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24 de marzo de 2019

"Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, 9 por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas."

Domingo 3 del Tiempo de Cuaresma
Del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 13: 1-19) 
 
1 En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. 2 Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? 3 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.


4 O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? 5 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.»


6 Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. 7 Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?" 8 Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, 9 por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas."».
(Aciprensa.com)




S.S Francisco
Ángelus
24 de marzo de 2019

Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!:


El Evangelio de este tercer domingo de Cuaresma (ver Lc 13: 1-9) nos habla de la misericordia de Dios y de nuestra conversión. Jesús cuenta la parábola de la higuera estéril. Un hombre ha plantado una higuera en su propio viñedo, y con gran confianza todos los veranos va a buscar sus frutos, pero no encuentra ninguno, porque ese árbol es estéril. Impulsado por esa decepción que se repite durante tres años, piensa en cortar la higuera para plantar otra. Luego llama al agricultor que está en el viñedo y expresa su insatisfacción, ordenándole que corte el árbol, para que no explote la tierra innecesariamente. Pero el viñador le pide al dueño que sea paciente y le solicita una prórroga de un año, durante la cual él mismo se encargará de cuidar la higuera con más cuidado y delicadeza para estimular su productividad. Esta es la parábola. Y, ¿qué representa esta parábola? ¿Qué representan los personajes de esta parábola?

El dueño representa a Dios Padre y el viñador es la imagen de Jesús, mientras que la higuera es el símbolo de la humanidad indiferente y árida. Jesús intercede ante el Padre en favor de la humanidad y le ruega que la espere y le dé un poco más de tiempo para que los frutos del amor y la justicia broten en ella. La higuera que el dueño de la parábola quiere erradicar representa una existencia estéril sin frutos, incapaz de dar, incapaz de hacer el bien. Es el símbolo de quien vive solo para sí mismo, satisfecho y tranquilo, en su propia comodidad, incapaz de dirigir sus ojos, la mirada y su corazón hacia quienes están a su lado y que están en estado de sufrimiento, en condiciones de pobreza, de dificultad. Esta actitud de egoísmo y esterilidad espiritual contrasta con el gran amor del viñador por la higuera: tiene paciencia, sabe esperar, le dedica su tiempo y su trabajo. Prometió a su amo que cuidaría especialmente de ese árbol infeliz.

Esta semejanza del viñador manifiesta la misericordia de Dios, que nos deja un tiempo para la conversión. Todos nosotros necesitamos convertirnos, dar un paso hacia delante y la paciencia de Dios y la misericordia nos acompañan en esto. A pesar de la esterilidad, que a veces marca nuestra existencia, Dios tiene paciencia y nos ofrece la posibilidad de cambiar y progresar en el camino del bien. Pero el retraso implorado y concedido a la espera de que el árbol dé finalmente sus frutos indica también la urgencia de la conversión. El viñador le dice al dueño: “Déjala este año” (v. 8). La posibilidad de conversión no es ilimitada; por lo tanto, es necesario aprovecharla inmediatamente; de lo contrario, se perdería para siempre. Nosotros podemos pensar en esta Cuaresma: ¿Qué debo hacer yo para acercarme más al Señor, para convertirme, para cortar con aquellas cosas que no van? “No, no esperaré a la próxima Cuaresma”. ¿Estarás vivo en la próxima Cuaresma?. Pensemos cada uno de nosotros: ¿Hoy que cosa debo hacer ante esta misericordia de Dios que me espera y siempre perdona? ¿Qué debo hacer? Nosotros podemos confiar mucho en la misericordia de Dios, pero sin abusar de ella. No debemos justificar la pereza espiritual sino aumentar nuestro compromiso, de responder prontamente a esta misericordia con sinceridad de corazón.

En el tiempo de Cuaresma, el Señor nos invita a la conversión. Cada uno de nosotros debe sentirse interpelado por esta llamada, corrigiendo algo en su vida, en su manera de pensar, actuar y vivir las relaciones con el prójimo. Al mismo tiempo, debemos imitar la paciencia de Dios, que confía en la capacidad de todos para “levantarse” y reanudar su camino. Dios es Padre y no apaga la llama débil, sino que acompaña y cuida a los débiles para que se fortalezcan y aporten su contribución de amor a la comunidad. Que la Virgen María nos ayude a vivir estos días de preparación para la Pascua como un tiempo de renovación espiritual y de confianza abierta a la gracia de Dios y a su misericordia.

Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Desde el 27 de febrero, Nicaragua mantiene importantes conversaciones para resolver la grave crisis sociopolítica en la que se encuentra el país. Acompaño la iniciativa con mi oración y animo a las partes a encontrar una solución pacífica lo antes posible para el bien de todos.

Ayer en Tarragona, España, fue beatificado Mariano Mullerat y Soldevila, padre de familia y médico, joven, 39 años, que trataba de aliviar los sufrimientos físicos y morales de los hermanos, testimoniando con la vida y con el martirio la primacía de la caridad y del perdón. Un ejemplo para nosotros, que tanto nos cuesta perdonar. Que interceda por nosotros y que nos ayude a recorrer el camino del amor y de la fraternidad a pesar de las dificultades y de las tribulaciones. Un aplauso para el nuevo Beato!

Hoy se celebra la jornada en memoria de los misioneros mártires. Durante 2018, en todo el mundo, numerosos obispos, sacerdotes, monjas y fieles laicos sufrieron violencia; mientras que cuarenta misioneros fueron asesinados, casi el doble en comparación con el año anterior. Recordar este calvario contemporáneo de hermanos y hermanas perseguidos o asesinados por causa de su fe en Jesús es un deber de gratitud de toda la Iglesia, pero también es un estímulo para testimoniar con valentía nuestra fe y nuestra esperanza en aquel que, desde la Cruz, derrotó para siempre el odio y la violencia con su amor.

Oramos por las numerosas víctimas de los últimos atentados inhumanos en Nigeria y Mali. El Señor acoja a estas víctimas, sane a los heridos, consuele a las familias y convierta los corazones crueles. Oremos: “¡Ave María!…”

Os saludo a todos vosotros provenientes de Roma, de Italia y de diferentes países, en particular a los peregrinos de Pula (Croacia), Coslada (España) y la comunidad del Seminario Pontificio Francés. Saludo a los fieles de Dogana, Carpi, Faenza, Castellammare di Stabia; al grupo de mujeres asociadas a enfrentar su patología peculiar; los scouts de Campobasso, los confirmandos de Cervarese Santa Croce, los muchachos de la profesión de fe de Renate, Veduggio y Rastignano, los alumnos de los Institutos de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Turín y Vercelli, y los de la escuela de S. Dorotea de Montecchio Emilia.

Mañana, fiesta de la Anunciación del Señor, iré a Loreto, a la Casa de la Virgen. Elegí este lugar para la firma de la Exhortación Apostólica dedicada a los jóvenes. Pido vuestra oración para que el “sí” de María se convierta en el “sí” de muchos de nosotros.

Deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de orar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!


Francisco


Tomado de CaminoCatólico.org,

17 de noviembre de 2018

¨ Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas ¨



Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
 
Del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 13: 24-32)
 
24 «Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. 26 Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; 27 entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

28 «De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 29 Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas. 30 Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.


31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32 Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.
(Aciprensa.com)


S.S Francisco 
Ángelus
15 de Noviembre 2015



Queridos hermanos y hermanas ¡Buenos días! : 

El Evangelio de este penúltimo domingo del año litúrgico propone una parte del discurso de Jesús sobre los últimos eventos de la historia humana, orientada hacia la plena realización del Reino de Dios (cf. Mc 13, 24-32). Es un discurso que Jesús pronunció en Jerusalén, antes de su última Pascua. Contiene algunos elementos apocalípticos, como guerras, carestías, catástrofes cósmicas: «El sol se oscurecerá, la luna no dará su esplendor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán» (vv. 24-25). Sin embargo, estos elementos no son la cosa esencial del mensaje. El núcleo central en torno al cual gira el discurso de Jesús es Él mismo, el misterio de su persona y de su muerte y resurrección, y su regreso al final de los tiempos.

Nuestra meta final es el encuentro con el Señor resucitado. Yo os quisiera preguntar: ¿cuántos de vosotros pensáis en esto? Habrá un día en que yo me encontraré cara a cara con el Señor. Y ésta es nuestra meta: este encuentro. Nosotros no esperamos un tiempo o un lugar, vamos al encuentro de una persona: Jesús. Por lo tanto, el problema no es «cuándo» sucederán las señales premonitorias de los últimos tiempos, sino el estar preparados para el encuentro. Y no se trata ni si quiera de saber «cómo» sucederán estas cosas, sino «cómo» debemos comportarnos, hoy, mientras las esperamos. Estamos llamados a vivir el presente, construyendo nuestro futuro con serenidad y confianza en Dios. La parábola de la higuera que germina, como símbolo del verano ya cercano, (cf. vv. 28-29), dice que la perspectiva del final no nos desvía de la vida presente, sino que nos hace mirar nuestros días con una óptica de esperanza. Es esa virtud tan difícil de vivir: la esperanza, la más pequeña de las virtudes, pero la más fuerte. Y nuestra esperanza tiene un rostro: el rostro del Señor resucitado, que viene «con gran poder y gloria» (v. 26), que manifiesta su amor crucificado, transfigurado en la resurrección. El triunfo de Jesús al final de los tiempos, será el triunfo de la Cruz; la demostración de que el sacrificio de uno mismo por amor al prójimo y a imitación de Cristo, es el único poder victorioso y el único punto fijo en medio de la confusión y tragedias del mundo.

El Señor Jesús no es sólo el punto de llegada de la peregrinación terrena, sino que es una presencia constante en nuestra vida: siempre está a nuestro lado, siempre nos acompaña; por esto cuando habla del futuro y nos impulsa hacia ese, es siempre para reconducirnos en el presente. Él se contrapone a los falsos profetas, contra los visionarios que prevén la cercanía del fin del mundo y contra el fatalismo. Él está al lado, camina con nosotros, nos quiere. Quiere sustraer a sus discípulos de cada época de la curiosidad por las fechas, las previsiones, los horóscopos, y concentra nuestra atención en el hoy de la historia. Yo tendría ganas de preguntaros —pero no respondáis, cada uno responda interiormente—: ¿cuántos de vosotros leéis el horóscopo del día? Cada uno que se responda.. Y cuando tengas de leer el horóscopo, mira a Jesús, que está contigo. Es mejor, te hará mejor. Esta presencia de Jesús nos llama a la espera y la vigilancia, que excluyen tanto la impaciencia como el adormecimiento, tanto las huidas hacia delante como el permanecer encarcelados en el momento actual y en lo mundano.

También en nuestros días no faltan las calamidades naturales y morales, y tampoco la adversidad y las desgracias de todo tipo. Todo pasa —nos recuerda el Señor—; sólo Él, su Palabra permanece como luz que guía, anima nuestros pasos y nos perdona siempre, porque está al lado nuestro. Sólo es necesario mirarlo y nos cambia el corazón. Que la Virgen María nos ayude a confiar en Jesús, el sólido fundamento de nuestra vida, y a perseverar con alegría en su amor.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:


Deseo expresar mi dolor por los ataques terroristas que en la noche del viernes ensangrentaron Francia, causando numerosas víctimas. Expreso mi más fraterno pésame al presidente de la República Francesa y todos los ciudadanos. Acompaño, de manera especial, a las familias de los que perdieron la vida y los heridos.

Tanta barbarie nos deja consternados y hace preguntarnos cómo el corazón del hombre pueda idear y realizar actos tan horribles, que han asolado no solamente a Francia sino al mundo entero. Ante estos hechos, no se puede no condenar la incalificable afrenta a la dignidad de la persona humana. Deseo volver a afirmar con vigor que el camino de la violencia y del odio no resuelve los problemas de la humanidad, y que utilizar el nombre de Dios para justificar este camino ¡es una blasfemia!

Os invito a uniros a mi oración: confiemos a la misericordia de Dios las víctimas indefensas de esta tragedia. Que la Virgen María, Madre de la misericordia, suscite en los corazones de todos pensamientos de sabiduría y propósitos de paz. A Ella le pedimos que proteja y vele sobre la querida nación francesa, la primera hija de la Iglesia, sobre Europa y sobre todo el mundo. Todos juntos recemos un momento en silencio y después recitamos el Ave María.

[Ave María...]

Ayer, en Três Pontas, en el estado de Minas Gerais en Brasil, fue proclamado beato don Francisco de Paula Victor, sacerdote brasileño de origen africano, hijo de una esclava. Párroco generoso y celoso en la catequesis y en la administración de los sacramentos, se distinguió sobre todo por su gran humildad. Que su extraordinario testimonio sea modelo para muchos sacerdotes, llamados a ser humildes servidores del pueblo de Dios.

Os saludo a todos vosotros, familias, parroquias, asociaciones y fieles, que venís de Italia y de muchas partes del mundo. De manera particular, saludo a los peregrinos provenientes de Granada, Málaga, Valencia y Murcia (España), San Salvador y Malta; a la asociación «Acompañantes santuarios marianos en el mundo» y al instituto secular «Cristo Rey».

A todos os deseo un feliz domingo. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la próxima!


Tomado de la Santa Sede,

28 de febrero de 2016

"Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono,9 por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas."»

Evangelio: Lucas 13:1-9
Semana 3 del Tiempo de Cuaresma

1 En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios.2 Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas?3 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.

4 O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén?5 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.»

6 Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró.7 Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?"8 Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono,9 por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas."» (Aciprensa.com)

Comentario:


Los comentarios sobre las lecturas del Éxodo 3: 1-8a, 13-15; 1 Corintios 10: 1-6,1-12; Lucas 13: 1-9


Uno de los temas recurrente a lo largo del tiempo de Cuaresma es la compasión y la misericordia de nuestro Dios. Es algo que necesitamos constantemente que le recuerden. Nuestro Dios es siempre fiel y coherente. Su amor por nosotros nunca cambia, no importa cómo nos comportamos, independientemente de la gravedad pueden ser nuestros pecados. Tiene que ser así, porque nuestro Dios no sólo ama, es el amor. El amor es la esencia misma de su ser; no no puede amar.


Su amor es como el sol que da calor a buenos y malos; como la lluvia suave  que cae para todos. Y estamos llamados, en la medida de lo posible, a imitarlo en esto - para el amor siempre e incondicionalmente. Debido a que nos encontramos con que difícil, es difícil para nosotros pensar en Dios de amor de esa manera. Nosotros necesitamos deshacernos de la idea de una, decepcionado, vengativo Dios catástrofe que amenaza enojado en un mundo malo - una idea sigue siendo fomentado por los que afirman haber tenido revelaciones especiales.

No importa nada?


Si el amor de Dios por nosotros es tan constante y sin cambios por nuestro comportamiento, ¿eso significa que podemos hacer lo que queramos? ¿Importa si llevamos una vida buena o mala? Si pecamos o no? Es muy dudoso que estaría justificado en la elaboración de esa conclusión.


Las lecturas de hoy parecen estarnos diciendo tres cosas:


a. No podemos encontrar nuestra salvación y la plenitud como personas sin el amor y la ayuda de Dios.


b. Dios no castiga a la gente por su mal comportamiento.


c. Dios no nos salvará en contra de nuestra voluntad o sin nuestra cooperación.


Es absolutamente cierto - y nunca debe tener dudas acerca de esto - que, si pecamos, Dios sigue amándonos como siempre lo hacía y hace. Pero también es cierto que, si pecamos, no estamos amándolo. Y así llegamos a separanos de él. El Amor es esencialmente mutuo, que es un proceso de dos vías, que es una unión. El amor no es completa hasta que se mueve alternativamente en ambos lados. Así que el amor de Dios no es perfecto, no es totalmente eficaz en mí hasta que yo he abierto para recibir y dar la mía a cambio. Cuando pecamos, Dios no deja de amarnos; somos nosotros los que hemos dejado de amarlo. Somos nosotros los que siempre rompemos la relación.



¿Dios mata a la gente?

En el Evangelio de hoy, algunas personas se acercan a Jesús y le cuentan de cómo algunos galileos habían sido asesinados por los soldados romanos en el santuario del templo. ¿Querían que Jesús, como el propio Galileo que era, denuncie a las autoridades romanas? Jesús responde al tomar otra pista por completo. En su lugar, menciona otro incidente, al parecer una pura casualidad, cuando un edificio se cayó en algunas personas puramente inocentes y mató a muchos. Jesús pide a sus interlocutores: "¿Estas personas mueren a causa de su pecado? Era la manera de castigarlos de este Dios? Si no sufro de esa manera, ¿significa que no tengo pecado? "

Es muy común encontrar personas que creen que este tipo de eventos son actos de castigo de Dios. Tal vez incluso con más frecuencia uno se encuentra con personas que preguntan por qué un Dios de amor no impide que sucedan cosas así. Como si Dios era una especie de titiritero que gobierna el mundo tirando de las cuerdas.


Cuando un avión es atacado en los cielos a causa de una bomba terrorista a bordo y todo el mundo está muerto, es porque aquellos pasajeros eran más dignos de muerte?


Cuando miles mueren o quedan sin hogar como resultado de algún terrible desastre natural, un terremoto o un ciclón, vamos a leerlo como un acto de castigo para esas personas o incluso para todo el país?


Es la epidemia del SIDA en forma de castigar a la gente por infidelidad desenfrenada de África Dios? ¿Qué pasa con los que se contrae el SIDA a través de transfusiones de sangre o bebés que lo consiguen en el vientre de su madre? SIDA puede de hecho ser así el precio que la gente, incluyendo a los inocentes, pagan por sexo promiscuo, pero no hay necesidad de ver la mano directa de Dios en él. (Sin embargo, él no puede estar presente en otras formas muy diferentes.)

Ama Dios a algunas personas más?


¿Ama Dios a esas víctimas menos? Son los que escapan tales desastres más queridos por él? Tal vez es al revés. Los que murieron pueden haber sido preparados para cumplir con su Dios, mientras que los que sobreviven se les está dando la oportunidad de arreglar las cosas con sus vidas. Jesús da una clara advertencia: "A menos que se arrepientan, todos morirán como lo hicieron." Arrepentíos "(en griego, metanoia, ) implica no solo para lamentar el pasado, sino una conversión radical y una cambio completo en nuestra forma de vida,  en la respuesta que damos y el abrirnos al amor de Dios.


Lo que Jesús está diciendo es:


a. Si se me considera muy "exitoso" en mi vida (con dinero, con carrera, estado civil ...), no significa en absoluto que soy una buena persona, una persona sin pecado o que de alguna manera Dios me ama más. Jesús lo deja bien claro en el Evangelio.


b. Si sufro en mi vida, no significa en absoluto que Dios no me ama o que soy más pecador que los demás.


De hecho, cada experiencia que tengo es un signo del amor de Dios. Si me duché con bendiciones - espiritual, emocional o de material - que se les da para que pueda compartirlas con los demás, de modo que puedo ser un canal del amor de Dios a otros. Si me llama la atención hacia abajo con el desastre, la enfermedad, el dolor o el fracaso, es de nuevo un mensaje para mí para buscar y encontrar allí la presencia de un Dios de amor. Paradójicamente, a menudo es sólo a través de este tipo de experiencias que podemos crecer y acercarse más a Dios ya los demás. Las enfermedades como el SIDA y el cáncer pueden extraer de los familiares y amigos profundidades extraordinarias de compasión y cuidado. buena salud y prosperidad material a menudo puede conducir al egoísmo, el individualismo y la negligencia de otros. Donde hay amor, allí está Dios. Donde no hay Dios, uno no es probable encontrar mucho verdadero amor. 

No hay garantías incondicionales

Jesús también está diciendo que, sólo porque soy un cristiano bautizado y me llamo a mí mismo "católico", eso no garantiza que voy a experimentar la salvación y la plenitud como persona. En la segunda lectura de hoy, Pablo, hablando de los israelitas en el desierto con Moisés, dice: "[Ellos] todos estuvieron bajo la nube [de la presencia de Dios]; todos pasaron por el mar; todos fueron bautizados en Moisés en la nube y en el mar; todos comieron el mismo alimento espiritual [el maná] y todos bebieron la misma bebida espiritual [de la roca golpeada por Moisés] ... Sin embargo, Dios no estaba contento con la mayoría de nuestros ancestros y sus cadáveres cubrían el desierto ".


Tener una tarjeta de identidad o pasaporte hay ninguna garantía de que soy un buen ciudadano y responsable. Ser bautizado, incluso mi presencia en esta misa o ir a mi confesión es nuevo, por sí misma, no hay garantía de que realmente amo a Dios y amo a mis hermanos y hermanas. Porque sabemos bien que podemos ir a través de estos rituales de una manera muy mecánica y sin sentido. Después de años de asistir a misa o "ir a la confesión" nuestras vidas pueden mostrar pocas señales de progreso en el crecimiento y la responsabilidad espiritual o interpersonal. Por lo tanto, si me encuentro constantemente dando a cabo la misma lista de lavandería en la confesión o si no ir porque no tengo nada que decir, entonces puede ser hora de que me pregunto: ¿qué es exactamente lo que está sucediendo en mi vida cristiana.


Tomando una mirada cercana

Así las lecturas de hoy nos están pidiendo que tome una buena mirada a nosotros mismos. Somos como ese árbol que Jesús habla de la parábola en el Evangelio de hoy. Está vivo, pero no da fruto. Debe ser cortado. El hombre responsable de árbol le pregunta al dueño para darle un año más,. Si después de eso, no hay fruto, debe ser cortado.


Cada temporada de Cuaresma es nuestra oportunidad para fertilizar nuestro árbol y para ver cómo puede ser más fructífero. Para algunos de leer esto, es cierto que puede ser su último año, su último Cuaresma para cuidar de su árbol.


Estoy siendo llamado no sólo para sobrevivir personalmente como cristiano, a "colgar en él" (sólo quedarse fuera del pecado y de estar en el "estado de gracia"). Me están llamados a crecer continuamente en ser una persona verdaderamente cariñosa, amar a Dios ya todos los que me rodean.


Para citar algunos ejemplos:

Por ejemplo, ¿qué tipo de influencia soy yo dentro de mi círculo familiar?

En el trabajo, ¿cómo me relaciono con mis colegas y mi presencia es un elemento positivo en nuestro lugar de trabajo?


¿Cuál es mi actitud hacia los extraños, es decir, personas que no conozco y que no son "útiles" para mí?


¿Qué tipo de contribución (aparte de dar dinero y estar físicamente presente en la iglesia) hago a la vida de la comunidad cristiana en esa parte del mundo donde vivo?


En general, ¿qué tipo de contribución podría decirse que estoy haciendo a la  sociedad o de la sociedad espero satisfacer sólo mis necesidades y las de mi familia?


Amor Bidireccional

Por un lado, tengo que darme cuenta de que Dios siempre y en todas partes me ama. Pero que el amor sólo se completa totalmente en mí cuando me convierto en una persona genuinamente cariñosa y atenta, que ama a Dios y a los demás con la palabra y la acción.


No hay necesidad de que nosotros nunca tener miedo de Dios. Nunca nosotros o con el mundo que nos rodea castigará directamente. Tenemos dos opciones: La de acercarnos a él, para experimentar ese amor que está tratando de llegar a nosotros, el abrirnos al amor o, como el hijo pródigo, el seguir nuestro propio camino, separarnos de él y revolcarnos en la miseria de la vida. La elección depende de nosotros. El amor de Dios está ahí para tomarlo. ¿Qué estamos esperando?

2 de diciembre de 2012

¨Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre"

Del Santo Evangelio según San Lucas 21, 25-28. 34-36
1º Domingo de Adviento 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.
 
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre". (Aciprensa.com)

Comentario:

El texto del Evangelio de este domingo (Lc 21,25-28.34-36) es parte del así llamado "discurso escatológico” (Lc 28-36). En el Evangelio de Lucas, este discurso está presentado como respuesta de Jesús a una pregunta de los discípulos. Ante la belleza y grandeza del templo de la ciudad de Jerusalén, Jesús había dicho: “¡No quedará piedra sobre piedra!”(Lc 21,5-6). Los discípulos querían que Jesús les diese más información sobre esta destrucción del templo y pedían: “¿Cuándo sucederá esto, Maestro, y cuáles serán las señales de que estas cosas están a punto de suceder?” (Lc 21,7).

Objetivo del discurso: ayudar a discernir los acontecimientos 
En el tiempo de Jesús (año 33), de frente a los desastres, guerras y persecuciones, mucha gente decía: “¡El fin del mundo está cerca!” La comunidad del tiempo de Lucas (año 85) pensaba lo mismo. Además, a causa de la destrucción de Jerusalén (año 70) y de la persecución de los cristianos, que duraba ya unos cuarenta años, había quien decía: “¡Dios no controla los acontecimientos de la vida! ¡Estamos perdidos!” Por esto, la preocupación principal del discurso es el de ayudar a los discípulos y discípulas a discernir los signos de los tiempos para no ser engañados por estas conversaciones de la gente sobre el fin del mundo: “¡Atención! ¡No os dejéis engañar!” (Lc 21,8). El discurso nos da diversas señales para ayudarnos a discernir.

Seis señales que nos ayudan a discernir los acontecimientos de la vida 
Después de una breve introducción (Lc 21,5) comienza el discurso propiamente dicho. En estilo apocalíptico, Jesús enumera los sucesos que sirven de señales. Bueno será recordar que Jesús vivía y hablaba en el año 33, pero que los lectores de Lucas vivieron y escucharon las palabras de Jesús alrededor del año 85. Entre el año 33 y el 85 sucedieron muchas cosas de todos conocidas, por ejemplo: la destrucción de Jerusalén (año 70), las persecuciones, guerras por doquier, desastres naturales. El discurso de Jesús anuncia los acontecimientos como algo que deberá suceder en el futuro. Pero las comunidades los consideran algo ya pasados, ya sucedidos: 

Primera señal: los falsos Mesías que dirán: “¡Soy yo! ¡El tiempo está cerca!”(Lc 21,8);
Segunda señal: guerras y rumores de guerra (Lc 21,9);
Tercera señal: una nación se alzará contra otra (Lc 21,10);
Cuarta señal: hambre, peste y terremotos por todas partes (Lc 21,11);
Quinta señal: persecuciones contra aquéllos que anuncian la palabra de Dios (Lc 21,12-19);
Sexta señal: asedio y destrucción de Jerusalén (Lc 21,20-24).

Las comunidades cristianas del año 85, al oír el anuncio de Jesús podían concluir: “¡Todas estas cosas han sucedido ya o están sucediendo! ¡Todo se desarrolla según un plano previsto por Jesús! Por tanto, la historia no se escapa de las manos de Dios”. Especialmente por lo que se refiere a las señales quinta y sexta podrían decir: “¡Es lo que estamos viviendo hoy!” “¡Estamos ya en la sexta señal!” Y después viene la pregunta: ¿Cuántas señales faltan para que venga el fin?


De todas estas cosas, aparentemente muy negativas, Jesús dice en el Evangelio de Marcos: Son apenas los comienzos de los dolores de parto” (Mc 13,8). ¡Los dolores de parto, aunque sean muy dolorosos para una madre, no son señales de muerte, sino más bien de vida! ¡No son motivo de temor, sino de alegría y de esperanza! Este modo de leer los hechos da tranquilidad a las personas. Como veremos, Lucas expresará la misma idea, pero con otras palabras (Lc 21,28).


Después de esta primera parte del discurso (Lc 21,8-24), vemos el texto que se nos da en el evangelio de la Misa del primer domingo de adviento:


Lucas 21,25-26: Señales en el sol, en la luna y en las estrellas
Estos dos versículos describen tres fenómenos cósmicos: (1) “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas”; (2) el fragor del mar y de las olas”; (3) “las potencias del cielo se conmoverán”. En los años 80, época en la que escribe Lucas, estos tres fenómenos no se habían manifestado. Las comunidades podían afirmar:” ¡Este es la séptima y última señal que falta antes del fin!” A primera vista, parece más terrible que las precedentes, ya que Lucas dice, que suscita angustia y causa temor en los hombres y en las naciones. En realidad, aunque su apariencia es negativa, estas imágenes cósmicas sugieren algo positivo, a saber, el comienzo de la nueva creación que substituirá la antigua creación (cf Ap 21,1). El comienzo del cielo nuevo y de la tierra nueva, anunciada por Isaías (Is 65,17). Introducen la manifestación del Hijo de Dios, el comienzo de nuevos tiempos.

Lucas 21,27: La llegada del Reino de Dios y la manifestación del Hijo del Hombre
Esta imagen viene de la profecía de Daniel (Dn 7,1-14). Daniel dice que después de las desgracias causadas por los cuatro reinos de este mundo (Dn 7, 1-14), vendrá el Reino de Dios (Dn 7,9-14). Estos cuatro reinos, todos, tienen apariencia animalesca: león, oso, pantera y bestia feroz (Dn 7,3-7). Son reinos animalescos. Quitan la vida a la vida (¡incluso hoy!). El Reino de Dios aparece con el aspecto de Hijo de Hombre. O sea, con el aspecto humano de la gente (Dn 7,13). Es un reino humano. Construir este reino que humaniza, es tarea de las comunidades cristianas. Es la nueva historia, la nueva creación, a cuya realización debemos colaborar.

Lucas 21,28: Una esperanza que nace en el corazón
En el Evangelio de Marcos, Jesús decía: ¡Es apenas el comienzo de los dolores de parto!
Aquí, en el Evangelio de Lucas, dice: “Cuando comiencen a acaecer estas cosas, ¡alzad los ojos y levantad la cabeza, porque vuestra liberación está cerca!” Esta afirmación indica que el objetivo del discurso no es el de causar miedo, sino sembrar esperanza y alegría en el pueblo que estaba sufriendo por causa de la persecución. Las palabras de Jesús ayudaban (y ayudan) a las comunidades a leer los hechos con lentes de esperanza. Deben tener miedo aquellos que oprimen y avasallan al pueblo. Ellos, sí, deben saber que su imperio se ha acabado.


Lucas 21,29-33: La lección de la higuera 
Cuando Jesús invita a mirar a la higuera, Jesús pide que analicen los hechos que están acaeciendo. Es como si dijese: “De la higuera debéis aprender a leer los signos de los tiempos y poder así descubrir ¡dónde y cuándo Dios entra en vuestra historia! Y termina la lección de la parábola con estas palabras: “¡El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán!” Mediante esta frase muy conocida, Jesús renueva la esperanza y alude de nuevo a la creación nueva que ya está en acto.

Lucas 21,34-36: Exhortación a la vigilancia
¡Dios siempre llega! Su venida adviene cuando menos se espera. Puede suceder que Él venga y la gente no se dé cuenta de la hora de su venida (cf Mt 24,37-39): Jesús da consejos a la gente, de modo que siempre estén atentos: 

(1) evitar lo que pueda turbar y endurecer el corazón (disipaciones, borracheras y afanes de la vida); 
(2) orar siempre pidiendo fuerza para continuar esperando en pie la venida del Hijo del Hombre. 

Dicho con otras palabras, el discurso pide una doble disposición: de un lado, la vigilancia siempre atenta del que siempre está esperando y por otro lado la serena tranquilidad del que siempre está en paz. Esta disposición es signo de mucha madurez, porque combina la conciencia de la seriedad del empeño y la conciencia de la relatividad de todas las cosas.

La edición y el subrayado son nuestros
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas

La esperanza en el catecismo:

 1817 La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo. "Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la promesa" (Hb 10,23). "El Espíritu Santo que él derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna" (Tt 3,6–7).

En este día, descubramos al Señor presente en nuesra historia, aun mas en los tiempos difíciles, y que ante ellos, nos llama a la vigilancia y la confianza del que es amado.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias




18 de noviembre de 2012

¨Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta¨.

Del santo Evangelio según San Marcos 13, 24-32
Domingo 33 del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre". (Aciprensa.com)


Comentario:

Hoy es el penúltimo domingo del año eclesiástico. El próximo domingo celebraremos la Fiesta de Cristo Rey.

En este domingo las lecturas tradicionalmente hablan del fin del mundo, el fin de los tiempos, la venida final de Jesús para tomar a todos los pueblos y toda la creación por si mismo. Porque Jesús es el Alfa y la Omega: el origen y el fin de todas las cosas. En el pasaje inmediatamente antes de que el evangelio de hoy, Jesús habló acerca de la caída y la destrucción de Jerusalén. Fue una experiencia catastrófica para los Judíos: incluso peor que la destrucción de Roma y la Basílica de San Pedro, serían para nosotros. Porque, para los Judíos, Jerusalén y su Templo era el lugar de morada de Dios. No era la primera vez que el Templo había sido profanado y los Judíos expulsados ​​al exilio, pero esta destrucción ha durado 2.000 años. Hay una mezquita musulmana ahora en el sitio y que no es probable que cambie en el futuro previsible.

Para la Iglesia primitiva era un acontecimiento muy significativo. Incluso en las cartas de Pablo, que es anterior a la destrucción de la ciudad y el templo, él ya habla del "nuevo templo", que son los miembros del Cuerpo de Cristo. Cristo se encontraba en las personas y no en un edificio y es por eso que la destrucción del Vaticano y San Pedro no afectaría a la naturaleza esencial de la Iglesia. En la Iglesia primitiva, los cristianos eran reunidos en casas particulares. Las Iglesias, tal como las conocemos, sólo comenzaron a existir cuando, a causa del rápido crecimiento del cristianismo, las casas eran demasiado pequeñas. La venida del Hijo del Hombre. 

Hoy Jesús nos habla de la aparición del Hijo del Hombre en la gloria y el establecimiento final del Reino de Dios. Mucha gente se reunirá bajo ese reino, probablemente mucho más de lo que puede esperar. Otros lo podrán rechazar para siempre y elegir las tinieblas de fuera. Al rechazar el camino de Jesús y el Reinado de Dios (y esto no es necesariamente lo mismo que rechazar el cristianismo), optan por ser de fuera para siempre.
El Hijo del hombre se entiende aquí como Jesús, el hombre en la tierra que los discípulos conocían y amaban, pero ahora aparece en toda la gloria de la majestad incomparable de Dios. El evangelio de hoy habla acerca de que el Hijo del Hombre "vendrá en las nubes con gran poder y gloria" y hace eco de un pasaje en el Libro de Daniel, pero aquí el Hijo del hombre es aún más victorioso.

Su aspecto se describe en términos habitualmente utilizados en el Antiguo Testamento para las apariciones de Dios mismo. Él envía ángeles o mensajeros y reúne a todo el pueblo de Dios: Son acciones de Dios en el lenguaje del Antiguo Testamento. En las profecías del Antiguo Testamento donde Dios manifiesta su gloria en los últimos días (véase la primera lectura de hoy), la gente dispersa es reunida en Jerusalén y con Dios mismo. Aquí se reunieron con el Hijo del Hombre, que manda a los ángeles como si fueran los suyos propios. 

Significado interno 
La primera mitad del evangelio de hoy se apoya fuertemente en el lenguaje tradicional y las ideas del Antiguo Testamento. Hay que destacar que la descripción de los acontecimientos no debe entenderse literalmente como una profecía de lo que realmente va a suceder. Más bien hemos de mirar el significado interno de estos acontecimientos. Los disturbios cósmicos sobre el sol, la luna y las estrellas son las formas tradicionales de describir las manifestaciones del juicio de Dios sobre Israel.

En tiempos de los antiguos israelitas, la gente creía que el sol, la luna y las estrellas representaban deidades que controlaban los asuntos mundiales. Israel creía que cuando Dios actuó, estos cuerpos celestes se verían perturbados. (No tenían ni idea de la verdadera naturaleza y la estructura de nuestro mundo estelar.)
 
Lo que se dice aquí es que estos cuerpos celestes, en los que otras naciones creían, son impotentes bajo el poder de Dios. Y así, el sol y la luna dejará de dar a luz, las estrellas caerán del cielo.

No hay plazos 
Si bien todas estas cosas nos son prevenidas, no hay un marco de tiempo dado. No existe un vínculo inmediato entre la destrucción de Jerusalén y la última venida de Jesús como Rey y Señor de todo.Aun así, los primeros cristianos no esperaban que Jesús vendría en su vida. Esto se refleja en las palabras: "Esta generación no pasará hasta que todas estas cosas han tenido lugar." Esto era natural para los que crecieron en la tradición judía, el fin de Jerusalén sólo podía significar el fin del mundo como algunos siglos más tarde San Agustín pensaba que la conquista de Roma por los bárbaros paganos era el fin de la civilización cristiana. Pero ya, en el momento en que estaba siendo escrito este Evangelio, la gente empezaba a tener dudas acerca de la inminente venida de Cristo. 

Parábola de la higuera
Jesús da una breve parábola o una lección de la higuera. Las higueras eran una característica prominente y bien conocido en el Monte de los Olivos, donde Jesús está hablando. Este árbol sólo brota de sus hojas en primavera. Cuando aparecen sabéis que el verano está cerca.

Así que Jesús, en efecto, está diciendo que ante el fin del mundo que se describe en términos calamitosos, sus discípulos han de responder con fe, con esperanza, con anticipación. El fin del mundo significa buenos tiempos, verano, para ellos. No son señales de que Dios ha perdido el control de la historia, sino que está llevando las cosas a un extremo triunfante. De hecho, es la victoria de Dios y el ocaso de los dioses menores que los hombres han creado para sí mismos a través de los siglos.

El cielo y la tierra, el sol, la luna, las estrellas, las galaxias y nuestro propio pequeño planeta,  todo puede desaparecer pero la Verdad de Dios, el amor y la justicia prevalecerá siempre. 

Nadie sabe cómo ni cuándo 
Por último, a pesar de las advertencias de que algunas personas gustan de dar, el "cuándo" de todo esto es completamente desconocido. Al llegar al final del milenio, y entrando a uno nuevo, había muchos que advirtieron que "el fin está cerca". Hay quienes advierten - sobre la base de diversas apariciones - que Dios, ofendido por tanto mal, va a tomar una venganza terrible sobre nuestro mundo.

Este es un lenguaje muy peligroso, y que debemos de evitar. Dios no toma venganza. Dios no está herido u ofendido por lo que hacemos. El suyo es un amor que nunca cambia. Él no tiene más que compasión por el pecador, quien no puede herir a Dios, y sólo se hace daño. (Dios, en el lenguaje de esta la época, ¡es totalmente proactivo, no reactivo!)
 
Nadie, dice Jesús, ni siquiera él mismo sabe cuando vendrá el fin. No es para que nos preocupemos por eso. Preocuparse no ayuda. Por otra parte, no hay que jugar una especie de ruleta rusa con la vida y seguir posponiendo el día de nuestra conversión a Dios. La única manera es vivir hoy y todos los días en su amor y servicio. Es el presente el que determina el futuro, así que vamos a concentrarnos en el aquí y ahora. Luego de que hayamos entrado en el Reino de Dios, tarde o temprano, el mismo vendrá a llamarnos y sólo será una reunión de viejos amigos. De hecho, Él ya está aquí, siempre ha estado y siempre estará. No es que él vendrá a nosotros, sino que vamos a entrar en una relación más profunda con él cuando pasemos de la muerte a un tipo de vida diferente.

La edición y el subrayado son nuestros
Tomado de Living Space, commentaries on the dayli readings  



En este día, descubramos que la única manera de vivir es en el hoy, en su amor y servicio para asi determinar nuestro futuro.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias.