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11 de noviembre de 2012

¨...ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir"

Del santo Evangelio según San Marcos 12, 38-44 
Domingo 32 del tiempo ordinario
 


En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: "¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa." Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a los discípulos, les dijo: "Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir". (Aciprensa.com)

Comentario:

En los primeros cuarenta años de la historia de la Iglesia, desde los años 30 al 70, las comunidades cristianas eran, en su mayoría, formadas por gente pobre (1Cor 1,26). Poco después se les agregaron también otras personas más ricas o que tenían varios problemas. Las tensiones sociales, que marcaba el imperio romano, comenzaron también a despuntar en la vida de las comunidades. Estas divisiones, por ejemplo, surgían, cuando las comunidades se reunían para celebrar la cena (1Cor 11,20-22) o cuando había alguna reunión (Sant 2,1-4). Por esto, la enseñanza del gesto de la viuda era para ellos actual. Era como mirarse al espejo, porque Jesús compara el comportamiento de los ricos y el comportamiento de los pobres. 

El texto de Marcos 12,38-44 relata la parte final de las actividades de Jesús en Jerusalén (Mc 11,1 a 12,44). Fueron días muy intensos, llenos de conflictos: expulsión de los mercaderes del Templo (Mc 11,12-26), y muchas discusiones con las autoridades: (Mc 11,27 a 12,12), con los fariseos, con los herodianos y saduceos (Mc 12,13-27) y con los doctores de la ley (Mc 12,28-37). El texto de este domingo (Mc 12,38-44) nos presenta una última palabra crítica de Jesús respecto al mal comportamiento de los doctores de la ley (Mc 12,38-40) y una palabra de elogio respecto al buen comportamiento de la viuda. Casi al término de su actividad en Jerusalén, sentado delante del tesoro donde se recogía las limosnas del Templo, Jesús llama la atención de los discípulos sobre el gesto de una pobre viuda y les enseña el valor del compartir (Mc 12,41-44)

Marcos 12,38-40: Jesús critica a los doctores de la ley 
Jesús llama la atención a los discípulos sobre el comportamiento hipócrita y aprovechado de algunos doctores de la ley. “Doctores” o Escribas eran aquellos que enseñaban a la gente la Ley de Dios. Pero enseñaban de palabra, porque el testimonio de sus vidas mostraba lo contrario. A ellos les gustaba deambular por las plazas con largas túnicas, recibir el saludo de la gente, ocupar los primeros puestos en las sinagogas y en los banquetes. Eran personas que querían aparentar ser gente importante. Usaban su ciencia y su profesión como medio para subir la escala social y enriquecerse, y no para servir. A ellos les gustaba entrar en las casa de las viudas y recitar largas oraciones en cambio de dinero. Y Jesús termina diciendo: ¡Esta gente recibirá un juicio severo!”

Marcos 12,41-42: La limosna de la viuda 
Jesús y los discípulos, sentados ante el tesoro del Templo, observaban a las personas que colocaban en el tesoro sus limosnas. Los pobres echaban pocos centavos, los ricos arrojaban monedas de gran valor. El tesoro del templo se colmaba de dinero. Todos aportaban algo para el mantenimiento del culto, para sostener a los sacerdotes y para la conservación del Templo mismo. Parte de este dinero era usado para ayudar a los pobres, porque entonces no existía la asistencia social. Los pobres dependían de la caridad pública. Los pobres más necesitados eran los huérfanos y las viudas. Ellos no poseían nada. Dependían del todo de la caridad de los otros. Pero aunque no tenían nada se esforzaban para compartir con los otros lo poco que tenían. Así pues, una viuda muy pobre deposita su limosna en el tesoro del templo. ¡Sólo unos céntimos!

Marcos 12, 43-44: Jesús muestra dónde se manifiesta la voluntad de Dios 
¿Qué vale más: los dos céntimos de la viuda o las miles de monedas del rico? Para los discípulos, las miles de monedas de los ricos eran mucho más útiles para hacer caridad, que los dos céntimos de la viuda. Ellos pensaban que el problema de la gente se podría resolver con mucho dinero. Cuando la multiplicación de los panes, ellos habían dicho a Jesús: “Señor, ¿qué quieres que compremos con doscientos denarios para dar de comer a tanta gente?” (Mc 6,37). En efecto, para aquéllos que piensan así, los dos céntimos de la viuda no servía para nada. Pero Jesús dice: “Esta viuda ha echado en el tesoro más que todos los otros”. Jesús tiene criterios diversos. Llamando la atención de los discípulos sobre el gesto de la viuda, enseña dónde ellos y nosotros debemos buscar la manifestación de la voluntad de Dios, a saber, en el compartir. Si hoy compartiésemos nuestros bienes, que Dios ha puesto en el Universo a disposición de la humanidad, no habría ni pobres, ni hambre. Habría suficiente para todos y sobraría también para muchos otros.  
 
La edición y el subrayado son nuestros
Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas


La limosma es una obra de misericordia, muestra el Amor de Dios que está en nosotros. 
Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (cf. Is 58,6–7; Hb 13,3). Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras de misericordia espiritual, como perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporal consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (cf Mt 25,31–46). Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (cf Tb 4, 5–11; Si 17,22) es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios (cf Mt 6,2–4):

El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo (Lc 3,11). Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros (Lc 11,41). Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: "id en paz, calentaos o hartaos", pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? (St 2,15–16; cf. 1 Jn 3,17).(Catecismo 2447)

En este día, descubramos que la verdadera fe no es la que se muestra sino la que nace de lo profundo de nosotros, del amor de Dios en el corazón de nosotros.


Que la misericordia y la confianza en el Señor no les falte.

Gracias.

27 de agosto de 2012

"¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los cielos!

Del santo Evangelio según San  Mateo 23, 13-22
En aquel tiempo habló Jesús diciendo: "¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los cielos! Ni entráis vosotros, no dejáis entrar a los que quieren. ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que devoráis los bienes de las viudas con pretexto de largas oraciones! Vuestra sentencia será por eso más severa. ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: "Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga"! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: "Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga". ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar, jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo, jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él".(Aciprensa.com)


Comentario:



Los próximos tres días vamos a meditar el discurso que Jesús pronunció criticando a los doctores de la ley y a los fariseos, llamándolos hipócritas. En el evangelio de hoy (Mt 23,13-22), Jesús pronuncia contra ellos cuatro ‘ay’ o plagas. En todo ocho ‘ay’ o plagas contra los líderes religiosos de la época. 

Son palabras muy duras. Al meditarlas, tengo que pensar en los doctores y en los fariseos del tiempo de Jesús, pero también y sobre todo en el hipócrita que hay en mí, en nosotros, en nuestra familia, en nuestra Iglesia, en la sociedad de hoy. Vamos a mirar en el espejo del texto para descubrir lo que existe de errado en nosotros.

• Mateo 23,13: El primer ‘ay’ contra los que cierran la puerta del Reino. “Que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar”. ¿Cómo cierran el Reino? Presentando a Dios como un juez severo, dejando poco espacio a la misericordia. Imponiendo en nombre de Dios leyes y normas que no tienen nada que ver con los mandamientos de Dios, falsificando la imagen del Reino y matando en los otros el deseo de servir a Dio y el Reino. Una comunidad que se organiza alrededor de este falso dios “no entra en el Reino”, ni es expresión del Reino, e impide que sus miembros entren en el Reino.

• Mateo 23,14: El segundo ‘ay’ contra los que usan la religión para enriquecerse: "Ustedes explotan a las viudas, y roban en sus casas y, para disfrazar, hacen largas oraciones! Por esto, ustedes van a recibir una condena muy severa”.
Jesús permite que los discípulos vivan del evangelio, pues dice que el obrero merece su salario (Lc 10,7; cf. 1Cor 9,13-14), pero usar la oración y la religión como medio para enriquecerse, esto es hipocresía y no revela la Buena Nueva de Dios. Transforma la religión en un mercado. Jesús expulsa a los comerciantes del Templo (Mc 11,15-19) citando a los profetas Isaías y Jeremías:“Mi casa es casa de oración para todos los pueblos y ustedes la han transformado en una cueva de ladrones” (Mc 11,17; cf. Is 56,7; Jr 7,11)). Cuando el mago Simeón quiso comprar el don del Espíritu Santo, Pedro lo maldijo (Hec 8,18-24). Simón recibió la “condena más severa” de la que Jesús habla en el evangelio de hoy.


• Mateo 23,15: El tercero ‘ay’ contra los que hacen proselitismo. “Ustedes que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!”. Hay personas que se hacen misioneros y misioneras y anuncian el evangelio no para irradiar la Buena Nueva del amor de Dios, sino para atraer a otros a su grupo o a su iglesia. Una vez, Juan prohibió a una persona el que usara el nombre de Jesús porque no formaba parte de su grupo. Jesús respondió: “No se lo impidáis. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros” (Mc 9,39). El documento de la Asamblea Plenaria de los obispos de América Latina, se realizó en el mes de mayo de 2008, en Aparecida, Brasil, bajo el título: “¡Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que en él nuestros pueblos tengan vida!” Es decir que el objetivo de la misión no es para que los pueblos se vuelvan católicos, ni para hacer proselitismo, sino para que los pueblos tengan vida, y vida en abundancia.


• Mateo 23,16-22: El cuarto ‘ay’ contra los que viven haciendo juramento. “Ustedes dicen: ' Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!”. Jesús hace un largo razonamiento para mostrar la incoherencia de tantos juramentos que la gente hacía o que la religión oficial mandaba hacer: juramento por el oro del templo o por la ofrenda que está sobre el altar. La enseñanza de Jesús, indicada en el Sermón de la Montaña, es el mejor comentario del mensaje del evangelio de hoy: “Pues yo os digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: `Sí, sí' `no, no': que lo que pasa de aquí viene del Maligno” (Mt 5,34-37).

La edición y el subrayado son nuestros  

Tomado del Sitio Oficial de los Carmelitas



La Hipocresía: La Iglesia enseña: "El pecado de hipocresía es fingir cualidades o sentimientos. Es una forma de mentir.

No se debe confundir la hipocresía con el cumplimiento del deber cuando no se tiene ganas. Hipocresía es fingir. Muy distinto es luchar contra la tendencia de la carne motivado por un sincero esfuerzo por hacer el bien. Todo ser humano tiene una lucha interior. Hacer la voluntad de Dios con frecuencia requiere gran esfuerzo. Por ejemplo: El que no tiene ganas de ir a misa o ser caritativo, pero lo hace en conciencia. 

Dios es Verdad y es incompatible con la mentira. Jesús nos enseña a ser personas de la verdad, hijos de la luz. Dice Jesús: "Yo soy la Verdad" -Juan 14, 6. Quien vive y habla la verdad actúa como hijo de Dios que es verdad pura: "Sea vuestro lenguaje: "Sí, sí"; "no, no": que lo que pasa de aquí viene del Maligno" -Mateo 5,37.

El Maligno es el padre de la mentira porque en el encuentra la mentira su origen. El que miente se asocia a Satanás (Cf. Juan 8, 42).

Hipocresía en la Religión: La religión de los fariseos era hipocresía. Esta es la peor hipocresía porque utiliza la relación con Dios como objeto de vanagloria personal. Esto causa escándalo e incita a que otros rechacen la religión." (corazones.org)

En este día descubramos nuestra propia verdad, la que nos lleva a a seguir a Jesús.

Que la misericordia y la confianza en el Señor, no les falte.


2 de agosto de 2012

¨Dios no excluye , nosotros mismos nos excluimos¨


Buen día en el Señor,en el evangelio de hoy  (Mateo 13,47-53) el Señor nos cuenta  la parábola de la red echada al mar: "También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos.”. La historia contada es bien conocida por la gente de Galilea que vive alrededor del lago. Los pescadores salen al mar con esta única finalidad: echar la red, tomar muchos peces, llevar la red llena hasta la playa, escoger los peces buenos y tirar los que no sirven. Describe la satisfacción del pescador al final de un día de trabajo pesado y cansado. Esta historia tiene que haber producido una sonrisa de satisfacción en el rostro de los pescadores que escuchaban a Jesús.

La aplicación de la parábola. Jesús da una sugerencia para que las personas puedan discutirla y aplicarla a su vida: “Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?» Son imágenes fuertes para describir el destino de aquellos que se separan de Dios o que no quieren saber de Dios.
 
Por otro lado, la basura de Jerusalén se quedaba en un valle cerca de la ciudad y este lugar se llamaba geena, allí, en la época de los reyes había un horno para sacrificar a los hijos al falso dios Molok. Por esto, el horno de la geena se volvió el símbolo de exclusión y condena. Dios no excluye, cada uno de nosotros se excluye a si mismo.

El final del Sermón de las Parábolas. Jesús termina con la siguiente pregunta: "¿Habéis comprendido todo esto?" Ellos respondieron: “Sí” Y Jesús termina la explicación :" «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas.». Dos puntos para aclarar:

(a) Jesús compara el doctor de la ley con el padre de familia. ¿Qué hace el padre de familia? El “saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas". La educación en casa se hace transmitiendo a los hijos y a las hijas, lo que ellos los padres, han recibido y aprendido a lo largo de los años. Es el tesoro de la sabiduría familiar, donde están encerradas la riqueza de la fe, las costumbres de la vida y tantas otras cosas que los hijos van aprendiendo. Ahora, Jesús quiere que, en la comunidad, las personas responsables de la transmisión de la fe sean como el padre de familia.
 
(b) Se trata de un doctor de la Ley que se vuelve discípulo del Reino. Había pues doctores de la ley que aceptaban a Jesús como revelador del Reino. ¿Que ocurre con un doctor en la hora en que descubre en Jesús al Mesías, hijo de Dios? Todo aquello que estudió para ser doctor de la ley sigue siendo válido, pero recibe una dimensión más profunda y una fidelidad más amplia.
 
Una comparación puede aclarar lo que acabamos de decir. En una ronda de amigos alguien mostró una foto, donde se veía a un hombre de rostro severo, con el dedo levantado, casi agrediendo al público. Todos quedaron con la idea de que se trataba de una persona inflexible, exigente, que no permitía intimidad. En ese momento, llega un joven, ve la foto y exclama: “¡Es mi padre!” Los demás miraron hacia él, y mirando la foto, comentan: ¡Vaya padre severo! Y el chico joven contesta: “¡No, en absoluto! Es muy cariñoso. Mi padre es abogado. Aquella foto fue sacada en el tribunal, en el momento en que denunciaba el crimen de un latifundista que quería desalojar a una familia pobre que moraba en un terreno baldío del ayuntamiento, desde hacía muchos años. ¡Mi padre ganó la causa! Los pobres pudieron quedarse allí donde estaban.” Todos le miraron de nuevo y dijeron: “¡Qué persona más simpática!”
 
Como por un milagro, la fotografía se iluminó por dentro y tomó otro aspecto. Aquel rostro, tan severo adquirió rasgos de una ternura entrañable. Las palabras del hijo cambiaron todo, sin cambiar nada. Las palabras y los gestos de Jesús, nacidas de su experiencia de hijo, sin mudar una letra o una coma, (Mt 5,17-18) iluminaron el sentido del Antiguo Testamento desde dentro e iluminaron por dentro toda la sabiduría acumulada del doctor de la Ley. Dios mismo, que parecía tan distinto y severo, adquirió los rasgos de un Padre bondadoso de gran ternura!
 
En este día, miremos como el Señor no quiere rechazarnos sino que pemanentemente nos llama a su lado. 
 
Qué la misericordia y la confianza en e el Señor, no les falte.
Gracias

La edición y el subrayado son nuestros

Tomado de:
El sitio oficial de los carmelitas

 

Del Santo Evangelio Según San Mateo 13, 47-53


En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?" Ellos le contestaron: "Sí." Él les dijo: "Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo bueno y lo antiguo."  Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.(Aciprensa.com)


Homilía del Beato Juan Pablo II


1."El reino de Dios es semejante a una red..." (Mt 13, 47). (…)

Este Reino de Dios se encuentra en medio de nosotros (cf. Lc 17, 21), del mismo modo como lo ha estado en todas las generaciones de vuestros padres y antepasados. Como ellos, también nosotros rezamos cada día en el Padrenuestro: "Venga tu reino". Estas palabras testimonian que el Reino de Dios está siempre delante de nosotros, que nosotros caminamos a su encuentro y que, por ello, vamos madurando en medio de ese camino intrincado, e incluso a veces errado, de nuestra existencia mundana. Nosotros testimoniamos con esas palabras que el Reino de Dios se va realizando y se nos va acercando constantemente, aun cuando con tanta frecuencia lo perdamos de vista y ya no percibamos la figura concreta que de él nos presenta el Evangelio. A menudo parece como si la única y exclusiva dimensión de nuestra existencia fuera "este mundo", "el reino de este mundo" con su figura visible, con su sofocante progreso en ciencia y técnica, en cultura y economía..., sofocante y no pocas veces exasperante. Sin embargo, cuando cada día o al menos de vez en cuando nos hincamos de rodillas para rezar, siempre repetimos, en medio de esa atmósfera en que vivimos, las mismas palabras: "Venga a nosotros tu reino". 
 
Queridos hermanos y hermanas: Estas horas en las que aquí se desarrolla nuestro encuentro, este tiempo que yo puedo pasar entre vosotros, gracias a vuestra invitación y hospitalidad, es el tiempo del Reino de Dios: del reino que ya "está aquí" y a la vez de ese reino que todavía "viene". Por ello, todo lo esencial de esta visita tenemos que explicarlo con la ayuda de esa parábola que en el Evangelio de hoy hemos escuchado: "El reino de Dios es semejante...". 

2. ¿A quién se asemeja? 

Según las palabras de Jesús, tal cómo nos las han transmitido los cuatro Evangelistas, este Reino de Dios viene esclarecido a través de múltiples parábolas y comparaciones. La comparación de hoy es una de ellas. Nos parece unida de un modo singularmente estrecho a aquel trabajo que desempeñaban los Apóstoles de Cristo, entre ellos Pedro, y muchos de sus oyentes a la orilla del mar de Genesaret. Cristo dice: el reino de los cielos es semejante "a una red barredera, que se echa en el mar y recoge peces de toda suerte" (Mt 13, 47). Estas sencillas palabras transforman por completo la imagen del mundo, la imagen de nuestro mundo de hombres, tal como nosotros lo forjamos con nuestra experiencia y nuestra ciencia. Pero experiencia y ciencia no pueden traspasar en modo alguno esas fronteras inherentes al "mundo" y a la existencia humana, esas fronteras necesariamente unidas al "mar del tiempo", las fronteras de un mundo en el que el hombre nace y muere, de acuerdo con las palabras del Génesis: "polvo eres, y al polvo volverás" (Gén 3, 19). La comparación de Cristo habla, por el contrario, del traspaso del hombre a un "mundo" distinto, a una nueva dimensión de su existencia. El Reino de los cielos es precisamente esa nueva dimensión que se abre sobre el "mar del tiempo" y es, simultáneamente, la "red" que actúa en ese mar para conseguir el definitivo destino del hombre y de todos los hombres en Dios. 

Nuestra parábola de hoy nos invita a reconocer el Reino de los cielos como la definitiva realización de esa justicia a la que el hombre aspira con el incesante deseo que el Señor ha puesto en su corazón, de esa justicia que el mismo Jesús obró y anunció, de esa justicia, por fin, que Cristo selló con su propia sangre en la cruz. 

En el Reino de los cielos, el "reino de la justicia, del amor y la paz" (Prefacio de la fiesta de Cristo Rey), el hombre se encontrará también a sí mismo realizado, pues el hombre es el ser que, surgiendo de la profundidad de Dios, esconde en sí una profundidad tal que sólo Dios puede colmar. El, el hombre, es con todo su ser una imagen y semejanza de Dios. 

3. Jesús ha fundamentado su Iglesia sobre los doce Apóstoles, de los que la mayoría eran pescadores. La imagen de la red les era bien familiar. Jesús quería hacerlos pescadores de hombres. También la Iglesia es una red, una red ensamblada por el Espíritu, entretejida por la misión apostólica, operante por la unidad en la fe, vida y amor. 

Pienso en estos momentos en la espaciosa red de toda la Iglesia universal. Ante mis ojos está al mismo tiempo cada una de las Iglesias de vuestro país, especialmente la gran Iglesia en Colonia y los obispados circundantes. Ante mis ojos tengo, finalmente, la más pequeña de las Iglesias, la "Ecclesiola", la iglesia doméstica, a la que el reciente Sínodo de los Obispos en Roma ha prestado tan profunda atención en el tema sobré la " Misión de la familia cristiana".

La familia: Iglesia doméstica, comunidad única e irreemplazable de personas, sobre la que San Pablo nos hablaba en la segunda lectura de hoy. El tiene presente, naturalmente, el aspecto de la familia cristiana de su tiempo; lo que él dice tenemos, pues, que aplicarlo nosotros a los intereses de las familias en nuestro tiempo: lo que dice a los maridos, lo que dice a las mujeres, a los hijos, a los padres y, finalmente, lo que él nos dice a todos: "Vosotros, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y longanimidad, soportándoos y perdonándoos mutuamente... Pero por encima de todo esto, vestíos de la caridad, que es vínculo de perfección. Y la paz de Cristo reine en vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo. Sed agradecidos" (Col 3, 12-15); ¡Qué gran lección para la espiritualidad matrimonial y familiar! 

Nosotros, sin embargo, no debemos cerrar los ojos al otro aspecto; los padres sinodales se han ocupado de él muy en serio: estoy pensando en las dificultades que hoy supone el alto ideal de la comprensión y del comportamiento cristiano de la familia. La moderna sociedad industrial ha modificado básicamente las condiciones de vida del matrimonio y de la familia. Matrimonio y familia eran antes no sólo comunidad de vida, sino también comunidad de producción y economía. Vivían desplazados de las múltiples funciones públicas. El clima de hoy, abierto al exterior, no siempre resulta acogedor para el matrimonio y la familia. En nuestra anónima civilización de masas, ellos aparecen sin embargo como el lugar de refugio ante la búsqueda constante de seguridad y felicidad. Matrimonio y familia son hoy, pues, más importantes que nunca: célula germinal para la renovación de la sociedad; fuente de energía por la que la vida se hace más humana y, tomando de nuevo la imagen, red que da firmeza y unidad, emergiendo de las corrientes del abismo.

No permitamos que esta red se destroce. El Estado y la sociedad inician su propia ruina en el momento en que no promuevan ya activamente el matrimonio y la familia, en el momento en que no los protejan, equiparándolos a otras comunidades de vida no matrimoniales. Todos los hombres de buena voluntad, especialmente nosotros, los cristianos, estamos llamados a descubrir de nuevo la dignidad y el valor del matrimonio y de la familia, viviendo ante los demás de una manera que convenza. La Iglesia ofrece desde la luz de la fe su consejo y su servicio espiritual

5. El matrimonio y la familia están profundamente, vinculados a la dignidad personal del hombre. Nacen no sólo del impulso instintivo y la pasión, no sólo del afecto; nacen ante todo de una libre decisión de voluntad, de un amor personal, por el que los cónyuges llegan a ser no sólo una misma carne, sino también un único corazón y una sola alma. La unión corporal y sexual es algo grande y hermoso. Pero solamente es digna del hombre si ella es integrada en una vinculación personal, reconocida por la sociedad civil y eclesiástica. Toda unión carnal entre hombre y mujer tiene, por tanto, su legítimo lugar sólo dentro del recinto de fidelidad personal, exclusiva y definitiva, en el matrimonio. El carácter definitivo de la fidelidad matrimonial, que muchos hoy parecen no comprender ya, es igualmente una expresión de la dignidad incondicional del hombre. No se puede vivir solamente de prueba; no se puede morir solamente de prueba. 

No se puede amar sólo de prueba, aceptar a una persona sólo de prueba y por un tiempo determinado. 

6. Así, pues, el matrimonio está orientado hacia la permanencia, hacia el futuro. Mira siempre hacia adelante. Es el único lugar adecuado para la procreación y educación de los hijos. El amor cristiano está, por tanto, orientado esencialmente también a la fecundidad. En esta tarea de transmitir la vida humana, los esposos son colaboradores del amor de Dios creador. Yo sé que también aquí las dificultades son grandes en la sociedad actual. Cargas sobre todo para la mujer, viviendas reducidas, problemas económicos e higiénicos, inconvenientes que se crean, a veces ex profeso, a las familias numerosas, todo esto constituye un obstáculo para un mayor número de hijos. Yo apelo a todos los que tienen responsabilidad y poder en la sociedad: haced cuanto sea posible para crear recursos. Pero apelo sobre todo a vuestra propia conciencia y a vuestra responsabilidad personal, queridos hermanos y hermanas. En vuestra conciencia tenéis que tomar la decisión ante Dios sobre el número de vuestros hijos. 

Como esposos, estáis llamados a una paternidad responsable. Pero esto significa que vuestra planificación familiar debe ser tal que respete las normas y criterios éticos. Es lo que ha subrayado el último Sínodo de los Obispos. Con gran vehemencia quisiera recordaros hoy especialmente, dentro de este contexto, las siguientes palabras: Eliminar una vida que aún está por nacer, no es un medio legitimo de planificación familiar. Os repito lo que dije a los trabajadores, el 31 de mayo del presente año, en el suburbio parisiense de Saint-Denis: "El primer derecho del hombre es el derecho a la vida. Hemos de defender este derecho y este valor. De lo contrario, toda la lógica de la fe en el hombre, todo el programa del progreso verdaderamente humano, se tambaleará y se vendrá abajo". Se trata, en efecto, de servir a la vida (L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 8 de junio de 1980, pág. 7).

7. Queridos hermanos y hermanas: Sobre la base y el presupuesto indispensable de lo dicho hasta aquí tornemos ahora al profundo misterio del matrimonio y la familia. El matrimonio es, en la perspectiva de nuestra fe, un sacramento de Jesucristo. El amor y la fidelidad matrimonial son protegidos y encauzados por el amor y la fidelidad de Dios en Jesucristo. La fuerza de su cruz y su resurrección guía y santifica el matrimonio cristiano. 

Como ha puesto de relieve el reciente Sínodo de los Obispos en su mensaje a las familias cristianas en el mundo contemporáneo, la familia cristiana está llamada de un modo singular a colaborar en el plan salvífico de Dios ayudando a sus miembros "a ser, a su vez, agentes de la historia de la salvación y signos vivos del plan amoroso de Dios sobre el mundo" (L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 2 de noviembre de 1980, pág. 10).
El matrimonio y la familia, constituidos por el sacramento en una "iglesia en pequeño" o iglesia doméstica, tienen que ser una escuela de fe y un lugar de oración común. Yo confiero precisamente una gran importancia a la oración en la familia. Ella da fortaleza para superar los múltiples problemas y dificultades. En el matrimonio y la familia tienen que crecer y madurar las principales virtudes humanas y cristianas, sin las cuales no puede subsistir ni la Iglesia ni la sociedad. Aquí se encuentra el primer espacio del apostolado laico-cristiano y del sacerdocio común de todos los bautizados. Tales matrimonios y familias, impregnados de espíritu cristiano, son también los auténticos seminarios, es decir, el lugar donde se siembra la llamada espiritual al estado sacerdotal y religioso. 

Queridos esposos y padres, queridas familias: En este encuentro eucarístico de hoy, ¡nada podría desearos yo con más afecto que el que todos vosotros y todas y cada una de las familias forméis una "iglesia doméstica" de esa índole, una iglesia en pequeño; que se realice en vosotros la parábola del Reino de Dios; que experimentéis la presencia del Reino de Dios, siendo vosotros mismos una "red" viva que unifica, que lleva y que da seguridad —seguridad para vosotros y para cuantos se encuentren en vuestro entorno—!
Esta es mi bendición, la bendición que yo os expreso como vuestro invitado y peregrino, como servidor de vuestra salvación.


(…)

La edición y el subrayado son nuestros.


23 de julio de 2012

Jesús denuncia: "¡Generación malvada y adúltera! Un signo pide, y no se le dará otro signo que el signo del profeta Jonás!”


Buen día en el Señor,el evangelio de hoy (Mateo 12,38-42) nos relata otra discusión entre Jesús y las autoridades religiosas de la época. Esta vez son los doctores de la ley quienes piden a Jesús que haga una señal para ellos. Jesús había realizado ya muchas señales: había curado al leproso (Mt 8,1-4), al empleado del centurión (Mt 8,5-13), a la suegra de Pedro (Mt 8,14-15), a los enfermos y poseídos de la ciudad (Mt 8,16), entre otros milagros. La ,gente, viendo las señales, reconoció en Jesús al Siervo de Yahvé (Mt 8,17; 12,17-21), el Mesías prometido que salvaría de la muerte y del pecado. Pero los doctores y los fariseos no fueron capaces de entender y aceptarlo. Ellos querían algo diferente.

Los doctores y los fariseos piden una señal. Los fariseos llegan y dicen a Jesús: "Maestro, queremos ver una señal realizada por ti". Quieren que Jesús realice para ellos una señal, un milagro para que puedan examinar y verificar si Jesús es o no el enviado por Dios según lo imaginaban y esperaban. Quieren someterle a prueba. Quieren que Jesús pruebe por exigencia de ¨ellos¨ que era el Mesías, que ¨ellos¨ mismos esperaban . Tienen el corazón y el entendimiento cerrados, para una posible conversión. 
 
La respuesta de Jesús: la señal de Jonás. Jesús no se somete a la ¨petición¨ de las autoridades religiosas, pues no hay sinceridad en ella. Le dice: "¡Generación malvada y adúltera! Un signo pide, y no se le dará otro signo que el signo del profeta Jonás!”. Estas palabras profieren un juicio muy fuerte, pues  evocan el oráculo de Oseas que denunciaba a la gente como esposa infiel y adúltera (Os 2,4). El evangelio de Marcos dice que Jesús, ante la petición de ellos, suelta un profundo suspiro (Mc 8,12), probablemente de disgusto y de tristeza ante una ceguera tan grande. Pues, no hay peor enfermedad la que no se quiere ver.
Jesús apunta hacia el futuro: “Así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del cetáceo, así también el Hijo del Hombre pasará tres días y tres noches en el seno de la tierra”. El seno de la tierra es su sepulcro, y la única señal será su Resurrección. Jesús denunció la incredulidad de los doctores y de los fariseos diciendo: “Aquí hay algo más que Jonás”
 
Aquí hay algo más que Salomón. La alusión a la conversión de la gente de Nínive se asocia y hace recordar el episodio de la Reina de Sabá, o del Sur: “La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.".

San Juan Crisóstomo nos dice: ¨Este ejemplo es superior al antecedente. Porque Jonás fue a los ninivitas; pero la reina del Austro no esperó a que Salomón la visitara, sino que ella fue a buscarlo: ella, bárbara y desde tan distante lugar y sin que la urgieran amenazas, sin temor a la muerte, movida únicamente por el amor a la sabiduría. ¨Pero aquí hay algo más que Salomón¨. Porque en el ejemplo, la mujer se acercó; [Jesús diría]:  Yo en cambio he venido; ella partió de los confines de la tierra, mientras que Yo recorro ciudades y aldeas. Salomón disertaba acerca de los árboles y de las plantas, cosas que no podían servir de mucho a la visitante, mientras que Yo anuncio cosas inefables y tremendos misterios.¨

De tal modo, que la barrera insuperable, que impide esa apertura de corazón era la voluntad de los doctores y fariseos. Puesto que Dios siendo todo poderoso, lo único que puede atarle las manos para venir a nosotros, es la voluntad.

(…) 

En este día, miremos los milagros que Jesús hace en nuestras vidas (comenzando por el tener vida) y meditemos si Él es verdaderamente, nuestro único Señor y Salvador.  
 
Qué la misericordia y la confianza en el Señor, no les falte.

Gracias


Más informacion en:


Del Santo Evangelio Según San Mateo 12, 38-42

En aquel tiempo, algunos de los escribas y fariseos dijeron a Jesús: Maestro, queremos ver un signo tuyo." Él les contestó: -Esta generación perversa y adúltera exige un signo; pero no se le dará mas signo que el de Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra.

Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón". (Aciprensa.com)
 

Meditación de San Juan Crisóstomo


-¿Que cosa hay más necia ni más impía? Tras de tantos milagros, como si no hubiera hecho ninguno, le dicen: Quisiéramos ver una señal tuya. ¿Por qué motivo lo decían?-
Para tener de nuevo ocasión de acusarlo. Como los hubiera reprendido una, dos y muchas veces y hubiera refrenado su lengua impudente, otra vez recurren a las obras. Lo hace notar el mismo evangelista admirado: ¨Entonces lo interpelaron algunos escribas pidiéndole una señal¨. ¿Cuándo? Cuando lo necesario era aceptar, admirarse, espantarse, apartarse, entonces es cuando no desisten de su perversidad.

-Quiero que consideres sus palabras llenas de adulación y de burla-
 
Esperaban de este modo atraérselo. Así que por una parte lo injurian y por otra lo adulan: ya lo llaman Maestro, ya endemoniado, pero siempre con malas intenciones, aun cuando digan cosas encontradas. Tal es el motivo de que el Maestro los acometa con vehemencia. Cuando le preguntaban ásperamente y lo injuriaban, él les respondía con moderación; pero cuando lo adulaban contestaba con acritud y gran vehemencia, demostrándoles así que él era superior a ambas cosas; y que ni por la ira se excitaba ni por la adulación se tornaba dulzón y muelle.

-Observa la recriminación y verás que no es simple reprensión, sino que lleva consigo una demostración de la maldad de ellos. ¿Qué les dice?-

La generación mala y adúltera busca una señal. Como si dijera: nada maravilloso es que vosotros os portéis así conmigo, pues aún no soy conocido de vosotros, siendo así que lo mismo hicisteis respecto del Padre, de cuyo poder tantas pruebas tenéis. Lo abandonasteis y recurristeis a los demonios y os atrajisteis malos amadores. Cosa fue esa que con frecuencia Ezequiel les echó en cara. Lo decía para demostrar su igualdad con el Padre, y que ellos nada insólito hacían. Revela además los ocultos pensamientos de ellos, o sea que su petición procedía de simulación y enemistad.

Por esto los llama generación perversa, pues continuamente se muestran ingratos a los beneficios; y si se les trata con benevolencia, se tornan peores, lo que es el colmo de la maldad. Y los llama generación adúltera, significando con esto su incredulidad antigua y también la presente. Por donde de nuevo se manifiesta igual al Padre, puesto que por no creer en El la llama adúltera.

-Y tras de estas reprensiones ¿qué dice?-

¨No se le dará más señal que la de Jonás el profeta¨. Con esto anuncia de antemano su resurrección y la confirma con la figura de Jonás.

-Preguntarás: pero ¿acaso no se les dio alguna señal?-

No se les dio cuando la pedían. Porque Cristo no hacía milagros para ganárselos, pues sabía que estaban obcecados, sino para enmienda de otros. Hay que afirmar esto o bien que ellos no habían de recibir y aceptar otra señal sino la de Jonás. Porque señal se les dio cuando fueron castigados y conocieron su poder. De manera que aquí, al amenazarlos, habla y deja entender lo mismo. Como si les dijera: ¨Os he hecho infinitos beneficios, pero con ninguno os atraje ni quisisteis adorar mi poder. Ahora, pues, conoceréis mi fortaleza por medios contrarios, o sea cuando veáis destruida vuestra ciudad y los muros derribados y el templo convertido en erial [tierra sin cultivar] y se os arroje de la ciudad y perdáis vuestra antigua libertad; y de nuevo andéis desterrados y prófugos por toda la tierra¨. Todo lo cual sucedió después de la crucifixión. Todo esto os servirá de grandísima señal.

Y ciertamente, grande señal es que las desgracias del pueblo judío no sufran cambio y que a pesar de que muchos se empeñan en ello, nadie pueda remediar los males que sobre ellos como castigo se echaron. Esto no lo dice Jesús, sino que deja que se lo aclare el tiempo futuro.
Mientras tanto, se fija en la resurrección, discurso que hasta más tarde descifrarían por los males que les iban a sobrevenir. Pues así como estuvo Jonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra. No les dijo abiertamente que resucitaría para que no se burlaran; pero en tal forma lo dejó entender que pudieran creer que lo sabía de antemano. Y consta que ellos lo sabían, pues le dijeron a Pilato: Ese impostor, vivo aún, dijo: Después de tres días resucitaré.- Los discípulos, al revés, lo ignoraban, por ser entonces todavía más rudos que los escribas y fariseos. De manera que éstos por sus mismas palabras fueron condenados. 

-Advierte cuan cuidadosamente lo deja entender, pues no dijo: en tierra; sino: En el corazón de la tierra, para indicar así el sepulcro, y al mismo tiempo para que nadie imaginara que todo esto se realizaría únicamente en apariencia-
 
Y señaló tres días, para que todos creyeran en su muerte: ya que ésta se confirma no únicamente por la resurrección, sino además porque todos la vieron y por el número de días. El tiempo siguiente íntegra certificaría su resurrección, mientras que su crucifixión, de no haber tenido testigos sin número, no se hubiera creído; y si no se creía en la crucifixión, tampoco se creería en la resurrección. Por esto la llama señal. Y trae al medio la figura para que se dé fe a la verdad. 

-Yo te pregunto: ¿era acaso pura apariencia Jonás en el vientre del cetáceo?- 

Cierto que no podrás afirmarlo. Pues tampoco niegues que Cristo estuvo en el corazón de la tierra. No puede suceder que el tipo sea verdad y la verdad sea sólo apariencia. Por esto anunciamos su muerte en todas partes: en los misterios, en el bautismo y en todo lo demás. Por esto Pablo con penetrante voz exclama: ¨En nada me gloriaré sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo¨.

(…) Así lo hacía en la Antigua Ley. Cuando iba a destruir a Sodoma, primero se justificó ante Abrahán, diciéndole ser poquísimos los que se daban a la virtud, puesto que entre tantas ciudades ni diez se encontraron que vivieran con moderación. Y lo mismo hizo ante Lot, cuando le mostró la inhospitalidad y las torpísimas costumbres y amores pésimos de aquellos hombres, y luego envió el fuego. Igualmente procedió cuando el diluvio, pues justificó su proceder por las obras mismas. Otro tanto encontramos en Ezequiel cuando, mientras vivía el profeta en Babilonia, le puso ante los ojos los pecados que en Jerusalén se cometían. Y cuando a Jeremías le dijo: ¨No quieras orar por ellos, y para justificarse, añadió: ¿No ves lo que ellos hacen?¨

-Y en todas partes procede lo mismo que lo hace en este pasaje. Porque ¿qué fue lo que dijo?-

¨Los ninivitas se levantarán en el día del juicio contra esta generación y la condenarán, porque hicieron penitencia a la predicación de Jonás; y hay aquí algo más que Jonás.¨ ¨ Porque él era siervo y Yo soy Señor; aquél salió del cetáceo y Yo resucité de la muerte; aquél predicó la destrucción, Yo vine anunciando el reino. Aquéllos creyeron sin ningún milagro, Yo he hecho muchos milagros. Aquéllos nada más oyeron las palabras de Jonás, Yo no he omitido predicar toda clase de virtudes. Aquél vino como ministro, Yo vine como dominador y Señor de todos, y no amenazando ni exigiendo cuentas, sino trayendo el perdón. Aquéllos eran bárbaros, éstos en cambio convivieron con infinitos profetas. A Jonás nadie lo había predicho, a Mí me predijeron y mis obras consonaron con sus profecías. Aquél huyó y se alejó para no ser burlado; Yo me presenté, aun sabiendo que había de sufrir la cruz y las burlas. Aquél no soportó ni siquiera un oprobio en bien de los que fueron librados y salvos; Yo toleré una muerte torpísima y tras de esto envío a otros como apóstoles. Aquél era un extraño y desconocido; Yo, en cambio, según la carne he nacido de sus mismos progenitores.¨ Y así discurriendo, puede cualquiera amontonar muchas otras diferencias.

Pero Cristo no se detiene aquí, sino que propone otros ejemplos diciendo: La reina del Mediodía se levantará en juicio contra esta generación y la condenará, porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Este ejemplo es superior al antecedente. Porque Jonás fue a los ninivitas; pero la reina del Austro no esperó a que Salomón la visitara, sino que ella fue a buscarlo: ella, bárbara y desde tan distante lugar y sin que la urgieran amenazas, sin temor a la muerte, movida únicamente del amor a la sabiduría. Pero aquí hay algo más que Salomón. Porque en el ejemplo, la mujer se acercó; Yo en cambio he venido; ella partió de los confines de la tierra, mientras que Yo recorro ciudades y aldeas. Salomón disertaba acerca de los árboles y de las plantas, cosas que no podían servir de mucho a la visitante, mientras que Yo anuncio cosas inefables y tremendos misterios.

(…)