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29 de noviembre de 2018

« Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.»

Domingo 1 del Tiempo de Adviento
Del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 21:25-28, 34-36)

25 «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, 26 muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas.

27 Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. 28 Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.» 34 «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel día de improviso sobre vosotros,35 como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra.


36 Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre.»
(Aciprensa.com)


S.S Francisco 
Homilía 
29 de Noviembre 2015



Queridos hermanos y hermanas ¡Buenos

En este primer Domingo de Adviento, tiempo litúrgico de la espera del Salvador y símbolo de la esperanza cristiana, Dios ha guiado mis pasos hasta ustedes, en este tierra, mientras la Iglesia universal se prepara para inaugurar el Año Jubilar de la Misericordia. Me alegra de modo especial que mi visita pastoral coincida con la apertura de este Año Jubilar en su país. Desde esta Catedral, mi corazón y mi mente se extiende con afecto a todos los sacerdotes, consagrados y agentes de pastoral de este país, unidos espiritualmente a nosotros en este momento. Por medio de ustedes, saludo también a todos los centroafricanos, a los enfermos, a los ancianos, a los golpeados por la vida. Algunos de ellos tal vez están desesperados y no tienen ya ni siquiera fuerzas para actuar, y esperan sólo una limosna, la limosna del pan, la limosna de la justicia, la limosna de un gesto de atención y de bondad.

Al igual que los apóstoles Pedro y Juan, cuando subían al templo y no tenían ni oro ni plata que dar al pobre paralítico, vengo a ofrecerles la fuerza y el poder de Dios que curan al hombre, lo levantan y lo hacen capaz de comenzar una nueva vida, «cruzando a la otra orilla» (Lc 8,22).

Jesús no nos manda solos a la otra orilla, sino que en cambio nos invita a realizar la travesía con Él, respondiendo cada uno a su vocación específica. Por eso, tenemos que ser conscientes de que si no es con Él no podemos pasar a la otra orilla, liberándonos de una concepción de familia y de sangre que divide, para construir una Iglesia-Familia de Dios abierta a todos, que se preocupa por los más necesitados. Esto supone estar más cerca de nuestros hermanos y hermanas, e implica un espíritu de comunión. No se trata principalmente de una cuestión de medios económicos, sino de compartir la vida del pueblo de Dios, dando razón de la esperanza que hay en nosotros (cf. 1 P 3,15) y siendo testigos de la infinita misericordia de Dios que, como subraya el salmo responsorial de este domingo, «es bueno [y] enseña el camino a los pecadores» (Sal 24,8). Jesús nos enseña que el Padre celestial «hace salir su sol sobre malos y buenos» (Mt 5,45). Nosotros también, después de haber experimentado el perdón, tenemos que perdonar. Esta es nuestra vocación fundamental: «Por tanto, sean perfectos, como es perfecto el Padre celestial» (Mt 5,48). Una de las exigencias fundamentales de esta vocación a la perfección es el amor a los enemigos, que nos previene de la tentación de la venganza y de la espiral de las represalias sin fin. Jesús ha insistido mucho sobre este aspecto particular del testimonio cristiano (cf. Mt 5,46-47). Los agentes de evangelización, por tanto, han de ser ante todo artesanos del perdón, especialistas de la reconciliación, expertos de la misericordia. Así podremos ayudar a nuestros hermanos y hermanas a «cruzar a la otra orilla», revelándoles el secreto de nuestra fuerza, de nuestra esperanza, de nuestra alegría, que tienen su fuente en Dios, porque están fundados en la certeza de que Él está en la barca con nosotros. Como hizo con los Apóstoles en la multiplicación de los panes, el Señor nos confía sus dones para que nosotros los distribuyamos por todas partes, proclamando su palabra que afirma: «Ya llegan días en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá» (Jr 33,14).

En los textos litúrgicos de este domingo, descubrimos algunas características de esta salvación que Dios anuncia, y que se presentan como otros puntos de referencia para guiarnos en nuestra misión. Ante todo, la felicidad prometida por Dios se anuncia en términos de justicia. El Adviento es el tiempo para preparar nuestros corazones a recibir al Salvador, es decir el único Justo y el único Juez que puede dar a cada uno la suerte que merece. Aquí, como en otras partes, muchos hombres y mujeres tienen sed de respeto, de justicia, de equidad, y no ven en el horizonte señales positivas. A ellos, Él viene a traerles el don de su justicia (cf. Jr 33,15). Viene a hacer fecundas nuestras historias personales y colectivas, nuestras esperanzas frustradas y nuestros deseos estériles. Y nos manda a anunciar, sobre todo a los oprimidos por los poderosos de este mundo, y también a los que sucumben bajo el peso de sus pecados: «En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia”» (Jr 33,16). Sí, Dios es Justicia. Por eso nosotros, cristianos, estamos llamados a ser en el mundo los artífices de una paz fundada en la justicia.

La salvación que se espera de Dios tiene también el sabor del amor. En efecto, preparándonos a la Navidad, hacemos nuestro de nuevo el camino del pueblo de Dios para acoger al Hijo que ha venido a revelarnos que Dios no es sólo Justicia sino también y sobre todo Amor (cf. 1 Jn 4,8). Por todas partes, y sobre todo allí donde reina la violencia, el odio, la injusticia y la persecución, los cristianos estamos llamados a ser testigos de este Dios que es Amor. Al mismo tiempo que animo a los sacerdotes, consagrados y laicos de este país, que viven las virtudes cristianas, incluso heroicamente, reconozco que a veces la distancia que nos separa de ese ideal tan exigente del testimonio cristiano es grande. Por eso rezo haciendo mías las palabras de san Pablo: «Que el Señor los colme y los haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos» (1 Ts 3,12). En este sentido, lo que decían los paganos sobre los cristianos de la Iglesia primitiva ha de estar presente en nuestro horizonte como un faro: «Miren cómo se aman, se aman de verdad» (Tertuliano, Apologetico, 39, 7).

Por último, la salvación de Dios proclamada tiene el carácter de un poder invencible que vencerá sobre todo. De hecho, después de haber anunciado a sus discípulos las terribles señales que precederán su venida, Jesús concluye: «Cuando empiece a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza; se acerca su liberación» (Lc 21,28). Y, si san Pablo habla de un amor «que crece y rebosa», es porque el testimonio cristiano debe reflejar esta fuerza irresistible que narra el Evangelio. Jesús, también en medio de una agitación sin precedentes, quiere mostrar su gran poder, su gloria incomparable (cf. Lc 21,27), y el poder del amor que no retrocede ante nada, ni frente al cielo en convulsión, ni frente a la tierra en llamas, ni frente al mar embravecido. Dios es más fuerte que cualquier otra cosa. Esta convicción da al creyente serenidad, valor y fuerza para perseverar en el bien frente a las peores adversidades. Incluso cuando se desatan las fuerzas del mal, los cristianos han de responder al llamado de frente, listos para aguantar en esta batalla en la que Dios tendrá la última palabra. Y será una palabra de amor.

Lanzo un llamamiento a todos los que empuñan injustamente las armas de este mundo: Depongan estos instrumentos de muerte; ármense más bien con la justicia, el amor y la misericordia, garantías de auténtica paz. Discípulos de Cristo, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos comprometidos en este país que lleva un nombre tan sugerente, situado en el corazón de África, y que está llamado a descubrir al Señor como verdadero centro de todo lo que es bueno: la vocación de ustedes es la de encarnar el corazón de Dios en medio de sus conciudadanos. Que el Señor nos afiance y nos haga presentarnos ante «Dios nuestro Padre santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos» (1 Ts 3,13). Que así sea.


Tomado de la Santa Sede,

17 de noviembre de 2018

¨ Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas ¨



Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
 
Del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 13: 24-32)
 
24 «Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. 26 Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; 27 entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

28 «De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 29 Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas. 30 Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.


31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32 Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.
(Aciprensa.com)


S.S Francisco 
Ángelus
15 de Noviembre 2015



Queridos hermanos y hermanas ¡Buenos días! : 

El Evangelio de este penúltimo domingo del año litúrgico propone una parte del discurso de Jesús sobre los últimos eventos de la historia humana, orientada hacia la plena realización del Reino de Dios (cf. Mc 13, 24-32). Es un discurso que Jesús pronunció en Jerusalén, antes de su última Pascua. Contiene algunos elementos apocalípticos, como guerras, carestías, catástrofes cósmicas: «El sol se oscurecerá, la luna no dará su esplendor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán» (vv. 24-25). Sin embargo, estos elementos no son la cosa esencial del mensaje. El núcleo central en torno al cual gira el discurso de Jesús es Él mismo, el misterio de su persona y de su muerte y resurrección, y su regreso al final de los tiempos.

Nuestra meta final es el encuentro con el Señor resucitado. Yo os quisiera preguntar: ¿cuántos de vosotros pensáis en esto? Habrá un día en que yo me encontraré cara a cara con el Señor. Y ésta es nuestra meta: este encuentro. Nosotros no esperamos un tiempo o un lugar, vamos al encuentro de una persona: Jesús. Por lo tanto, el problema no es «cuándo» sucederán las señales premonitorias de los últimos tiempos, sino el estar preparados para el encuentro. Y no se trata ni si quiera de saber «cómo» sucederán estas cosas, sino «cómo» debemos comportarnos, hoy, mientras las esperamos. Estamos llamados a vivir el presente, construyendo nuestro futuro con serenidad y confianza en Dios. La parábola de la higuera que germina, como símbolo del verano ya cercano, (cf. vv. 28-29), dice que la perspectiva del final no nos desvía de la vida presente, sino que nos hace mirar nuestros días con una óptica de esperanza. Es esa virtud tan difícil de vivir: la esperanza, la más pequeña de las virtudes, pero la más fuerte. Y nuestra esperanza tiene un rostro: el rostro del Señor resucitado, que viene «con gran poder y gloria» (v. 26), que manifiesta su amor crucificado, transfigurado en la resurrección. El triunfo de Jesús al final de los tiempos, será el triunfo de la Cruz; la demostración de que el sacrificio de uno mismo por amor al prójimo y a imitación de Cristo, es el único poder victorioso y el único punto fijo en medio de la confusión y tragedias del mundo.

El Señor Jesús no es sólo el punto de llegada de la peregrinación terrena, sino que es una presencia constante en nuestra vida: siempre está a nuestro lado, siempre nos acompaña; por esto cuando habla del futuro y nos impulsa hacia ese, es siempre para reconducirnos en el presente. Él se contrapone a los falsos profetas, contra los visionarios que prevén la cercanía del fin del mundo y contra el fatalismo. Él está al lado, camina con nosotros, nos quiere. Quiere sustraer a sus discípulos de cada época de la curiosidad por las fechas, las previsiones, los horóscopos, y concentra nuestra atención en el hoy de la historia. Yo tendría ganas de preguntaros —pero no respondáis, cada uno responda interiormente—: ¿cuántos de vosotros leéis el horóscopo del día? Cada uno que se responda.. Y cuando tengas de leer el horóscopo, mira a Jesús, que está contigo. Es mejor, te hará mejor. Esta presencia de Jesús nos llama a la espera y la vigilancia, que excluyen tanto la impaciencia como el adormecimiento, tanto las huidas hacia delante como el permanecer encarcelados en el momento actual y en lo mundano.

También en nuestros días no faltan las calamidades naturales y morales, y tampoco la adversidad y las desgracias de todo tipo. Todo pasa —nos recuerda el Señor—; sólo Él, su Palabra permanece como luz que guía, anima nuestros pasos y nos perdona siempre, porque está al lado nuestro. Sólo es necesario mirarlo y nos cambia el corazón. Que la Virgen María nos ayude a confiar en Jesús, el sólido fundamento de nuestra vida, y a perseverar con alegría en su amor.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:


Deseo expresar mi dolor por los ataques terroristas que en la noche del viernes ensangrentaron Francia, causando numerosas víctimas. Expreso mi más fraterno pésame al presidente de la República Francesa y todos los ciudadanos. Acompaño, de manera especial, a las familias de los que perdieron la vida y los heridos.

Tanta barbarie nos deja consternados y hace preguntarnos cómo el corazón del hombre pueda idear y realizar actos tan horribles, que han asolado no solamente a Francia sino al mundo entero. Ante estos hechos, no se puede no condenar la incalificable afrenta a la dignidad de la persona humana. Deseo volver a afirmar con vigor que el camino de la violencia y del odio no resuelve los problemas de la humanidad, y que utilizar el nombre de Dios para justificar este camino ¡es una blasfemia!

Os invito a uniros a mi oración: confiemos a la misericordia de Dios las víctimas indefensas de esta tragedia. Que la Virgen María, Madre de la misericordia, suscite en los corazones de todos pensamientos de sabiduría y propósitos de paz. A Ella le pedimos que proteja y vele sobre la querida nación francesa, la primera hija de la Iglesia, sobre Europa y sobre todo el mundo. Todos juntos recemos un momento en silencio y después recitamos el Ave María.

[Ave María...]

Ayer, en Três Pontas, en el estado de Minas Gerais en Brasil, fue proclamado beato don Francisco de Paula Victor, sacerdote brasileño de origen africano, hijo de una esclava. Párroco generoso y celoso en la catequesis y en la administración de los sacramentos, se distinguió sobre todo por su gran humildad. Que su extraordinario testimonio sea modelo para muchos sacerdotes, llamados a ser humildes servidores del pueblo de Dios.

Os saludo a todos vosotros, familias, parroquias, asociaciones y fieles, que venís de Italia y de muchas partes del mundo. De manera particular, saludo a los peregrinos provenientes de Granada, Málaga, Valencia y Murcia (España), San Salvador y Malta; a la asociación «Acompañantes santuarios marianos en el mundo» y al instituto secular «Cristo Rey».

A todos os deseo un feliz domingo. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la próxima!


Tomado de la Santa Sede,

15 de noviembre de 2015

Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta¨

Domingo 33 del Tiempo Ordinario
Evangelio: Marcos 13, 24-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre." (Aciprensa.com)

Comentario:  

Comentario sobre Daniel 12: 1-3; Hebreos 10: 11-14,18; Marcos 13: 24-32
HOY ES EL PENÚLTIMO domingo del año litúrgico. El próximo domingo celebraremos la Fiesta de Cristo Rey.

En este domingo las lecturas tradicionalmente hablan del fin del mundo, el fin de los tiempos, la venida final de Jesús para tomar todos los pueblos y toda la creación para sí mismo. Porque Jesús es el Alfa y la Omega: el origen y el fin de todas las cosas.

En el pasaje inmediatamente antes del Evangelio de hoy, Jesús habló de la caída y la destrucción de Jerusalén. Fue una experiencia catastrófica para los Judios: incluso peor que la destrucción de Roma y San Pedro serían para nosotros. Porque, para los Judios, Jerusalén y su Templo era la morada de Dios. No era la primera vez que el Templo había sido profanado y los Judios expulsados ​​al exilio, pero esta destrucción ha durado 2.000 años. Hay una mezquita musulmana ahora en el sitio y que no es probable que cambie en un futuro previsible.

Para la Iglesia primitiva fue un evento muy significativo. Incluso en las cartas de Pablo, que es anterior a la destrucción de la ciudad y el templo, él ya habla del "nuevo templo", que son los miembros del Cuerpo de Cristo. Cristo se encontraba en las personas y no en un edificio y que es la razón por que la destrucción del Vaticano y San Pedro no afectaría a la naturaleza esencial de la Iglesia. En la Iglesia primitiva, los cristianos reunidos en casas particulares. Las Iglesias, tal como los conocemos, sólo se llegaron a existir cuando, debido al rápido crecimiento del cristianismo, las casas eran demasiado pequeñas. Salones de actos ('' de las basílicas basileus griego, ) tuvieron que ser utilizado, que en el transcurso del tiempo, se utiliza exclusivamente para el culto religioso.


La venida del Hijo del Hombre
Hoy Jesús habla de la aparición del Hijo del Hombre en la gloria y el establecimiento final del Reino de Dios. Mucha gente va a venir bajo ese reinado, probablemente muchos más de los que podamos esperar. Otros pueden rechazarlo por los siglos de elegir las tinieblas de afuera. Al rechazar el Camino de Jesús y el Reinado de Dios (y esto no es necesariamente lo mismo que rechazar el cristianismo), que se elija a los forasteros siempre.

El Hijo del Hombre que aquí se entiende como Jesús, el hombre en la tierra que los discípulos conocían y amaban, pero ahora aparece en toda la gloria sin par de la propia majestad de Dios. El evangelio de hoy habla acerca del Hijo del Hombre "vendrá en las nubes con gran poder y gloria" se hace eco de un pasaje en el Libro de Daniel, pero aquí el Hijo del hombre es aún más victorioso.

Su aparición se describe en términos generalmente utilizados en el Antiguo Testamento para las apariciones de Dios mismo. Él envía ángeles o mensajeros y reúne todo el pueblo de Dios en conjunto: los actos de Dios en el lenguaje del Antiguo Testamento. En las profecías del Antiguo Testamento donde Dios manifiesta su gloria en los últimos días (véase la primera lectura de hoy), el pueblo dispersos se reunieron a Jerusalén ya Dios mismo. Aquí se reunieron para el Hijo del Hombre, que ordena a los ángeles como si fueran suyos.

Así pues, tenemos una afirmación de la centralidad de Jesús, el Hijo del Hombre, tiene en las expectativas de los cristianos y una reflexión del papel divino que se entiende para hacer ejercicio.

Significado interno
La primera mitad del Evangelio de hoy se apoya en gran medida en el lenguaje tradicional y las ideas del Antiguo Testamento. Tenemos que destacar que la descripción de los acontecimientos no debe entenderse literalmente como una profecía de lo que realmente va a suceder. Más bien hemos de mirar el significado interno de estos acontecimientos. Los disturbios cósmicos sobre el sol, la luna y las estrellas son las formas tradicionales de la descripción de las manifestaciones de juicio de Israel de Dios.

En tiempos de los antiguos israelitas, la gente creía que el sol, la luna y las estrellas representaban deidades que controlaban los asuntos mundiales. Israel creía que cuando Dios actuó, estos cuerpos celestes estaban molestoss. (No tenían ni idea de la verdadera naturaleza y la estructura de nuestro mundo estelar.)

Lo que se está diciendo aquí es que estos cuerpos celestes en los que otras naciones creían controlaban la historia y se demostró que son indefensos bajo el poder de Dios. Y así, el sol y la luna dejará de dar luz; estrellas caerán del cielo.

En la época de Marcos, por supuesto, la creencia en el poder de las estrellas era muy fuerte. En la China imperial el papel de los astrónomos que podrían predecir con precisión los eclipses era de la mayor importancia. Debido a su habilidad en estos cálculos los misioneros jesuitas en China del siglo 17 tenían acceso al trono del emperador. Y aún hoy hay muchas personas que religiosamente consultan las columnas de astrología en nuestros periódicos.

Sin marco de tiempo
Mientras se espera que lleguen estas cosas, no hay marco de tiempo dado. No hay ninguna relación inmediata entre la destrucción de Jerusalén y la venida final de Jesús como 
Rey y Señor de todo.

Aun así, los primeros cristianos esperan que Jesús vendría en su vida. Esto se refleja en las palabras: "Esta generación no pasará hasta que todas estas cosas han tenido lugar." Esto era natural en los que crecieron en la tradición judía, el fin de Jerusalén sólo podía significar el fin del mundo como algunos siglos más tarde San Agustín pensaba que la conquista de Roma por los bárbaros paganos era el fin de la civilización cristiana. Pero ya, en el momento en este evangelio se estaba escribiendo, la gente estaba empezando a tener dudas acerca de la venida inminente de Cristo.

Parábola de la higuera
Entonces Jesús le da una parábola corta o una lección de la higuera. Las higueras eran una característica prominente y bien conocido en el Monte de los Olivos, donde Jesús está hablando. Este árbol sólo brota sus hojas a finales de primavera. Cuando aparecen sabéis que el verano está cerca.

Así que Jesús, en efecto, está diciendo que aunque el fin del mundo está siendo descrito en términos calamitosos, sus discípulos están llamados a responder con fe y esperanza. El fin del mundo significa buenos tiempos, verano, para ellos. No son señales de que Dios ha perdido el control de la historia pero que él está llevando las cosas a un extremo triunfante. De hecho, es la victoria de Dios y el ocaso de los dioses menores que los hombres han creado para sí mismos durante los siglos.

El cielo y la tierra, el sol, la luna, las estrellas, las galaxias y de nuestro pequeño planeta todos pueden desaparecer, pero la Verdad, el Amor y la Justicia de Dios prevalecerán siempre.

Nadie sabe, cómo, ni cuándo
Por último, a pesar de las advertencias de que algunas personas gustan de dar, el "cuándo" de todo esto es completamente desconocido. Como llegamos a la final del milenio y entramos en una nueva, hubo muchos que advirtió que "el fin está cerca". Hay quienes advierten - sobre la base de diversas apariciones - que Dios, ofendido por tanto mal, se va a tomar una terrible venganza de nuestro mundo.

Este lenguaje altamente peligroso debe evitarse con cuidado. Dios no toma venganza. Dios no está herido u ofendido por lo que hacemos. El suyo es un amor que nunca cambia. Él no tiene más que compasión por el pecador que no, no puede hacer daño a Dios, sino sólo perjudica a sí mismo. (Dios, en el lenguaje de la época, es totalmente proactivo, no reactivo!)

Nadie, dice Jesús, ni siquiera él mismo sabe cuándo vendrá el fin. No es que nos preocupemos por eso. La preocupación no ayuda. Por otra parte, no debemos jugar a una especie de ruleta rusa con la vida y mantener a posponer el día de nuestra conversión a Dios. La única manera es vivir hoy y todos los días en su amor y servicio. Es el presente que determina el futuro; así que vamos a concentrarnos en el aquí y ahora. Entonces ya hemos entrado en el Reino del Señor y cuando, temprano o tarde, llega a llamar a sí mismo, sólo será una reunión de viejos amigos. De hecho, ya está aquí y siempre ha sido y siempre lo será. No es que él vendrá a nosotros, pero que vamos a entrar en una relación más profunda con él cuando pasamos de la muerte a un tipo diferente de vida.
+++

Muchas de las ideas que aquí vienen de
Nuevo Comentario Internacional Bíblica: Marcos,
por Larry W. Hurtado

La edición y el subrayado son nuestros 
Tomado de Living Space. Commentaries on the daily readings.


Que la Misericordia y la confianza en Dios no te falte

Gracias

17 de noviembre de 2013

¨Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas¨

Del Santo Evangelio según San Lucas 21, 5-19
Domingo 33 del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: "Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido."Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?"Él contesto: "Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "El momento está cerca; no vayáis tras ellos.Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida."Luego les dijo: "Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre.Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio.Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía.Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas."(Aciprensa.com)

Comentario:

No nos dejemos arrastrar por las convulsiones exteriores, típicos del lenguaje apocalíptico, sino de los interiores, necesarios, que preanuncian y preparan el encuentro con el Señor. Aunque estamos conscientes que también hoy, en diversas partes del mundo se viven situaciones “apocalípticas”, es posible también una lectura personalizada, ciertamente no evasiva que dirige la atención sobre la responsabilidad personal. Lucas, respecto a los otros evangelistas, subraya que no ha llegado el final, que es necesario vivir la espera con empeño. Abramos los ojos sobre las tragedias de nuestro tiempo, no para ser profeta de desventuras, sino valerosos profetas de un nuevo orden basado en la justicia y la paz.

[5] Como algunos hablaban del templo, de cómo estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, él dijo: Probablemente Jesús se encuentra en los atrios del templo, considerado el sitio señalado para los dones votivos. Lucas no especifica quiénes son los oyentes, es dirigido a todos, universaliza el discurso escatológico. Este discurso puede referirse al final de los tiempos, pero también al final de cada persona, del propio tiempo de vida. En común está el encuentro definitivo con el Señor resucitado.

[6] “De esto que véis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida” Jesús introduce un lenguaje de desgracias (17,22; 19,43) y vuelve a repetir las admoniciones de los profetas con respecto al templo (Micheas 3,12: Jer 7,1-15; 26,1-19). Es también una consideración sobre la caducidad de toda realización humana, por más maravillosa que sea. La comunidad lucana ya conocía la destrucción de Jerusalén (año 70). Consideremos nuestra conducta con las cosas que perecen con el tiempo.

[7] Le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?”. Los oyentes están interesados sobre los sucesos trastornantes exteriores que caracterizan este acontecimiento. Jesús no responde a esta específica pregunta. El “cuándo” no lo coloca Lucas en relación con la destrucción de Jerusalén. Subraya que “ el fin no es inmediato” (versículo 9) y que “ antes de todo esto...” (v. 12) deberán acontecer otras cosas. Nos interroga sobre la relación entre los acontecimientos históricos y el cumplimiento de la historia de la salvación. Los tiempos del hombre y los tiempos de Dios.

[8] Él dijo: Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: «Yo soy» y «el tiempo está cerca». No les sigáis. Lucas, a diferencia de los otros evangelistas, añade la referencia al tiempo. La comunidad de los primeros cristianos está superando la fase de un regreso próximo del Señor y se prepara al tiempo intermedio de la Iglesia. Jesús recomienda no dejarse engañar o mejor, no ser seducidos por impostores. Hay dos tipos de falsos profetas: los que pretenden venir en nombre de Jesús diciendo “soy yo” o los que afirman que el tiempo ha llegado, que ya se conoce la fecha (10,11; 19,11).

[9] “Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato” También los acontecimientos bélicos, y hoy diremos, la acciones terroristas, no son principio del fin. Todo esto sucede, pero no es la señal del final (Dn 3,28). Lucas quiere prevenir la ilusión del final inminente de los tiempos con la consiguiente desilusión y abandono de la fe.

[10] Entonces les dijo: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino,

[11] Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas y grandes señales del cielo”. La frase: “entonces les dijo” es una vuelta al discurso después de las advertencias iniciales. Estamos en pleno lenguaje apocalíptico que quiere decir revelación (Is 19,2; 2Cor 15,6) y ocultamiento o velación al mismo tiempo. Se usan imágenes tradicionales para describir la aceleración del cambio de la historia (Is 24,19-20; Zc 14,4-5; Ez 6,11-12, etc.). Lo imaginario catastrófico es como un telón que oculta la belleza del escenario que está detrás: la venida del Señor en la gloria (v.27).

[12] Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, os entregarán a las sinagogas y cárceles y os llevarán ante reyes y gobernadores por mi nombre.

[13] Esto os sucederá para que déis testimonio. El cristiano está llamado a conformarse con Cristo. Me han perseguido a mí, también os perseguirán a vosotros. Lucas tiene presente la escena de Pablo delante del rey Agripa y del gobernador Festo (Act. 25,13-26,32). He ahí pues el momento de la prueba. No necesariamente bajo forma de persecución. Santa Teresa del Niño Jesús ha sufrido por 18 meses, desde el descubrimiento de su enfermedad, la ausencia de Dios. Un tiempo de purificación que prepara al encuentro. Es la condición normal del cristiano, la de vivir en una sana tensión, que no es frustración. Los cristianos están llamados a dar testimonio de la esperanza de la que están animados.

[14] Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa,

[15] yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Llega el momento de poner la confianza total en Dios, sólo Dios basta. Es aquella misma sabiduría con la que Esteban refutaba a sus adversarios (He 6,10). Se le garantiza al creyente la capacidad de resistir a la persecución.

[16] Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros;

[17] Todos os odiarán por causa de mi nombre. Para recordar la protección divina asegurada en los momentos de prueba. Está garantizada también al creyente la custodia de su integridad física.

[18] Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. La perseverancia (confer también: He 11,23; 13,43; 14,22) es indispensable para producir fruto (8,15), en las pruebas cotidianas y en las persecuciones. Quiere decir el “permanecer” en Cristo del que habla Juan. La victoria final es cierta: el reino de Dios será instaurado por el Hijo del hombre. Es necesario ahora ser perseverantes, vigilantes y en oración (v.36 y 12,35-38). El estilo de vida del cristiano debe convertirse en signo del futuro que vendrá.

La edición y el subrayado son nuestros
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas

Descubramos que Cristo es el buen médico que nos anuncia los dolores y sufrimientos que vendrán en nuestra limitada existencia no para atemorizarnos o angustiarnos sino para que podamos confiar libremente en Él. 

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias

18 de noviembre de 2012

¨Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta¨.

Del santo Evangelio según San Marcos 13, 24-32
Domingo 33 del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre". (Aciprensa.com)


Comentario:

Hoy es el penúltimo domingo del año eclesiástico. El próximo domingo celebraremos la Fiesta de Cristo Rey.

En este domingo las lecturas tradicionalmente hablan del fin del mundo, el fin de los tiempos, la venida final de Jesús para tomar a todos los pueblos y toda la creación por si mismo. Porque Jesús es el Alfa y la Omega: el origen y el fin de todas las cosas. En el pasaje inmediatamente antes de que el evangelio de hoy, Jesús habló acerca de la caída y la destrucción de Jerusalén. Fue una experiencia catastrófica para los Judíos: incluso peor que la destrucción de Roma y la Basílica de San Pedro, serían para nosotros. Porque, para los Judíos, Jerusalén y su Templo era el lugar de morada de Dios. No era la primera vez que el Templo había sido profanado y los Judíos expulsados ​​al exilio, pero esta destrucción ha durado 2.000 años. Hay una mezquita musulmana ahora en el sitio y que no es probable que cambie en el futuro previsible.

Para la Iglesia primitiva era un acontecimiento muy significativo. Incluso en las cartas de Pablo, que es anterior a la destrucción de la ciudad y el templo, él ya habla del "nuevo templo", que son los miembros del Cuerpo de Cristo. Cristo se encontraba en las personas y no en un edificio y es por eso que la destrucción del Vaticano y San Pedro no afectaría a la naturaleza esencial de la Iglesia. En la Iglesia primitiva, los cristianos eran reunidos en casas particulares. Las Iglesias, tal como las conocemos, sólo comenzaron a existir cuando, a causa del rápido crecimiento del cristianismo, las casas eran demasiado pequeñas. La venida del Hijo del Hombre. 

Hoy Jesús nos habla de la aparición del Hijo del Hombre en la gloria y el establecimiento final del Reino de Dios. Mucha gente se reunirá bajo ese reino, probablemente mucho más de lo que puede esperar. Otros lo podrán rechazar para siempre y elegir las tinieblas de fuera. Al rechazar el camino de Jesús y el Reinado de Dios (y esto no es necesariamente lo mismo que rechazar el cristianismo), optan por ser de fuera para siempre.
El Hijo del hombre se entiende aquí como Jesús, el hombre en la tierra que los discípulos conocían y amaban, pero ahora aparece en toda la gloria de la majestad incomparable de Dios. El evangelio de hoy habla acerca de que el Hijo del Hombre "vendrá en las nubes con gran poder y gloria" y hace eco de un pasaje en el Libro de Daniel, pero aquí el Hijo del hombre es aún más victorioso.

Su aspecto se describe en términos habitualmente utilizados en el Antiguo Testamento para las apariciones de Dios mismo. Él envía ángeles o mensajeros y reúne a todo el pueblo de Dios: Son acciones de Dios en el lenguaje del Antiguo Testamento. En las profecías del Antiguo Testamento donde Dios manifiesta su gloria en los últimos días (véase la primera lectura de hoy), la gente dispersa es reunida en Jerusalén y con Dios mismo. Aquí se reunieron con el Hijo del Hombre, que manda a los ángeles como si fueran los suyos propios. 

Significado interno 
La primera mitad del evangelio de hoy se apoya fuertemente en el lenguaje tradicional y las ideas del Antiguo Testamento. Hay que destacar que la descripción de los acontecimientos no debe entenderse literalmente como una profecía de lo que realmente va a suceder. Más bien hemos de mirar el significado interno de estos acontecimientos. Los disturbios cósmicos sobre el sol, la luna y las estrellas son las formas tradicionales de describir las manifestaciones del juicio de Dios sobre Israel.

En tiempos de los antiguos israelitas, la gente creía que el sol, la luna y las estrellas representaban deidades que controlaban los asuntos mundiales. Israel creía que cuando Dios actuó, estos cuerpos celestes se verían perturbados. (No tenían ni idea de la verdadera naturaleza y la estructura de nuestro mundo estelar.)
 
Lo que se dice aquí es que estos cuerpos celestes, en los que otras naciones creían, son impotentes bajo el poder de Dios. Y así, el sol y la luna dejará de dar a luz, las estrellas caerán del cielo.

No hay plazos 
Si bien todas estas cosas nos son prevenidas, no hay un marco de tiempo dado. No existe un vínculo inmediato entre la destrucción de Jerusalén y la última venida de Jesús como Rey y Señor de todo.Aun así, los primeros cristianos no esperaban que Jesús vendría en su vida. Esto se refleja en las palabras: "Esta generación no pasará hasta que todas estas cosas han tenido lugar." Esto era natural para los que crecieron en la tradición judía, el fin de Jerusalén sólo podía significar el fin del mundo como algunos siglos más tarde San Agustín pensaba que la conquista de Roma por los bárbaros paganos era el fin de la civilización cristiana. Pero ya, en el momento en que estaba siendo escrito este Evangelio, la gente empezaba a tener dudas acerca de la inminente venida de Cristo. 

Parábola de la higuera
Jesús da una breve parábola o una lección de la higuera. Las higueras eran una característica prominente y bien conocido en el Monte de los Olivos, donde Jesús está hablando. Este árbol sólo brota de sus hojas en primavera. Cuando aparecen sabéis que el verano está cerca.

Así que Jesús, en efecto, está diciendo que ante el fin del mundo que se describe en términos calamitosos, sus discípulos han de responder con fe, con esperanza, con anticipación. El fin del mundo significa buenos tiempos, verano, para ellos. No son señales de que Dios ha perdido el control de la historia, sino que está llevando las cosas a un extremo triunfante. De hecho, es la victoria de Dios y el ocaso de los dioses menores que los hombres han creado para sí mismos a través de los siglos.

El cielo y la tierra, el sol, la luna, las estrellas, las galaxias y nuestro propio pequeño planeta,  todo puede desaparecer pero la Verdad de Dios, el amor y la justicia prevalecerá siempre. 

Nadie sabe cómo ni cuándo 
Por último, a pesar de las advertencias de que algunas personas gustan de dar, el "cuándo" de todo esto es completamente desconocido. Al llegar al final del milenio, y entrando a uno nuevo, había muchos que advirtieron que "el fin está cerca". Hay quienes advierten - sobre la base de diversas apariciones - que Dios, ofendido por tanto mal, va a tomar una venganza terrible sobre nuestro mundo.

Este es un lenguaje muy peligroso, y que debemos de evitar. Dios no toma venganza. Dios no está herido u ofendido por lo que hacemos. El suyo es un amor que nunca cambia. Él no tiene más que compasión por el pecador, quien no puede herir a Dios, y sólo se hace daño. (Dios, en el lenguaje de esta la época, ¡es totalmente proactivo, no reactivo!)
 
Nadie, dice Jesús, ni siquiera él mismo sabe cuando vendrá el fin. No es para que nos preocupemos por eso. Preocuparse no ayuda. Por otra parte, no hay que jugar una especie de ruleta rusa con la vida y seguir posponiendo el día de nuestra conversión a Dios. La única manera es vivir hoy y todos los días en su amor y servicio. Es el presente el que determina el futuro, así que vamos a concentrarnos en el aquí y ahora. Luego de que hayamos entrado en el Reino de Dios, tarde o temprano, el mismo vendrá a llamarnos y sólo será una reunión de viejos amigos. De hecho, Él ya está aquí, siempre ha estado y siempre estará. No es que él vendrá a nosotros, sino que vamos a entrar en una relación más profunda con él cuando pasemos de la muerte a un tipo de vida diferente.

La edición y el subrayado son nuestros
Tomado de Living Space, commentaries on the dayli readings  



En este día, descubramos que la única manera de vivir es en el hoy, en su amor y servicio para asi determinar nuestro futuro.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias.

31 de julio de 2012

¨La cosecha es el fin del tiempo¨


Evangelio: Mateo 13, 36-43 "Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo" En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: "Acláranos la parábola de la cizaña en el campo". El les contestó: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga". (Aciprensa.com)
 
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Buen día, hace unos días veíamos la parábola del trigo y la cizaña, ahora Jesús nos la explica. Aquella vez veíamos como el Señor ¨sembraba¨su amor o su  palabra como ¨semilla¨ del Reino, y al ¨enemigo¨, que sembraba cizaña por la noche. Contrastábamos la actitud imprudente de los servidores que al notar la cizaña querían sacarla poniendo en riesgo al trigo, con la del Señor, manso y paciente, que decide esperar el momento oportuno para cosechar y así poder cortarla. La interpretación que dábamos era que la siembra de la ¨semilla del Reino¨ se daba en nosotros mismos y que a su vez nosotros también sembrábamos al ¨encontrarnos¨ con los demás. Puesto que la búsqueda del ¨ëncuentro¨ es una respuesta al Amor de Dios. Esta es una interpretación para la vida cotidiana,  pero Jesús, parece que habla de algo distinto.

¨La cosecha¨. Pues la mirada del Señor va más allá que la de nosotros  y es una mirada de eternidad. Su mirada ve toda nuestra vida, nuestra muerte, la vida eterna que consigamos o no, así como ve la vida entera de la humanidad. Es por esto que nos dice que la cosecha es el ¨Final de los tiempos¨, termino que se aplica a la Primera Venida del Señor (Heb 1,2. 9,26 & 1 Cor 10,11) y también a los eventos que preceden a su Segunda Venida (Mt 24,13 & 2 Tim 2,1 & 2 P 3,3). (corazones.org) 

La Iglesia, también nos enseña: ¨El Nuevo Testamento y la Tradición hablan del juicio refiriéndose principalmente al juicio final que ocurrirá tras la segunda venida de Cristo. Pero también aseguran reiteradamente la existencia de un juicio particular inmediatamente después de la muerte. Cada persona tendrá que rendir cuentas a Cristo por su vida. En ese juicio cada uno de nosotros recibirá el veredicto de los que hemos sido en esta vida. Seremos juzgados según [el amor en] nuestras obras y fe¨.. (corazones.org)  Donde Tradición¨, se refiere a la Palabra revelada por Dios que se transmite en la Iglesia.

El campo. Por ello, San Pablo nos insiste : ¨El mensaje del Juicio final llama a la conversión mientras Dios da a los hombres todavía "el tiempo favorable, el tiempo de salvación" (2 Co 6, 2) (catecismo 1041). Esta vida es el campo, el ¨mundo¨ lleno de oportunidades para arrepentirnos, convertirnos y salvarnos, por esto es un tiempo favorable para ¨ganarnos¨ el cielo.

¨La buena semilla¨. Jesús nos dice que son los ciudadanos del ¨Reino¨. Los israelitas anhelaban una sociedad y orden justos. Lucharon por esa causa y esperaban en la ayuda de Dios. Jesús predicó y comenzó en la tierra ese nuevo orden, el Reino de Dios; nos dejó la misión de trabajar por él y la certeza de que un día el Reino de Dios será realidad completa y definitiva. (Vocabulario bíblico-clerus.org)

¨El enemigo¨ Es una persona espiritual, es el diablo (Mt 13,39), el que divide, el que odia a Dios y se opone a nuestra salvación. Es aquel que siembra división dentro de nuestras familias y comunidades, se descubre en nuestros pecados y en nuestra inclinación al mal. Por ello, el deseo de dominar, de poder, de vanidad, de orgullo y de desconfiar, que son faltas al Amor de Dios y al prójimo.(Catecismo 2851)

¨Los cegadores¨Son los ángeles, el Catecismo nos dice ¨San Agustín dice respecto a ellos: (…) ("El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel"). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan "constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18, 10), son "agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra" (Sal 103, 20). (catecismo 329) . Por ello siempre están y estarán a las órdenes del Señor tanto para protegernos y cuidarnos en esta vida como para servir en nuestro juicio.

El Juicio Final .Para concluir, el Señor nos dice: ¨Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga".
 

Y el Catecismo nos dice: ¨La resurrección de todos los muertos, “de los justos y de los pecadores” (Hch 24,15), precederá al Juicio final. Esta será “la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación” (Jn 5,28-29). Entonces, Cristo vendrá “en su gloria acompañado de todos su ángeles... Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna” (Mt 25,31.32.46).(Catecismo 1038).

Como vemos, el Señor nos habla de lo que certeramente está por venir, y es inevitable : El Juicio Final. Escuchemos las palabras del Señor: ¨El que tenga oídos, que oiga¨, palabras de advertencia no sólo de lo que nos espera sino de lo que tenemos presente: La Vida. La única que tenemos y que es imprescindible para ¨ganarnos¨el cielo.

Que la misericordia y la confianza en el Señor, no  les falte.

Gracias

 
Más información en: Mateo 13, 24-30