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17 de noviembre de 2018

¨ Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas ¨



Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
 
Del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 13: 24-32)
 
24 «Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. 26 Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; 27 entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

28 «De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 29 Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas. 30 Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.


31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32 Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.
(Aciprensa.com)


S.S Francisco 
Ángelus
15 de Noviembre 2015



Queridos hermanos y hermanas ¡Buenos días! : 

El Evangelio de este penúltimo domingo del año litúrgico propone una parte del discurso de Jesús sobre los últimos eventos de la historia humana, orientada hacia la plena realización del Reino de Dios (cf. Mc 13, 24-32). Es un discurso que Jesús pronunció en Jerusalén, antes de su última Pascua. Contiene algunos elementos apocalípticos, como guerras, carestías, catástrofes cósmicas: «El sol se oscurecerá, la luna no dará su esplendor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán» (vv. 24-25). Sin embargo, estos elementos no son la cosa esencial del mensaje. El núcleo central en torno al cual gira el discurso de Jesús es Él mismo, el misterio de su persona y de su muerte y resurrección, y su regreso al final de los tiempos.

Nuestra meta final es el encuentro con el Señor resucitado. Yo os quisiera preguntar: ¿cuántos de vosotros pensáis en esto? Habrá un día en que yo me encontraré cara a cara con el Señor. Y ésta es nuestra meta: este encuentro. Nosotros no esperamos un tiempo o un lugar, vamos al encuentro de una persona: Jesús. Por lo tanto, el problema no es «cuándo» sucederán las señales premonitorias de los últimos tiempos, sino el estar preparados para el encuentro. Y no se trata ni si quiera de saber «cómo» sucederán estas cosas, sino «cómo» debemos comportarnos, hoy, mientras las esperamos. Estamos llamados a vivir el presente, construyendo nuestro futuro con serenidad y confianza en Dios. La parábola de la higuera que germina, como símbolo del verano ya cercano, (cf. vv. 28-29), dice que la perspectiva del final no nos desvía de la vida presente, sino que nos hace mirar nuestros días con una óptica de esperanza. Es esa virtud tan difícil de vivir: la esperanza, la más pequeña de las virtudes, pero la más fuerte. Y nuestra esperanza tiene un rostro: el rostro del Señor resucitado, que viene «con gran poder y gloria» (v. 26), que manifiesta su amor crucificado, transfigurado en la resurrección. El triunfo de Jesús al final de los tiempos, será el triunfo de la Cruz; la demostración de que el sacrificio de uno mismo por amor al prójimo y a imitación de Cristo, es el único poder victorioso y el único punto fijo en medio de la confusión y tragedias del mundo.

El Señor Jesús no es sólo el punto de llegada de la peregrinación terrena, sino que es una presencia constante en nuestra vida: siempre está a nuestro lado, siempre nos acompaña; por esto cuando habla del futuro y nos impulsa hacia ese, es siempre para reconducirnos en el presente. Él se contrapone a los falsos profetas, contra los visionarios que prevén la cercanía del fin del mundo y contra el fatalismo. Él está al lado, camina con nosotros, nos quiere. Quiere sustraer a sus discípulos de cada época de la curiosidad por las fechas, las previsiones, los horóscopos, y concentra nuestra atención en el hoy de la historia. Yo tendría ganas de preguntaros —pero no respondáis, cada uno responda interiormente—: ¿cuántos de vosotros leéis el horóscopo del día? Cada uno que se responda.. Y cuando tengas de leer el horóscopo, mira a Jesús, que está contigo. Es mejor, te hará mejor. Esta presencia de Jesús nos llama a la espera y la vigilancia, que excluyen tanto la impaciencia como el adormecimiento, tanto las huidas hacia delante como el permanecer encarcelados en el momento actual y en lo mundano.

También en nuestros días no faltan las calamidades naturales y morales, y tampoco la adversidad y las desgracias de todo tipo. Todo pasa —nos recuerda el Señor—; sólo Él, su Palabra permanece como luz que guía, anima nuestros pasos y nos perdona siempre, porque está al lado nuestro. Sólo es necesario mirarlo y nos cambia el corazón. Que la Virgen María nos ayude a confiar en Jesús, el sólido fundamento de nuestra vida, y a perseverar con alegría en su amor.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:


Deseo expresar mi dolor por los ataques terroristas que en la noche del viernes ensangrentaron Francia, causando numerosas víctimas. Expreso mi más fraterno pésame al presidente de la República Francesa y todos los ciudadanos. Acompaño, de manera especial, a las familias de los que perdieron la vida y los heridos.

Tanta barbarie nos deja consternados y hace preguntarnos cómo el corazón del hombre pueda idear y realizar actos tan horribles, que han asolado no solamente a Francia sino al mundo entero. Ante estos hechos, no se puede no condenar la incalificable afrenta a la dignidad de la persona humana. Deseo volver a afirmar con vigor que el camino de la violencia y del odio no resuelve los problemas de la humanidad, y que utilizar el nombre de Dios para justificar este camino ¡es una blasfemia!

Os invito a uniros a mi oración: confiemos a la misericordia de Dios las víctimas indefensas de esta tragedia. Que la Virgen María, Madre de la misericordia, suscite en los corazones de todos pensamientos de sabiduría y propósitos de paz. A Ella le pedimos que proteja y vele sobre la querida nación francesa, la primera hija de la Iglesia, sobre Europa y sobre todo el mundo. Todos juntos recemos un momento en silencio y después recitamos el Ave María.

[Ave María...]

Ayer, en Três Pontas, en el estado de Minas Gerais en Brasil, fue proclamado beato don Francisco de Paula Victor, sacerdote brasileño de origen africano, hijo de una esclava. Párroco generoso y celoso en la catequesis y en la administración de los sacramentos, se distinguió sobre todo por su gran humildad. Que su extraordinario testimonio sea modelo para muchos sacerdotes, llamados a ser humildes servidores del pueblo de Dios.

Os saludo a todos vosotros, familias, parroquias, asociaciones y fieles, que venís de Italia y de muchas partes del mundo. De manera particular, saludo a los peregrinos provenientes de Granada, Málaga, Valencia y Murcia (España), San Salvador y Malta; a la asociación «Acompañantes santuarios marianos en el mundo» y al instituto secular «Cristo Rey».

A todos os deseo un feliz domingo. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la próxima!


Tomado de la Santa Sede,

11 de noviembre de 2018

¨ Esta ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir ¨

Domingo XXXII del Tiempo Ordinario 
Del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 12:38-44)
 
38 Decía también en su instrucción: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, 39 ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 40 y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa.

41 Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. 42 Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as.


43 Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. 44 Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.
(Aciprensa.com)





S.S Francisco 
Ángelus
11 de Noviembre 2018



Queridos hermanos y hermanas ¡Buenos días! : 

El episodio del Evangelio de hoy (cf. Mc 12, 38-44) cierra la serie de enseñanzas de Jesús en el templo de Jerusalén y enfatiza dos figuras opuestas: el escriba y la viuda . Pero ¿por qué se oponen? El escriba representa a personas importantes, ricas e influyentes; el otro, la viuda, representa lo último, lo pobre, lo débil. En realidad, el juicio resuelto de Jesús hacia los escribas no concierne a toda la categoría, sino que se refiere a aquellos entre ellos que ostentan su posición social, llevan el título de "rabino", es decir, maestro, les encanta ser venerados y ocupar los primeros lugares (ver versos 38-39). Lo que es peor es que su ostentación es sobre todo de naturaleza religiosa, porque oran, dice Jesús, "por mucho tiempo" (v.40) y usan a Dios para ser acreditados como los defensores de su ley. Y esta actitud de superioridad y vanidad los lleva a despreciar a quienes cuentan poco o se encuentran en una posición económica desventajosa, como el caso de las viudas.

Jesús desenmascara este mecanismo perverso: denuncia la opresión de los débiles hecha instrumentalmente sobre la base de motivaciones religiosas, diciendo claramente que Dios está del lado de los últimos. Y para grabar bien esta lección en la mente de los discípulos, les ofrece un ejemplo viviente: una viuda pobre cuya posición social era irrelevante porque carecía de un marido que pudiera defender sus derechos y que, por lo tanto, se convirtió en una presa fácil para un acreedor sin escrúpulos,
porque estos acreedores perseguían a los débiles para que les paguen. Esta mujer, que deposita en el tesoro del templo solo dos monedas, todo lo que le queda, hace su oferta tratando de pasar desapercibida, casi avergonzada. Pero, precisamente en esta humildad, ella realiza un acto cargado de gran significado religioso y espiritual. Ese gesto lleno de sacrificio no escapa a la mirada de Jesús, quien de hecho ve en ella brillar el don total de sí mismo al que quiere educar a sus discípulos.

La enseñanza que Jesús nos ofrece hoy nos ayuda a recuperar lo que es esencial en nuestra vida y fomenta una relación concreta y diaria con Dios. Hermanos y hermanas, las escalas del Señor son diferentes de las nuestras. Él pesa a las personas y sus gestos de manera diferente: Dios no mide la cantidad sino la calidad, busca en el corazón, mira la pureza de las intenciones.
Esto significa que nuestra "entrega" a Dios en oración y a los demás en amor siempre debe alejarse del ritualismo y el formalismo, así como de la lógica de cálculo, y debe ser una expresión de gratuidad, como lo hizo Jesús con nosotros: nos salvó gratis; no nos hizo pagar la redención. Él nos salvó de forma gratuita. Y debemos hacer las cosas como expresión de gratuidad. Es por esto que Jesús indica que la viuda pobre y generosa es un modelo de la vida cristiana para ser imitada. No sabemos el nombre de ella, pero conocemos su corazón, la encontraremos en el Cielo y la saludaremos, seguramente; y eso es lo que cuenta ante Dios. Cuando somos tentados por el deseo de aparecer y de mostrar nuestros gestos de altruismo, cuando estamos demasiado interesados ​​en la mirada de los demás y - permítanme decir - cuando hacemos de "pavos reales", pensemos en esta mujer. Nos hará bien: nos ayudará a deshacernos de lo superfluo para ir a lo que realmente importa, y seguir siendo humildes.

Que la Virgen María, una mujer pobre que se entregó totalmente a Dios, nos sostenga con el propósito de dar al Señor y a nuestros hermanos, no algo de nosotros mismos, sino a nosotros mismos, en una ofrenda humilde y generosa.


Despues del angelus

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer, en Barcelona, ​​tuvo lugar la beatificación del padre Teodoro Illera del Olmo y quince compañeros mártires. Son trece personas consagradas y tres fieles laicos. La Congregación de San Pedro en Vincoli integraba a nueve religiosos y laicos; tres religiosos eran capuchinos de la Madre del Divino Pastor y una era franciscana del Sagrado Corazón. Estos nuevos beatos fueron asesinados por su fe, en diferentes lugares y fechas, durante la guerra y la persecución religiosa del siglo pasado en España. ¡Alabamos al Señor por estos valientes testigos y aplausos para ellos!

Hoy es el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, que mi predecesor Benedicto XV llamó "masacre inútil". Por este motivo, hoy, a las 13.30, hora italiana, las campanas sonarán en todo el mundo, incluso las de la Basílica de San Pedro. La página histórica de la Primera Guerra Mundial es una advertencia severa para que todos rechacen la cultura de guerra y busquen todos los medios legítimos para poner fin a los conflictos que aún sangran en varias regiones del mundo. Parece que no aprendemos. Mientras oramos por todas las víctimas de esa terrible tragedia, digamos con fuerza: ¡invirtamos en la paz, no en la guerra! Y, como signo emblemático, tomamos el del gran San Martín de Tours, que recordamos hoy: se cortó el manto en dos para compartirlo con un hombre pobre. Este gesto de solidaridad humana indica todo el camino para construir la paz.

El próximo domingo se celebrará el Día Mundial de los Pobres, con muchas iniciativas de evangelización, oración y compartir. Aquí también, en la Plaza San Pietro, se estableció una guarnición de salud que ofrecerá tratamiento a los necesitados durante una semana. Espero que este Día fomente una creciente atención a las necesidades de los últimos, los marginados, los hambrientos.

Les agradezco a todos los que han venido de Roma, de Italia y de muchas partes del mundo. Saludo a los fieles de Mengíbar (España), a los de Barcelona, ​​al grupo del Inmaculado Corazón de María de Brasil y al de la Unión Mundial de Docentes Católicos. Saludo al centro turístico ACLI de Trento, a los fieles de San Benedetto Po ya los confirmadores de Chiuppano. También saludo a los muchos polacos que veo aquí. ¡Hay tantos!

Les deseo a todos un buen domingo. Por favor no se olviden orar por mi. ¡Buen almuerzo y adiós! 


Tomado de la Santa Sede,

27 de diciembre de 2015

«Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres»


Domingo Sagrada Familia 
Evangelio: Lucas 3, 10-18
  
41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. 42 Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta 43 y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo su padres.
 
44 Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; 45 pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.

46 Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; 47 todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.

48 Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.» 49 El les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» 50 Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. 51 Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. 52 Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.
(Aciprensa.com) 

Comentario:
Hoy contemplamos como vivía la Sagrada Familia, para saber como llevar la nuestra. Notemos, que la vida de Jesús y la de sus padres era muy normal como la de cualquier otra familia de su tiempo.

Seguían los preceptos religiosos, uno de ellos mandaba ir a Jerusalén en la Pascua, pues para ellos era más que sólo una tradición porrque creían que Dios los mandaba; comparemos como nosotros vamos a la misa de Navidad.

El segundo elemento es el amor que se tenían los unos por los otros, que lleva a los padres al preocuparse porque el hijo no está. Puede parecer extremo que luego de tres días lo encuentren, pero consideremos las distancias y las condiciones de su tiempo, como el gentío que iban en las caravanas por lo que es dificil encontrar a alguien así.

La preocupación y la ¨latiente¨ angustía de los padres era notable y comprensible, pero no sólo bastan los sentimientos para que haya amor sino es necesario el ¨conocimiento¨ del otro. El reconocer al otro miembro de la familia como individuo, como persona individual, que antes que nada es hija o hijo de Dios y es a Él al que primero se deben.

Por ello, si los padres hubiesen conocido antes la realidad y la misión de su hijo hubiesen sabido donde buscarle y por lo mismo, la angustia y la preocupación no se hubieran presentado. Es natural, este desconocimiento pues los padres eran humanos sencillos que estaban delante de un misterio tan grande como el del Creador. (Ideas tomadas de Ocarm.org). Gracias 



Para Profundizar:

Nos encontramos en los así llamados relatos de la infancia según Lucas (cap. 1-2) en los versículos finales.
Un prólogo teológico y cristológico más que histórico, en el que vienen presentado los motivos que se harán después frecuente en la catequesis de Lucas: el templo, el viaje a Jerusalén, la filiación divina, los pobres, el Padre misericordioso, etc. Con una lectura retrospectiva, en la infancia de Jesús ya aparecen los signos de su vida futura. 


María y José conducen a Jesús a Jerusalén para participar en una de las tres peregrinaciones ( en la Pascua, en Pentecostés, y para la fiesta de las Cabañas) prescriptos por la ley (Dt 16,16). Durante los siete días legales de fiesta la gente participaba en el culto y escuchaba a los Rabinos que discutían bajo el pórtico del Templo. 

“El niño Jesús se quedó en Jerusalén”, la ciudad que el Señor ha escogido para su sede (2Re 21,4-7; Jer 3,17; Zc 3,2), donde está el Templo (Sal 68,30; 76,3; 135,21), único lugar de culto para el judaísmo (Jn 4,2). Jerusalén es el lugar en el que “todo lo que fue escrito por los profetas se cumplirá” (Lc 18,21), el lugar de su “despedida” (Lc 9,31.51; 24,18) y de las apariciones del resucitado (Lc 24,33.36-49). Los padres “se pusieron a buscarle” con ansia y angustia (44.45.48.49). ¿Cómo es posible perder un hijo, no caer en la cuenta que Jesús no va en la caravana? ¿Es Cristo el que debe seguir a los demás o al contrario? 

“Después de tres días” termina la “pasión” y encuentran a Jesús en el Templo, entre doctores, enseñando, entre el estupor general. Comienzan a desvelarse las características de su misión, que encuentran su compendio en las primeras palabras pronunciadas por Jesús en el evangelio de Lucas: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?” Pero ¿quién es su padre? ¿Por qué buscarlo? Es el mismo Padre de las últimas palabras de Jesús, según Lucas, en la cruz “Padre, en tus manos entrego mi espíritu" (23,46) y en la ascensión al cielo: “Y yo os mandaré lo que mi Padre ha prometido” (24,49). 

Ocurre, ante todo, que se debe obedecer a Dios, como bien lo había entendido Pedro, después de Pentecostés (At 5,29), buscar el Reino de Dios y su justicia (Mt 6,33), buscar al Padre en la oración (Mt 7,7-8), buscar a Jesús (Jn 1,38) para seguirlo. Jesús declara su independencia – “yo debo” – cuando se refiere al Padre celestial. Él lo hace conocer en su inmensa bondad (Lc 15), pero con todo crea una distancia, una rotura, con respecto a los suyos. Antes de los lazos afectivos, de la realización personal, de los negocios...está el proyecto de Dios. "¡Padre, si quieres, aparta de mi este cáliz! Pero no se haga mi voluntad”. (Lc 22,42) . 

Para la madre María empieza a realizarse la profecía de Simeón (Lc 2,34), “pero ellos no comprendieron”. La incomprensión de los suyos es también la de los discípulos cuando el anuncio de la Pasión (18,34) ¿Rebelarse? ¿Someterse? ¿Irse? Jesús “vino a Nazaret y vivía sujeto a ellos” dice Lucas, y María “conservaba todas estas cosas en su corazón”. La conducta de María expresa el desarrollo de la fe de una persona que crece y progresa en la inteligencia del misterio. 

Jesús revela que la obediencia a Dios es la condición esencial para realizarse en la vida, por un camino de participación en la familia y en la comunidad. La obediencia al Padre es lo que nos hace hermanos y hermanas, nos enseña a obedecer el uno al otro, a escucharnos, a reconocer el uno en el otro el proyecto de Dios. En este clima se crean las condiciones para crecer “ en sabiduría, edad y gracia delante de Dios y de los hombres “ y caminar juntos.

 

Tomado del SitioOficial de los Carmelitas

Que la misericordia y la confianza en el Señor no te falte

Gracias


9 de noviembre de 2014

«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»

Domingo 32 del Tiempo Ordinario
Del Santo Evangelio según San Juan 2, 13-22 

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: -«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:-«¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: -«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: -«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Comentario: 
Este año, en lugar del XXXII domingo del tiempo ordinario, se celebra la fiesta de la dedicación de la iglesia-madre de Roma, la Basílica de San Juan de Letrán, dedicada en un primer momento al Salvador y después a San Juan Bautista.

 ¿Qué representa para la liturgia y para la espiritualidad cristiana la dedicación de una iglesia y la existencia misma de la iglesia, entendida como lugar de culto? Tenemos que comenzar con las palabras del Evangelio: "Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren".

Jesús enseña que el templo de Dios es, en primer lugar, el corazón del hombre que ha acogido su palabra. Hablando de sí y del Padre dice: "vendremos a él, y haremos morada en él" (Juan 14, 23) y Pablo escribe a los cristianos: "¿No sabéis que sois santuario de Dios?" (1 Corintios 3, 16). Por tanto, el creyente es templo nuevo de Dios. Pero el lugar de la presencia de Dios y de Cristo también se encuentra "donde están dos o tres reunidos en mi nombre" (Mateo 18, 20). El Concilio Vaticano II llama a la familia "iglesia doméstica" (Lumen Gentium, 11), es decir, un pequeño templo de Dios, precisamente porque gracias al sacramento del matrimonio es, por excelencia, el lugar en el que "dos o tres" están reunidos en su nombre.

¿Por qué, entonces, los cristianos damos tanta importancia a la iglesia, si cada uno de nosotros puede adorar al Padre en espíritu y verdad en su propio corazón o en su propia casa? ¿Por qué es obligatorio ir a la iglesia todos los domingos? La respuesta es que Jesucristo no nos salva por separado; vino a formar un pueblo, una comunidad de personas, en comunión con Él y entre sí.

Lo que es la casa para una familia, lo es la iglesia para la familia de Dios. No hay familia sin una casa. Una de las películas del neorrealismo italiano que todavía recuerdo es "El techo" ("Il tetto"), escrita por Cesare Zavattini y dirigida por Vittorio De Sica. Dos jóvenes, pobres y enamorados, se casan, pero no tienen una casa. En las afueras de Roma tras la segunda guerra mundial, inventan un sistema para construir una, luchando contra el tiempo y la ley (si la construcción no llega hasta el techo, en la noche será demolida). Cuando al final terminan el techo están seguros de que tienen una casa y una intimidad propia, se abrazan felices; son una familia.

He visto repetirse esta historia en muchos barrios de ciudad, en pueblos y aldeas, que no tenían una iglesia propia y que han tenido que construirse una por su cuenta. La solidaridad, el entusiasmo, la alegría de trabajar juntos con el sacerdote para dar a la comunidad un lugar de culto y de encuentro son historias que valdría la pena llevar a la pantalla como en la película de De Sica...

Ahora bien, tenemos que evocar también un fenómeno doloroso: el abandono en masa de la participación en la iglesia y, por tanto, en la misa dominical. Las estadísticas sobre la práctica religiosa son como para echarse a llorar. Esto no quiere decir que quien no va a la iglesia haya perdido necesariamente la fe; no, lo que sucede es que se sustituye a la religión instituida por Cristo por la llamada religión "a la carta". En Estados Unidos dicen "pick and choose", toma y escoge. Como en el supermercado. Dejando la metáfora, cada quien se hace su propia idea de Dios, de la oración y se queda tan tranquilo.

Se olvida, de este modo, que Dios se ha revelado en Cristo, que Cristo predicó un Evangelio, que fundó una ekklesia, es decir, una asamblea de llamados, que instituyó los sacramentos, como signos y transmisores de su presencia y de su salvación. Ignorar todo esto para crear la propia imagen de Dios expone al subjetivismo más radical. Uno deja de confrontarse con los demás, sólo lo hace consigo mismo. En este caso, se verifica lo que decía el filósofo Feuerbach: Dios queda reducido a la proyección de las propias necesidades y deseos. Ya no es Dios quien crea al hombre a su imagen, sino que el hombre crea un dios a su imagen. ¡Pero es un Dios que no salva!

Ciertamente una religiosidad conformada sólo por prácticas exteriores no sirve de nada; Jesús se opone a ella en todo el Evangelio. Pero no hay oposición entre la religión de los signos y de los sacramentos y la íntima, personas; entre el rito y el espíritu. Los grandes genios religiosos (pensemos en Agustín, Pascal, Kierkegaard, Manzoni) eran hombres de una interioridad profunda y sumamente personal y, al mismo tiempo, estaban integrados en una comunidad, iban a su iglesia, eran "practicantes".


En las Confesiones (VIII,2), san Agustín narra cómo tiene lugar al conversión al paganismo del gran orador y filósofo romano Victorino. Al convencerse de la verdad del cristianismo, decía al sacerdote Simpliciano: "Ahora soy cristiano". Simpliciano le respondía: "No te creo hasta que te vea en la iglesia de Cristo". El otro le preguntó: "Entonces, ¿son las paredes las que nos hacen cristianos?". Y el tema quedó en el aire. Pero un día Victorino leyó en el Evangelio la palabra de Cristo: "quien se avergüence de mí y de mis palabras, de ése se avergonzará el Hijo del hombre". Comprendió que el respeto humano, el miedo de lo que pudieran decir sus colegas, le impedía ir a la iglesia. Fue a ver a Simpliciano y le dijo: "Vamos a la iglesia, quiero hacerme cristiano". Creo que esta historia tiene algo que decir hoy a más de una persona.

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

La edición y el subrayado son nuestros

26 de octubre de 2014

"Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?"

Domingo 30 del Tiempo Ordinario
Del Santo Evangelio según San Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?" Él le dijo: ""Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas."(Aciprensa.com)


Comentario:
Jesús llega desde Galilea a Jerusalén para la fiesta anual de la Pascua. Esta próximo a dar su vida por nosotros. Este pasaje sucede en el Templo de Jerusalén, ahí expulsa a los mercaderes y enseña.  Se suceden discusiones con las autoridades, los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los fariseos sobre su misión y autoridad (Mt 21, 23-46)., le quisieran apresar, pero tienen miedo (Mt 21,45-46). 

Hoy meditamos sobre la discusión con los fariseos acerca del mandamiento más grande de la ley de Moisés(Mt 22,34-40). Los fariseos por lo general buscaban la seguridad no en Dios, sino más bien en el riguroso cumplimiento de la ley de Dios. Tenían más confianza en lo que ellos hacían por Dios que en lo que Dios hacía por ellos. Habían olvidado que el amor de Dios es gratuito y humanamente no puede ser correspondido. 


En aquel tiempo los judíos tenían una cantidad enorme de normas, costumbres, leyes, grandes y pequeñas para regular el cumplimiento de los Diez Mandamientos. Unos decían: “Todas las leyes tienen el mismo valor¨, y otros que ¨algunas leyes son más importantes que otras y por lo tanto más obligatorias¨.

Jesús termina la polémica citando el Viejo Testamento: “¡Éste es el más grande o el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev 19,18). Y concluye: “De estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas”. 

Donde el amor es buscar la voluntad de Dios y cumplirla, de forma concreta en el prójimo,  en aquel que verdaderamente necesite de mi, y como lo hizo Jesús, dando la vida incluso. 

Comentario Completo:

En el evangelio de este 30º Domingo del Tiempo Ordinario, los fariseos quieren saber de Jesús cuál es el mandamiento más grande de la ley. En aquel tiempo, entre los judíos, se discutía mucho sobre este tema. Se trataba de una cuestión polémica. También hoy, muchas personas quieren saber qué es lo que define a una persona como un buen cristiano. Algunos dicen que esto consiste en estar bautizado, rezar e ir a misa los domingos. Otros dicen que consiste en practicar la justicia y vivir la fraternidad. Cada uno tiene su propia opinión. Para ti ¿qué cosa es lo más importante en la religión y Mateo 22, 34-40 en la vida de la Iglesia? Durante la lectura del texto, trata de prestar mucha atención al modo cómo responde Jesús a esta pregunta. Se trata de una de las muchas discusiones de Jesús con las autoridades religiosas de aquella época. Esta vez es con los fariseos. Antes, los fariseos habían intentado desacreditar a Jesús entre la población arrojando sobre Él una calumnia, según la cuál, estaba poseído del demonio al que arrojaba en nombre de Belzebú (Mt 12,24). Ahora, en Jerusalén, ellos entran otra vez en discusión con Jesús en torno a la interpretación de la ley de Dios.

Los Fariseos:

La palabra fariseo significa separado, porque su modo rígido de observar la ley de Dios, los separaba de los demás. Entre ellos se llamaban compañeros, porque formaban comunidad, cuyo ideal era el de observar en todo y por todo las normas y todos los mandamientos de la ley de Dios. El testimonio de vida de la mayoría de ellos constituía un testimonio para el pueblo, porque vivían de su trabajo y dedicaban muchas horas del día al estudio y meditación de la ley de Dios. Pero tenían algo de negativo: Buscaban la seguridad no en Dios, sino más bien en la rigurosa observancia de la ley de Dios. Tenían más confianza en lo que ellos hacían por Dios que en lo que Dios hacía por ellos. Habían perdido la noción de la gratuitidad, que es la fuente y el fruto del amor. Ante esta falsa conducta frente a Dios, Jesús reacciona con firmeza e insiste en la práctica del amor que relativiza la observancia de la ley y de su verdadero significado. En una época de cambios y de inseguridad, como es la nuestra de hoy, vuelve siempre la misma tentación de buscar la seguridad ante Dios, no en el amor que Dios nos tiene, sino en la observancia rigurosa de la ley. Si caemos en esta tentación, merecemos la misma crítica por parte de Jesús.

Mateo 22,34-36: Una pregunta de los fariseos
Antes, para poner a Jesús a prueba, los saduceos habían hecho una pregunta sobre la fe en la resurrección, pero fueron duramente refutados por Jesús (Mt 22,23-33). Ahora, son los fariseos los que pasan al ataque. Fariseos y saduceos eran enemigos entre sí, pero se convierten en amigos en la crítica contra Jesús. Los fariseos se reúnen y uno de ellos pasa a ser el portavoz con una pregunta de aclaración: “Maestro, ¿cuál es el más grande mandamiento de la ley?” En aquel tiempo los judíos tenían una cantidad enorme de normas, costumbres, leyes, grandes y pequeñas para regular la observancia de los Diez Mandamientos. Una discusión en torno a dos mandamientos de la ley de Dios era un punto muy discutido entre los fariseos. Unos decían: “Todas las leyes tienen el mismo valor, tanto las grandes como las pequeñas, porque todo viene de Dios. No nos compete introducir distinciones en las cosas de Dios”. Otros decían: “Algunas leyes son más importantes que otras y por lo tanto más obligatorias”. Los fariseos quieren saber la opinión de Jesús sobre este polémico tema.

Mateo 22,37-40: La respuesta de Jesús
Jesús responde citando algunas palabras de la Biblia: “¡Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente!” (Cf. Dt 6,4-5). En el tiempo de Jesús, los judíos que se consideraban piadosos recitaban esta frase tres veces al día: por la mañana, a mediodía y por la tarde. Era una plegaria bastante conocida entre ellos, como lo es hoy para nosotros el Padre Nuestro. Y Jesús cita de nuevo el Viejo Testamento: “¡Éste es el más grande o el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev 19,18). Y concluye: “De estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas”. Dicho con otras palabras, ésta es la puerta para llegar a Dios y al prójimo. No existe otra. La más grande tentación del ser humano es la de querer separar estos dos amores, porque así la pobreza de los otros no inquietaría para nada su conciencia

El Mandamiento más grande:
El mandamiento más grande o el primer mandamiento es éste: “Amar a Dios con todo el corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mc 12,30; Mt 22,37). En la medida en que el pueblo de Dios, a través de los siglos, ha profundizado sobre el significado de este amor, ha caído en la cuenta que el amor de Dios ha sido real y verdadero sólo si se ha concretado en el amor hacia el prójimo. Por eso es por lo que el segundo mandamiento es semejante al primero (Mt 22,39; Mc 12,31). “Si alguno dice: Amo a Dios pero odia a su hermano, es un mentiroso” (1Jn 4,20). “Toda la ley y los profetas dependen de estos dos mandamientos” (Mt 22,40). En esta identificación de los dos amores ha existido una evolución dividida en tres etapas:

1ª Etapa: “Prójimo” es el pariente de la misma raza
El Viejo Testamento enseñaba la obligación de “¡amar al prójimo como a uno mismo!” (Lv19,18). En aquel tiempo la palabra prójimo era sinónimo de pariente. Se sentían obligados a amar a todos los que hacían parte de la familia, del mismo clan, del mismo pueblo. Pero en lo referente a los extranjeros, o sea, los que no pertenecían al pueblo hebreo, el libro del Deuteronomio decía: “Podrás exigir el préstito al extranjero, pero en cuanto a tu derecho con tu hermano, lo dejarás vencer (pariente, prójimo)” ( Dt 15,3).

2ª Etapa: “Prójimo es aquél a quien me acerco o el que se me acerca
El concepto de prójimo sí es el mismo. Y en el tiempo de Jesús hubo una discusión acerca de “ ¿quién es mi prójimo?” Algunos doctores de la ley pensaban que se debía extender el concepto de prójimo más allá de los límites de la raza. Otros no querían ni hablar de esto. Entonces un doctor de la ley se dirige a Jesús con esta polémica pregunta: “¿Quién es mi prójimo?” Jesús responde con la parábola del Buen Samaritano (Lc 10,29-37), en la cuál el prójimo no es el pariente o amigo, sino cualquiera que se acerca a nosotros, independientemente de la religión, del color, de la raza, del sexo o de la lengua. ¡Tú debes amarlo!

3ª Etapa: La medida del amor hacia el “prójimo” es amar como Jesús nos ha amado
Jesús había dicho al doctor de la ley: “¡No estás lejos del Reino!” (Mc12,34). El doctor ya estaba vecino, porque de hecho, el Reino consiste en unir el amor de Dios con el amor al prójimo, como ya había afirmado un doctor ante Jesús (Mc 12,33). Pero para poder entrar en el Reino debía dar un paso más. En el Viejo Testamento el criterio del amor hacia el prójimo era el siguiente: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús ensancha este criterio y dice: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Ninguno tiene un amor más grande de éste: ¡dar la vida por los amigos!” (Jn 15,12-13). Ahora, en el Nuevo Testamento el criterio será: “Amar al prójimo como Jesús nos ha amado”. Jesús ha interpretado el sentido exacto de la Palabra de Dios y ha indicado el camino para una convivencia más justa y más fraterna.
 
La edición y el subrayado son nuestros

Que la misericordia y la confianza en el Señor no te falte


Gracias 

17 de marzo de 2013

"El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra"

Del Santo Evangelio según San Juan 8, 1-11
Domingo 5 del Tiempo de Cuaresma

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?" Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra." E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó sólo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?" Ella contestó: "Ninguno, Señor." Jesús dijo: "Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más."(Aciprensa.com)

Comentario:

Juan 8,1-2: Jesús y la gente 
Después de la discusión, descrita al final del capítulo 7 (Jn 7,37-52), todos se vuelven a casa (Jn 7,53). Jesús no tiene casa en Jerusalén. Por esto, se va al Monte de los Olivos. Allí encuentra un jardín, donde acostumbra a pasar la noche en oración (Jn 18,1). Al día siguiente, antes de la salida del sol, Jesús se encuentra de nuevo en el templo. La gente se acerca para poder escucharlo. De ordinario la gente se sentaba en círculo alrededor de Jesús y Él enseñaba. ¿Qué habrá podido enseñar Jesús? Con seguridad todo muy bello, puesto que la gente llega antes de la aurora para poderlo escuchar.

Juan 8, 3-6a: Las provocaciones de los adversarios
Improvisadamente, llegan algunos escribas y fariseos que llevan con ellos una mujer sorprendida en flagrante adulterio. La colocan en medio del círculo entre Jesús y la gente. Según la ley, esta mujer debe ser lapidada. (Lev 20,10; Dt 22,22.24). Y le dicen: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Ahora bien, Moisés en la Ley, nos mandó lapidar a una mujer como ésta. ¿Tú qué dices?” Era una provocación, una trampa. Si Jesús hubiese dicho: “Aplicad la ley”, los escribas habrían dicho a la gente: “No es tan bueno como parece, porque ordena matar a la mujer”. Si hubiese dicho: “No la matéis” hubieran dicho: “No es tan bueno como parece, porque no observa la ley”. Bajo la apariencia de fidelidad a Dios, manipulan la ley y se sirven de una mujer para poder acusar a Jesús.

Juan 8, 6b: La reacción de Jesús: escribe en tierra
Parecía una trampa sin escapatoria.
Pero Jesús no se asusta. No se pone nervioso. Mas bien al contrario. Con calma, como persona dueña de la situación, se inclina y comienza a escribir en tierra con el dedo. Escribir en tierra ¿qué significado tiene? Algunos creen que Jesús está escribiendo en la tierra los pecados de los acusadores. Otros dicen que es un simple gesto de quien es dueño de la situación y no hace caso a las acusaciones de los otros. Pero es posible que se trate también de un acto simbólico, de una alusión a cualquier cosa muy común. Si tú escribes una palabra en la tierra, a la mañana siguiente no la encontrarás, porque el viento o la lluvia la habrán desfigurado, borrado. Encontramos una alusión a lo que vamos diciendo en Jeremías, donde se lee que los nombres atribuidos a Dios son escritos en tierra, o sea quiere decir que no tienen futuro. El viento o la lluvia lo harán desaparecer (cf. Jer 17,13) Quizás Jesús quiere decir a los otros: el pecado del que acusáis a esta mujer, Dios lo ha perdonado ya con estas letras que estoy escribiendo en la tierra. ¡De ahora en adelante no recordarán más los pecados!


Juan 8, 7-8: Segunda provocación y la misma reacción de Jesús
Ante la calma de Jesús, los que se ponen nerviosos son los adversarios. Insisten y quieren una opinión de Jesús. Y entonces Jesús se levanta y dice: “Quien de vosotros esté sin pecado tire la primera piedra”. E inclinándose comienza de nuevo a escribir en la tierra, no entra en una discusión estéril e inútil sobre la ley, cuando, en realidad el problema es otro. Jesús cambia el centro de la discusión. En vez de permitir que se coloque la luz de la ley sobre la mujer para poderla condenar, quiere que sus adversarios se examinen a la luz de lo que la ley exige de ellos. Jesús no discute la letra de la ley. Discute y condena la conducta malévola del que manipula las personas y la ley para defender los intereses que son contrarios a Dios, autor de la ley.

Juan 8,9-11: Epílogo final: Jesús y la mujer
La respuesta de Jesús desconcierta y desarma a los adversarios. Los fariseos y los escribas se retiran, llenos de vergüenza, uno tras otro, “comenzando por los más ancianos”. Ha sucedido lo contrario de lo que ellos querían. La persona condenada por la ley no era la mujer, sino ellos mismos que se creían fieles a la ley. Y finalmente Jesús queda sólo con la mujer. Jesús se levanta, se dirige hacia ella: “Mujer, ¿dónde están?¿Ninguno te ha condenado?” Ella responde: “¡Ninguno, Señor!” Y Jesús: “¡Yo tampoco te condeno! Ve, y desde ahora no peques más”. Jesús no permite a nadie usar la ley de Dios para condenar al hermano, cuando el mismo hermano es pecador. Quien tiene una viga en el propio ojo, no puede acusar a quien en el ojo tiene sólo una pajita. “Hipócrita, quita primero la viga de tus ojos y entonces podrás ver bien para quitar la pajita en el ojo de tu hermano. (Lc 6,42).

Este episodio, mejor que cualquiera otra enseñanza, revela que Jesús es la luz del mundo (Jn 11,12) que hace aparecer la verdad. Hace ver lo está escondido en las personas, en su más íntimo. A la luz de la palabra de Jesús, los que parecían ser los defensores de la ley, se revelan llenos de pecados y ellos mismos lo reconocen y se van, comenzando por los más ancianos. Y la mujer, considerada culpable y rea de la pena de muerte, está en pie delante de Jesús, perdonada, redimida, llena de dignidad (cf. Jn 3,19-21). El gesto de Jesús la hace renacer y la restituye como mujer e hija de Dios.


La edición y el subrayado son nuestros
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas

En este día, descubramos que Jesús siempre hace aparecer la verdad, hace ver lo que está escondido en las personas. Él, en lo más íntimo ve nuestras intenciones no por juzgarnos o condenarnos sino para amarnos.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte. 

Gracias.