonar y a darnos la bienvenida por volver una y otra vez. Pero no podemos detenernos aquí. Tenemos que aprender a actuar hacia los demás de la misma manera. "Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden." Nosotros, también tenemos, la necesidad de ver a la persona en el aquí y ahora, y no seguir sacando a relucir las heridas del pasado y el resentimiento, de ira y odio.

Imitando más a Jesús, nos encontramos con que nuestras relaciones mejoran. De esta manera no sólo estamos llegando más cerca de tener la mente de Jesús, sino que estamos haciendo también algo más. Vamos a encontrar que la vida se convierte en una experiencia mucho más llena de paz y armonía. Esta es una situación perfecta en la que todos ganamos.



La edición y el subrayado son nuestros
Tomado de Living Space. Commentaries of the readings. 

Descubramos que tenemos un Padre que siempre está dispuesto a perdonar y a darnos la bienvenida por volver una y otra vez, sin importar lo que hayamos hecho y cuan sinceros seamos, pues sólo basta nuestra intención y la desición de volver con Él.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias.