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13 de septiembre de 2015

"Y vosotros, ¿quién decís que soy?"

Domingo 24 del Tiempo Ordinario
Evangelio: Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le contestaron: "Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas." Él les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy?" Pedro le contestó: "Tú eres el Mesías." Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días." Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: "¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!" Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará."(Aciprensa.com)

Comentario: 
Este evangelio describe toda una experiencia de aprendizaje para los discípulos de Jesús. Él les hace saber quien es y que significa seguirle.  Jesús enseña el significado de su vida y su mensaje para así poder compartirlo con los demás. 

Ante la pregunta de Jesús. ¨¿Quién dice la gente que soy yo?". La opinión general es que es ciertamente una especie de profeta enviado por Dios - Juan el Bautista resucitado, o quizás Elías, el que tenía que volver para preparar el camino para la venida del Mesías, u otro profeta. 

Dice Pedro, en nombre de todos: "tú eres el Cristo." Es decir, tú eres el Mesías, el rey libertador muy esperado de Israel. "Mesías" o "Cristo", en griego Christos, significa el "Ungido". Los reyes, como David, eran ¨nombrados¨ por una unción. Llamar a Jesús el "Ungido" es decir que Él es el rey.

Para ellos, su maestro no era un simple rabino, Él era el Mesías, el Rey de Israel, y ellos se veían parte de su círculo más cercano, sus amigos cercanos y compañeros. Ya se sentían sus cortesanos.

Y  es en medio de estas creencias es que reciben el choque del anuncio de Jesús. Como Mesías, será rechazado por los líderes religiosos y civiles de su propio pueblo, sufrirá terribles sufrimientos, una muerte horrible y vergonzosa en una cruz, y al final se levantará al tercer día. 

 Pedro, otra vez a nombre de todos, le protesta a Jesús enérgicamente: "Señor, esto nunca te puede pasar a ti." Para él era impensable y seguramente doloroso un destino como este.

 Jesús le reprocha señalándole sus pensamientos humanos y contrarios a Dios. Y continúa: "Si alguien quiere ser mi discípulo, entonces tiene que tomar su cruz y venir en pos de mi". El camino de Jesús también ha de ser nuestro camino y comienza no en pensamientos humanos.

Jesús nos invita a dejarnos llevar por Él y sólo por Él. Aunque el camino no sea placentero y sea difícil, lo que es ¨cargar la cruz¨. No hay que amar el sufrimiento que eso es insano, sino amar a Dios que permite nuestro sufrimiento, y lo permite no para castigarnos sino para corregirnos.  

Hay que arriegarse a perder la Vida (lo que no pedirá a todos)  y sus seguridades para encontrar la verdadera libertad. La de no someternos a algo o alguien para sólo obedecer al Señor, asumiendo su voluntad como propia. Gracias

Para Profundizar:

Comentario sobre Isaías 50: 5-9; Santiago 2: 14-18; Marcos 8: 27-35

Este evangelio está describiendo toda una experiencia de aprendizaje, primero la de los discípulos de Jesús, segundo, también para el lector y el oyente. Saber quién es Jesús y lo que significa seguirlo es algo que los discípulos no hacen todos a la vez. Fue un viaje doloroso para ellos.

El domingo pasado vimos la curación de un hombre que era sordo y mudo. Es el comienzo de una parte central del aprendizaje en este evangelio que encuentra su clímax parcial en la lectura de hoy. La historia es una especie de parábola de cómo poco a poco aprendemos a escuchar y entender el significado de la vida y el mensaje de Cristo y cómo podemos entonces aprender a compartir nuestra experiencia con eficacia con los demás. No es suficiente haber escuchado el mensaje; también ha de ser compartida y comunicada con los demás.

El pasaje de hoy es precedida inmediatamente por otra historia de curación, esta vez la de un hombre que era ciego. Lo interesante de esta historia es que su ceguera fue sanado por etapas. Eso es exactamente lo que estaba sucediendo a los discípulos y lo vemos claramente ilustrado en la historia de hoy.

¿Quién dice la gente que soy yo?
El encuentro de hoy de Jesús con sus discípulos en Cesarea de Filipo (un lugar de encuentro de las culturas judías y griegas) representa un punto alto en el evangelio de Marcos y en su relación con Jesús.

Se cuestiona la identidad de Jesús. "¿Quién dice la gente que soy yo?" les pregunta. Le dan diversas respuestas. La opinión general es que Jesús es ciertamente una especie de profeta enviado por Dios - quizá Juan el Bautista resucitado, o quizás Elías, al que se le esperaba para preparar el camino para la venida del Mesías, o algún otro profeta.

"Pero, ¿quién decís que soy yo?" presiona Jesús. "Tú¨, dice Pedro, hablando en nombre de todos dice: "tú eres el Cristo." Es decir, tú eres el Mesías, el rey libertador muy esperado de Israel. "Mesías" o "Cristo", en griego Christos, significa el "Ungido". Los reyes (¿Recuerda David?) Fueron ¨nombrados por una unción. Llamar a Jesús el "Ungido" es decir que él es el rey.

Un camino emocionante
Realmente debe haber sido un camino emocionante para los discípulos. Su Maestro no era un simple rabino; ¡Él era el Mesías!, ¡El Rey de Israel! Y ellos eran parte de su círculo más cercano, sus amigos cercanos y compañeros. Ahora eran cortesanos.
¡Wow! ¿Estarían viviendo en un palacio? ¿Conseguirán importantes puestos de trabajo? ¿Poder, influencia, mucho dinero, hermosa ropa? ¡Fue alucinante! ¡Qué futuro se estaba desarrollando para estos hombres sin educación!

Y entonces - totalmente inesperado - viene el choque, un gran cubo de agua muy fría. Jesús comienza a decirles lo que va a pasarle, como Mesías. Él será rechazado por los líderes religiosos y civiles de su propio pueblo, él sufrirá terribles sufrimientos, él sufrirá una muerte horrible y vergonzosa ejecutado en una cruz, y al final se levantará en el tercer día (sea lo que signifique para ellos) . 


Un escenario inaceptable
Pedro, una vez más, y obviamente, en representación de todos sus compañeros, le protesta a Jesús en los términos más enérgicos. "Señor, esto nunca te puede pasar a ti." Era impensable que el Mesías debía cumplir con un destino como este. Iba totalmente en contra de toda razón que el Mesías debía sufrir en manos de su propio pueblo. Por el contrario, él iba a ser victorioso sobre los enemigos de Israel. Lo que Jesús estaba diciendo simplemente no tiene ningún sentido. Esto no era parte del escenario que se había construido en ese largo periodo con tales expectativas. Y, ¿Qué iba a pasar con ellos? Todo esto es un sin sentido que tenía que ser cortado de raíz.

La reacción de Jesús es casi salvaje. "¡Quítate de delante de mí, Satanás, los tuyos no son más que pensamientos humanos;! No representan la manera de ver las cosas de Dios." Pedro – Piedra - es visto como un obstáculo. Jesús podría estar tentado a pensar como Pedro. Sería un futuro mucho más agradable que lo descrito. Pero él sabía bien que esta era la forma en que era llamado a seguir.

Está claro que los discípulos (y nuestra) experiencia de aprendizaje no había terminado. Habían llegado a la etapa crítica de saber quién era Jesús - el Mesías. Pero ahora tenían que descubrir - muy dolorosamente - qué tipo de Mesías iba a ser. Ellos no lo saben y no van a ver su belleza terrible y convincente hasta después de la resurrección.

El resto de argumentos el Evangelio de Marcos respecto a este tema pretende que se vuelvan discípulos reales. (Después de todo, la mayoría de los discípulos estaban muertos y se habían ido para cuando el evangelio de Marcos apareció.)

Más por venir
Pero, ¡Jesús todavía no ha terminado con ellos! Dirigiéndo sus palabras no sólo a ellos, sino a todo el mundo, Jesús continúa: "Si alguien quiere ser mi discípulo, entonces tiene que tomar su cruz y venir en pos de mi". El camino de Jesús también ha de ser nuestro camino.

Así que gran parte del tiempo tratamos de saltar la valla: tratamos de ser "buenos" católicos y queremos tener todas las cosas buenas que todo el mundo quiere también. No queremos cruces. Incluso pensamos que uno de los propósitos de la oración es pedirle a Jesús a llevar las cosas desagradables y hacer la vida más suave hasta el final.

Pero Jesús nos insta a dejarnos llevar. Para "salvar nuestra vida" hay que aferrarnos a las cosas que no son nuestras y del querer la seguridad en ellas. Tenemos que aprender que nuestra felicidad no está en tener o tomar, pero sí en compartir lo que tenemos. Está en dar, no en conseguir. Está en dejar ir y dejarse en Dios.

¿Quiénes son los que tienen la fe verdadera?

Juan hoy en la segunda lectura habla de aquellas personas que tienen "fe", es decir, que dicen ser creyentes en Cristo y su Evangelio, pero nada de eso aparece en sus vidas. Rezan piadosamente, se les ve en la misa todos los domingos, son expertos en la doctrina y enseñanza ortodoxa, pero hacen muy poco para ayudar a los demás. 


La edición y el subrayado son nuestros 
Tomado de Living Space. Commentaries on the daily readings.


Que la Misericordia y la confianza en Dios no te falte

Gracias

15 de marzo de 2015

¨Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.¨


Del Santo Evangelio Según San Juan 3,14,21

14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna. 16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que creee en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. 19 Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. 21 Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios». (Biblia de Jerusalén, Desclee de Brouwer,1967)

Comentario:
Este pasaje es parte de un diálogo que Jesús tiene con Nicodemo, fariseo, doctor de la ley, miembro del Sanedrín que reconocía a Jesús como maestro enviado de Dios. Este lo visitaba de noche en secreto para no comprometerse, Jesús renuncia a su descanso, no le reprocha su cobardía y le acoge para salvarlo.

En el pasado, cuando los judíos andaban por el desierto luego de ser liberados por Moisés son atacados por serpientes venenosas. Dios le  manda que haga una serpiente de bronce y que la levante en un mástil para que al mirarla sean sanados (Num. 21). Jesús usa esta figura para enseñarle a Nicodemo sobre su sacrificio redentor.


El pecado, desobediencia, desconfianza y ofensa a Dios, causa principal de nuestra muerte y causa del sacrificio de nuestro Señor. Aquel quien fue ofendido, es quien por si mismo lo justifica.
¿Qué padre podría entregar a su único hijo para salvar a otro?...Sólo Dios quien ama infinitamente al hombre puede hacerlo. Gracias

Comentario Completo:

vv. 14-15. Y como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre para que todo el que crea tenga en Él la vida eterna. Para los hijos de Israel, mordidos por serpientes venenosas en el desierto, Moisés ofreció una posibilidad de salvarse fijando la vista en una serpiente de bronce. Si el hombre consigue levantar la cabeza y mirar en alto, Dios prepara para él una alternativa. No obliga, está allí, a disposición. El misterio de la libertad humana es de los más digno de amor que Dios ha podido inventar. Escogiendo una mirada, un encontrarse, una nueva oportunidad… el Hijo del hombre en el desierto del mundo será levantado sobre la cruz como signo de salvación para todos aquéllos que sientan la necesidad de continuar viviendo y no se abandonen a mordidas venenosas de preferencias erróneas. Cristo está allí: maldito para el que no tiene fe, bendito para el que cree. Un fruto que escoger, colgado del leño de la vida. También nosotros como los israelitas en el desierto hemos sido “mordidos” por la serpiente en el Edén y tenemos necesidad de mirar a la serpiente de bronce levantada sobre el madero para no morir: “Quien cree en Él tiene vida eterna”.

v.16. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. El amor con que Dios nos ama es un amor de predilección, un amor tangible, un amor que habla… ¿Podía venir directamente el Padre? Sí, ¿pero no es más grande el amor de un padre que da a su hijo? Toda madre pudiendo escoger, prefiere morir ella antes que ver morir a un hijo. ¡Dios nos ha amado hasta tal punto de ver morir a su Hijo!

v. 17. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Un Dios capaz de juicio perfecto manda al Hijo, no para juzgar, sino para ser lugar de salvación. Verdaderamente es necesario suspender todo pensamiento y sentirse anonadado frente a tanto amor. Sólo quien ama puede “juzgar” , esto es, “salvar”. Él conoce la debilidad del corazón humano y sabe que su imagen ennegrecida tiene la posibilidad de volver a ser nítida, no hay necesidad de rehacerla. La lógica de la vida no conoce la muerte: Dios que es vida no puede destruir lo que Él mismo ha querido crear, se destruiría en algún modo a sí mismo.

v.18. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. La fe es la discriminante de toda existencia. No creer en el nombre del unigénito: ésta es ya una condena, porque se excluye del amor quien no acoge al amor.

vv. 19-20. Y el juicio está en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. El único juicio que abarca a toda la humanidad es la llamada a vivir en la luz. Cuando el sol sale, nadie puede substraerse a sus rayos…y así también los hombres. Cuando Cristo nace, ninguno puede substraerse a esta luz que todo lo inunda. Pero los hombres se han construidos casas para poder escapar de la luz del Amor que se expande por doquier, casas de egoísmo, casas de oportunidad. Han perforado túneles y escondrijos para continuar libremente haciendo sus obras. ¿Puede una obra falta de luz dar la vida? La luz de la existencia tiene una sola fuente: Dios. Quien se aparta de la luz, muere.

v. 21. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios. Todo lo que cae bajo los rayos del amor eterno, se viste de luz, como sucede en la naturaleza. Parece que todo sonríe cuando sale el sol. Y las cosas que durante el día son familiares y bellas, de noche toman formas que infunden temor por el solo hecho de no ser visibles. El sol no cambia la forma, pero la exalta en su belleza, Quien vive la verdad de sí mismo y acoge su fragilidad como parámetros de su ser hombre, no tiene temor de la luz, porque no tiene nada que esconder. Sabe que como criatura trabaja con la lógica del límite, pero esto no disminuye la grandeza de su obrar, porque su vida es un todo con la verdad eterna.



 La edición y el subrayado son nuestros

Que la misericordia y la confianza en el Señor no te falte


Gracias 










24 de noviembre de 2013

"Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso."

Del Santo Evangelio según San Lucas 23, 35-43
Jesucristo Rey del universo

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: "A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido." Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: "Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo." Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: "Éste es el rey de los judíos." Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros." Pero el otro lo increpaba: "¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada." Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino." Jesús le respondió: "Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso." (Aciprensa.com)

Comentario:
Solemnidad de Cristo, Rey del universo. Uno se esperaría un pasaje del Evangelio de entre los más luminosos, y sin embargo nos encontramos ante un pasaje de entre los menos claros. … El estupor de lo no esperado, es la sensación más apta para entrar en el corazón de la fiesta de hoy, el estupor de aquel que sabe que no puede entender las infinidades del misterio del Hijo de Dios.
v. 35. Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «Ha salvado a otros; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido. Alrededor de la cruz se agrupan todos aquellos que han encontrado a Jesús en los tres años de su vida pública. Y aquí, frente a una Palabra clavada sobre el madero, se desvelan los secretos de los corazones. El pueblo que había escuchado y seguido al rabino de Galilea, que había visto los milagros y los prodigios, estaba allí sentado mirando: la perplejidad en las caras, mil preguntas en el corazón, la decepción y la percepción de que todo acaba allí. Los jefes hacen muecas y mientras dicen la verdad sobre la persona de Jesús: el Cristo de Dios, su elegido. Ignoran la lógica de Dios aún siendo fieles observadores de la ley hebraica. Esta invitación que encierra tanto desprecio: Que se salve a si mismo… narra el final recóndito de todas sus acciones: la salvación se conquista de por sí, observando los mandamientos de Dios.
vv. 36-37. También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre 37 y le decían: «Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate!»Los soldados que no tienen nada que perder en el campo religioso infieren sobre él. ¿Qué tienen en común con aquel hombre? ¿Qué han recibido de él? Nada. La posibilidad de ejercer, aunque sea por poco tiempo, el poder sobre alguien que no es posible dejar caer. El poder de la detención se enlaza con la maldad y se arrojan el derecho de reírse de él. El otro, indefenso, se convierte en objeto de su propio goce.
v. 38. Había encima de él una inscripción: «Este es el rey de los judíos.» Realmente una burla la pequeña tabla de su culpa: Jesús es el culpable de ser el rey de los judíos. Una culpa que en realidad no lo es. A pesar de que los jefes hayan tratado de aplastar la regalidad de Cristo como han podio, la verdad se inscribe sola: Este es el rey de los Judíos. Este, y no otro. Una regalidad que atraviesa los siglos y que pide a las miradas de los transeúntes que se detengan con el pensamiento sobre la novedad del evangelio. El hombre necesita de alguien que lo gobierne, y este alguien no puede ser un hombre colgado de una cruz por amor, capaz de permanecer sobre el madero de la condena para dejarse encontrar vivo en la aurora del octavo día. Un rey sin cetro, un rey capaz de ser considerado por todos como un malhechor con tal de no renegar su amor por el hombre.
v. 39. Uno de los malhechores colgados le insultaba: « ¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!» En la cruz se puede estar por motivos diferente, como también por motivos distintos uno puede estar con Cristo. La proximidad con la cruz divide o acerca. Uno de los dos vecinos de Cristo, le insulta, le provoca, se ríe de él. A la ¨salvación¨ se la invoca como huida de la cruz. Una salvación estéril, sin vida, ya muerta en sí. Jesús está clavado en la cruz, este malhechor está colgado. Jesús es todo uno con el madero, porque la cruz es para él el rollo del libro que se abre para narrar los prodigios de la vida divina entregada sin condiciones. El otro está colgado como un fruto marchitado a causa del mal, y pronto a ser tirado.
v. 40. Pero el otro le increpó: « ¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? El otro, al estar cerca de Jesús, vuelve a adquirir el santo temor y hace discernimiento. Quien vive al lado de Cristo puede reprochar a quien está a dos pasos de la vida y no la ve, sigue gastándola hasta el final. Todo tiene un límite, y en este caso el límite no lo fija el Cristo que está allí, sino su compañero. Cristo no responde, responde el otro en su lugar, reconociendo sus responsabilidades y ayudando al otro para que lea el momento presente como una oportunidad de salvación.
v. 41. Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio éste nada malo ha hecho.» El mal lleva a la cruz, la serpiente había guiado al fruto prohibido colgado del madero. ¿Pero qué cruz? La cruz de la propia “recompensa” o la cruz del fruto bueno. Cristo es el fruto que cada hombre o mujer puede coger del árbol de la vida que está en medio del jardín del mundo, el justo que no cometió algún mal, y que sólo supo amar, re usque ad finem.
v. 42. Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino Una vida que llega a su plenitud y se encierra en una invocación increíblemente densa de significado. Un hombre, pecador, conciente de su pecado y de la justa condena, acoge el misterio de la cruz. A los pies de aquel trono de gloria pide ser recordado en el reino de Cristo. Ve a un inocente crucificado y reconoce y ve más allá de lo que aparece, la vida del reino eterno. ¡Qué reconocimiento! Los ojos de quien ha sabido en un instante captar la Vida que iba pasando y que transmitía un mensaje de salvación, aunque de forma sobrecogedora. Aquel reo de muerte, objeto de insultos y de escarnios por los que habían tenido la posibilidad de conocerle más de cerca y más largamente, acoge a su primer súbdito, su primera conquista. Maldito aquel que cuelga del madero, dice la Escritura. El maldito inocente se convierte en bendición para quien merece la condenación. Un tribunal político y terrenal como el de Pilatos, un tribunal divino como el de la cruz, donde el condenado se salva gracias al Cordero inocente que se consume de amor.
v. 43. Jesús le dijo: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.» Hoy. La palabra única y desbordante de la vida nueva del evangelio. Hoy. La salvación se cumple, no hay que esperar a otro Mesías que salve al pueblo de sus pecados. Hoy. La salvación está aquí, en la cruz. Cristo no entra solo en su reino, lleva consigo al primero de los salvados. Misma humanidad, mismo juicio, misma suerte, misma victoria. No es celoso Jesús de sus prerrogativas filiales, inmediatamente ha quitado de la lejanía de Dios y de la muerte a cuantos estaban a punto de sucumbir. Reino estupendo aquel que se inaugura sobre el Gólgota…. Alguien ha dicho que el buen ladrón ha hecho el último robo de su vida, ha robado la salvación… ¡Y sea! ¡Para sonreír de quienes trafican las cosas de Dios! Cuanta verdad, por el contrario, contemplando el don que Cristo hace a su compañero de cruz. ¡Ningún robo! ¡Todo es don: la presencia de Dios no se regatea! Y menos aún el estar siempre con él. Es la fe que abre las puertas del reino al buen ladrón. Bueno porque ha sabido dar el justo nombre a lo que había sido su existencia y ha visto en Cristo al Salvador. ¿El otro era malo? Ni más ni menos que el otro, quizás, pero se quedó más acá de la fe: buscaba al Dios fuerte y potente, al Señor potente en la batalla, a un Dios que pone las cosas en su sitio y no ha sabido reconocerle en los ojos de Cristo, se ha quedado en su impotencia.

Reflexión final:
Cristo muere en la cruz. No está solo. Está rodeado de gente, de las personas más extrañas, personas hostiles que vierten sobre él sus responsabilidades de incomprensión, personas indiferentes que no se implican de no ser por interés personal, personas que no entienden todavía, pero que quizás están mejor dispuestas a dejarse interrogar ya que no tienen nada más que perder, como uno de los dos malhechores. Si la muerte es una caída en la nada, entonces el tiempo humano se colorea de esperanza, y el espacio de la finitud se abre camino al mañana, a la aurora nueva de la Resurrección: Yo soy el camino, la verdad y la vida … ¡Qué verdad está encerrada este día en estas solemnes palabras de Jesús! Son palabras que iluminan la oscuridad de la muerte. El camino no se detiene, la verdad no se apaga, la vida no muere. En ese Yo soy está encerrada la gratuidad de Cristo. Se camina hacia una meta, y al alcanzarla no puede ser perdida... Yo soy el camino… Se vive de la verdad, y la verdad no es un objeto, sino algo que existe: “La verdad es el esplendor de la realidad – dice Simone Weil – y desear la verdad es desear un contacto directo con la realidad para amarla”. Yo soy la verdad… Nadie quiere morir, uno se siente alejado con la fuerza de algo que nos pertenece: la vida, y entonces, si la muerte no es para nosotros, no puede agarrarnos para sí… Yo soy la vida … Jesús lo ha dicho: “Quien quiere salvar su vida, la pierde, pero aquel que pierde su vida por mi causa, la encontrará”. Hay contradicciones en los términos, o ¿más bien secretos ocultos que hay que desvelar? ¿Quitamos el velo a lo que vemos para gozar de lo que no vemos? Cristo en la cruz es objeto de la atención de todos. Muchos lo piensan, o hasta están a su lado. Pero no basta. La cercanía que salva no es la de quienes están allí para reírse o insultar, la cercanía que salva es la de aquel que pide humildemente ser recordado no en el tiempo fugaz, sino en el reino eterno.

La edición y el subrayado son nuestros

Descubramos que el verdadero reinado de Cristo no está en la fuerza o en el poder humanos sino en la entrega generosa  que a pesar de los sufrimientos y dolores se da al Padre de quien viene la Vida. 

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte. 

Gracias

15 de septiembre de 2012

Jesús vio a su madre y se la entregó al discípulo

Del santo Evangelio según San Juan 19,25-27
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo." Luego, dijo al discípulo: "Ahí tienes a tu madre." Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.(Aciprensa.com)

Comentario: 
Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, el evangelio del día relata el paso en el que María, la madre de Jesús, y el discípulo amado se encuentran en el calvario ante la Cruz. La Madre de Jesús aparece dos veces en el evangelio de Juan: al comienzo, en las bodas de Caná (Jn 2,1-5), y al final, a los pies de la Cruz (Jn 19,25-27). Estos dos episodios, exclusivos del evangelio de Juan, tienen un valor simbólico muy profundo.

El evangelio de Juan, comparado con los otro tres evangelios es como una radiografía, mientras que los otros tres son una fotografía. La radiografía ayuda a descubrir en los acontecimientos, dimensiones que la mirada común no llega a percibir. El evangelio de Juan, además de describir los hechos, revela la dimensión simbólica que en ellos existen. Así, en los dos casos, en Caná y en la Cruz, la Madre de Jesús representa simbólicamente el Antiguo Testamento que aguarda la llegada del Nuevo Testamento y, en los dos casos, contribuye en la llegada del Nuevo. María aparece como el anillo entre lo que había antes y lo que vendrá después. En Caná, simboliza el Antiguo Testamento, percibe los límites del Antiguo y toma la iniciativa para que el Nuevo pueda llegar. Va a hablar al Hijo: “¡No tienen vino!” (Jn 2,3). ¿Y en el Calvario? Veamos:

• Juan 19, 25: Las mujeres y el Discípulo Amado junto a la Cruz. Así dice el Evangelio: “La madre de Jesús, la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena estaban junto a la cruz”. La “fotografía” muestra a la madre junto con el hijo, de pie. Mujer fuerte, que no se deja abatir. “Stabat Mater Dolorosa!” Ella es una presencia silenciosa que apoya al hijo en su entrega hasta la muerte, y a la muerte de cruz (Fil 2,8). Además de estos, la “radiografía” de la fe muestra cómo se realiza el paso del antiguo al nuevo. Como en Caná, la Madre de Jesús representa el Antiguo Testamento. El Discípulo amado representa el Nuevo Testamento, la comunidad que creció alrededor de Jesús. Es el hijo que nació del Antiguo Testamento, la nueva humanidad que se forma a partir de la vivencia del Evangelio del Reino. Al final del primer siglo, algunos cristianos pensaban que el Antiguo Testamento ya no era necesario. De hecho, al comienzo del siglo segundo, Marción rechazó todo el Antiguo Testamento y se quedó solamente con una parte del Nuevo Testamento. Por eso, mucho quierían saber cuál era la voluntad de Jesús al respecto

• Juan 19,26-28 : El Testamento o la Voluntad de Jesús. Las palabras de Jesús son significativas. Viendo a su madre y a al lado de ella, al discípulo que él amaba, dijo a su madre: "Mujer, ahí tienen a tu hijo." Después dijo al discípulo: "Ahí tienes a tu madre." El Antiguo y el Nuevo Testamento deben caminar juntos. A petición de Jesús, el discípulo amado, el hijo, el Nuevo Testamento, recibe a la Madre, el Antiguo Testamento, en su casa. En la casa del Discípulo Amado, en la comunidad cristiana, se descubre el sentido pleno del Antiguo Testamento. El Nuevo no se entiende sin el Antiguo, ni el Antiguo es completo sin el Nuevo. San Agustín decía: “Novum in vetere latet, Vetus in Novo patet”. (El Nuevo está escondido en lo Antiguo, el Antiguo desemboca en el Nuevo). El Nuevo sin el Antiguo sería un edificio sin fundamentos. Y el Antiguo sin el Nuevo sería un árbol de fruta que no llega a dar frutos.

 • María en el Nuevo Testamento. De María se habla poco y ella misma habla menos aún. María es la Madre del silencio. La Biblia conserva apenas siete palabras de María. Cada una de estas siete palabras es como una ventana que permite mirar hacia dentro de la casa de María para descubrir cómo ella se relacionaba con Dios. La llave para entender todo esto nos la da Lucas en esta frase: “Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica." (Lc 11,27-28)

1ª Palabra: "¿Cómo puede ser esto si no conozco hombre?" (Lc 1,34)
2ª Palabra: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra." (Lc 1,38)
3ª Palabra: "Engrandece mi alma al Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador" (Lc 1,46-55)
4ª Palabra: "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo, angustiados, te buscábamos" (Lc 2,48)
5º Palabra: "¡No tienen vino!" (Jn 2,3)
6ª Palabra: "Haced lo que él os diga!" (Jn 2,5)
7ª Palabra: El silencio a los pies de la Cruz, más elocuente que mil palabras (Jn 19,25-27)
 
La edición y el subrayado son nuestros
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas

En este día miremos como en María se encuentran las promesas de Salvación del Antiguo Testamento con el cumplmiento de esas promesas en el Nuevo Testamento. 

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte. 

Gracias