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4 de octubre de 2015

"....y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba¨


Domingo 27 del Tiempo Ordinario
Evangelio: Marcos 10, 2-16

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: "¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?" Él les replicó: "¿Qué os ha mandado Moisés?" Contestaron: "Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio." Jesús les dijo: "Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne". De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre." En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: "Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio." Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: "Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él." Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos. (Aciprensa.com)


Comentario:

 Este pasaje es parte de una larga instrucción de Jesús a sus discípulos . La que comienza con la curación del ciego de Betsaida  y termina con la la curación del ciego Bartimeo. En este camino hay tres tres anunciós de la Pasión del Señor, en los que Jesús se revela como el mesías siervo que vino para liberarnos del pecado y de la muerte. Los discípulos, esperaban un libertador glorioso, poderoso militar y político, y por ello eran incapaces de entenderlo. En estos domingos. ya hemos meditado dos anuncios.  

En este pasaje, Jesús da consejos sobre la relación entre el hombre y la mujer y sobre las madres y los niños. En ese entonces como ahora siempre hay un ¨instinto de superioridad¨. En el que unos se colocan por encima de otros por tener algunos privilegios recibidos. Jesús siempre preferirá al excluido, al olvidado, al marginado,  por que quiere mostrarnos que todos somos iguales  ante Dios.  

Los fariseos que quieren poner a prueba al mismo hijo de Dios ignoraban esto, pues ellos como maestros de la ley se  creían con el ¨derecho¨ de calificar y de probar a cualquiera que tentaba ser maestro. Jesús les responde con los mismo que ¨dominan¨, con la Ley.   Y ciertamente la desconocen, pues la Ley de Moisés no les fue dada para dividir al pueblo de Israel entre poderosos y sometidos sino para que se conformen en un sólo pueblo que sea muestra visible del Dios que no se puede ver. Gracias 

Para Profundizar:

Comentario sobre el Génesis 2: 18-24; Hebreos 2: 9-11; Marcos 10: 16.2

a) Contexto:
Nuestro texto (Mc 10,1-16) forma parte de una larga instrucción de Jesús a sus discípulos (Mc 8,27 a 10,45). Al comienzo de esta instrucción, Marcos sitúa la curación del ciego anónimo de Betsaida en Galilea (Mc 8,22-26); al final, la curación del ciego Bartimeo de Jericó en Judea (Mc 10,46-52). Las dos curaciones son símbolo de lo que ocurría entre Jesús y los discípulos. También estaban ciegos los discípulos que “teniendo ojos, no veían” (Mc 8,18). Necesitaban recuperar la vista; debían abandonar la ideología que les impedía ver claro; debían aceptar a Jesús tal como Él era y no como ellos querían que fuese. Esta larga instrucción tiene como objetivo curar la ceguera de los discípulos. Es como una pequeña cartilla, una especia de catecismo, con frases del mismo Jesús. El siguiente gráfico presenta el esquema de la instrucción:

Curación de un ciego 8,22-26
1° anuncio 8,27-38
Instrucciones a los discípulos sobre Mesías Siervo 9,1-29
2º anuncio 9,30-37
Instrucciones a los discípulos sobre la conversión 9,38 a 10,31
3º anuncio 10,32-45
Curación del ciego Bartimeo 10,46-52

Como se puede ver en el gráfico, la instrucción consta de tres anuncios de la Pasión: Mc 8,27-38; 9,30-37; 10,32-45. Entre el primero y el segundo hay una serie de instrucciones para ayudar a comprender que Jesús es el Mesías Siervo (Mc 9,1-29). Entre el segundo y el tercero, una serie de instrucciones que aclaran la conversión que debe darse en los distintos niveles de la vida de los que aceptan a Jesús como Mesías Siervo (Mc 9,38 a 10,31). El conjunto de la instrucción tiene como fondo la marcha desde Galilea hasta Jerusalén. Desde el comienzo hasta el final de esta larga instrucción, Marcos dice que Jesús está en camino hacia Jerusalén (Mc 8,27; 9,30.33; 10,1.17.32), donde encontrará la cruz.

Cada uno de los tres anuncios de la pasión está acompañado de gestos y palabras de incomprensión por parte de los discípulos
(Mc 8,32; 9,32-34; 10,32-37), y de palabras de orientación por parte de Jesús, que comentan la falta de comprensión de los discípulos y enseñan cómo deben comportarse (Mc 8,34-38; 9,35-37; 10,35-45). La comprensión plena del seguimiento de Jesús no se obtiene por la instrucción teórica, sino por un compromiso práctico, caminando con Él por el camino del servicio, desde la Galilea hasta Jerusalén. Áquel que desee mantener la idea de Pedro, esto es, la de un Mesías glorioso sin cruz (Mc 8,32-33), no entenderá nunca, jamás llegará a tener la auténtica actitud del verdadero discípulo. Continuará ciego, viendo a la gente como árboles (Mc 8,24). Sin cruz es imposible comprender quién es Jesús y lo que significa seguir a Jesús. El camino del seguimiento es un camino de entrega, de abandono, de servicio, de disponibilidad, da aceptación del conflicto, sabiendo que habrá una resurrección. La cruz no es un accidente casual, sino una parte de este camino. En un mundo organizado a partir del egoísmo, ¡el amor y el servicio sólo pueden existir crucificados! El que hace de su vida un servicio a los otros, incomoda a los que viven atados a los privilegios, y sufre.


 b) Clave de lectura:
En el texto que la liturgia pone ante nosotros, Jesús da consejos sobre la relación entre el hombre y la mujer y sobre las madres y los niños. En aquel tiempo mucha gente era excluida y marginada.
Por ejemplo, en la relación entre hombre y mujer existía el machismo. La mujer no podía participar, no había igualdad de derecho entre los dos. En la relación con los niños, los “pequeños”, existía un “escándalo” que era la causa de la pérdida de la fe de muchos de ellos (Mc 9,42). En la relación entre hombre y mujer, Jesús pide el máximo de igualdad. En la relación entre las madres y los niños, él pide la máxima acogida y ternura.

c) Comentario:

Marcos 10,1-2: La pregunta de los fariseos sobre el divorcio.
La pregunta es maliciosa. Trata de poner a Jesús a prueba: “¿Es lícito al marido repudiar a su mujer?” Señal de que Jesús tenía una opinión diferente, pues de lo contrario los fariseos no le preguntarían sobre este tema. No preguntan si es lícito a la esposa repudiar al marido. Esto no pasaba por su cabeza. Señal clara de una fuerte dominación masculina y de marginación de la mujer en la convivencia social de aquella época.

Marcos 10,3-9: La respuesta de Jesús: el hombre no puede repudiar a la mujer.

En vez de responder, Jesús pregunta: “¿Qué dice la Ley de Moisés?” La Ley permitía al hombre escribir una carta de divorcio y repudiar a su mujer (Dt 24,1). Esta permisión revela un machismo. El hombre podía repudiar a su mujer, pero la mujer no tenía este mismo derecho. Jesús explica que Moisés actuó así a causa de la dureza de corazón del pueblo, pero la intención de Dios era otra cuando creó al ser humano. Jesús vuelve al proyecto del Creador (Gén 21,27 y Gén 2,24) y niega al hombre el derecho de repudiar a su mujer. Echa por tierra el derecho del hombre frente a la mujer y pide el máximo de igualdad.

Marcos 10,10-12: Igualdad hombre y mujer.

En casa, los discípulos le hacen preguntas sobre este mismo tema del divorcio. Jesús extrae conclusiones y reafirma la igualdad de derechos y deberes entre el hombre y la mujer. El evangelio de Mateo (cf. Mt 19,10-12) aclara una pregunta de los discípulos sobre este tema. Ellos dicen:“«Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse”. Prefieren no casarse, antes que casarse sin el privilegio de continuar mandando sobre la mujer. Jesús va hasta el fondo de la cuestión. Pone tres casos en los cuales una persona no se puede casar: (1) impotencia, (2) castración y (3) a causa del Reino. Sin embargo, no casarse porque alguien no quiere perder el dominio sobre la mujer, esto ¡es inadmisible en la Nueva Ley del Amor! Tanto el matrimonio como el celibato, deben estar al servicio del Reino y no al servicio de intereses egoístas. Ninguno de los dos pueden ser un motivo para mantener el dominio machista del hombre sobre la mujer. Jesús propone un nuevo tipo de relación entre los dos. No permite el matrimonio en el que el hombre pueda mandar sobre la mujer, o viceversa.

Marcos 10,13: Los discípulos impiden acercarse a las madres con sus niños.

Algunas personas trajeron a los niños para que Jesús los tocase. Los discípulos tratan de impedírselo. ¿Por qué se lo impiden? El texto no lo aclara. Según las costumbres rituales de la época, los niños pequeños junto con sus madres, vivían en un estado casi permanente de impureza legal. ¡Jesús quedaría impuro si los tocaba! Probablemente, los discípulos quieren impedir que los toque para que Jesús no quede impuro.

Marcos 10,14-16: Jesús reprende a los discípulos y acoge a los niños.

La reacción de Jesús enseña lo contrario: “¡Dejad que los niños vengan a mí. No se lo impidáis!” El abraza a los niños, se los acerca y pone las manos sobre ellos. Cuando se trata de acoger a personas y promover la fraternidad, a Jesús no le importan las leyes de pureza legal, no tiene miedo de transgredirlas. Su gesto nos trae una enseñanza: “Quien no recibe el Reino de Dios como niño, ¡no puede entrar en él!” ¿Qué significa esta frase? 1) Un niño recibe todo de los padres. Él no merece lo que recibe, sino que vive del amor gratuito. 2) Los padres reciben los hijos como un don de Dios y cuidan de ellos con cariño. La preocupación de los padres ¡no es dominar sobre los hijos, sino amarlos y educarlos para que se realicen!


Jesús acoge y defiende la vida de los pequeños
Jesús insiste varias veces en la acogida que se debe dar a los pequeños, a los niños. “Quien acoge a uno de estos pequeños en mi nombre, me acoge a mí” (Mc 9,37). Quien dé un vaso de agua a una de estos pequeños, no perderá su recompensa (Mt 10,42). Él pide no despreciar a los pequeños (Mt 18,10). En el juicio final los justos serán recibidos porque dieron de comer a “uno de estos más pequeños” (Mt 25,40).


En los evangelios, la expresión “pequeños” (en griego se dice elachistoi, mikroi o nepioi), algunas veces indica “niño”, otras, los sectores excluidos de la sociedad. No es fácil discernir. Algunas veces, el que es “pequeño” en el evangelio es el “niño”, y no otro. El niño pertenecía a la categoría de los “pequeños”, de los excluidos. Dicho esto, no siempre es fácil discernir lo que viene del tiempo de Jesús y lo que viene del tiempo de las comunidades para que fuera escrito en los evangelios. A pesar de esto, lo que resulta claro es el contexto de exclusión que regía en la época y la imagen que tenían de Jesús las primeras comunidades: Jesús se coloca del lado de los pequeños, de los excluidos, y asume su defensa. Impresiona cuando se ve todo lo que Jesús hizo en defensa de la vida de los niños, de los pequeños:

Acoger y no escandalizar. Es una de las palabras más duras de Jesús contra aquéllos que causan escándalo a los pequeños, o sea, que sean motivo para que los pequeños dejen de creer en Dios. Para éstos, mejor les sería tener una piedra de molino atada al cuello y ser arrojados a lo profundo del mar (Mc 9,42; Lc 17,2; Mt 18,6).

Acoger y tocar. Las madres con sus niños en brazos se acercan a Jesús para pedir una bendición. Los apóstoles tratan de apartarlas. ¡Tocar significaba contraer impureza! Jesús no se incomoda como ellos. Corrige a los discípulos y acoge a las madres y a los niños. Los toca y les da un abrazo. “¡Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis!” (Mc 10,13-16; Mt 19,13-15).

Identificarse con los pequeños. Jesús se identifica con los niños. El que recibe a un niño, “a mí me recibe” (Mc 9,37). “Todo lo que hiciéreis a uno de estos más pequeños, conmigo lo hicísteis” (Mt 25,40).

Volverse como un niño. Jesús pide que los discípulos se vuelvan como niños y acepten el Reino como un niño. Sin esto, es imposible entrar en el Reino de Dios (Mc 10,15; Mt 18,3; Lc 9,46-48). ¡Hace que un niño sea el profesor de los adultos! Lo que no era normal. Estamos acostumbrados a lo contrario.

Defender el derecho del que grita. Cuando Jesús entró en el templo y derribó las mesas de los cambistas, eran los niños los que más gritaban. “¡Hosanna al Hijo de David!” (Mt 21,15). Criticado por los jefes de los sacerdotes y por los escribas, Jesús los defiende y en su defensa cita las Escrituras (Mt 21,16).

Agradecer por el Reino presente en los pequeños. La alegría de Jesús es grande cuando percibe que los niños, los pequeños, han comprendido las cosas del Reino que él anunciaba al pueblo. “¡Te doy gracias, Padre!” (Mt 11,25-26) ¡Jesús reconoce que los pequeños entienden mejor las cosas del Reino que los doctores!

Acoger y curar. Son muchos los niños y jóvenes que Él acoge, cura o resucita: la hija de Jairo de 12 años (Mc 5,41-42), la hija de la mujer cananea (Mc 7,29-30), el hijo de la viuda de Naím (Lc 7, 14-15), el pequeño epiléptico (Mc 9,25-26), el hijo del Centurión (Lc 7,9-10), el hijo del funcionario público (Jn 4,50), el pequeño de los cinco panes y de los peces (Jn 6,9).

7 de octubre de 2012

Jesús que muestra al Padre, acoje al débil, al indefenso y al pobre

Del santo Evangelio según San Marcos 10, 2-16
Domingo 27 del tiempo ordinario

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: "¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?" Él les replicó: "¿Qué os ha mandado Moisés?" Contestaron:"Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio." Jesús les dijo: "Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne". De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre." En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: "Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio."

Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: "Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él." Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos. (Aciprensa.com)


Comentario: 

Jesús da consejos sobre la relación entre el hombre y la mujer y sobre las madres y los niños. En aquel tiempo mucha gente era excluida y marginada. Por ejemplo, en la relación entre hombre y mujer existía el machismo. La mujer no podía participar, no había igualdad de derecho entre los dos. En la relación con los niños, los “pequeños”, existía un “escándalo” que era la causa de la pérdida de la fe de muchos de ellos (Mc 9,42). En la relación entre hombre y mujer, Jesús pide el máximo de igualdad. En la relación entre las madres y los niños, él pide la máxima acogida y ternura.

Marcos 10,1-2: La pregunta de los fariseos sobre el divorcio. La pregunta es maliciosa. Trata de poner a Jesús a prueba: “¿Es lícito al marido repudiar a su mujer?” Señal de que Jesús tenía una opinión diferente, pues de lo contrario los fariseos no le preguntarían sobre este tema. No preguntan si es lícito a la esposa repudiar al marido. Esto no pasaba por su cabeza. Señal clara de una fuerte dominación masculina y de marginación de la mujer en la convivencia social de aquella época.

Marcos 10,3-9: La respuesta de Jesús: el hombre no puede repudiar a la mujer. En vez de responder, Jesús pregunta: “¿Qué dice la Ley de Moisés?” La Ley permitía al hombre escribir una carta de divorcio y repudiar a su mujer (Dt 24,1). Esta permisión revela un machismo. El hombre podía repudiar a su mujer, pero la mujer no tenía este mismo derecho. Jesús explica que Moisés actuó así a causa de la dureza de corazón del pueblo, pero la intención de Dios era otra cuando creó al ser humano. Jesús vuelve al proyecto del Creador (Gén 21,27 y Gén 2,24) y niega al hombre el derecho de repudiar a su mujer. Echa por tierra el derecho del hombre frente a la mujer y pide el máximo de igualdad.

Marcos 10,10-12: Igualdad hombre y mujer.
En casa, los discípulos le hacen preguntas sobre este mismo tema del divorcio. Jesús extrae conclusiones y reafirma la igualdad de derechos y deberes entre el hombre y la mujer. El evangelio de Mateo (cf. Mt 19,10-12) aclara una pregunta de los discípulos sobre este tema. Ellos dicen:“«Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse”. Prefieren no casarse, antes que casarse sin el privilegio de continuar mandando sobre la mujer. Jesús va hasta el fondo de la cuestión. Pone tres casos en los cuales una persona no se puede casar: (1) impotencia, (2) castración y (3) a causa del Reino. Sin embargo, no casarse porque alguien no quiere perder el dominio sobre la mujer, esto ¡es inadmisible en la Nueva Ley del Amor! Tanto el matrimonio como el celibato, deben estar al servicio del Reino y no al servicio de intereses egoístas. Ninguno de los dos pueden ser un motivo para mantener el dominio machista del hombre sobre la mujer. Jesús propone un nuevo tipo de relación entre los dos. No permite el matrimonio en el que el hombre pueda mandar sobre la mujer, o viceversa.


 Marcos 10,13: Los discípulos impiden acercarse a las madres con sus niños.Algunas personas trajeron a los niños para que Jesús los tocase. Los discípulos tratan de impedírselo. ¿Por qué se lo impiden? El texto no lo aclara. Según las costumbres rituales de la época, los niños pequeños junto con sus madres, vivían en un estado casi permanente de impureza legal. ¡Jesús quedaría impuro si los tocaba! Probablemente, los discípulos quieren impedir que los toque para que Jesús no quede impuro. 

 Marcos 10,14-16: Jesús reprende a los discípulos y acoge a los niños. La reacción de Jesús enseña lo contrario: “¡Dejad que los niños vengan a mí. No se lo impidáis!” El abraza a los niños, se los acerca y pone las manos sobre ellos. Cuando se trata de acoger a personas y promover la fraternidad, a Jesús no le importan las leyes de pureza legal, no tiene miedo de transgredirlas. Su gesto nos trae una enseñanza: “Quien no recibe el Reino de Dios como niño, ¡no puede entrar en él!” ¿Qué significa esta frase? 1) Un niño recibe todo de los padres. Él no merece lo que recibe, sino que vive del amor gratuito. 2) Los padres reciben los hijos como un don de Dios y cuidan de ellos con cariño. La preocupación de los padres ¡no es dominar sobre los hijos, sino amarlos y educarlos para que se realicen!

En los evangelios, la expresión “pequeños” (en griego se dice elachistoi, mikroi o nepioi), algunas veces indica “niño”, otras, los sectores excluidos de la sociedad. No es fácil discernir. Algunas veces, el que es “pequeño” en el evangelio es el “niño”, y no otro. El niño pertenecía a la categoría de los “pequeños”, de los excluidos. Dicho esto, no siempre es fácil discernir lo que viene del tiempo de Jesús y lo que viene del tiempo de las comunidades para que fuera escrito en los evangelios. A pesar de esto, lo que resulta claro es el contexto de exclusión que regía en la época y la imagen que tenían de Jesús las primeras comunidades: Jesús se coloca del lado de los pequeños, de los excluidos, y asume su defensa. Impresiona cuando se ve todo lo que Jesús hizo en defensa de la vida de los niños, de los pequeños.



La edición y el subrayado son nuestros
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas

En este dia, reconozcamos nuestras debilidades y sintamos la protección amorosa del Señor.

Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias

17 de agosto de 2012

¨Abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne¨


Del Santo Evangelio según San Mateo Mateo 19, 3-12 
En aquel tiempo se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: "¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?" El les respondió: "¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre"". Ellos insistieron: "¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse?" El les contestó: "Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer -no hablo de prostitución- y se casa con otra, comete adulterio". Los discípulos le replicaron: "Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse". Pero él les dijo: "No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los cielos. El que pueda con esto, que lo haga". 

Comentario:
En Mateo vemos La llamada de Jesús, que ha atraído a sus discípulos, sigue avanzando hasta la elección definitiva: la acogida o el rechazo de su persona. Esta fase tiene lugar a lo largo del camino que lleva a Jerusalén (cap.19-20) y al templo, después de llegar finalmente a la ciudad (cap.21-23). Todos los encuentros que Jesús efectúa en estos capítulos tienen lugar a lo largo del recorrido de Galilea a Jerusalén.

• El encuentro con los fariseos. Así tiene Jesús el primer encuentro con los fariseos, y el tema de la discusión con ellos es motivo de reflexión para el grupo de los discípulos. La pregunta de los fariseos se refiere al divorcio, pretende acusar la enseñanza de Jesús.  y de manera particular quiere ponerlo en ¨apuros¨ acerca del amor dentro del matrimonio, que es la realidad más sólida y estable para la comunidad judía.  

La pregunta es ciertamente crucial: “¿Es lícito a un hombre repudiar a la propia mujer por cualquier motivo?” (19,3). Al lector no se le escapa la torcida intención de los fariseos al interpretar el texto de Dt 24,1: ¨Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, puede ser que le encuentre algún defecto y ya no la quiera. En ese caso, escribirá un certificado de divorcio que le entregará antes de despedirla de su casa ¨.A lo largo de los siglos, este texto había dado lugar a numerosas discusiones: admitir el divorcio por cualquier motivo; requerir un mínimo de mala conducta, o un verdadero adulterio.

• Es Dios el que une. Jesús responde a los fariseos citando Gn 1,17: 2,24 y remitiendo la cuestión a la voluntad primigenia de Dios creador. El amor que une al hombre y a la mujer viene de Dios, y por este origen, une y no puede separar.  

Si Jesús cita Gn 2,24 “El hombre abandonará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne”, (19,5) es porque quiere subrayar un principio singular y absoluto: la voluntad creadora de Dios es unir al hombre y a la mujer. Cuando un hombre y una mujer se unen en matrimonio, es Dios el que los une; el término “cónyuges” viene del verbo congiungere, coniugare, es decir, la unión de los dos esposos que conlleva trato sexual es efecto de la palabra creadora de Dios. La respuesta de Jesús a los fariseos alcanza su culmen: el matrimonio es indisoluble en su constitución originaria. Ahora prosigue Jesús citando a Mal 2, 13-16: repudiar a la propia mujer es romper la alianza con Dios, alianza que, según los profetas, los esposos la viven sobre todo en su unión conyugal (Os 1-3; Is 1,21-26; Jr 2,2;3,1.6-12; Ez 16; 23; Is 54,6-10;60-62). 

La respuesta de Jesús aparece en contradicción con la ley de Moisés que concede la posibilidad de dar un certificado de divorcio. Dando razón de su respuesta, Jesús recuerda a los fariseos: si Moisés decidió esta posibilidad, es por la dureza de vuestro corazón (v.8), más concretamente, por vuestra indocilidad a la Palabra de Dios. La ley de Gn 1,26; 2,24 no se ha modificado jamás, pero Moisés se vio obligado a adaptarla a una actitud de indocilidad. El primer matrimonio no es anulado por el adulterio.
 
La reacción de los discípulos no se hace esperar: “Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse” (v.10). La respuesta de Jesús sigue manteniendo la indisolubilidad del matrimonio, imposible para la mentalidad humana pero posible para Dios. El eunuco del que habla Jesús no es el que no puede engendrar, sino el que, una vez separado de la propia mujer, continúa viviendo en la continencia y permaneciendo fiel al primer vínculo matrimonial: es eunuco con relación a todas las demás mujeres.

La palabra de Jesús dice claramente al hombre de hoy, y de modo particular a la comunidad eclesial, que no ha de haber divorcios, y sin embargo observamos que existen; en la vida pastoral, los divorciados son acogidos y para ellos está siempre abierta la posibilidad de entrar en el reino. 

La edición y el subrayado son nuestros  

Tomado del Sitio oficial de los carmelitas



El matrimonio es sacramento, porque es sagrado, Dios lo da: El catecismo nos dice: ¨La alianza matrimonial, por la que un hombre y una mujer constituyen una íntima comunidad de vida y de amor, fue fundada y dotada de sus leyes propias por el Creador. Por su naturaleza está ordenada al bien de los cónyuges así como a la generación y educación de los hijos. Entre bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Señor a la dignidad de sacramento (cf. GS 48,1; CIC, can. 1055,1).

El sacramento del matrimonio significa la unión de Cristo con la Iglesia. Da a los esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo amó a su Iglesia; la gracia del sacramento perfecciona así el amor humano de los esposos, reafirma su unidad indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna (cf. Cc. de Trento: DS 1799).

El matrimonio se funda en el consentimiento de los contrayentes, es decir, en la voluntad de darse mutua y definitivamente con el fin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo. ¨ (catecismo 1660-1662). 

Como vemos el matrimonio, tiene sus propias leyes o principios que han sido dados por Dios, tiene como fines principales: el bien de los esposos y el tener y educar a los hijos. Esta alianza se ¨compara¨ a la unión de Cristo con la Iglesia. No es una ¨tarea¨ imposible pues Dios mismo da la ayuda necesaria para cumplirla. Fundamento esencial para que exista: el libre consentimiento de los novios, el ¨querer¨ darse mutuamente y para toda la vida.
 
En este día, descubramos la belleza y santidad del matrimonio, y reconozcamos al Señor Jesús presente aunque invisible, en él.
Que la misericordia y la confianza en el Señor, no les falte.
Gracias