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16 de junio de 2018

<<¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?>>

Domingo 11 del Tiempo Ordinario
Del Santo Evangelio Según San Marcos (Mc 4:26-34) (B)

26 También decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; 27 duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. 28 La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. 29 Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.» 30 Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? 31 Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; 32 pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.» 33 Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; 34 no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado. (Aciprensa.com)


Comentario del texto


Es hermoso ver a Jesús que , siempre de nuevo, busca en la vida y en los acontecimientos elementos e imágenes que puedan ayudar a la gente a percibir y experimentar la presencia del Reino. En el evangelio de hoy cuenta, una vez más, dos breves historias que suceden todos los días en la vida de todos nosotros: “La historia de la semilla que crece por sí misma” y “la historia de la pequeña semilla de mostaza que crece y se hace grande."

La historia de la semilla que crece por sí misma.

El agricultor que planta conoce el proceso: semilla, fino hilillo verde, hoja, espiga, grano. El agricultor sabe esperar, no siega el grano antes de tiempo. Pero no sabe cómo la tierra, la lluvia, el sol y la semilla tienen esta fuerza de hacer crecer una planta de la nada hasta la fruta. Así es el Reino de Dios. Es un proceso con etapas y momentos de crecimiento. Sucede en el tiempo. Produce fruto en el momento justo pero ninguno sabe explicar su fuerza misteriosa. ¡Ninguno , ni aún el dueño! ¡Sólo Dios!

La historia del pequeño grano de mostaza que crece y se hace grande.

El grano de mostaza es pequeño, pero crece y al final los pajarillos hacen su nido entre sus ramas. Así es el Reino. Comienza muy pequeño, crece y extiende sus ramas. La parábola deja abierta una pregunta que recibirá respuesta en el evangelio, más tarde: ¿quiénes son los pajarillos? El texto sugiere que se trata de los paganos que no pueden entrar en la comunidad y participar del Reino.

Jesús explica la parábola a sus discípulos.

En casa, solos con Jesús, los discípulos quieren saber el significado de la parábola. No la han comprendido. Jesús se queda atónito ante su ignorancia ( Mc 4,13) y en aquella ocasion responde con una frase difícil y misteriosa. Dice a sus discípulos: “ A vosotros se os ha confiado el misterio del Reino de Dios; sin embargo, a los de fuera todo viene expuesto en parábolas para que miren pero no vean, escuchen pero no entiendan, para que no se conviertan y sean perdonados!”. Esta frase mueve a la gente a preguntarse: Entonces ¿de qué sirve la parábola? ¿Para aclarar o para ocultar? ¿Puede ser que Jesús se sirva de la parábola con el fin de que la gente continúe viviendo en la ignorancia y no llegue a convertirse? !Por supuesto que no! Porque en el evangelio de hoy Marcos dice que Jesús usaba las parábolas “ de acuerdo a lo que podían entender” (Mc 4,33).

¡La parábola revela y esconde al mismo tiempo! Revela a aquellos que están dentro, que aceptan a Jesús, Mesías Siervo. Esconde a aquellos que insisten en considerarlo el Mesías, el Rey grandioso. Estos comprenden las imágenes de la parábola pero no llegan a aceptar su significado.


La edición y el subrayado son nuestros

Tomado de Ocarm.org

13 de julio de 2014

"Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno."


Domingo 15 del Tiempo Ordinario
Del Santo Evangelio según San Mateo 13,1-23

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: "Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga." [Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: "¿Por qué les hablas en parábolas?" Él les contestó: "A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure." ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno."](Aciprensa.com)

Comentario:
Esta parábola nos habla de cómo Dios nos llama y convoca para estar con Él en esta y la vida futura. Y somos nosotros los que libremente aceptamos o rechazamos su llamado. 

Toda la Sagrada Escritura, la Biblia, es la palabra de Dios que actúa, crea, es la Palabra que da vida. Es la semilla portadora de vida que podemos encontrar  sin cesar en cada experiencia de nuestras vidas, sea placentera o dolorosa. 

Jesús es la Palabra de Dios hecha carne. Todo lo que Jesús dijo y todo lo que hizo, fue Dios comunicándose con nosotros. Por tanto, debes ¨escuchar¨ a Jesús. 

Para escucharle, debes:  
  1. Escuchar con una mente totalmente abierta y sin poner condiciones ("Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios")

  2. Entender lo que escuchas, para ello la Iglesia te acompaña en tu camino para que no te pierdas 

  3. Aceptar y hacer tuyo lo que has entendido

  4. ¨Dar vida¨ en y con tu comportamiento .
Debes ser ser consciente de cómo por ti mismo, puedes rehusarte a ser  ser suelo fértil para que la Palabra de Dios eche raíces profundas. Tú libremente puedes aceptar o rechazar, o ¨darle largas¨ como muchas de las personas que escuchaban a Jesús, y resistieron al cambio radical de vida. En el proceso también puedes perder, la sanación profunda que la Palabra de Dios puede traer a tu vida , la liberación, la felicidad y la paz.


Comentario Completo:
Hay tres partes distintas en el Evangelio de hoy: parábola, interludio y explicación de la parábola. Una forma de ver esta división es considerar la parábola como estar cerca de las palabras reales de Jesús. Esto es seguido por un "interludio" teológico sobre la "audiencia" y, finalmente, hay una interpretación de la parábola, posiblemente, que emana de la Iglesia primitiva y, en efecto, la producción de una lección o mensaje relacionado pero distinto.

En la parábola misma el énfasis está en Dios (sembrador) que trabaja y produce resultados. La interpretación de la parábola pone el énfasis más en nosotros (el suelo) y las formas en que podemos responder. El interludio, un comentario en el medio da la clave de nuestra respuesta y la fertilidad posterior de la semilla.

La Generosidad de Dios
La parábola del evangelio tiene fuertes vínculos con la primera lectura de Isaías. En tanto, se nos dice que Dios comparte su abundancia con nosotros y sus planes no se verán frustrados. El Trabajo creativo y enriquecedor de Dios se compara con la lluvia y la nieve que cae en la tierra y no vuelven hasta que no hayan empapado la tierra ", ¨para que dé semilla al sembrador y pan al que come". En la parábola, es cierto que la semilla cae muchas veces en territorio inhóspito pero algunas, sin duda caerá en tierra buena y producirá una abundante cosecha. "Entonces", dice el Señor en Isaías: "así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.""

Esto es claramente un mensaje de esperanza para las comunidades que pueden a veces ser desalentadas por los magros resultados de sus esfuerzos de evangelización. Estamos leyendo aquí en Mateo 13. Todo el capítulo se compone de "parábolas del Reino". Todos dicen en diferentes formas en que se establecerá el Reino de Dios, a pesar de sus pequeños y débiles inicios ya es "semejante a un tesoro escondido en un campo" o "una perla de gran valor". Una vez descubierto, todo lo demás tomará orden.

En el conjunto de la Sagrada Escritura, la palabra de Dios no es sólo una palabra hablada. Es una palabra que actúa, que crea, es la Palabra que da vida. Es como una semilla portadora de vida. ¿Dónde nos encontramos con esa palabra? Si somos lo suficientemente sensibles, la encontramos sin cesar en cada experiencia de nuestras vidas, ya que la experiencia es alegre o triste, un éxito o un fracaso, placentera o dolorosa.

Es claro para nosotros, por supuesto, que hay un lugar en particular donde la palabra de Dios está más clara y tangible, y es en Cristo Jesús. Porque Jesús es la Palabra de Dios. Todo lo que Jesús dijo y todo lo que hizo fue Dios comunicándose con nosotros.. No sólo su enseñanza, sino toda su vida, desde los años ocultos de Nazaret a través de su vida pública hasta su muerte y resurrección - en todo esto Jesús fue y es para nosotros hoy, la Palabra de Dios.

Suelo estéril
Y, sin embargo, como en la parábola, gran parte de esa Palabra cae en suelo estéril. Muchos se negaron a escuchar o ver (de ahí que muchos casos de sordera y ceguera en el Evangelio). Incluso los discípulos más cercanos de Jesús no proveyeron, al principio, un suelo muy prometedor. La vida y la misión de Jesús parecían terminar en un fracaso trágico y triste. No había ni un solo discípulo a la vista. Sus enemigos se rieron y se burlaron de él. Y sin embargo ... Fue precisamente en ese momento que la semilla "cae al suelo y muere" (cf. Juan 12:24) que la Palabra de Dios comenzó a echar raíces en los corazones de la gente. Comenzando, como la semilla de mostaza, al igual que la pequeña cantidad de levadura en un lote grande de masa, la semilla, la Palabra de Dios, comenzó a crecer y prosperar a pesar de todo.

"Mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo." Al igual que con el mismo Jesús, así que con nosotros hoy tenemos que recordar que los planes de Dios no pueden ser frustrados, que el Reino será establecido. "Escucha, cualquier persona que tenga oídos!"

¿Por qué hablar en parábolas?
La parte que sigue contiene algunas palabras que parecen alarmantes. ¿Está Jesús diciendo que él hablaba en parábolas para que sólo su círculo íntimo lo entendería y que el resto se deja en la oscuridad? Eso no tiene sentido. Se proporciona un puente para la interpretación de la parábola de seguir. No parece, sobre todo en la cita de Isaías, un sarcasmo. Aquellos que ven pero nunca entienden; los que oyen y escuchan, pero nunca consiguen el mensaje. ¿Por qué? No porque sean estúpidos, sino porque, básicamente, no quieren. Si veían, si realmente escuchaban, podrían ser convertidos, podrían tener que cambiar sus ¨formas¨ - y esa es la última cosa que quieren hacer. En el contexto del evangelio de Mateo estas palabras parecen estar especialmente dirigidas a los de su pueblo, que rechazaron a Jesús, sino que se aplica a todos los que cierran sus oídos en el prejuicio y el miedo.

Pero a sus discípulos y seguidores de Jesús dice: "Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!" Muchos antes de los tiempos de Jesús anhelaban ver y oír, pero nunca tuvieron el privilegio de los seguidores de Jesús.

La palabra clave de hoy es "escuchar". Es una palabra muy bíblica y contiene esencialmente cuatro elementos:

  1. Escuchar con una mente totalmente abierta e incondicional ("Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios")

  2. Entender lo que se oye

  3. Aceptar y apropiarse plenamente de lo que se entiende y, por último,

  4. Esta aceptación desemboca en nuestro comportamiento .
Uno puede escuchar pero no entender y se puede entender sin aceptar y se puede aceptar sin poner por obra. Los cuatro son necesarios para la conversión y la curación. Los cuatro son necesarios para una escucha completa.

Diferentes respuestas
Todo esto nos lleva naturalmente a la tercera parte, una interpretación de la parábola sobre el nivel de los diferentes tipos de escucha. Parte de la semilla cae en el camino. No hay suelo aquí. No hay ninguna posibilidad de que el arraigo de las semillas. Los oídos y los ojos están cerrados y no reciben la Palabra de Dios.

La semilla cae en terreno pedregoso en el campo, donde hay una fina capa de tierra. La semilla echa raíces, comienza a crecer, pero pronto se quema por falta de agua y el calor del sol. Es como aquellos cristianos que, después del bautismo o después de un retiro o alguna experiencia espiritual, tienen una gran oleada de entusiasmo por Dios, pero bajo la más mínima presión, pronto se quedarán sin combustible y se apartarán. Probablemente no hubo una escucha real,no hay un entendimiento real y por tanto, no hay un compromiso real. Este grupo, en el texto, puede referirse a las personas que se bautizaron y se convirtieron en cristianos en la Iglesia primitiva y estaban llenos de entusiasmo hasta que se enfrentaron a la persecución por su fe. Ellos cedieron y se dieron por vencidos.

¿Cuál es mi respuesta?

Algunas semillas también cae en el suelo, donde hay muchas malas hierbas y espinas. A medida que crecen, se ahogan por las otras plantas. Esto lo podríamos decir "lo que te dan comételo". Yo quiero ser un buen cristiano, pero también quiero tener todas las cosas que para el mundo son importantes, incluso si están en conflicto con la visión del Evangelio.  Esto no va a funcionar. No podemos, al mismo tiempo servir totalmente a Dios y ser parte del consumista, materialista ¨éxito¨ del mundo hambriento. Probablemente un número muy grande de nosotros, en mayor o menor grado, pertenecen a esta categoría. Como resultado de ello, el trabajo de la Iglesia en la construcción del Reino se ve gravemente obstaculizado.

Por último, parte de la semilla cae en tierra rica y nutritiva. Este suelo es como el "hombre que oye y entiende [la Palabra de Dios]", es el "que da mucho fruto" en diversos grados de abundancia.

En el largo plazo, como hemos dicho al principio, la obra de Dios no puede ser frustrada, ya sea por amenazas de la sociedad o desde dentro por la misma comunidad cristiana. Pero lo que importa para mí es como he escuchado esta Escritura, el ser consciente de como yo, por mi mismo, puedo rehusar ser suelo fértil para que la Palabra de Dios eche raíces profundas. El plan de Dios en su conjunto tendrá éxito pero depende de mí ser parte de ese plan. Yo personalmente puedo decir que si o no, todavía o pero ... yo puedo, como muchas de las personas que escuchaban a Jesús, resistir el cambio radical de visión que la conversión implica. En el proceso también puedo perder, por supuesto, la sanación profunda que la Palabra de Dios puede traer a mi vida y, con la curación, un sentido de liberación, felicidad y paz.

La edición y el subrayado son nuestros

Que la Misericordia y la confianza en Dios no te falte


Gracias

22 de septiembre de 2012

La semilla es la palabra de Dios que cae en un corazón noble y generoso, la guarda y da fruto perseverando.

Del santo Evangelio según San Lucas 8, 4-15
En aquel tiempo se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: "Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena, y, al crecer, dio fruto el ciento por uno". Dicho esto, exclamó: "El que tenga oídos para oír, que oiga". 

Entonces le preguntaron los discípulos: "¿Qué significa esa parábola?" El les respondió: "A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del Reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan.El sentido de la parábola es éste: La semilla es la palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida se van ahogando y no maduran. Lo de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando".  (Aciprensa.com)


Comentario: 


En el evangelio de hoy vamos a meditar la parábola de la semilla. Jesús tenía una manera bien popular de enseñar por medio de parábolas. Una parábola es una comparación que usa las cosas conocidas y visibles de la vida para explicar las cosas invisibles y desconocidas del Reino de Dios. Jesús tenía una capacidad muy grande de encontrar imágenes bien simples para las cosas de Dios con las cosas de la vida que la gente conocía y experimentaba en su lucha diaria por la sobre vivencia. Esto supone dos cosas: estar dentro de las cosas de la vida y estar dentro de las cosas de Dios, del Reino de Dios. Por ejemplo, la gente de Galilea entendía de simiente, de terreno, de lluvia, de sol, de sal, de cosecha, de pesca, etc. Ahora bien, son exactamente estas cosas conocidas por la gente las que Jesús usa en las parábolas para explicar el misterio del Reino. El agricultor que escucha, dice: “Semilla en el terreno, ¡yo sé lo que es! Jesús dice que esto tiene que ver con el Reino de Dios ¿qué será?” ¡Y es posible imaginar las largas conversaciones de la gente! La parábola se mezcla con la gente y lleva a escuchar la naturaleza y a pensar en la vida.

• Lucas 8,4: La multitud detrás de Jesús. Lucas dice: Se iba reuniendo mucha gente, a la que se añadía la que procedía de las ciudades. Entonces el contó esta parábola. Marcos describe como Jesús contó la parábola. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar (Mc 4,1).

• Lucas 8,5-8a: La parábola de la simiente retrata la vida de los campesinos. En aquel tiempo, no era fácil vivir de la agricultura. El terreno era muy pedregoso. Había mucho matorral. Poca lluvia, mucho sol. Además de esto, muchas veces, la gente acortaba el camino y, pasando en medio del campo, pisoteaba las plantas (Mc 2,23). Sin embargo, a pesar de todo esto, cada año, el agricultor sembraba y plantaba, confiando en la fuerza de la semilla, en la generosidad de la naturaleza.

• Lucas 8,8b: ¡Quién tiene oído para oír, que oiga!Al terminar de contar una parábola, Jesús no explicaba, pero solía decir: “¡Quién tiene oídos para oír que oiga!” Lo que significaba: “¡Y esto! Vosotros lo habéis oído. ¡Ahora tratad de entender!” De vez en cuando, explicaba para los discípulos. A la gente le gustaba esta manera de enseñar, porque Jesús creía en la capacidad que las personas tienen de descubrir el sentido de las parábolas. La experiencia que la gente tenía de la vida era para él un medio para descubrir la presencia del misterio de Dios en sus vidas y engendrar valor para no desanimar a lo largo del camino.

El camino para llegar a comprender la parábola es la búsqueda: “¡Tratad de entender!” La parábola no entrega el significado de inmediato, pero lleva a la persona a que piense. Le lleva a descubrir el mensaje desde la experiencia que la persona misma tiene de la semilla. Despierta la creatividad y la participación. No es una doctrina que ya viene pronta para ser enseñada y decorada. La Parábola no da agua en botella, sino que entrega la fuente.

Lucas 8,9-10: Jesús explica la parábola a los discípulos. En casa, a solas con Jesús, los discípulos quieren saber el significado de la parábola. Jesús respondió por medio de una frase difícil y misteriosa. Dice a los discípulos: "A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan”. Esta frase hace que la gente se pregunte: Al final, la parábola ¿sirve para qué? ¿Para aclarar o para esconder? Jesús ¿usaba las parábolas, para que la gente continuara en la ignorancia y no llegara a convertirse? ¡Ciertamente que no! Pues en otro lugar se dice que Jesús usaba parábolas “según la capacidad de los oyentes” (Mc 4,33). La parábola revela y esconde ¡al mismo tiempo! Revela para “los de dentro”, que acepan a Jesús como Mesías Servidor. Esconde para los que insisten en ver en él al Mesías como Rey grandioso. Estos entienden las imágenes de la parábola, pero no llegan a comprender su significado.


• Lucas 8,11-15: La explicación de la parábola, parte por parte.
Una por una, Jesús explica las partes de la parábola, desde la semilla y el terreno hasta la cosecha. Algunos estudiosos piensan que esta explicación fue añadida después. No sería de Jesús, sino de alguna comunidad. ¡Es bien posible! ¡No importa ¡pues dentro del germen de la parábola está la flor de la explicación. Semilla y flor, ambos tienen el mismo origen que es Jesús. Por esto, nosotros también podemos continuar la reflexión y descubrir otras cosas bonitas dentro de la parábola. Una vez alguien preguntó en una comunidad: “Jesús dijo que teníamos que ser sal. ¿Para qué sirve la sal?” Las personas fueron dando su opinión a partir de la experiencia que cada cual tenía de la sal. Discutían y, al final, encontraron más de diez finalidades diferentes para la sal. Y aplicaron todo esto a la vida de la comunidad y descubrieron que ser sal es difícil y exigente. ¡La parábola funcionó! Lo mismo vale para la semilla. Todo el mundo tiene alguna experiencia de la semilla.

 
 
 La edición y el subrayado son nuestros
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas

En este día preparemos nuestro corazón, lo profundo de nosotros, siendo nobles y generosos para acoger la palabra de Dios.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias.

27 de julio de 2012

La Palabra de Dios necesita un corazón libre.

Buen día en el Señor, a partir del cap.12, nos muestra la oposición con las autoridades religiosas de Israel, los escribas y fariseos, por una parte, mientras por otra, en las multitudes que escuchan a Jesús, se va formando poco a poco un grupo de discípulos de características aún no definidas pero que tienen perseverancia. A doce de estos discípulos les entrega Jesús el don de su autoridad y de sus poderes; los envía como mensajeros del reino (10,5-39). En el momento en que se desenlaza la controversia con sus opositores, Jesús reconoce su verdadera parentela no en la línea de la carne (madre, hermanos), sino en los que lo siguen, lo escuchan y cumplen la voluntad del Padre (12,46-50).

El auditorio al que Jesús dirige la palabra es doble: por un lado los discípulos a los que se les concede conocer los misterios del reino (13,11) y que están en condiciones de entenderlos (13,50), y por otro lado, la muchedumbre que parece estar privada de esta comprensión profunda (13,11.34-36). A estos últimos, les es presentada en primer lugar las parábolas. Como dijimos ayer: ¨son comparaciones sacadas de la vida cotidiana que Jesús usaba para revelar el misterio del Reino de Dios presente en la vida del Pueblo¨.

La parábola del Sembrador. Jesús habla de una semilla que cae o no cae en la tierra. El qué crezca depende del lugar en que cae y hasta es posible que no de fruto, como acontece en las tres primeras categorías de terreno: “el camino” (lugar duro por el paso de los hombres y de los animales), “el terreno pedregoso” (formado por rocas), “los abrojos” (terreno cubierto de espinas). Sin embargo, la que cae sobre “tierra buena” da un fruto excelente aunque en cantidad diversa. Se orienta al lector a prestar más atención al fruto del grano que a la acción del sembrador.

“El que tenga oídos, que oiga” (v.9). Es una llamada a la libertad de escuchar. Para el que se deja llevar por su fuerza, puede revelar “los misterios del reino de los cielos”. El acoger la palabra de Jesús es lo que distingue a los discípulos y a la muchedumbre anónima.

Escuchar y comprender. Siempre es Jesús el que conduce a los discípulos a la pista correcta para la comprensión de la parábola. En el futuro será la Iglesia. “Lo sembrado en tierra buena es el que escucha la Palabra y la comprende”. Es en la comprensión donde el discípulo que escucha cada día la Palabra de Jesús se distingue de las multitudes que sólo la escuchan ocasionalmente.

La Palabra de Dios necesita un corazón libre. Ante todo está la responsabilidad personal del individuo: acoger la Palabra de Dios en el propio corazón; si por el contrario cae en un corazón “endurecido”, obstinado en las propias convicciones y en la indiferencia, se ofrece campo al maligno que acaba por completar esta actitud persistente de cerrazón a la Palabra de Dios.

¨El terreno pedregoso¨. Si el primer impedimento es un corazón insensible e indiferente, la imagen de la semilla que cae sobre piedras, sobre rocas y entre espinos, indica el corazón inmerso en una vida superficial y mundana. Estos estilos de vida son energías que impiden que la Palabra dé fruto. Se da un atisbo de escucha, pero pronto queda bloqueado, no sólo por las tribulaciones y las pruebas inevitables, sino también por la implicación del corazón en las preocupaciones y en las riquezas. Una vida no profunda y superficial tendrá inestabilidad.

¨La tierra buena¨: es el corazón que escucha y comprende la palabra; esta da fruto. Este rendimiento es obra de la Palabra en un corazón acogedor. Se trata de una comprensión dinámica, que se deja envolver por la acción de Dios presente en la Palabra de Jesús. La comprensión de su Palabra permanecerá inaccesible si descuidamos el encuentro con él y no le dejamos que dialogue con nosotros.

En el día de hoy no sólo acojamos lo que nos dice el Señor sino que fijémonos en la libertad de corazón que tenemos para acogerla.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias

Tomado de:
El sitio oficial de los carmelitas

Del Santo Evangelio Según San Mateo 13, 18-23



En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ¨Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno".
(Aciprensa.com)


Meditación de San Juan Crisóstomo

(…)

Llama aquí semilla a la doctrina y campo a las almas de los hombres y a Sí mismo, sembrador. Y ¿qué es lo que sucede con la simiente? Que tres partes perecen y sólo una se conserva. Pues dice: Y al sembrar, una parte cayó junto al camino y vinieron las aves y la comieron. Advierte que no dice haberla El lanzado, sino que ella cayó. Y otra parte cayó en un pedregal, en donde no había mucha tierra, y luego, brotó, porque la tierra era poco profunda; pero levantándose el sol, la agostó; y como no tenía raíces, se secó. Otra cayó entre espinas, las cuales crecieron y la ahogaron. Otra cayó sobre tierra buena y dio fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos que oiga. De manera que la cuarta parte se conservó. Pero ésta también dio fruto desigualmente, pues hubo gran diferencia. Significa que El habla a todos con abundancia. Pues así como el que siembra no hace distinciones del campo, sino que sencillamente y sin discriminaciones esparce la simiente, del mismo modo El no hace diferencias del rico y el pobre, del sabio y el ignorante, del desidioso y el activo, del fervoroso y el tímido, sino que a todos habla y para todos habla, cumpliendo con lo que le toca, aun conociendo de antemano lo que sucedería, hasta poder decir: ¿Qué más podía yo hacer que no lo hiciera?

-Los profetas hablan del pueblo como de una viña. Pues dice Isaías: Tenía mi amado una viña. Y también: Tú arrancaste de Egipto una vida Cristo en cambio habla como de una simiente [semilla] . ¿Qué significa esto?-

Que ahora la obediencia será pronta y más fácil y rápidamente producirá fruto.

Y cuando oyes: Salió el sembrador a sembrar, no pienses que hay una repetición inútil; porque muchas veces sale el sembrador para otros menesteres, como para abrir surcos en un campo nuevo o para arrancar y cortar las malas hierbas o quitar las espinas, u otras cosas a éstas semejantes. Pero él salió solamente a sembrar.

-Yo pregunto: ¿por qué causa pereció la mayor parte de la simiente?-

No fue por causa del sembrador, sino de la clase de tierra que recibió la semilla, o sea del alma que no quiso oír.

-Mas ¿por qué motivo no dijo que unos por pereza recibieron parte de la semilla y la dejaron perecer; y otros por ricos la sofocaron; y otros muelles, la traicionaron?-

Porque no quería acosarlos con mayor vehemencia ni precipitarlos en la desesperación. Por tal motivo eso lo deja a la conciencia de los oyentes. Ni sucedió esto únicamente con la semilla, sino también con la red. Recogió ésta muchos peces inútiles. Pero El echó mano de esta parábola para ejercitar a sus discípulos y enseñarles que si entre los que recibieran la predicación había muchos que la dejaran perecer, no por eso ellos perdieran el ánimo, ya que lo mismo le sucedió al Señor. Y El, aun sabiendo lo que iba a suceder, no desistió de predicar.

-Preguntarás: ¿qué objeto tenía eso de sembrar entre las espinas, sobre las piedras, en el camino?-

Ciertamente si se tratara de simientes y de tierra, no había objeto. Pero tratándose de las almas y de la doctrina, es cosa muy de alabar. A un labrador si tal hiciera se le recriminaría, puesto que no puede una piedra convertirse en tierra, ni el camino dejar de ser camino, ni pueden las espinas dejar de ser espinas. Pero en los seres racionales no sucede lo mismo. 

Porque puede la piedra convertirse en tierra fértil, y el camino puede dejar de ser trillado por los hombres y hacerse campo feraz. Y las espinas pueden arrancarse de manera que la simiente, libre de ellas, fructifique. Si todo esto fuera imposible, Cristo no habría sembrado.

Ahora bien, que no en todos se haya verificado ese cambio, no ha sucedido por culpa del sembrador, sino de los que no han querido convertirse. El por su parte hizo todo lo que le tocaba. Si ellos dejaron perecer la simiente que del sembrador recibieron, sin culpa permanece el sembrador que tan gran benevolencia les manifestó por su parte.

-En cuanto a ti, quiero que consideres cómo no es único el camino para la ruina espiritual, sino que hay varias sendas y muy diversas y separadas unas de otras. Porque los hay que se asemejan al camino, como los desidiosos y negligentes y desocupados; otros más bien se parecen a las piedras, aunque son más débiles-.

Dice, pues: Lo sembrado en terreno pedregoso es el que oye la palabra y desde luego la recibe con alegría, pero no tiene raíces en sí mismo, sino que es voluble; y cuando se levanta una tormenta o persecución a causa de la palabra, al instante se escandaliza. A quien oye la palabra del reino y no la entiende, viene el Maligno y le arrebata lo que se había sembrado en su corazón; esto es lo sembrado junto al camino. No es lo mismo que la simiente de la palabra se seque sin nadie que la moleste o la maltrate, y que esto suceda cuando prive la tentación. Pero los que se parecen a las espinas son menos dignos de perdón que ésos.

Pues bien, para que nada de eso suframos, cubramos la simiente con la magnanimidad [grandeza] y continuo recuerdo. Pues aun cuando el demonio sea raptor, en nuestra mano está que no nos arrebate la simiente. Ni es efecto del calor el que la simiente se seque. No dice Cristo que ella se haya secado a causa del estío, sino porque no tenía raíz. Ni tampoco la otra fue sofocada por culpa de las espinas, sino de los que las dejaron crecer. Puesto que si quieres, en tu mano está descartar ese mal germen y usar de las riquezas como conviene. Por eso no dijo el siglo, sino la solicitud del siglo; ni dijo las riquezas sino la seducción de las riquezas. No culpemos pues a las cosas, sino a la voluntad corrompida.
 
Se puede ser rico y no dejarse engañar; vivir en el siglo [vida no religiosa] y no dejarse sofocar por sus seducciones. Porque hay en las riquezas dos vicios opuestos: la seducción que atormenta y ofusca y las delicias que tornan muelle [inclinado a los placeres sensuales] . Y con toda propiedad dijo: la seducción de las riquezas; pues todo en las riquezas es falacia ¨[mentira] y seducción. Es cuestión de nombres que no se apoyan en ninguna realidad. Placer, gloria, anhelo de la belleza y todo lo a eso semejante, no son sino apariencias y fantasmas, no realidades de cosas. Y una vez que indicó los varios modos de ruina, finalmente puso la tierra buena, no permitiendo desesperar, sino dando esperanzas de penitencia y demostrando que es posible el cambio de las otras clases de terreno a éste. Pero si la tierra es buena y uno mismo e igual el agricultor, ¿por qué una produjo el ciento por uno, otra el sesenta y otra el treinta? También aquí entra la calidad del terreno, pues en donde el terreno es bueno todavía hay diferencia de calidades.
-¿Observas cómo no tiene la culpa el agricultor ni la simiente, sino la tierra que recibe la semilla? ¿Observas cómo la diferencia se aprecia según la diversa posición de las voluntades y no de la naturaleza?-

En todo esto se ve la mucha benignidad de Dios, pues no exige una medida única en la virtud: a los de la primera clase los acoge gustoso; a los de la segunda, no los rechaza; a los de la tercera, les da oportunidad. Y dice El esto para que quienes lo siguen no vayan a pensar que para su salvación les basta con haber oído la doctrina.

-Preguntarás ¿por qué no enumera los otros vicios, por ejemplo la concupiscencia de la carne, la vanagloria?-

Porque con decir los cuidados del siglo y la seducción de las riquezas ya lo dijo todo. La vanagloria y los demás vicios son cuidados del siglo y pueden reducirse a la seducción de las riquezas: por ejemplo, el deleite, la gula, la envidia, la gloria vana y todos los otros semejantes. Añadió lo del camino y la piedra, para significar que no basta con que nos libremos del amor del dinero, sino que es necesario ejercitar las demás virtudes. Porque ¿de qué te aprovecha no estar sujeto a las riquezas pero ser perezoso y muelle? ¿De qué, si no eres perezoso, pero eres tardo para escuchar la doctrina?

No basta con una sola de esas virtudes para la salvación, sino que se necesita en primer lugar la presteza para oír la palabra de Dios; en segundo lugar, recordarla constantemente; luego la fortaleza de ánimo; y finalmente el desprecio de las riquezas y de todas las cosas de este siglo. Por tal motivo Cristo pone en primer lugar el empeño en oír y luego lo demás, porque ese empeño es lo primero que se necesita. Pues dice Pablo: ¿cómo creerán si no oyen? De modo que tampoco nosotros podremos saber lo que hemos de practicar si no ponemos atención. Después pone la fortaleza de ánimo y el desprecio de las cosas presentes.
Oyendo, pues, estas cosas, armémonos por todos los costados, atendiendo a lo que se nos dice y echando firmes raíces y quedando expeditos [listos] de todo lo secular [del mundo]. 

Si practicamos unas cosas y descuidamos otras, de nada nos aprovechará y pereceremos, ya de un modo ya de otro. Pero ¿qué importa, si nos hundimos, que sea a causa de las riquezas o a causa de la desidia [negligencia] o de la molicie [blandura]? El agricultor igualmente llora si la simiente se le echa a perder de un modo o de otro. No quieras, pues, consolarte porque no te pierdes de todos los modos posibles, sino llora, sea cual fuere el modo como perezcas. Pongamos fuego a las espinas que sofocan la palabra de Dios. Bien lo saben los ricos [avaros] que ni para esto ni para otra cosa alguna son útiles. Los siervos y los esclavos de los placeres, no son útiles ni aun para los negocios civiles; y si para éstos no, mucho menos para los celestiales. Su pensamiento se halla acosado por una doble peste: la de los deleites y la de los cuidados; y cualquiera de ellas puede hacer naufragar la barquilla. Pero cuando ambas se juntan, ya puedes imaginarte cuan deshecha será la tempestad.

 
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